La noche ha caído. Entre los últimos rayos de luz ya empezó a colarse la lluvia. Huele a tierra mojada. Pintea. El paisaje imponente de Monfragüe lo agradece. Lo vuelve aún más portentoso. Las pocas gotas no tardan, con la oscuridad, en tornar en la primera gran tromba del otoño. La tormenta se desencadena entre las serpenteantes carreteras que dibujan las entrañas del parque. Todo es respeto -no puede ser de otra manera, a esa hora y con ese cielo- en el corazón de la berrea. El cuerpo y la cabeza se saben tensos al cruzar por vías estrechas donde los animales aparecen sin previo aviso. Es así hasta que pisas pueblo. Villarreal de San Carlos (Cáceres), en este caso. Mientras el temporal sigue sacudiendo con fuerza todo su repertorio, allí, en plena calle, están ellos. Los ciervos no constan en el censo, pero casi. Campan a sus anchas por las calles, como si el alquitrán y el empedrado fuesen también elementos de su hábitat natural. El paso de la gente y los coches no los altera, más bien les acredita como reyes del territorio. Su imagen rompe la lobreguez del entorno. Es una foto idílica.El encuentro con los ciervos de Villarreal de San Carlos corona una jornada que empieza mucho antes, con el amanecer. Presenciar la berrea es ser consciente de que la inmensidad del monte desaparecerá con el primer bramido. Irrumpe como un golpe seco que rompe el viento, como si atravesase árboles y nubes. El sonido obliga a buscar con la mirada entre encinas y alcornoques. No tarda en llegar otro. Unos suenan cerca, otros parecen ser la respuesta del otro extremo. El oído va por delante de los ojos. De hecho, la gran mayoría de las veces es imposible ponerle firma al bramido. No ves. Imaginas. Paco Castañares, presidente de la asociación Amigos de Monfragüe tiene una manera muy concreta de definir ese sonido que resume toda la fuerza del espectáculo: «Es un grito desgarrado en la noche». Cuando va más allá y trata de explicar cuál es la esencia de lo que ocurre estas semanas en el parque utiliza una expresión aún más rotunda: «Una canción de amor y muerte». Porque la berrea tiene algo de celebración, pero también de amenaza . Es el cortejo que precede a la reproducción y, al mismo tiempo, una lucha por imponerse, por ser el más fuerte. Los machos braman para mandar dos mensajes. Uno atrae a la hembra. El otro busca advertir al resto de machos. «Es un grito desgarrado en la noche, una canción de amor y muerte» Paco Castañares Presidente de Amigos de MonfragüeAntes de que los primeros bramidos llenen las noches de septiembre y octubre, en agosto, los machos comienzan a tantearse, a medir sus fuerzas y a mostrar cambios de comportamiento. Después, con el avance del celo, la competencia se intensifica y el monte se convierte en un campo de batalla, en una especie de rey de la pista donde solo uno será el macho dominante al que le tocará esperar la llegada de la lluvia. Las primeras precipitaciones son las que espolean el inicio de una berrea concentrada y vigorosa, aunque las condiciones cambien de año a año.Las actividades de observación en torno a la berrea que organiza una empresa cacereña. Viendo Verde EcoturismoCuando llega el momento álgido, los bramidos se suceden. Normalmente, la pugna termina en buena lid con la retirada de uno de los contendientes que se sabe inferior. Eso no evita que, en ocasiones, otras peleas terminen con embestidas y golpes de cuernas mortales: «El que vence no se conforma con la victoria y busca apartar a quien desafió su poder», relata Castañares. Es la forma en la que la elegante imagen del venado convive con otra menos amable, porque el animal no entiende de espectadores. Eso se entiende rápido al pisar Monfragüe. Quien observa siente que lo que está pasando allí sucede al margen de su presencia. Y eso, en estos tiempos, es casi un milagro.Turismo controladoEste ritual, que no es exclusivo de Monfragüe, ha conseguido, con el paso de las décadas, que el turismo no termine por perturbar el sano día a día de los animales. Los más apasionados recurren, cada vez más, a las empresas especializadas en la observación de la naturaleza. Alejandro Palomo es director gerente de Viendo Verde Ecoturismo, además de presidente de la Asociación Empresarial de Monfragüe (Endemo). Su empresa, junto a Destino Activo, organiza safaris durante la temporada de berrea. Se aglutinan en grupos reducidos, de un máximo de seis personas por salida, y recorren el territorio en todoterreno. Son rutas de tres horas, bien al amanecer o al atardecer, que