Durante años, la percepción que se tenía de los casos de sumisión química ha estado ligada a las drogas disueltas en una copa, como la burundanga, así como a misteriosos pinchazos que sucedían sobre todo en las discotecas. Pero detrás de la mayoría de estas agresiones se encuentra el alcohol, con una enorme presencia el ocio nocturno, lo que le facilita convertirse en la tapadera ideal de estos sucesos. Se trata de una forma de violencia que, según la expertos, aún es especialmente difícil de detectar debido a la rapidez con la que actúan las sustancias implicadas. De hecho, es tal su eficacia que las víctimas, en la mayoría de las ocasiones, no son consientes de lo ocurrido hasta horas más tarde.Entre los expertos, hay inquietud por el incremento de estos casos, que asocian principalmente a dos factores. Por una parte, a «la modalidad oportunista vinculada a festivales y ocio nocturno «, explica Antonio Ferrández Infante, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Pero también se observa ese aumento por la »mayor concienciación« que »hace que hoy se denuncia y se acude al hospital por casos que antes se atribuían erróneamente al alcohol», añade el también coordinador del Grupo de Trabajo de Sexología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Los datos del Instituto Nacional de Toxicología y de los servicios de urgencias en España confirman este ascenso, especialmente ahora en verano. Por ello, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) ha querido poner el foco en un mensaje que considera clave: no siempre hay sustancias ilegales detrás de la sumisión química. «Los agresores no siempre necesitan añadir ninguna droga. En muchas ocasiones simplemente favorecen que la víctima consuma grandes cantidades de alcohol para aprovechar posteriormente su estado de vulnerabilidad» aporta Ferrández Infante. Además, alerta del peligro del denominado binge drinking o consumo en atracón, el cual incrementa altamente el riesgo.En este sentido, hace referencia el doctor a los conocidos pinchazos que hace unos veranos causaron cierto pánico en los lugares de ocio. Recuerda la sociedad científica que los datos disponibles indican que se trata de una forma mucho menos frecuente de sumisión química y que administrar mediante una inyección una dosis eficaz que actúe de forma inmediata «resulta técnicamente complejo». Igualmente, «siguen existiendo». Pese a su escasa frecuencia, los casos relacionados con esta agresión continúan incluidos en los protocolos sanitarios, ya que requieren una valoración médica para descartar posibles infecciones y determinar si ha existido algún tipo de violencia. En los casos de sumisión química rara vez son los propios afectados los primeros que se dan cuenta de que algo no va bien. Suelen ser los amigos, la pareja o cualquier persona que las acompaña quienes perciben que el comportamiento ha cambiado de forma repentina o que los síntomas no encajan con la cantidad de alcohol consumida. «Los acompañantes son fundamentales, ya que suelen notar el cambio antes que la propia víctima» dice Ferrández Infante. La actuación debe ser inmediata ante cualquier sospecha, sea por un cambio brusco del comportamiento o síntomas que no se correspondan con lo que la persona ha consumido. Los especialistas coinciden en que una actuación rápida puede ser determinante tanto para proteger a la víctima como para facilitar la investigación.Así, el entorno debe tener los ojos bien abiertos, ya que si perciben en su acompañante síntomas como amnesia, desorientación o pérdida de la capacidad de hablar, entre otros, podría ser señal de estar ante un claro caso de sumisión química , advierten los médicos de familia. Precisamente, uno de los mayores peligros de esta situación reside en que estos síntomas puedan desencadenar que «la persona acceda a irse con desconocidos o haga cosas que jamás haría, como si no tuviera voluntad», advierte Ferrández Infante. A diferencia de una simple borrachera, la sumisión química presenta un indicador clave, la amnesia, «especialmente la llamada amnesia en bloque (que consiste en no recordar nada de un período de tiempo)» ya que es muy poco frecuente y es una señal de alerta máxima.Cada minuto cuentaEl tiempo es oro, y más cuando determina la identificación de la sustancia y, por ende, el diagnóstico. La ayuda no debería esperar al día siguiente si hay un mínimo indicio de estos comportamientos. «La rapidez es esencial », recalca este médico de familia. El primer paso a seguir no puede ser otro que alejar a la persona del entorno, ya que puede ponerle en riesgo e, inmediatamente, solicitar ayuda al personal de seguridad o a personas de confianza. Finalmente, acudir directamente a un servicio de urgencias, pues muchas de «las drogas usadas tienen una vida en sangre muy corta», lo que dificulta tanto el diagnóstico como la obtención de pruebas si transcurren varias horas. Aun así, la droga tiene la última palabra ya que su detección depende en gran medida del tiempo que reside en la sangre, por ejemplo, el éxtasis líquido (GHB) desaparece de la sangre en 4-6 