Jacinto y Nicolás son dos de los 7 jóvenes que están aprendiendo el oficio de descorchadores, un trabajo tradicional para el que cuesta encontrar relevo generacional y que consiste en retirar la corteza del alcornoque con sumo cuidado para no hacer daño al árbol. Posteriormente, y una vez tratada, tiene múltiples usos. Sobre todo, para los corchos de las botellas de vino. Ellos dos, al igual que sus compañeros, tienen entre 16 y 19 años y están participando en la Escuela de Corcheros que se está desarrollando entre el 17 y el 28 de julio en la finca El Chortal, en el término municipal de Aldeaquemada y en pleno corazón del Parque Natural de Despeñaperros. Estos 7 chicos tienen algún pariente que se dedica o se ha dedicado a esta tarea y piensan que, como para su familia, ésta puede ser una buena salida laboral. Reconocen que es un trabajo duro pero a la vez gratificante, sobre todo, por estar al aire libre y en la naturaleza. El principal problema que apuntan es la temporalidad ya que la «pela» del alcornoque se hace durante los meses de junio y julio en esta zona. En Los Alcornocales ,en Cádiz, se puede prolongar hasta el mes de agosto. Lo cierto es que el calor complica el descorche del árbol porque provoca que la corteza se pegue al tronco y sea más difícil poder pelarlo sin hacerle daño.Los alumnos con la profesora y el director del Parque Natural de Despeñaperros, José Ambrosio González Cecilia GalloMacarena Martín es la profesora que les enseña lo básico, tanto en nociones de teoría (características de la especie, distribución, aprovechamiento y propiedades, clasificación y proceso industrial) como de práctica (seguridad y salud en el trabajo, cómo coger el hacha sin peligro, cómo limpiar el suelo alrededor del alcornoque que se va a pelar…). Asegura Macarena que es fácil contagiarles su pasión por la naturaleza porque ya la traen de casa así que se centra en que estas manos jóvenes aprendan a mantener esta tarea centenaria. Fran Jover es el maestro corchero que los acompaña y muestra cómo se realiza el proceso de sacar el corcho. Lleva toda la vida haciéndolo y les explica con paciencia los trucos para sacar el mayor partido a este trabajo que se hace en condiciones extremas de calor y al aire libre. Con un hacha especial, hay que dar toques a la corteza, con más destreza que fuerza, para conseguir desprender del tronco los trozos con los que después se trabajará el corcho.Uno de los alumnos mostrando cómo se descorcha un alcornoque Cecilia GalloAmbos enseñan a estos chavales que la primera vez que se pela un alcornoque, debe tener en torno a unos 40 años y contar con un diámetro de entre 65 y 85 centímetros. Este es el paso previo y básico para para preparar al árbol que tendrá una vida útil de 200 años aunque la primera corteza, llamada curruca o bornizo no sirve para nada. Habrán de pasar en torno a once años para poder volver a descorchar al mismo alcornoque y en esta ocasión, el corcho es de mayor calidad pero no alcanza el grosor óptimo que sí se logra en el tercer descorche , llamado de reproducción o de fábrica y que se asimila al grosor de una moneda de un euro. El árbol por ese entonces tiene ya unos 70 años. En esta finca de El Chortal se recogen 57.000 kilos de corcho cada año , teniendo en cuenta que está dividida en parcelas y cada año se recoge una zona distinta.Además, el corcho procedente de esta zona, conocido como el de Sierra Morena, es el mejor, tanto por el clima en el que se cría como por las propiedades del suelo así como las jaras que hay entre los alcornoques. Fran Jover asegura que, en muchas ocasiones, compran este corcho para mezclarlo con otros no de tan alta calidad. Un corcho para una buena botella de vino puede oscilar entre los 40 o 50 euros y, señala que actualmente, este tipo de corchos están siendo exportados a otros países donde el consumo de buenos vinos está garantizado.Fran Jover lleva descorchando toda su vida y enseña a los alumnos de la Escuela Ceciia GalloJover cuenta también que, cuando estas cortezas van a la fábrica, se cuecen y se quedan rectas y manejables. Luego, son cortadas en línea recta y con una máquina se van sacando los tapones de corcho. Con pena reconoce que los nuevos materiales están desplazando la multitud de usos que se le daba antes a este material completamente natural y que se empleaba como aislante para suelos y paredes, para la elaboración de ropa, zapatillas, tarjetas, maceteros, portalápices o neveras, un sinfín de aplicaciones que han quedado en el olvidó. La Escuela de Corcheros alcanza con esta su tercera edición y es una propuesta completamente gratuita de la Junta de Andalucía en colaboración con el Parque Natural de Despeñaperros para garantizar tanto el relevo generacional y la mano de obra cualificada en el sector del descorche, como la preservación del patrimonio vivo, la diversificación económica rural así como el beneficio ecológico y de gestión del monte público. Jacinto