son los dos momentos más propicios para escuchar a los animales.Rafael Jorillo, propietario del Hotel Carvajal en Torrejón el Rubio. Adrián GarcíaLos turistas van con prismáticos y telescopios de largo alcance. Los acompaña un guía autorizado para trabajar en el parque. Por el camino, atraviesan caminos de tierra, dehesas y alcornoques centenarios, con la intención de alejarse de los puntos más concurridos y encontrar lugares desde los que observar la fauna con tranquilidad. La berrea no deja de ser otro argumento más para adentrarse en Monfragüe. «Con el bramido de cientos de ciervos a tu alrededor», explica Palomo, el turista puede acercarse a un fenómeno que en pocos lugares se disfruta como allí.Empuje de los pueblosFrancisco Javier Sánchez es el orgulloso alcalde de Serradilla, también de la pedanía de Villarreal de San Carlos. «Es normal acercarse al pueblo y ver cómo los ciervos deambulan tranquilamente y se dejan fotografiar a escasos metros», dice. La estampa atrae a turistas nacionales, extranjeros y vecinos de las localidades próximas que se acercan por la tarde para contemplar el espectáculo. Sin embargo, la cercanía tiene sus límites. Que los animales paseen por las calles no significa que se pueda establecer contacto con ellos. Al edil le gusta recordar que son animales salvajes a los que no se debe tocar ni alimentar. La conservación pasa, dice, por encontrar un equilibrio entre la curiosidad del que llega y la tranquilidad de los que ya están.Paco Castañares, presidente de la asociación Amigos de Monfragüe, esta semana, junto con ABC. Adrián GarcíaLo que es indudable es que la berrea tiene una dimensión económica que se extiende más allá de los caminos y miradores y que intenta potenciar la consejería de Turismo de la Junta de Extremadura. La llegada de turistas beneficia a alojamientos, restaurantes y empresas de turismo de naturaleza, aunque en la zona se coincide en que la berrea es una temporada concreta dentro de una actividad más amplia. Durante estos meses otoñales de berrea se duplica y hasta triplican el número de pernoctaciones y visitantes en pueblos a menudo deshabitadosEl alcalde de Serradilla asegura que durante esos meses se duplica o triplica el número de visitantes, las pernoctaciones y los servicios de restauración. Considera que la berrea contribuye a mantener empleos y a fijar población en los municipios del entorno. Un ejemplo es Rafael Jorrillo, propietario del Hotel Carvajal de Torrejón el Rubio, que explica que la temporada aporta ingresos importantes a su establecimiento. La berrea es algo más que un ritual de apareamiento. Es -casi- el último reducto de un mundo agitado, donde es imposible pensar y conectar. En Monfragüe, cada uno está en su sitio. El ciervo, vive. El que observa, también. No hay adornos superfluos ni brillantina que decore lo que ya de por sí es bello y puro. Cada vez que se rompe el viento en pleno monte es un recordatorio de quiénes somos y dónde estamos. La noche ha caído. Entre los últimos rayos de luz ya empezó a colarse la lluvia. Huele a tierra mojada. Pintea. El paisaje imponente de Monfragüe lo agradece. Lo vuelve aún más portentoso. Las pocas gotas no tardan, con la oscuridad, en tornar en la primera gran tromba del otoño. La tormenta se desencadena entre las serpenteantes carreteras que dibujan las entrañas del parque. Todo es respeto -no puede ser de otra manera, a esa hora y con ese cielo- en el corazón de la berrea. El cuerpo y la cabeza se saben tensos al cruzar por vías estrechas donde los animales aparecen sin previo aviso. Es así hasta que pisas pueblo. Villarreal de San Carlos (Cáceres), en este caso. Mientras el temporal sigue sacudiendo con fuerza todo su repertorio, allí, en plena calle, están ellos. Los ciervos no constan en el censo, pero casi. Campan a sus anchas por las calles, como si el alquitrán y el empedrado fuesen también elementos de su hábitat natural. El paso de la gente y los coches no los altera, más bien les acredita como reyes del territorio. Su imagen rompe la lobreguez del entorno. Es una foto idílica.El encuentro con los ciervos de Villarreal de San Carlos corona una jornada que empieza mucho antes, con el amanecer. Presenciar la berrea es ser consciente de que la inmensidad del monte desaparecerá con el primer bramido. Irrumpe como un golpe seco que rompe el viento, como si atravesase árboles y nubes. El sonido obliga a buscar con la mirada entre encinas y alcornoques. No tarda en llegar otro. Unos suenan cerca, otros parecen ser la