horas y de la orina en doce horas. Las benzodiacepinas y la ketamina, por su parte, pueden detectarse en orina entre dos y cuatro días. Incluso detectarse semanas después, como le ocurre al cabello.Estos casos de sumisión química pueden dar pie además a que se produzca una agresión sexual, advierten los expertos. En caso de que exista la mínima sospecha, insisten en que es clave no orinar ni ducharse antes de la valoración médica para evitar comprometer el procedimiento médico y poder dar con el diagnóstico. Siempre que sea posible, también recomiendan guardar el vaso o el envase de la bebida que pudiera haber sido manipulada. Para Ferrández Infante, son «acciones que pueden destruir pruebas forenses cruciales». «Las drogas usadas tienen una vida en sangre muy corta» Antonio Ferrández Infante Coordinador del Grupo de Trabajo de SexologíaSemergen, en respuesta a esta incremento, apuesta por reforzar la educación sanitaria y reconoce que iniciativas como los Puntos Violeta han contribuido a la concienciación social, especialmente entre los más jóvenes. «La prevención comienza por conocer los riesgos y saber cómo actuar. Una intervención precoz puede ser determinante tanto para proteger a la víctima como para facilitar la investigación de los hechos», concluye el especialista. No obstante, considera que todavía queda camino por recorrer y recomienda evitar el consumo excesivo de alcohol, no perder de vista las bebidas, permanecer acompañado por personas de confianza y, de nuevo, actuar con rapidez ante cualquier situación sospechosa. Durante años, la percepción que se tenía de los casos de sumisión química ha estado ligada a las drogas disueltas en una copa, como la burundanga, así como a misteriosos pinchazos que sucedían sobre todo en las discotecas. Pero detrás de la mayoría de estas agresiones se encuentra el alcohol, con una enorme presencia el ocio nocturno, lo que le facilita convertirse en la tapadera ideal de estos sucesos. Se trata de una forma de violencia que, según la expertos, aún es especialmente difícil de detectar debido a la rapidez con la que actúan las sustancias implicadas. De hecho, es tal su eficacia que las víctimas, en la mayoría de las ocasiones, no son consientes de lo ocurrido hasta horas más tarde.Entre los expertos, hay inquietud por el incremento de estos casos, que asocian principalmente a dos factores. Por una parte, a «la modalidad oportunista vinculada a festivales y ocio nocturno «, explica Antonio Ferrández Infante, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Pero también se observa ese aumento por la »mayor concienciación« que »hace que hoy se denuncia y se acude al hospital por casos que antes se atribuían erróneamente al alcohol», añade el también coordinador del Grupo de Trabajo de Sexología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Los datos del Instituto Nacional de Toxicología y de los servicios de urgencias en España confirman este ascenso, especialmente ahora en verano. Por ello, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) ha querido poner el foco en un mensaje que considera clave: no siempre hay sustancias ilegales detrás de la sumisión química. «Los agresores no siempre necesitan añadir ninguna droga. En muchas ocasiones simplemente favorecen que la víctima consuma grandes cantidades de alcohol para aprovechar posteriormente su estado de vulnerabilidad» aporta Ferrández Infante. Además, alerta del peligro del denominado binge drinking o consumo en atracón, el cual incrementa altamente el riesgo.En este sentido, hace referencia el doctor a los conocidos pinchazos que hace unos veranos causaron cierto pánico en los lugares de ocio. Recuerda la sociedad científica que los datos disponibles indican que se trata de una forma mucho menos frecuente de sumisión química y que administrar mediante una inyección una dosis eficaz que actúe de forma inmediata «resulta técnicamente complejo». Igualmente, «siguen existiendo». Pese a su escasa frecuencia, los casos relacionados con esta agresión continúan incluidos en los protocolos sanitarios, ya que requieren una valoración médica para descartar posibles infecciones y determinar si ha existido algún tipo de violencia. En los casos de sumisión química rara vez son los propios afectados los primeros que se dan cuenta de que algo no va bien. Suelen ser los amigos, la pareja o cualquier persona que las acompaña quienes perciben que el comportamiento ha cambiado de forma repentina o que los síntomas no encajan con la cantidad de alcohol consumida. «Los acompañantes son fundamentales, ya que suelen notar el cambio antes que la propia víctima» dice Ferrández Infante. La actuación debe ser inmediata ante cualquier sospecha, sea por un cambio brusco del comportamiento o síntomas que no se correspondan con lo que la persona ha consumido. Los especialistas coinciden en que una actuación rápida puede ser determinante tanto para proteger a la víctima como para facilitar la investigación.Así, el entorno debe tener los ojos bien abiertos, ya que si perciben en su acompañante síntomas como amnesia, desorientación