y Nicolás son dos de los 7 jóvenes que están aprendiendo el oficio de descorchadores, un trabajo tradicional para el que cuesta encontrar relevo generacional y que consiste en retirar la corteza del alcornoque con sumo cuidado para no hacer daño al árbol. Posteriormente, y una vez tratada, tiene múltiples usos. Sobre todo, para los corchos de las botellas de vino. Ellos dos, al igual que sus compañeros, tienen entre 16 y 19 años y están participando en la Escuela de Corcheros que se está desarrollando entre el 17 y el 28 de julio en la finca El Chortal, en el término municipal de Aldeaquemada y en pleno corazón del Parque Natural de Despeñaperros. Estos 7 chicos tienen algún pariente que se dedica o se ha dedicado a esta tarea y piensan que, como para su familia, ésta puede ser una buena salida laboral. Reconocen que es un trabajo duro pero a la vez gratificante, sobre todo, por estar al aire libre y en la naturaleza. El principal problema que apuntan es la temporalidad ya que la «pela» del alcornoque se hace durante los meses de junio y julio en esta zona. En Los Alcornocales ,en Cádiz, se puede prolongar hasta el mes de agosto. Lo cierto es que el calor complica el descorche del árbol porque provoca que la corteza se pegue al tronco y sea más difícil poder pelarlo sin hacerle daño.Los alumnos con la profesora y el director del Parque Natural de Despeñaperros, José Ambrosio González Cecilia GalloMacarena Martín es la profesora que les enseña lo básico, tanto en nociones de teoría (características de la especie, distribución, aprovechamiento y propiedades, clasificación y proceso industrial) como de práctica (seguridad y salud en el trabajo, cómo coger el hacha sin peligro, cómo limpiar el suelo alrededor del alcornoque que se va a pelar…). Asegura Macarena que es fácil contagiarles su pasión por la naturaleza porque ya la traen de casa así que se centra en que estas manos jóvenes aprendan a mantener esta tarea centenaria. Fran Jover es el maestro corchero que los acompaña y muestra cómo se realiza el proceso de sacar el corcho. Lleva toda la vida haciéndolo y les explica con paciencia los trucos para sacar el mayor partido a este trabajo que se hace en condiciones extremas de calor y al aire libre. Con un hacha especial, hay que dar toques a la corteza, con más destreza que fuerza, para conseguir desprender del tronco los trozos con los que después se trabajará el corcho.Uno de los alumnos mostrando cómo se descorcha un alcornoque Cecilia GalloAmbos enseñan a estos chavales que la primera vez que se pela un alcornoque, debe tener en torno a unos 40 años y contar con un diámetro de entre 65 y 85 centímetros. Este es el paso previo y básico para para preparar al árbol que tendrá una vida útil de 200 años aunque la primera corteza, llamada curruca o bornizo no sirve para nada. Habrán de pasar en torno a once años para poder volver a descorchar al mismo alcornoque y en esta ocasión, el corcho es de mayor calidad pero no alcanza el grosor óptimo que sí se logra en el tercer descorche , llamado de reproducción o de fábrica y que se asimila al grosor de una moneda de un euro. El árbol por ese entonces tiene ya unos 70 años. En esta finca de El Chortal se recogen 57.000 kilos de corcho cada año , teniendo en cuenta que está dividida en parcelas y cada año se recoge una zona distinta.Además, el corcho procedente de esta zona, conocido como el de Sierra Morena, es el mejor, tanto por el clima en el que se cría como por las propiedades del suelo así como las jaras que hay entre los alcornoques. Fran Jover asegura que, en muchas ocasiones, compran este corcho para mezclarlo con otros no de tan alta calidad. Un corcho para una buena botella de vino puede oscilar entre los 40 o 50 euros y, señala que actualmente, este tipo de corchos están siendo exportados a otros países donde el consumo de buenos vinos está garantizado.Fran Jover lleva descorchando toda su vida y enseña a los alumnos de la Escuela Ceciia GalloJover cuenta también que, cuando estas cortezas van a la fábrica, se cuecen y se quedan rectas y manejables. Luego, son cortadas en línea recta y con una máquina se van sacando los tapones de corcho. Con pena reconoce que los nuevos materiales están desplazando la multitud de usos que se le daba antes a este material completamente natural y que se empleaba como aislante para suelos y paredes, para la elaboración de ropa, zapatillas, tarjetas, maceteros, portalápices o neveras, un sinfín de aplicaciones que han quedado en el olvidó. La Escuela de Corcheros alcanza con esta su tercera edición y es una propuesta completamente gratuita de la Junta de Andalucía en colaboración con el Parque Natural de Despeñaperros para garantizar tanto el relevo generacional y la mano de obra cualificada en el sector del descorche, como la preservación del patrimonio vivo, la diversificación económica rural así como el beneficio ecológico y de gestión del monte público.
