El 7 de octubre de 1936, seis días después de aprobarse el Estatuto de Prieto o «de las izquierdas», José Antonio Agirre tomaba posesión como primer lendakari de la autonomía vasca. Desde ese momento, el dirigente del PNV, protagonista de un viaje de película hacia el exilio en Estados Unidos tras la toma de Bilbao en la Guerra Civil española, pasó a formar parte del panteón de mitos del nacionalismo vasco. Hoy, cuando el Gobierno vasco ha organizado en la Casa de Juntas de Guernica (Vizcaya) la conmemoración del 90 aniversario de este evento histórico, su figura es objeto de disputa en la batalla cultural y política que EH Bildu ha declarado al partido fundado por Sabino Arana. «Agirre nunca hubiese aceptado el terrorismo. En ese sentido, creo que tiene razón el PNV cuando critica que le reivindiquen», comenta Mikel Irujo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco (UPV) y autor de ‘El nacimiento de un Gobierno a través de sus protagonistas’ (Tecnos), una investigación sobre el primer gabinete que formó Agirre junto a socialistas y comunistas en plena guerra.Fue el pasado 21 de abril cuando Imanol Pradales presentó desde el Hotel Carlton (sede extraordinaria de aquel primer Ejecutivo) la campaña «90 Urte». Un ciclo de iniciativas de doce meses de duración con el que el actual lendakari trata de patrimonializar a Agirre, fijándolo como «brújula moral» de su gestión para erigirse defensor del autogobierno vasco. Tanto es así que en el último Alderdi Eguna (Día del Partido) el propio Pradales vistió un polo con la simbología de la campaña. Un gesto que levantó ampollas en el PP vasco, que le acusó de «confundir deliberadamente lo institucional con lo partidista». Este miércoles, durante la conmemoración celebrada en la Casa de Juntas de Guernica, donde toma posesión cada lendakari siguiendo la tradición de Agirre tras ser investido en el Parlamento, el líder de los populares en el País Vasco, Javier De Andrés, ha estado presente junto al socialista Eneko Andueza (solo la representación de Vox ha faltado).«Ahora su legado está en nuestras manos», ha dicho Pradales en su discurso. Sin embargo, ya no es solo el PNV quien participa en esta cruzada. Desde que se dio inicio a «90 Urte», la izquierda aberzale también trata de aprovechar el recuerdo de Agirre, reivindicándolo como espejo para los Gobiernos de «amplio espectro» que Arnaldo Otegi dice querer constituir junto a nacionalistas y socialistas tanto en el País Vasco como en Navarra. «Cuando un político toma la biografía de un político, pues toma lo que le gusta más. Con Agirre tienes para elegir. Cada uno se hace el traje a medida», dice Irujo sobre la vena más estatutaria y la otra más soberanista del primer lendakari que, si bien primero pactó con Indalecio Prieto, en 1939 exigió a los socialistas que formaban parte de su Gobierno en el exilio una «filiación nacional vasca» y su independencia respecto a la legalidad que emanaba de la Constitución republicana de 1931. Otegi, que también ha asistido hoy como invitado al evento, ha resaltado las «circunstancias extraordinarias» en las que a Agirre «le tocó» liderar: «Lo hizo con una fórmula que venimos reclamando, aunando esfuerzos». Tras esto, ha añadido que «Agirre aprobaría los dos decretos» de vivienda que decayeron en el Congreso el viernes pasado y que el Gobierno de Pedro Sánchez volverá a presentar en la Diputación Permanente (el PNV sólo dará su sí al primero de ellos). «Quienes se unieron a ETA querían imponernos su proyecto político. Y el Estado español y sus cloacas utilizaban atajos que no eran justos ni legales. Sin embargo Agirre, Leizaola (que tomó el relevo del Gobierno vasco en el exilio tras la muerte de Aguirre en 1960) y su generación nunca adoptaron esta doctrina. ¡Nunca cayeron en la tentación de la violencia», ha señalado más tarde Pradales, en un discurso que llevaba preparado antes de conocerse las declaraciones de Otegi. «Quienes alentaron, ampararon o justificaron la violencia terrorista tienen todavía una deuda moral pendiente», ha añadido el lendakari, afinando el dardo previsto contra la izquierda