Eran discretos hasta el extremo. Nada hacía levantar sospechas. Una de las detenidas hasta trabajaba como dependienta en un gran almacén de Vélez-Málaga. Tenían trabajos legales como coartada. No ostentaban grandes lujos. No conducían coches de alta gama, ni habitaban grandes mansiones, ni alardeaban de joyas ni fajos de billetes. Todo era normal. «Se cuidaban de no llamar la atención, pero manejaban grandes cantidades de dinero », aseveran los agentes que los investigaron. Aparentaban que simplemente eran gente trabajadora, pero en los dobles fondos de sus coches familiares estaba la mayor armería de guerra incautada al crimen organizado. Llevaban desde AK-47 a granadas de mano. Era un grupo de narcos, que empezaron vendiendo droga, para luego compaginarlo con ser los armeros de la mafia en las costas de Andalucía. Los investigadores de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional en la Costa del Sol reseñan que son «criminales altamente especializados» y que para detenerlos hizo falta la participación de unidades como el Grupo Operativo Especial de Seguridad (GOES) y la Unidad de Medios Aéreos para una primera incautación de estas armas. La estructura criminal estaba formada por dos españoles, la novia rumana de uno de ellos y un colombiano. Primero dedicados a pasar drogas en cantidades mayores. Eso lo demuestra que en una de las incautaciones llevaban casi 120 kilos de cocaína . Fue lo primero que decomisaron cuando fueron a detenerlos. Los agentes ya sabían que también estaban en el mercado negro para armar las guerras entre clanes y para sacar tajada de las necesidades de protección que tienen las bandas criminales. Por eso dieron el salto al tráfico de armas. «Cada vez hay mas armas en la calle y más peligrosas. Las organizaciones las usan para protegerse y se está produciendo una carrera para armarse cada vez con más potencia de fuego», señala uno de los inspectores de Udyco que ha llevado a cabo esta investigación, que por esos motivos resulta fundamental para contener el avance del crimen organizado y asegurar la protección de quiénes luchan contra ellos tras episodios de agresiones graves como Isla Mayor, Aljaraque o la propia Vélez Málaga . Los agentes monitorizaron todos los movimientos de la banda porque tenían información sobre sus actividades. Rastrearon hasta el más mínimo detalle; desde los domicilios habituales, a los coches en propiedad, pasando por los apartamentos en alquiler o los vehículos arrendados que usaban para las vigilancias. Granadas de mano incautadas a la organización ABC Las informaciones las confirmaron una incautación. Durante el operativo policial de investigación, uno de los sospechosos salió conduciendo un turismo, al que dieron el alto. En el registro se encontraron en el maletero del coche seis armas largas automáticas, tres granadas de mano, cargadores y 180 cartuchos. Eso dio pie a montar el operativo para arrestarlos. Lo primero que hallaron fue 120 kilos de cocaína a la pareja detenida. Ahí decidieron que había que desarticular la organización antes de que esas armas llegaran a la calle. Por la tarde, con la autorización judicial pertinente para los registros, entraron a por ellos. Estas inspecciones se produjeron en sus domicilios en La Axarquía de Málaga, en pueblos como Vélez-Málaga, Torrox o Benamargosa, pero también en otros puntos de la provincia como Alhaurín de la Torre. Según explican las fuentes estos traficantes alquilaban apartamentos para hacerlos «guarderías» de armas y drogas . «No estaban mucho tiempo en el mismo. Iban cambiando para no ser detectados. En el momento de la operación a uno de ellos los pillamos cambiando las armas de un apartamento alquilado a otro», señalan. Las granadas las vendían entre 450 y 600 euros, mientras que las armas de fuego iban desde los 4.000 a los 14.000 eurosLos lugares eran escogido a propósito en puntos apartados, urbanizaciones discretas donde se podía controlar bien la entrada y salida de vehículos, así como detectar posibles vigilancias. Era un negocio peligroso. No solo la Policía podía ir a por ellos. En los registros, además de la cocaína, se hallaron 60 kilogramos de hachís, 3.000 pastillas de éxtasis y 650 gramos de tusi o cocaína rosa. Además, guardaban 36 