respuesta del otro extremo. El oído va por delante de los ojos. De hecho, la gran mayoría de las veces es imposible ponerle firma al bramido. No ves. Imaginas. Paco Castañares, presidente de la asociación Amigos de Monfragüe tiene una manera muy concreta de definir ese sonido que resume toda la fuerza del espectáculo: «Es un grito desgarrado en la noche». Cuando va más allá y trata de explicar cuál es la esencia de lo que ocurre estas semanas en el parque utiliza una expresión aún más rotunda: «Una canción de amor y muerte». Porque la berrea tiene algo de celebración, pero también de amenaza . Es el cortejo que precede a la reproducción y, al mismo tiempo, una lucha por imponerse, por ser el más fuerte. Los machos braman para mandar dos mensajes. Uno atrae a la hembra. El otro busca advertir al resto de machos. «Es un grito desgarrado en la noche, una canción de amor y muerte» Paco Castañares Presidente de Amigos de MonfragüeAntes de que los primeros bramidos llenen las noches de septiembre y octubre, en agosto, los machos comienzan a tantearse, a medir sus fuerzas y a mostrar cambios de comportamiento. Después, con el avance del celo, la competencia se intensifica y el monte se convierte en un campo de batalla, en una especie de rey de la pista donde solo uno será el macho dominante al que le tocará esperar la llegada de la lluvia. Las primeras precipitaciones son las que espolean el inicio de una berrea concentrada y vigorosa, aunque las condiciones cambien de año a año.Las actividades de observación en torno a la berrea que organiza una empresa cacereña. Viendo Verde EcoturismoCuando llega el momento álgido, los bramidos se suceden. Normalmente, la pugna termina en buena lid con la retirada de uno de los contendientes que se sabe inferior. Eso no evita que, en ocasiones, otras peleas terminen con embestidas y golpes de cuernas mortales: «El que vence no se conforma con la victoria y busca apartar a quien desafió su poder», relata Castañares. Es la forma en la que la elegante imagen del venado convive con otra menos amable, porque el animal no entiende de espectadores. Eso se entiende rápido al pisar Monfragüe. Quien observa siente que lo que está pasando allí sucede al margen de su presencia. Y eso, en estos tiempos, es casi un milagro.Turismo controladoEste ritual, que no es exclusivo de Monfragüe, ha conseguido, con el paso de las décadas, que el turismo no termine por perturbar el sano día a día de los animales. Los más apasionados recurren, cada vez más, a las empresas especializadas en la observación de la naturaleza. Alejandro Palomo es director gerente de Viendo Verde Ecoturismo, además de presidente de la Asociación Empresarial de Monfragüe (Endemo). Su empresa, junto a Destino Activo, organiza safaris durante la temporada de berrea. Se aglutinan en grupos reducidos, de un máximo de seis personas por salida, y recorren el territorio en todoterreno. Son rutas de tres horas, bien al amanecer o al atardecer, que son los dos momentos más propicios para escuchar a los animales.Rafael Jorillo, propietario del Hotel Carvajal en Torrejón el Rubio. Adrián GarcíaLos turistas van con prismáticos y telescopios de largo alcance. Los acompaña un guía autorizado para trabajar en el parque. Por el camino, atraviesan caminos de tierra, dehesas y alcornoques centenarios, con la intención de alejarse de los puntos más concurridos y encontrar lugares desde los que observar la fauna con tranquilidad. La berrea no deja de ser otro argumento más para adentrarse en Monfragüe. «Con el bramido de cientos de ciervos a tu alrededor», explica Palomo, el turista puede acercarse a un fenómeno que en pocos lugares se disfruta como allí.Empuje de los pueblosFrancisco Javier Sánchez es el orgulloso alcalde de Serradilla, también de la pedanía de Villarreal de San Carlos. «Es normal acercarse al pueblo y ver cómo los ciervos deambulan tranquilamente y se dejan fotografiar a escasos metros», dice. La estampa atrae a turistas nacionales, extranjeros y vecinos de las localidades próximas que se acercan por la tarde para contemplar el espectáculo. Sin embargo, la cercanía tiene sus límites. Que los animales paseen por las calles no significa que se pueda establecer contacto con ellos. Al edil le gusta recordar que son animales salvajes a los que no se debe tocar ni alimentar. La conservación pasa, dice, por encontrar un equilibrio entre la curiosidad del que llega y la tranquilidad de los que ya están.Paco Castañares, presidente de la asociación Amigos de Monfragüe, esta