Jacinto y Nicolás son dos de los 7 jóvenes que están aprendiendo el oficio de descorchadores, un trabajo tradicional para el que cuesta encontrar relevo generacional y que consiste en retirar la corteza del alcornoque con sumo cuidado para no hacer daño al árbol. Posteriormente, … y una vez tratada, tiene múltiples usos. Sobre todo, para los corchos de las botellas de vino. Ellos dos, al igual que sus compañeros, tienen entre 16 y 19 años y están participando en la Escuela de Corcheros que se está desarrollando entre el 17 y el 28 de julio en la finca El Chortal, en el término municipal de Aldeaquemada y en pleno corazón del Parque Natural de Despeñaperros.
Estos 7 chicos tienen algún pariente que se dedica o se ha dedicado a esta tarea y piensan que, como para su familia, ésta puede ser una buena salida laboral. Reconocen que es un trabajo duro pero a la vez gratificante, sobre todo, por estar al aire libre y en la naturaleza. El principal problema que apuntan es la temporalidad ya que la «pela» del alcornoque se hace durante los meses de junio y julio en esta zona. En Los Alcornocales ,en Cádiz, se puede prolongar hasta el mes de agosto. Lo cierto es que el calor complica el descorche del árbol porque provoca que la corteza se pegue al tronco y sea más difícil poder pelarlo sin hacerle daño.

(Cecilia Gallo)
Macarena Martín es la profesora que les enseña lo básico, tanto en nociones de teoría (características de la especie, distribución, aprovechamiento y propiedades, clasificación y proceso industrial) como de práctica (seguridad y salud en el trabajo, cómo coger el hacha sin peligro, cómo limpiar el suelo alrededor del alcornoque que se va a pelar…). Asegura Macarena que es fácil contagiarles su pasión por la naturaleza porque ya la traen de casa así que se centra en que estas manos jóvenes aprendan a mantener esta tarea centenaria. Fran Jover es el maestro corchero que los acompaña y muestra cómo se realiza el proceso de sacar el corcho. Lleva toda la vida haciéndolo y les explica con paciencia los trucos para sacar el mayor partido a este trabajo que se hace en condiciones extremas de calor y al aire libre. Con un hacha especial, hay que dar toques a la corteza, con más destreza que fuerza, para conseguir desprender del tronco los trozos con los que después se trabajará el corcho.

(Cecilia Gallo)
Ambos enseñan a estos chavales que la primera vez que se pela un alcornoque, debe tener en torno a unos 40 años y contar con un diámetro de entre 65 y 85 centímetros. Este es el paso previo y básico para para preparar al árbol que tendrá una vida útil de 200 años aunque la primera corteza, llamada curruca o bornizo no sirve para nada. Habrán de pasar en torno a once años para poder volver a descorchar al mismo alcornoque y en esta ocasión, el corcho es de mayor calidad pero no alcanza el grosor óptimo que sí se logra en el tercer descorche, llamado de reproducción o de fábrica y que se asimila al grosor de una moneda de un euro. El árbol por ese entonces tiene ya unos 70 años. En esta finca de El Chortal se recogen 57.000 kilos de corcho cada año, teniendo en cuenta que está dividida en parcelas y cada año se recoge una zona distinta.
Además, el corcho procedente de esta zona, conocido como el de Sierra Morena, es el mejor, tanto por el clima en el que se cría como por las propiedades del suelo así como las jaras que hay entre los alcornoques. Fran Jover asegura que, en muchas ocasiones, compran este corcho para mezclarlo con otros no de tan alta calidad. Un corcho para una buena botella de vino puede oscilar entre los 40 o 50 euros y, señala que actualmente, este tipo de corchos están siendo exportados a otros países donde el consumo de buenos vinos está garantizado.

(Ceciia Gallo)
Jover cuenta también que, cuando estas cortezas van a la fábrica, se cuecen y se quedan rectas y manejables. Luego, son cortadas en línea recta y con una máquina se van sacando los tapones de corcho. Con pena reconoce que los nuevos materiales están desplazando la multitud de usos que se le daba antes a este material completamente natural y que se empleaba como aislante para suelos y paredes, para la elaboración de ropa, zapatillas, tarjetas, maceteros, portalápices o neveras, un sinfín de aplicaciones que han quedado en el olvidó.
La Escuela de Corcheros alcanza con esta su tercera edición y es una propuesta completamente gratuita de la Junta de Andalucía en colaboración con el Parque Natural de Despeñaperros para garantizar tanto el relevo generacional y la mano de obra cualificada en el sector del descorche, como la preservación del patrimonio vivo, la diversificación económica rural así como el beneficio ecológico y de gestión del monte público.
RSS de noticias de espana
