Es el único juicio contra policías nacionales por el 1-O. En el banquillo de la Audiencia de Barcelona se sientan este miércoles cuatro funcionarios: un escopetero y tres mandos por la actuación en la que el activista Roger Español perdió un ojo tras recibir el impacto de una bala de goma, cuando se encontraba en los alrededores de un centro de votación en el centro de Barcelona. Esta mañana, en su declaración como testigo, Español ha acusado a los agentes de dispararle como «represalia» tras haber intentado él que uno de los antidisturbios no recuperase su defensa. A preguntas de su abogado, Benet Salellas, ha relatado ante el tribunal que, «por frustración» y tras recibir un golpe de porra en su pierna derecha, comenzó a patear algunas vallas metálicas. Su intención era arremeter, ha indicado, contra los furgones policiales, pero una de esas balas acabó «impactando» contra un policía. Por ese motivo, Español también fue procesado por atentado contra la autoridad, pero los tribunales le aplicaron la amnistía. La Audiencia de Barcelona, pese a la petición de la Fiscalía, rechazó hacer lo propio respecto a los cuatro policías, y es que la ley del olvido penal excluye expresamente los actos dolosos que hubieran producido la pérdida o inutilidad de un órgano, miembro o sentido. Sus defensas, que ejercen la Abogacía del Estado, en el caso de los mandos, y el letrado Javier Aranda, del escopetero, reclaman su absolución, al recordar que su actuación se ciñó al cumplimiento de un mandamiento judicial: el que ordenó impedir la votación declarada ilegal. Durante el arranque de la declaración de España, el presidente el tribunal ha frenado en seco al activista quien, a preguntas de su defensa, pretendía explicar lo que encontró cuando el 1 de octubre de 2017 llegó al colegio que tenía cercano a su casa. El magistrado ha recordado que «lo que pudiera haber sucedido en el centro Ramón Llull no forma parte de este procedimiento, ni del escrito de acusación», evitando que el testimonio desviase la vista a la actuación policial durante el referéndum. El magistrado ha vuelto a intervenir en una segunda ocasión, tras preguntar la defensa del escopetero por esas «represalias» a las que ha aludido Español al ser inquirido por la posible motivación tras el disparo de la pelota de goma. Cuando el abogado del policía, Javier Aranda, ha introducido la posibilidad de que el uso de proyectiles obedeciese a alejar a la masa para poder marchar con los furgones policiales, y no a disparar a una persona, el togado ha admitido haber sido «permiso permitiendo valoraciones», motivo por el que ha solicitado reformular la cuestión. «¿Los disparos eran para alejar a la masa?», ha dicho entonces Aranda. Español ha insistido en que «ese tiro fue la represalia a la acción anterior», el incidente con la porra, cuando trató de evitar que uno de los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) la recuperase. Su relato de aquella fecha es que salió de casa para dirigirse a su centro de votación, para ver «cómo estaba la gente». Pasó por diferentes escuelas del barrio, el Fort Pienc, hasta que llegó al colegio Ramon Llull. Allí vio un «cordón policial rodeando la escuela»y un grupo de unas 30 o 40 personas sentadas en el suelo impidiendo el repliegue de los furgones policiales. Tal y como consta en el escrito de la Fiscalía, que pide la absolución de los funcionarios, Español ha admitido que uno de los agentes pidió ayuda a un bombero allí presente para que mediase y convenciese a los manifestantes para despejar la zona y que los vehículos pudiesen abandonar la zona. «Habló con ellos, nos pidió abrir paso y nosotros nos negamos», ha apuntado a preguntas de la representante del Ministerio público. Cuando algunos de los agentes comenzaron a dispersar la sentada, Español salió «corriendo» desde la calle Cerdeña y se quedó a la altura del cordón policial. Asegura que no escuchó ningún aviso de los funcionarios sobre el uso de balas de goma. Apunta que escuchó salvas, y que los policías protegían los furgones, también haciendo uso de la porra. Uno de ellos, ha proseguido el activista, lo golpeó en una pierna. Luego, Español habría tirado al suelo varias vallas que había en la calle, y una de ellas «golpeó a uno de los policías», ha explicado. Su única intención, precisó: «evitar, retrasar o dificultar el avance de los furgones y el cordón policial». Asegura que no vio lanzamientos de ningún tipo de objeto contra los funcionarios -como sí recogen sendos escritos de defensa y la Fiscalía-, hasta que finalmente recibió el impacto