fusiles de asalto Kalashnikov . «En una sola casa en Vélez-Málaga había almacenados 25 AK», destacan fuentes policiales, que dicen que las armas de fuego, dependiendo del calibre y del tipo tenían precios de entre los 4.000 y los 14.000 euros. La Udyco señala que había más armas, entre ellas once granadas de mano , que hacían un total de 14 incautadas con precios de entre los 450 y los 600 euros. Los armeros de la mafia tenían también once pistolas, así como siete silenciadores. No todo eran armas en sí. Estos traficantes habían preparado para su entrega ocho chalecos antibalas, así como dos placas balísticas. Estas últimas son material táctico. Esas tablillas de cerámica se usan para poder detener municiones de calibre 7,62, que son las que cargan los fusiles AK y otras armas largas de guerra. Además, tenían 5.000 cartuchos de diferentes calibres para las armas que tenían preparadas para su reparto.El objetivo de estos narcos era repartir el arsenal a organizaciones criminales, pero frustraron sus planes. Los agentes encargados de los seguimientos aseguran que iban a llevar armas de guerra a toda la geografía andaluza. Recuerdan que la primera entrega interceptada de armamento iba a Sevilla o Huelva para organizaciones allí. Al mismo tiempo le vieron contactos fuera de Andalucía. Los desplazamientos los hacían con fuertes medidas de seguridad. Armas incautadas. ABCLos agentes reseñan que los coches de su propiedad, que eran los que tenían las ‘caletas’ los usaban como vehículos de carga. «Uno de sus coches tenía un doble fondo que ocupaba todo el ancho del vehículo debajo de los dos asientos delanteros», apuntan las fuentes, que explican que eran fondos ocultos con complejos sistemas de apertura para evitar que fueran detectados. Esos coches, donde cargaban las armas para entregarlas a los compradores, iban acompañados de otros. En este caso eran los que alquilaban para hacer de ‘lanzaderas’ o coches de seguridad. «No solían ser nunca de alta gama, siempre vehículos discretos», añaden los policías. Durante los viajes, además, tomaban grandes medidas contra los seguimientos: se salían de la vía, daban vueltas en rotondas, se paraban en medio de arcén o hacían cambios de bruscos de dirección. Todo para evitar se seguidos. Durante más de mes y medio, desde que la Udyco supo de sus actividades, hasta que consiguieron detenerlos, luchó contra estas medidas para poder recabar pruebas que los llevaran a su arresto. En esa investigación, los agentes pudieron comprobar que las transacciones se iban a hacer con todo tipo de mafias. Su mercado negro se había extendido entre todo el crimen organizado . «Les iba a vender armas a criminales internacionales. Había clientes que eran grupos importantes de otros países que se habían asentado aquí», explican las fuentes consultadas. Eran discretos hasta el extremo. Nada hacía levantar sospechas. Una de las detenidas hasta trabajaba como dependienta en un gran almacén de Vélez-Málaga. Tenían trabajos legales como coartada. No ostentaban grandes lujos. No conducían coches de alta gama, ni habitaban grandes mansiones, ni alardeaban de joyas ni fajos de billetes. Todo era normal. «Se cuidaban de no llamar la atención, pero manejaban grandes cantidades de dinero », aseveran los agentes que los investigaron. Aparentaban que simplemente eran gente trabajadora, pero en los dobles fondos de sus coches familiares estaba la mayor armería de guerra incautada al crimen organizado. Llevaban desde AK-47 a granadas de mano. Era un grupo de narcos, que empezaron vendiendo droga, para luego compaginarlo con ser los armeros de la mafia en las costas de Andalucía. Los investigadores de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional en la Costa del Sol reseñan que son «criminales altamente especializados» y que para detenerlos hizo falta la participación de unidades como el Grupo Operativo Especial de Seguridad (GOES) y la Unidad de Medios Aéreos para una primera incautación de estas armas. La estructura criminal estaba formada por dos españoles, la novia rumana de uno de ellos y un colombiano. Primero dedicados a pasar drogas en cantidades mayores. Eso lo demuestra que en una de las incautaciones llevaban casi 120 kilos de cocaína . Fue lo primero que