aberzale. «Bildu quiere llegar al Gobierno Vasco y sabe que es una campaña a medio plazo en la cual tiene que romper con su imagen pasada. Hace poco colocaron unos carteles cerca de donde vivo, protestando porque la iluminación estaba mal en la calle. Antes quemaban las farolas y ahora se preocupan de que alumbren», dice Irujo, que apura un agua con gas en un bar de Guecho donde, precisamente, Agirre fue elegido alcalde en 1931: «La izquierda aberzale quiere comerle la tostada al PNV con símbolos que están bastante asumidos en la sociedad vasca». La de Agirreo no es la única figura que Otegi incorpora como nuevo referente en su discurso. Tras el fallecimiento en mayo de Carlos Garikoetxea, primer lendakari tras la aprobación de la Constitución de 1978 y del Estatuto de Guernica, Bildu ensalzó su contribución al «espacio de encuentro soberanista e independentista» que dicen representar. En julio, con esta pelea simbólica lanzada, Aitor Esteban criticó que la izquierda aberzale se apropia de sus «referentes» porque los suyos son «Argala, Gadafi, Txapote, Urrutikoetxea y el propio Otegi». «Citan a personajes y referente nuestros en vez de a los suyos [..]. A Ibarretxe también le han sacado a colación de vez en cuando», añadió sobre el también lendakari, que hoy ha estado presente, junto a Íñigo Urkullu y Patxi López, en el homenaje al primer Gobierno dirigido por José Antonio Agirre. En este último caso, Mikel Irujo destaca el contraste entre el fondo ideológico de Bildu y el carácter «religioso» del político del PNV. «Inclinado ante Dios, de pie sobre la tierra vasca […]», comenzó su jura el 7 de octubre de 1936 en Guernica. Miembro de la Asociación Católica de Propagandistas, su discurso estaba influido por un «catolicismo social» que bebía de la encíclica Rerum novarum de Leon XIII. Hoy Pradales incorpora, además de a José Antonio Agirre, la línea que marca Leon XIV desde el Vaticano en sus discursos. «Libertad, democracia y justicia social», ha repetido este miércoles como un mantra sobre sus bases para un «Gobierno plural». Sin embargo, tal y como desliza Irujo, la vinculación doctrinal del PNV con la Iglesia, más allá de gestos y rituales que se mantienen como las visitas a la Catedral de Begoña de dirigentes del partido en momentos puntuales, también está en decadencia. «Se ha secularizado muchísimo a pesar de que no haya roto», dice el catedrático sobre el intento de trasladar la imagen y reflejo de Agirre a la actualidad: «A mis alumnos siempre les digo que cada figura tiene que entenderse en su contexto histórico y el de hoy ya no es el mismo que el de entonces». El 7 de octubre de 1936, seis días después de aprobarse el Estatuto de Prieto o «de las izquierdas», José Antonio Agirre tomaba posesión como primer lendakari de la autonomía vasca. Desde ese momento, el dirigente del PNV, protagonista de un viaje de película hacia el exilio en Estados Unidos tras la toma de Bilbao en la Guerra Civil española, pasó a formar parte del panteón de mitos del nacionalismo vasco. Hoy, cuando el Gobierno vasco ha organizado en la Casa de Juntas de Guernica (Vizcaya) la conmemoración del 90 aniversario de este evento histórico, su figura es objeto de disputa en la batalla cultural y política que EH Bildu ha declarado al partido fundado por Sabino Arana. «Agirre nunca hubiese aceptado el terrorismo. En ese sentido, creo que tiene razón el PNV cuando critica que le reivindiquen», comenta Mikel Irujo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco (UPV) y autor de ‘El nacimiento de un Gobierno a través de sus protagonistas’ (Tecnos), una investigación sobre el primer gabinete que formó Agirre junto a socialistas y comunistas en plena guerra.Fue el pasado 21 de abril cuando Imanol Pradales presentó desde el Hotel Carlton (sede extraordinaria de aquel primer Ejecutivo) la campaña «90 Urte». Un ciclo de iniciativas de doce meses de duración con el que el actual lendakari trata de patrimonializar a Agirre, fijándolo como «brújula moral» de su gestión para erigirse defensor del autogobierno vasco. Tanto es así que en el último Alderdi Eguna (Día del Partido) el propio Pradales vistió un polo con la simbología de la campaña. Un gesto que levantó ampollas en el PP vasco, que le acusó de «confundir deliberadamente lo institucional con lo partidista». Este miércoles, durante la conmemoración celebrada en la Casa de Juntas de Guernica, donde toma posesión cada lendakari siguiendo la tradición de Agirre tras ser investido en el Parlamento, el líder de los populares en el País Vasco, Javier De Andrés, ha estado presente junto al socialista Eneko Andueza (solo la representación de Vox ha faltado).