y cayó al suelo. En un primer momento no supo que era una bala de goma. Él caminaba en dirección a su casa, precisó. «En ese momento no lo entendí, después del dolor y la sangre, sí». Una ambulancia lo trasladó hasta el Hospital de Sant Pau donde permaneció nueve días ingresado. Los dos meses siguientes recibió tratamiento ambulatorio. Sus lesiones fueron un globo ocular reventado, así como la rotura de algunos huesos que rodean al ojo, y otros de la nariz, así como nervios afectados que le provocan sensibilidad dental, ha detallado. A las heridas físicas se sumaron las secuelas psicológicas: «ansiedad y, sobre todo, el trauma». Por aquel entonces, cuando tenía 38 años, estudiaba un ciclo superior de música y le quedaba un año y medio para acabar. Tocaba el saxo, y daba clases particulares de música. Asegura que por lo ocurrido no llegó a tiempo a prepararse los exámenes, abandonó esos estudios, y por las secuelas físicas dejó de sentirse cómodo en público, por lo que también tuvo que dejar de dar conciertos y clases; aunque las defensas aportarán informaciones sobre actuaciones de Español en 2018, según han indicado durante las cuestiones previas. Tras la declaración de Español como testigo, ha sido el turno de un periodista de ‘La Directa’ que, a preguntas del letrado del activista, ha apuntado que el disparo que impactó en la cara de Español no fue dirigido al suelo, como fija el protocolo. Está previsto que los acusados declaren en último lugar, el próximo 1 de octubre. Es el único juicio contra policías nacionales por el 1-O. En el banquillo de la Audiencia de Barcelona se sientan este miércoles cuatro funcionarios: un escopetero y tres mandos por la actuación en la que el activista Roger Español perdió un ojo tras recibir el impacto de una bala de goma, cuando se encontraba en los alrededores de un centro de votación en el centro de Barcelona. Esta mañana, en su declaración como testigo, Español ha acusado a los agentes de dispararle como «represalia» tras haber intentado él que uno de los antidisturbios no recuperase su defensa. A preguntas de su abogado, Benet Salellas, ha relatado ante el tribunal que, «por frustración» y tras recibir un golpe de porra en su pierna derecha, comenzó a patear algunas vallas metálicas. Su intención era arremeter, ha indicado, contra los furgones policiales, pero una de esas balas acabó «impactando» contra un policía. Por ese motivo, Español también fue procesado por atentado contra la autoridad, pero los tribunales le aplicaron la amnistía. La Audiencia de Barcelona, pese a la petición de la Fiscalía, rechazó hacer lo propio respecto a los cuatro policías, y es que la ley del olvido penal excluye expresamente los actos dolosos que hubieran producido la pérdida o inutilidad de un órgano, miembro o sentido. Sus defensas, que ejercen la Abogacía del Estado, en el caso de los mandos, y el letrado Javier Aranda, del escopetero, reclaman su absolución, al recordar que su actuación se ciñó al cumplimiento de un mandamiento judicial: el que ordenó impedir la votación declarada ilegal. Durante el arranque de la declaración de España, el presidente el tribunal ha frenado en seco al activista quien, a preguntas de su defensa, pretendía explicar lo que encontró cuando el 1 de octubre de 2017 llegó al colegio que tenía cercano a su casa. El magistrado ha recordado que «lo que pudiera haber sucedido en el centro Ramón Llull no forma parte de este procedimiento, ni del escrito de acusación», evitando que el testimonio desviase la vista a la actuación policial durante el referéndum. El magistrado ha vuelto a intervenir en una segunda ocasión, tras preguntar la defensa del escopetero por esas «represalias» a las que ha aludido Español al ser inquirido por la posible motivación tras el disparo de la pelota de goma. Cuando el abogado del policía, Javier Aranda, ha introducido la posibilidad de que el uso de proyectiles obedeciese a alejar a la masa para poder marchar con los furgones policiales, y no a disparar a una persona, el togado ha admitido haber sido «permiso permitiendo valoraciones», motivo por el que ha solicitado reformular la cuestión. «¿Los disparos eran para alejar a la masa?», ha dicho entonces Aranda. Español ha insistido en que «ese tiro fue la represalia a la acción anterior», el incidente con la porra, cuando trató de evitar que uno de los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) la recuperase. Su relato de aquella fecha es que salió de casa para dirigirse a su centro de votación, para ver «cómo estaba la gente». Pasó por diferentes