decomisaron cuando fueron a detenerlos. Los agentes ya sabían que también estaban en el mercado negro para armar las guerras entre clanes y para sacar tajada de las necesidades de protección que tienen las bandas criminales. Por eso dieron el salto al tráfico de armas. «Cada vez hay mas armas en la calle y más peligrosas. Las organizaciones las usan para protegerse y se está produciendo una carrera para armarse cada vez con más potencia de fuego», señala uno de los inspectores de Udyco que ha llevado a cabo esta investigación, que por esos motivos resulta fundamental para contener el avance del crimen organizado y asegurar la protección de quiénes luchan contra ellos tras episodios de agresiones graves como Isla Mayor, Aljaraque o la propia Vélez Málaga . Los agentes monitorizaron todos los movimientos de la banda porque tenían información sobre sus actividades. Rastrearon hasta el más mínimo detalle; desde los domicilios habituales, a los coches en propiedad, pasando por los apartamentos en alquiler o los vehículos arrendados que usaban para las vigilancias. Granadas de mano incautadas a la organización ABC Las informaciones las confirmaron una incautación. Durante el operativo policial de investigación, uno de los sospechosos salió conduciendo un turismo, al que dieron el alto. En el registro se encontraron en el maletero del coche seis armas largas automáticas, tres granadas de mano, cargadores y 180 cartuchos. Eso dio pie a montar el operativo para arrestarlos. Lo primero que hallaron fue 120 kilos de cocaína a la pareja detenida. Ahí decidieron que había que desarticular la organización antes de que esas armas llegaran a la calle. Por la tarde, con la autorización judicial pertinente para los registros, entraron a por ellos. Estas inspecciones se produjeron en sus domicilios en La Axarquía de Málaga, en pueblos como Vélez-Málaga, Torrox o Benamargosa, pero también en otros puntos de la provincia como Alhaurín de la Torre. Según explican las fuentes estos traficantes alquilaban apartamentos para hacerlos «guarderías» de armas y drogas . «No estaban mucho tiempo en el mismo. Iban cambiando para no ser detectados. En el momento de la operación a uno de ellos los pillamos cambiando las armas de un apartamento alquilado a otro», señalan. Las granadas las vendían entre 450 y 600 euros, mientras que las armas de fuego iban desde los 4.000 a los 14.000 eurosLos lugares eran escogido a propósito en puntos apartados, urbanizaciones discretas donde se podía controlar bien la entrada y salida de vehículos, así como detectar posibles vigilancias. Era un negocio peligroso. No solo la Policía podía ir a por ellos. En los registros, además de la cocaína, se hallaron 60 kilogramos de hachís, 3.000 pastillas de éxtasis y 650 gramos de tusi o cocaína rosa. Además, guardaban 36 fusiles de asalto Kalashnikov . «En una sola casa en Vélez-Málaga había almacenados 25 AK», destacan fuentes policiales, que dicen que las armas de fuego, dependiendo del calibre y del tipo tenían precios de entre los 4.000 y los 14.000 euros. La Udyco señala que había más armas, entre ellas once granadas de mano , que hacían un total de 14 incautadas con precios de entre los 450 y los 600 euros. Los armeros de la mafia tenían también once pistolas, así como siete silenciadores. No todo eran armas en sí. Estos traficantes habían preparado para su entrega ocho chalecos antibalas, así como dos placas balísticas. Estas últimas son material táctico. Esas tablillas de cerámica se usan para poder detener municiones de calibre 7,62, que son las que cargan los fusiles AK y otras armas largas de guerra. Además, tenían 5.000 cartuchos de diferentes calibres para las armas que tenían preparadas para su reparto.El objetivo de estos narcos era repartir el arsenal a organizaciones criminales, pero frustraron sus planes. Los agentes encargados de los seguimientos aseguran que iban a llevar armas de guerra a toda la geografía andaluza. Recuerdan que la primera entrega interceptada de armamento iba a Sevilla o Huelva para organizaciones allí. Al mismo tiempo le vieron contactos fuera de Andalucía. Los desplazamientos los hacían con fuertes medidas de seguridad. Armas incautadas. ABCLos agentes reseñan que los coches de su propiedad, que