o pérdida de la capacidad de hablar, entre otros, podría ser señal de estar ante un claro caso de sumisión química , advierten los médicos de familia. Precisamente, uno de los mayores peligros de esta situación reside en que estos síntomas puedan desencadenar que «la persona acceda a irse con desconocidos o haga cosas que jamás haría, como si no tuviera voluntad», advierte Ferrández Infante. A diferencia de una simple borrachera, la sumisión química presenta un indicador clave, la amnesia, «especialmente la llamada amnesia en bloque (que consiste en no recordar nada de un período de tiempo)» ya que es muy poco frecuente y es una señal de alerta máxima.Cada minuto cuentaEl tiempo es oro, y más cuando determina la identificación de la sustancia y, por ende, el diagnóstico. La ayuda no debería esperar al día siguiente si hay un mínimo indicio de estos comportamientos. «La rapidez es esencial », recalca este médico de familia. El primer paso a seguir no puede ser otro que alejar a la persona del entorno, ya que puede ponerle en riesgo e, inmediatamente, solicitar ayuda al personal de seguridad o a personas de confianza. Finalmente, acudir directamente a un servicio de urgencias, pues muchas de «las drogas usadas tienen una vida en sangre muy corta», lo que dificulta tanto el diagnóstico como la obtención de pruebas si transcurren varias horas. Aun así, la droga tiene la última palabra ya que su detección depende en gran medida del tiempo que reside en la sangre, por ejemplo, el éxtasis líquido (GHB) desaparece de la sangre en 4-6 horas y de la orina en doce horas. Las benzodiacepinas y la ketamina, por su parte, pueden detectarse en orina entre dos y cuatro días. Incluso detectarse semanas después, como le ocurre al cabello.Estos casos de sumisión química pueden dar pie además a que se produzca una agresión sexual, advierten los expertos. En caso de que exista la mínima sospecha, insisten en que es clave no orinar ni ducharse antes de la valoración médica para evitar comprometer el procedimiento médico y poder dar con el diagnóstico. Siempre que sea posible, también recomiendan guardar el vaso o el envase de la bebida que pudiera haber sido manipulada. Para Ferrández Infante, son «acciones que pueden destruir pruebas forenses cruciales». «Las drogas usadas tienen una vida en sangre muy corta» Antonio Ferrández Infante Coordinador del Grupo de Trabajo de SexologíaSemergen, en respuesta a esta incremento, apuesta por reforzar la educación sanitaria y reconoce que iniciativas como los Puntos Violeta han contribuido a la concienciación social, especialmente entre los más jóvenes. «La prevención comienza por conocer los riesgos y saber cómo actuar. Una intervención precoz puede ser determinante tanto para proteger a la víctima como para facilitar la investigación de los hechos», concluye el especialista. No obstante, considera que todavía queda camino por recorrer y recomienda evitar el consumo excesivo de alcohol, no perder de vista las bebidas, permanecer acompañado por personas de confianza y, de nuevo, actuar con rapidez ante cualquier situación sospechosa.
Durante años, la percepción que se tenía de los casos de sumisión química ha estado ligada a las drogas disueltas en una copa, como la burundanga, así como a misteriosos pinchazos que sucedían sobre todo en las discotecas. Pero detrás de la mayoría de estas … agresiones se encuentra el alcohol, con una enorme presencia el ocio nocturno, lo que le facilita convertirse en la tapadera ideal de estos sucesos. Se trata de una forma de violencia que, según la expertos, aún es especialmente difícil de detectar debido a la rapidez con la que actúan las sustancias implicadas. De hecho, es tal su eficacia que las víctimas, en la mayoría de las ocasiones, no son consientes de lo ocurrido hasta horas más tarde.
Entre los expertos, hay inquietud por el incremento de estos casos, que asocian principalmente a dos factores. Por una parte, a «la modalidad oportunista vinculada a festivales y ocio nocturno«, explica Antonio Ferrández Infante, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Pero también se observa ese aumento por la »mayor concienciación« que »hace que hoy se denuncia y se acude al hospital por casos que antes se atribuían erróneamente al alcohol», añade el también coordinador del Grupo de Trabajo de Sexología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Los datos del Instituto Nacional de Toxicología y de los servicios de urgencias en España confirman este ascenso, especialmente ahora en verano.
Por ello, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) ha querido poner el foco en un mensaje que considera clave: no siempre hay sustancias ilegales detrás de la sumisión química. «Los agresores no siempre necesitan añadir ninguna droga. En muchas ocasiones simplemente favorecen que la víctima consuma grandes cantidades de alcohol para aprovechar posteriormente su estado de vulnerabilidad» aporta Ferrández Infante. Además, alerta del peligro del denominado binge drinking o consumo en atracón, el cual incrementa altamente el riesgo.