escuelas del barrio, el Fort Pienc, hasta que llegó al colegio Ramon Llull. Allí vio un «cordón policial rodeando la escuela»y un grupo de unas 30 o 40 personas sentadas en el suelo impidiendo el repliegue de los furgones policiales. Tal y como consta en el escrito de la Fiscalía, que pide la absolución de los funcionarios, Español ha admitido que uno de los agentes pidió ayuda a un bombero allí presente para que mediase y convenciese a los manifestantes para despejar la zona y que los vehículos pudiesen abandonar la zona. «Habló con ellos, nos pidió abrir paso y nosotros nos negamos», ha apuntado a preguntas de la representante del Ministerio público. Cuando algunos de los agentes comenzaron a dispersar la sentada, Español salió «corriendo» desde la calle Cerdeña y se quedó a la altura del cordón policial. Asegura que no escuchó ningún aviso de los funcionarios sobre el uso de balas de goma. Apunta que escuchó salvas, y que los policías protegían los furgones, también haciendo uso de la porra. Uno de ellos, ha proseguido el activista, lo golpeó en una pierna. Luego, Español habría tirado al suelo varias vallas que había en la calle, y una de ellas «golpeó a uno de los policías», ha explicado. Su única intención, precisó: «evitar, retrasar o dificultar el avance de los furgones y el cordón policial». Asegura que no vio lanzamientos de ningún tipo de objeto contra los funcionarios -como sí recogen sendos escritos de defensa y la Fiscalía-, hasta que finalmente recibió el impacto y cayó al suelo. En un primer momento no supo que era una bala de goma. Él caminaba en dirección a su casa, precisó. «En ese momento no lo entendí, después del dolor y la sangre, sí». Una ambulancia lo trasladó hasta el Hospital de Sant Pau donde permaneció nueve días ingresado. Los dos meses siguientes recibió tratamiento ambulatorio. Sus lesiones fueron un globo ocular reventado, así como la rotura de algunos huesos que rodean al ojo, y otros de la nariz, así como nervios afectados que le provocan sensibilidad dental, ha detallado. A las heridas físicas se sumaron las secuelas psicológicas: «ansiedad y, sobre todo, el trauma». Por aquel entonces, cuando tenía 38 años, estudiaba un ciclo superior de música y le quedaba un año y medio para acabar. Tocaba el saxo, y daba clases particulares de música. Asegura que por lo ocurrido no llegó a tiempo a prepararse los exámenes, abandonó esos estudios, y por las secuelas físicas dejó de sentirse cómodo en público, por lo que también tuvo que dejar de dar conciertos y clases; aunque las defensas aportarán informaciones sobre actuaciones de Español en 2018, según han indicado durante las cuestiones previas. Tras la declaración de Español como testigo, ha sido el turno de un periodista de ‘La Directa’ que, a preguntas del letrado del activista, ha apuntado que el disparo que impactó en la cara de Español no fue dirigido al suelo, como fija el protocolo. Está previsto que los acusados declaren en último lugar, el próximo 1 de octubre.
Es el único juicio contra policías nacionales por el 1-O. En el banquillo de la Audiencia de Barcelona se sientan este miércoles cuatro funcionarios: un escopetero y tres mandos por la actuación en la que el activista Roger Español perdió un ojo tras … recibir el impacto de una bala de goma, cuando se encontraba en los alrededores de un centro de votación en el centro de Barcelona. Esta mañana, en su declaración como testigo, Español ha acusado a los agentes de dispararle como «represalia» tras haber intentado él que uno de los antidisturbios no recuperase su defensa. A preguntas de su abogado, Benet Salellas, ha relatado ante el tribunal que, «por frustración» y tras recibir un golpe de porra en su pierna derecha, comenzó a patear algunas vallas metálicas. Su intención era arremeter, ha indicado, contra los furgones policiales, pero una de esas balas acabó «impactando» contra un policía.
Por ese motivo, Español también fue procesado por atentado contra la autoridad, pero los tribunales le aplicaron la amnistía. La Audiencia de Barcelona, pese a la petición de la Fiscalía, rechazó hacer lo propio respecto a los cuatro policías, y es que la ley del olvido penal excluye expresamente los actos dolosos que hubieran producido la pérdida o inutilidad de un órgano, miembro o sentido. Sus defensas, que ejercen la Abogacía del Estado, en el caso de los mandos, y el letrado Javier Aranda, del escopetero, reclaman su absolución, al recordar que su actuación se ciñó al cumplimiento de un mandamiento judicial: el que ordenó impedir la votación declarada ilegal.