«Ahora su legado está en nuestras manos», ha dicho Pradales en su discurso. Sin embargo, ya no es solo el PNV quien participa en esta cruzada. Desde que se dio inicio a «90 Urte», la izquierda aberzale también trata de aprovechar el recuerdo de Agirre, reivindicándolo como espejo para los Gobiernos de «amplio espectro» que Arnaldo Otegi dice querer constituir junto a nacionalistas y socialistas tanto en el País Vasco como en Navarra. «Cuando un político toma la biografía de un político, pues toma lo que le gusta más. Con Agirre tienes para elegir. Cada uno se hace el traje a medida», dice Irujo sobre la vena más estatutaria y la otra más soberanista del primer lendakari que, si bien primero pactó con Indalecio Prieto, en 1939 exigió a los socialistas que formaban parte de su Gobierno en el exilio una «filiación nacional vasca» y su independencia respecto a la legalidad que emanaba de la Constitución republicana de 1931. Otegi, que también ha asistido hoy como invitado al evento, ha resaltado las «circunstancias extraordinarias» en las que a Agirre «le tocó» liderar: «Lo hizo con una fórmula que venimos reclamando, aunando esfuerzos». Tras esto, ha añadido que «Agirre aprobaría los dos decretos» de vivienda que decayeron en el Congreso el viernes pasado y que el Gobierno de Pedro Sánchez volverá a presentar en la Diputación Permanente (el PNV sólo dará su sí al primero de ellos). «Quienes se unieron a ETA querían imponernos su proyecto político. Y el Estado español y sus cloacas utilizaban atajos que no eran justos ni legales. Sin embargo Agirre, Leizaola (que tomó el relevo del Gobierno vasco en el exilio tras la muerte de Aguirre en 1960) y su generación nunca adoptaron esta doctrina. ¡Nunca cayeron en la tentación de la violencia», ha señalado más tarde Pradales, en un discurso que llevaba preparado antes de conocerse las declaraciones de Otegi. «Quienes alentaron, ampararon o justificaron la violencia terrorista tienen todavía una deuda moral pendiente», ha añadido el lendakari, afinando el dardo previsto contra la izquierda aberzale. «Bildu quiere llegar al Gobierno Vasco y sabe que es una campaña a medio plazo en la cual tiene que romper con su imagen pasada. Hace poco colocaron unos carteles cerca de donde vivo, protestando porque la iluminación estaba mal en la calle. Antes quemaban las farolas y ahora se preocupan de que alumbren», dice Irujo, que apura un agua con gas en un bar de Guecho donde, precisamente, Agirre fue elegido alcalde en 1931: «La izquierda aberzale quiere comerle la tostada al PNV con símbolos que están bastante asumidos en la sociedad vasca». La de Agirreo no es la única figura que Otegi incorpora como nuevo referente en su discurso. Tras el fallecimiento en mayo de Carlos Garikoetxea, primer lendakari tras la aprobación de la Constitución de 1978 y del Estatuto de Guernica, Bildu ensalzó su contribución al «espacio de encuentro soberanista e independentista» que dicen representar. En julio, con esta pelea simbólica lanzada, Aitor Esteban criticó que la izquierda aberzale se apropia de sus «referentes» porque los suyos son «Argala, Gadafi, Txapote, Urrutikoetxea y el propio Otegi». «Citan a personajes y referente nuestros en vez de a los suyos [..]