eran los que tenían las ‘caletas’ los usaban como vehículos de carga. «Uno de sus coches tenía un doble fondo que ocupaba todo el ancho del vehículo debajo de los dos asientos delanteros», apuntan las fuentes, que explican que eran fondos ocultos con complejos sistemas de apertura para evitar que fueran detectados. Esos coches, donde cargaban las armas para entregarlas a los compradores, iban acompañados de otros. En este caso eran los que alquilaban para hacer de ‘lanzaderas’ o coches de seguridad. «No solían ser nunca de alta gama, siempre vehículos discretos», añaden los policías. Durante los viajes, además, tomaban grandes medidas contra los seguimientos: se salían de la vía, daban vueltas en rotondas, se paraban en medio de arcén o hacían cambios de bruscos de dirección. Todo para evitar se seguidos. Durante más de mes y medio, desde que la Udyco supo de sus actividades, hasta que consiguieron detenerlos, luchó contra estas medidas para poder recabar pruebas que los llevaran a su arresto. En esa investigación, los agentes pudieron comprobar que las transacciones se iban a hacer con todo tipo de mafias. Su mercado negro se había extendido entre todo el crimen organizado . «Les iba a vender armas a criminales internacionales. Había clientes que eran grupos importantes de otros países que se habían asentado aquí», explican las fuentes consultadas.
Eran discretos hasta el extremo. Nada hacía levantar sospechas. Una de las detenidas hasta trabajaba como dependienta en un gran almacén de Vélez-Málaga. Tenían trabajos legales como coartada. No ostentaban grandes lujos. No conducían coches de alta gama, ni habitaban grandes mansiones, ni alardeaban … de joyas ni fajos de billetes. Todo era normal. «Se cuidaban de no llamar la atención, pero manejaban grandes cantidades de dinero», aseveran los agentes que los investigaron. Aparentaban que simplemente eran gente trabajadora, pero en los dobles fondos de sus coches familiares estaba la mayor armería de guerra incautada al crimen organizado. Llevaban desde AK-47 a granadas de mano. Era un grupo de narcos, que empezaron vendiendo droga, para luego compaginarlo con ser los armeros de la mafia en las costas de Andalucía.
Los investigadores de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional en la Costa del Sol reseñan que son «criminales altamente especializados» y que para detenerlos hizo falta la participación de unidades como el Grupo Operativo Especial de Seguridad (GOES) y la Unidad de Medios Aéreos para una primera incautación de estas armas.
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La estructura criminal estaba formada por dos españoles, la novia rumana de uno de ellos y un colombiano. Primero dedicados a pasar drogas en cantidades mayores. Eso lo demuestra que en una de las incautaciones llevaban casi 120 kilos de cocaína. Fue lo primero que decomisaron cuando fueron a detenerlos. Los agentes ya sabían que también estaban en el mercado negro para armar las guerras entre clanes y para sacar tajada de las necesidades de protección que tienen las bandas criminales. Por eso dieron el salto al tráfico de armas.
«Cada vez hay mas armas en la calle y más peligrosas. Las organizaciones las usan para protegerse y se está produciendo una carrera para armarse cada vez con más potencia de fuego», señala uno de los inspectores de Udyco que ha llevado a cabo esta investigación, que por esos motivos resulta fundamental para contener el avance del crimen organizado y asegurar la protección de quiénes luchan contra ellos tras episodios de agresiones graves como Isla Mayor, Aljaraque o la propia Vélez Málaga.
Los agentes monitorizaron todos los movimientos de la banda porque tenían información sobre sus actividades. Rastrearon hasta el más mínimo detalle; desde los domicilios habituales, a los coches en propiedad, pasando por los apartamentos en alquiler o los vehículos arrendados que usaban para las vigilancias.

(ABC)
Las informaciones las confirmaron una incautación. Durante el operativo policial de investigación, uno de los sospechosos salió conduciendo un turismo, al que dieron el alto. En el registro se encontraron en el maletero del coche seis armas largas automáticas, tres granadas de mano, cargadores y 180 cartuchos.