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En este sentido, hace referencia el doctor a los conocidos pinchazos que hace unos veranos causaron cierto pánico en los lugares de ocio. Recuerda la sociedad científica que los datos disponibles indican que se trata de una forma mucho menos frecuente de sumisión química y que administrar mediante una inyección una dosis eficaz que actúe de forma inmediata «resulta técnicamente complejo». Igualmente, «siguen existiendo». Pese a su escasa frecuencia, los casos relacionados con esta agresión continúan incluidos en los protocolos sanitarios, ya que requieren una valoración médica para descartar posibles infecciones y determinar si ha existido algún tipo de violencia.
En los casos de sumisión química rara vez son los propios afectados los primeros que se dan cuenta de que algo no va bien. Suelen ser los amigos, la pareja o cualquier persona que las acompaña quienes perciben que el comportamiento ha cambiado de forma repentina o que los síntomas no encajan con la cantidad de alcohol consumida. «Los acompañantes son fundamentales, ya que suelen notar el cambio antes que la propia víctima» dice Ferrández Infante. La actuación debe ser inmediata ante cualquier sospecha, sea por un cambio brusco del comportamiento o síntomas que no se correspondan con lo que la persona ha consumido. Los especialistas coinciden en que una actuación rápida puede ser determinante tanto para proteger a la víctima como para facilitar la investigación.
Así, el entorno debe tener los ojos bien abiertos, ya que si perciben en su acompañante síntomas como amnesia, desorientación o pérdida de la capacidad de hablar, entre otros, podría ser señal de estar ante un claro caso de sumisión química, advierten los médicos de familia. Precisamente, uno de los mayores peligros de esta situación reside en que estos síntomas puedan desencadenar que «la persona acceda a irse con desconocidos o haga cosas que jamás haría, como si no tuviera voluntad», advierte Ferrández Infante. A diferencia de una simple borrachera, la sumisión química presenta un indicador clave, la amnesia, «especialmente la llamada amnesia en bloque (que consiste en no recordar nada de un período de tiempo)» ya que es muy poco frecuente y es una señal de alerta máxima.
Cada minuto cuenta
El tiempo es oro, y más cuando determina la identificación de la sustancia y, por ende, el diagnóstico. La ayuda no debería esperar al día siguiente si hay un mínimo indicio de estos comportamientos. «La rapidez es esencial», recalca este médico de familia. El primer paso a seguir no puede ser otro que alejar a la persona del entorno, ya que puede ponerle en riesgo e, inmediatamente, solicitar ayuda al personal de seguridad o a personas de confianza. Finalmente, acudir directamente a un servicio de urgencias, pues muchas de «las drogas usadas tienen una vida en sangre muy corta», lo que dificulta tanto el diagnóstico como la obtención de pruebas si transcurren varias horas. Aun así, la droga tiene la última palabra ya que su detección depende en gran medida del tiempo que reside en la sangre, por ejemplo, el éxtasis líquido (GHB) desaparece de la sangre en 4-6 horas y de la orina en doce horas. Las benzodiacepinas y la ketamina, por su parte, pueden detectarse en orina entre dos y cuatro días. Incluso detectarse semanas después, como le ocurre al cabello.
Estos casos de sumisión química pueden dar pie además a que se produzca una agresión sexual, advierten los expertos. En caso de que exista la mínima sospecha, insisten en que es clave no orinar ni ducharse antes de la valoración médica para evitar comprometer el procedimiento médico y poder dar con el diagnóstico. Siempre que sea posible, también recomiendan guardar el vaso o el envase de la bebida que pudiera haber sido manipulada. Para Ferrández Infante, son «acciones que pueden destruir pruebas forenses cruciales».

«Las drogas usadas tienen una vida en sangre muy corta»
Antonio Ferrández Infante
Coordinador del Grupo de Trabajo de Sexología
Semergen, en respuesta a esta incremento, apuesta por reforzar la educación sanitaria y reconoce que iniciativas como los Puntos Violeta han contribuido a la concienciación social, especialmente entre los más jóvenes. «La prevención comienza por conocer los riesgos y saber cómo actuar. Una intervención precoz puede ser determinante tanto para proteger a la víctima como para facilitar la investigación de los hechos», concluye el especialista. No obstante, considera que todavía queda camino por recorrer y recomienda evitar el consumo excesivo de alcohol, no perder de vista las bebidas, permanecer acompañado por personas de confianza y, de nuevo, actuar con rapidez ante cualquier situación sospechosa.
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