. A Ibarretxe también le han sacado a colación de vez en cuando», añadió sobre el también lendakari, que hoy ha estado presente, junto a Íñigo Urkullu y Patxi López, en el homenaje al primer Gobierno dirigido por José Antonio Agirre. En este último caso, Mikel Irujo destaca el contraste entre el fondo ideológico de Bildu y el carácter «religioso» del político del PNV. «Inclinado ante Dios, de pie sobre la tierra vasca », comenzó su jura el 7 de octubre de 1936 en Guernica. Miembro de la Asociación Católica de Propagandistas, su discurso estaba influido por un «catolicismo social» que bebía de la encíclica Rerum novarum de Leon XIII. Hoy Pradales incorpora, además de a José Antonio Agirre, la línea que marca Leon XIV desde el Vaticano en sus discursos. «Libertad, democracia y justicia social», ha repetido este miércoles como un mantra sobre sus bases para un «Gobierno plural». Sin embargo, tal y como desliza Irujo, la vinculación doctrinal del PNV con la Iglesia, más allá de gestos y rituales que se mantienen como las visitas a la Catedral de Begoña de dirigentes del partido en momentos puntuales, también está en decadencia. «Se ha secularizado muchísimo a pesar de que no haya roto», dice el catedrático sobre el intento de trasladar la imagen y reflejo de Agirre a la actualidad: «A mis alumnos siempre les digo que cada figura tiene que entenderse en su contexto histórico y el de hoy ya no es el mismo que el de entonces».
El 7 de octubre de 1936, seis días después de aprobarse el Estatuto de Prieto o «de las izquierdas», José Antonio Agirre tomaba posesión como primer lendakari de la autonomía vasca. Desde ese momento, el dirigente del PNV, protagonista de un viaje de película hacia … el exilio en Estados Unidos tras la toma de Bilbao en la Guerra Civil española, pasó a formar parte del panteón de mitos del nacionalismo vasco. Hoy, cuando el Gobierno vasco ha organizado en la Casa de Juntas de Guernica (Vizcaya) la conmemoración del 90 aniversario de este evento histórico, su figura es objeto de disputa en la batalla cultural y política que EH Bildu ha declarado al partido fundado por Sabino Arana. «Agirre nunca hubiese aceptado el terrorismo. En ese sentido, creo que tiene razón el PNV cuando critica que le reivindiquen», comenta Mikel Irujo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco (UPV) y autor de ‘El nacimiento de un Gobierno a través de sus protagonistas’ (Tecnos), una investigación sobre el primer gabinete que formó Agirre junto a socialistas y comunistas en plena guerra.
Fue el pasado 21 de abril cuando Imanol Pradales presentó desde el Hotel Carlton (sede extraordinaria de aquel primer Ejecutivo) la campaña «90 Urte». Un ciclo de iniciativas de doce meses de duración con el que el actual lendakari trata de patrimonializar a Agirre, fijándolo como «brújula moral» de su gestión para erigirse defensor del autogobierno vasco. Tanto es así que en el último Alderdi Eguna (Día del Partido) el propio Pradales vistió un polo con la simbología de la campaña. Un gesto que levantó ampollas en el PP vasco, que le acusó de «confundir deliberadamente lo institucional con lo partidista». Este miércoles, durante la conmemoración celebrada en la Casa de Juntas de Guernica, donde toma posesión cada lendakari siguiendo la tradición de Agirre tras ser investido en el Parlamento, el líder de los populares en el País Vasco, Javier De Andrés, ha estado presente junto al socialista Eneko Andueza (solo la representación de Vox ha faltado).
«Ahora su legado está en nuestras manos», ha dicho Pradales en su discurso. Sin embargo, ya no es solo el PNV quien participa en esta cruzada. Desde que se dio inicio a «90 Urte», la izquierda aberzale también trata de aprovechar el recuerdo de Agirre, reivindicándolo como espejo para los Gobiernos de «amplio espectro» que Arnaldo Otegi dice querer constituir junto a nacionalistas y socialistas tanto en el País Vasco como en Navarra. «Cuando un político toma la biografía de un político, pues toma lo que le gusta más. Con Agirre tienes para elegir. Cada uno se hace el traje a medida», dice Irujo sobre la vena más estatutaria y la otra más soberanista del primer lendakari que, si bien primero pactó con Indalecio Prieto, en 1939 exigió a los socialistas que formaban parte de su Gobierno en el exilio una «filiación nacional vasca» y su independencia respecto a la legalidad que emanaba de la Constitución republicana de 1931.