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Durante el arranque de la declaración de España, el presidente el tribunal ha frenado en seco al activista quien, a preguntas de su defensa, pretendía explicar lo que encontró cuando el 1 de octubre de 2017 llegó al colegio que tenía cercano a su casa. El magistrado ha recordado que «lo que pudiera haber sucedido en el centro Ramón Llull no forma parte de este procedimiento, ni del escrito de acusación», evitando que el testimonio desviase la vista a la actuación policial durante el referéndum.
El magistrado ha vuelto a intervenir en una segunda ocasión, tras preguntar la defensa del escopetero por esas «represalias» a las que ha aludido Español al ser inquirido por la posible motivación tras el disparo de la pelota de goma. Cuando el abogado del policía, Javier Aranda, ha introducido la posibilidad de que el uso de proyectiles obedeciese a alejar a la masa para poder marchar con los furgones policiales, y no a disparar a una persona, el togado ha admitido haber sido «permiso permitiendo valoraciones», motivo por el que ha solicitado reformular la cuestión.
«¿Los disparos eran para alejar a la masa?», ha dicho entonces Aranda. Español ha insistido en que «ese tiro fue la represalia a la acción anterior», el incidente con la porra, cuando trató de evitar que uno de los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) la recuperase. Su relato de aquella fecha es que salió de casa para dirigirse a su centro de votación, para ver «cómo estaba la gente». Pasó por diferentes escuelas del barrio, el Fort Pienc, hasta que llegó al colegio Ramon Llull. Allí vio un «cordón policial rodeando la escuela»y un grupo de unas 30 o 40 personas sentadas en el suelo impidiendo el repliegue de los furgones policiales.
Tal y como consta en el escrito de la Fiscalía, que pide la absolución de los funcionarios, Español ha admitido que uno de los agentes pidió ayuda a un bombero allí presente para que mediase y convenciese a los manifestantes para despejar la zona y que los vehículos pudiesen abandonar la zona. «Habló con ellos, nos pidió abrir paso y nosotros nos negamos», ha apuntado a preguntas de la representante del Ministerio público.
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Cuando algunos de los agentes comenzaron a dispersar la sentada, Español salió «corriendo» desde la calle Cerdeña y se quedó a la altura del cordón policial. Asegura que no escuchó ningún aviso de los funcionarios sobre el uso de balas de goma. Apunta que escuchó salvas, y que los policías protegían los furgones, también haciendo uso de la porra. Uno de ellos, ha proseguido el activista, lo golpeó en una pierna. Luego, Español habría tirado al suelo varias vallas que había en la calle, y una de ellas «golpeó a uno de los policías», ha explicado. Su única intención, precisó: «evitar, retrasar o dificultar el avance de los furgones y el cordón policial». Asegura que no vio lanzamientos de ningún tipo de objeto contra los funcionarios -como sí recogen sendos escritos de defensa y la Fiscalía-, hasta que finalmente recibió el impacto y cayó al suelo. En un primer momento no supo que era una bala de goma. Él caminaba en dirección a su casa, precisó. «En ese momento no lo entendí, después del dolor y la sangre, sí».
Una ambulancia lo trasladó hasta el Hospital de Sant Pau donde permaneció nueve días ingresado. Los dos meses siguientes recibió tratamiento ambulatorio. Sus lesiones fueron un globo ocular reventado, así como la rotura de algunos huesos que rodean al ojo, y otros de la nariz, así como nervios afectados que le provocan sensibilidad dental, ha detallado. A las heridas físicas se sumaron las secuelas psicológicas: «ansiedad y, sobre todo, el trauma». Por aquel entonces, cuando tenía 38 años, estudiaba un ciclo superior de música y le quedaba un año y medio para acabar. Tocaba el saxo, y daba clases particulares de música. Asegura que por lo ocurrido no llegó a tiempo a prepararse los exámenes, abandonó esos estudios, y por las secuelas físicas dejó de sentirse cómodo en público, por lo que también tuvo que dejar de dar conciertos y clases; aunque las defensas aportarán informaciones sobre actuaciones de Español en 2018, según han indicado durante las cuestiones previas.
Tras la declaración de Español como testigo, ha sido el turno de un periodista de ‘La Directa’ que, a preguntas del letrado del activista, ha apuntado que el disparo que impactó en la cara de Español no fue dirigido al suelo, como fija el protocolo. Está previsto que los acusados declaren en último lugar, el próximo 1 de octubre.
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