semana, junto con ABC. Adrián GarcíaLo que es indudable es que la berrea tiene una dimensión económica que se extiende más allá de los caminos y miradores y que intenta potenciar la consejería de Turismo de la Junta de Extremadura. La llegada de turistas beneficia a alojamientos, restaurantes y empresas de turismo de naturaleza, aunque en la zona se coincide en que la berrea es una temporada concreta dentro de una actividad más amplia. Durante estos meses otoñales de berrea se duplica y hasta triplican el número de pernoctaciones y visitantes en pueblos a menudo deshabitadosEl alcalde de Serradilla asegura que durante esos meses se duplica o triplica el número de visitantes, las pernoctaciones y los servicios de restauración. Considera que la berrea contribuye a mantener empleos y a fijar población en los municipios del entorno. Un ejemplo es Rafael Jorrillo, propietario del Hotel Carvajal de Torrejón el Rubio, que explica que la temporada aporta ingresos importantes a su establecimiento. La berrea es algo más que un ritual de apareamiento. Es -casi- el último reducto de un mundo agitado, donde es imposible pensar y conectar. En Monfragüe, cada uno está en su sitio. El ciervo, vive. El que observa, también. No hay adornos superfluos ni brillantina que decore lo que ya de por sí es bello y puro. Cada vez que se rompe el viento en pleno monte es un recordatorio de quiénes somos y dónde estamos.
La noche ha caído. Entre los últimos rayos de luz ya empezó a colarse la lluvia. Huele a tierra mojada. Pintea. El paisaje imponente de Monfragüe lo agradece. Lo vuelve aún más portentoso. Las pocas gotas no tardan, con la oscuridad, en tornar en la … primera gran tromba del otoño. La tormenta se desencadena entre las serpenteantes carreteras que dibujan las entrañas del parque. Todo es respeto -no puede ser de otra manera, a esa hora y con ese cielo- en el corazón de la berrea. El cuerpo y la cabeza se saben tensos al cruzar por vías estrechas donde los animales aparecen sin previo aviso. Es así hasta que pisas pueblo. Villarreal de San Carlos (Cáceres), en este caso. Mientras el temporal sigue sacudiendo con fuerza todo su repertorio, allí, en plena calle, están ellos. Los ciervos no constan en el censo, pero casi. Campan a sus anchas por las calles, como si el alquitrán y el empedrado fuesen también elementos de su hábitat natural. El paso de la gente y los coches no los altera, más bien les acredita como reyes del territorio. Su imagen rompe la lobreguez del entorno. Es una foto idílica.
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El encuentro con los ciervos de Villarreal de San Carlos corona una jornada que empieza mucho antes, con el amanecer. Presenciar la berrea es ser consciente de que la inmensidad del monte desaparecerá con el primer bramido. Irrumpe como un golpe seco que rompe el viento, como si atravesase árboles y nubes. El sonido obliga a buscar con la mirada entre encinas y alcornoques. No tarda en llegar otro. Unos suenan cerca, otros parecen ser la respuesta del otro extremo. El oído va por delante de los ojos. De hecho, la gran mayoría de las veces es imposible ponerle firma al bramido. No ves. Imaginas.
Paco Castañares, presidente de la asociación Amigos de Monfragüe tiene una manera muy concreta de definir ese sonido que resume toda la fuerza del espectáculo: «Es un grito desgarrado en la noche». Cuando va más allá y trata de explicar cuál es la esencia de lo que ocurre estas semanas en el parque utiliza una expresión aún más rotunda: «Una canción de amor y muerte».
Porque la berrea tiene algo de celebración, pero también de amenaza. Es el cortejo que precede a la reproducción y, al mismo tiempo, una lucha por imponerse, por ser el más fuerte. Los machos braman para mandar dos mensajes. Uno atrae a la hembra. El otro busca advertir al resto de machos.
«Es un grito desgarrado en la noche, una canción de amor y muerte»
Paco Castañares
Presidente de Amigos de Monfragüe
Antes de que los primeros bramidos llenen las noches de septiembre y octubre, en agosto, los machos comienzan a tantearse, a medir sus fuerzas y a mostrar cambios de comportamiento. Después, con el avance del celo, la competencia se intensifica y el monte se convierte en un campo de batalla, en una especie de rey de la pista donde solo uno será el macho dominante al que le tocará esperar la llegada de la lluvia. Las primeras precipitaciones son las que espolean el inicio de una berrea concentrada y vigorosa, aunque las condiciones cambien de año a año.