Otegi, que también ha asistido hoy como invitado al evento, ha resaltado las «circunstancias extraordinarias» en las que a Agirre «le tocó» liderar: «Lo hizo con una fórmula que venimos reclamando, aunando esfuerzos». Tras esto, ha añadido que «Agirre aprobaría los dos decretos» de vivienda que decayeron en el Congreso el viernes pasado y que el Gobierno de Pedro Sánchez volverá a presentar en la Diputación Permanente (el PNV sólo dará su sí al primero de ellos). «Quienes se unieron a ETA querían imponernos su proyecto político. Y el Estado español y sus cloacas utilizaban atajos que no eran justos ni legales. Sin embargo Agirre, Leizaola (que tomó el relevo del Gobierno vasco en el exilio tras la muerte de Aguirre en 1960) y su generación nunca adoptaron esta doctrina. ¡Nunca cayeron en la tentación de la violencia», ha señalado más tarde Pradales, en un discurso que llevaba preparado antes de conocerse las declaraciones de Otegi.
«Quienes alentaron, ampararon o justificaron la violencia terrorista tienen todavía una deuda moral pendiente», ha añadido el lendakari, afinando el dardo previsto contra la izquierda aberzale. «Bildu quiere llegar al Gobierno Vasco y sabe que es una campaña a medio plazo en la cual tiene que romper con su imagen pasada. Hace poco colocaron unos carteles cerca de donde vivo, protestando porque la iluminación estaba mal en la calle. Antes quemaban las farolas y ahora se preocupan de que alumbren», dice Irujo, que apura un agua con gas en un bar de Guecho donde, precisamente, Agirre fue elegido alcalde en 1931: «La izquierda aberzale quiere comerle la tostada al PNV con símbolos que están bastante asumidos en la sociedad vasca». La de Agirreo no es la única figura que Otegi incorpora como nuevo referente en su discurso. Tras el fallecimiento en mayo de Carlos Garikoetxea, primer lendakari tras la aprobación de la Constitución de 1978 y del Estatuto de Guernica, Bildu ensalzó su contribución al «espacio de encuentro soberanista e independentista» que dicen representar.
En julio, con esta pelea simbólica lanzada, Aitor Esteban criticó que la izquierda aberzale se apropia de sus «referentes» porque los suyos son «Argala, Gadafi, Txapote, Urrutikoetxea y el propio Otegi». «Citan a personajes y referente nuestros en vez de a los suyos [..]. A Ibarretxe también le han sacado a colación de vez en cuando», añadió sobre el también lendakari, que hoy ha estado presente, junto a Íñigo Urkullu y Patxi López, en el homenaje al primer Gobierno dirigido por José Antonio Agirre. En este último caso, Mikel Irujo destaca el contraste entre el fondo ideológico de Bildu y el carácter «religioso» del político del PNV. «Inclinado ante Dios, de pie sobre la tierra vasca […]», comenzó su jura el 7 de octubre de 1936 en Guernica. Miembro de la Asociación Católica de Propagandistas, su discurso estaba influido por un «catolicismo social» que bebía de la encíclica Rerum novarum de Leon XIII.
Hoy Pradales incorpora, además de a José Antonio Agirre, la línea que marca Leon XIV desde el Vaticano en sus discursos. «Libertad, democracia y justicia social», ha repetido este miércoles como un mantra sobre sus bases para un «Gobierno plural». Sin embargo, tal y como desliza Irujo, la vinculación doctrinal del PNV con la Iglesia, más allá de gestos y rituales que se mantienen como las visitas a la Catedral de Begoña de dirigentes del partido en momentos puntuales, también está en decadencia. «Se ha secularizado muchísimo a pesar de que no haya roto», dice el catedrático sobre el intento de trasladar la imagen y reflejo de Agirre a la actualidad: «A mis alumnos siempre les digo que cada figura tiene que entenderse en su contexto histórico y el de hoy ya no es el mismo que el de entonces».
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