Eso dio pie a montar el operativo para arrestarlos. Lo primero que hallaron fue 120 kilos de cocaína a la pareja detenida. Ahí decidieron que había que desarticular la organización antes de que esas armas llegaran a la calle. Por la tarde, con la autorización judicial pertinente para los registros, entraron a por ellos.
Estas inspecciones se produjeron en sus domicilios en La Axarquía de Málaga, en pueblos como Vélez-Málaga, Torrox o Benamargosa, pero también en otros puntos de la provincia como Alhaurín de la Torre. Según explican las fuentes estos traficantes alquilaban apartamentos para hacerlos «guarderías» de armas y drogas. «No estaban mucho tiempo en el mismo. Iban cambiando para no ser detectados. En el momento de la operación a uno de ellos los pillamos cambiando las armas de un apartamento alquilado a otro», señalan.
Las granadas las vendían entre 450 y 600 euros, mientras que las armas de fuego iban desde los 4.000 a los 14.000 euros
Los lugares eran escogido a propósito en puntos apartados, urbanizaciones discretas donde se podía controlar bien la entrada y salida de vehículos, así como detectar posibles vigilancias. Era un negocio peligroso. No solo la Policía podía ir a por ellos. En los registros, además de la cocaína, se hallaron 60 kilogramos de hachís, 3.000 pastillas de éxtasis y 650 gramos de tusi o cocaína rosa.
Además, guardaban 36 fusiles de asalto Kalashnikov. «En una sola casa en Vélez-Málaga había almacenados 25 AK», destacan fuentes policiales, que dicen que las armas de fuego, dependiendo del calibre y del tipo tenían precios de entre los 4.000 y los 14.000 euros. La Udyco señala que había más armas, entre ellas once granadas de mano, que hacían un total de 14 incautadas con precios de entre los 450 y los 600 euros. Los armeros de la mafia tenían también once pistolas, así como siete silenciadores.
No todo eran armas en sí. Estos traficantes habían preparado para su entrega ocho chalecos antibalas, así como dos placas balísticas. Estas últimas son material táctico. Esas tablillas de cerámica se usan para poder detener municiones de calibre 7,62, que son las que cargan los fusiles AK y otras armas largas de guerra. Además, tenían 5.000 cartuchos de diferentes calibres para las armas que tenían preparadas para su reparto.
El objetivo de estos narcos era repartir el arsenal a organizaciones criminales, pero frustraron sus planes. Los agentes encargados de los seguimientos aseguran que iban a llevar armas de guerra a toda la geografía andaluza. Recuerdan que la primera entrega interceptada de armamento iba a Sevilla o Huelva para organizaciones allí. Al mismo tiempo le vieron contactos fuera de Andalucía. Los desplazamientos los hacían con fuertes medidas de seguridad.
(ABC)
Los agentes reseñan que los coches de su propiedad, que eran los que tenían las ‘caletas’ los usaban como vehículos de carga. «Uno de sus coches tenía un doble fondo que ocupaba todo el ancho del vehículo debajo de los dos asientos delanteros», apuntan las fuentes, que explican que eran fondos ocultos con complejos sistemas de apertura para evitar que fueran detectados.
Esos coches, donde cargaban las armas para entregarlas a los compradores, iban acompañados de otros. En este caso eran los que alquilaban para hacer de ‘lanzaderas’ o coches de seguridad. «No solían ser nunca de alta gama, siempre vehículos discretos», añaden los policías. Durante los viajes, además, tomaban grandes medidas contra los seguimientos: se salían de la vía, daban vueltas en rotondas, se paraban en medio de arcén o hacían cambios de bruscos de dirección. Todo para evitar se seguidos.
Durante más de mes y medio, desde que la Udyco supo de sus actividades, hasta que consiguieron detenerlos, luchó contra estas medidas para poder recabar pruebas que los llevaran a su arresto. En esa investigación, los agentes pudieron comprobar que las transacciones se iban a hacer con todo tipo de mafias. Su mercado negro se había extendido entre todo el crimen organizado. «Les iba a vender armas a criminales internacionales. Había clientes que eran grupos importantes de otros países que se habían asentado aquí», explican las fuentes consultadas.
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