(Viendo Verde Ecoturismo)
Cuando llega el momento álgido, los bramidos se suceden. Normalmente, la pugna termina en buena lid con la retirada de uno de los contendientes que se sabe inferior. Eso no evita que, en ocasiones, otras peleas terminen con embestidas y golpes de cuernas mortales: «El que vence no se conforma con la victoria y busca apartar a quien desafió su poder», relata Castañares. Es la forma en la que la elegante imagen del venado convive con otra menos amable, porque el animal no entiende de espectadores. Eso se entiende rápido al pisar Monfragüe. Quien observa siente que lo que está pasando allí sucede al margen de su presencia. Y eso, en estos tiempos, es casi un milagro.
Turismo controlado
Este ritual, que no es exclusivo de Monfragüe, ha conseguido, con el paso de las décadas, que el turismo no termine por perturbar el sano día a día de los animales. Los más apasionados recurren, cada vez más, a las empresas especializadas en la observación de la naturaleza.
Alejandro Palomo es director gerente de Viendo Verde Ecoturismo, además de presidente de la Asociación Empresarial de Monfragüe (Endemo). Su empresa, junto a Destino Activo, organiza safaris durante la temporada de berrea. Se aglutinan en grupos reducidos, de un máximo de seis personas por salida, y recorren el territorio en todoterreno. Son rutas de tres horas, bien al amanecer o al atardecer, que son los dos momentos más propicios para escuchar a los animales.

(Adrián García)
Los turistas van con prismáticos y telescopios de largo alcance. Los acompaña un guía autorizado para trabajar en el parque. Por el camino, atraviesan caminos de tierra, dehesas y alcornoques centenarios, con la intención de alejarse de los puntos más concurridos y encontrar lugares desde los que observar la fauna con tranquilidad. La berrea no deja de ser otro argumento más para adentrarse en Monfragüe. «Con el bramido de cientos de ciervos a tu alrededor», explica Palomo, el turista puede acercarse a un fenómeno que en pocos lugares se disfruta como allí.
Empuje de los pueblos
Francisco Javier Sánchez es el orgulloso alcalde de Serradilla, también de la pedanía de Villarreal de San Carlos. «Es normal acercarse al pueblo y ver cómo los ciervos deambulan tranquilamente y se dejan fotografiar a escasos metros», dice. La estampa atrae a turistas nacionales, extranjeros y vecinos de las localidades próximas que se acercan por la tarde para contemplar el espectáculo. Sin embargo, la cercanía tiene sus límites. Que los animales paseen por las calles no significa que se pueda establecer contacto con ellos. Al edil le gusta recordar que son animales salvajes a los que no se debe tocar ni alimentar. La conservación pasa, dice, por encontrar un equilibrio entre la curiosidad del que llega y la tranquilidad de los que ya están.

(Adrián García)
Lo que es indudable es que la berrea tiene una dimensión económica que se extiende más allá de los caminos y miradores y que intenta potenciar la consejería de Turismo de la Junta de Extremadura. La llegada de turistas beneficia a alojamientos, restaurantes y empresas de turismo de naturaleza, aunque en la zona se coincide en que la berrea es una temporada concreta dentro de una actividad más amplia.
Durante estos meses otoñales de berrea se duplica y hasta triplican el número de pernoctaciones y visitantes en pueblos a menudo deshabitados
El alcalde de Serradilla asegura que durante esos meses se duplica o triplica el número de visitantes, las pernoctaciones y los servicios de restauración. Considera que la berrea contribuye a mantener empleos y a fijar población en los municipios del entorno. Un ejemplo es Rafael Jorrillo, propietario del Hotel Carvajal de Torrejón el Rubio, que explica que la temporada aporta ingresos importantes a su establecimiento.
La berrea es algo más que un ritual de apareamiento. Es -casi- el último reducto de un mundo agitado, donde es imposible pensar y conectar. En Monfragüe, cada uno está en su sitio. El ciervo, vive. El que observa, también. No hay adornos superfluos ni brillantina que decore lo que ya de por sí es bello y puro. Cada vez que se rompe el viento en pleno monte es un recordatorio de quiénes somos y dónde estamos.
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