La lucha contra los grandes incendios forestales en Extremadura quiere cambiar, casi radicalmente, de escenario. Ya no se trata de extinguir las llamas cuando aparecen o de prevenir con cortafuegos en el monte, se aspira a modificar contundentemente el paisaje para dificultar que el fuego avance. La estrategia pasa por reducir progresivamente las masas forestales más densas y con mayor riesgo, especialmente en el entorno de los núcleos de población, y sustituir parte de ellas por otros usos capaces de generar discontinuidades en el combustible vegetal.El plan contempla actuar sobre unas 8.000 hectáreas de monte en Las Hurdes y Sierra de Gata , aproximadamente una quinta parte de las masas continuas de pino consideradas de alto riesgo. La Junta de Extremadura, de hecho, se pone como objetivo sustituir al menos el 20% de las superficies de pino de ambas comarcas por otras especies y usos. La medida forma parte del nuevo planteamiento de prevención y gestión forestal del Ejecutivo autonómico.La iniciativa, hay que subrayar, no plantea una guerra contra el pino . El propio planteamiento de la Junta deja claro que «el problema no es una especie concreta», sino las masas forestales que no están suficientemente gestionadas y que favorecen la intensidad y propagación de las llamas. En estas dos comarcas, coincide que el pino resinero es la especie dominante y la que presenta una mayor densidad, por lo que será una de las principales especies afectadas por la transformación.Después de los pinosLa clave está en saber qué habrá después de esos pinares. Fernando Pulido, catedrático de la Universidad de Extremadura y director de Proyecto Mosaico, explica que «la innovación no es la reducción de las masas sino su sustitución por aprovechamientos alternativos o complementarios que implican una reducción en la propagación de incendios».Es el concepto de los llamados «cortafuegos productivos»: espacios con poca cantidad y continuidad de vegetación que se mantienen en esas condiciones gracias a una actividad económica. Puede tratarse de una zona de pastoreo, una superficie cultivada o un aprovechamiento forestal. En lugar de un cortafuegos convencional, cuyo único objetivo es dificultar el avance de las llamas, se busca que el propio uso del terreno contribuya a mantener esa función preventiva.Uno de los ejemplos más claros se encuentra en los olivares de montaña. «Al no tener pasto ni matorral, pueden contener el fuego que se genera en masas forestales próximas», señala Pulido. El objetivo es recuperar un paisaje en mosaico, en el que las masas forestales se alternen con cultivos, pastos y otros aprovechamientos. De esta forma, las llamas dejan de encontrar una superficie continua de vegetación por la que propagarse con facilidad. La despoblación, claveLa explicación tiene también una raíz demográfica. Las Hurdes y Sierra de Gata han experimentado durante décadas un proceso de despoblación que ha reducido de forma drástica la actividad agraria que antiguamente modelaba el territorio. Terrenos que antes estaban cultivados o eran utilizados para el ganado fueron abandonándose y, con el paso del tiempo, quedaron colonizados por pinares y matorral.El resultado es un paisaje más continuo y con una mayor acumulación de combustible. «Las zonas antes cultivadas o con ganado han sido colonizadas por pinares y matorral con una gestión deficiente», explica Pulido. La propuesta consiste precisamente en recuperar parte de aquellos usos, pero adaptándolos a las necesidades actuales del territorio.La Junta quiere que ese cambio tenga además una dimensión económica. Para que el modelo funcione, el Ejecutivo autonómico tendrá que realizar inicialmente determinadas inversiones que hagan atractiva la llegada de productores privados o cooperativas locales. Entre ellas figuran actuaciones sobre los accesos, los vallados o los sistemas de riego. El objetivo es que posteriormente sean las propias actividades económicas las que mantengan esos espacios abiertos y gestionados.El vicepresidente de la Junta, Abel Bautista, resume el planteamiento con una frase: «El modelo del desbroce no es suficiente, es necesario cambiar el paisaje y estamos dando pasos en esa dirección». Entre esos pasos figura también la recuperación de bancales abandonados para que los cultivos sustituyan a la maleza y la nueva consideración de los cortafuegos productivos como herramientas no solo de prevención, sino también de planificación y gestión forestal.El gobierno extremeño sostiene además que esa actividad económica genera un beneficio que va más allá del productor. Si un ganadero mantiene una superficie pastoreada o un agricultor conserva un cultivo en una zona estratégica, está contribuyendo también a reducir el riesgo de propagación de un incendio. Pulido considera que muchas de estas actividades tienen un «valor preventivo» y que el apoyo público estaría justificado por el servicio que prestan al conjunto de la sociedad.Reacción en Las HurdesLa apuesta llega después de años de experiencias sobre el terreno. Desde 2015 se ha desarrollado en Las Hurdes y Sierra de Gata el Proyecto Mosaico, precisamente con el objetivo de recuperar actividades agrícolas, ganaderas y forestales para crear un paisaje menos vulnerable al fuego. La Junta retiró su financiación en 2021 y ahora prepara, junto a la Universidad de Extremadura, la reactivación del proyecto mediante un nuevo convenio.El nuevo planteamiento llega, además, después de varios incendios de grandes dimensiones en Las Hurdes . En 2022, un incendio en Ladrillar afectó a 11.864 hectáreas; un año después, el fuego de Pinofranqueado alcanzó las 10.617 hectáreas. En 2025, otro incendio en Caminomorisco calcinó 2.844 hectáreas y este mismo verano las llamas volvieron a afectar a Pinofranqueado, con 3.765 hectáreas.La estrategia también pone el foco en las zonas más próximas a los pueblos. La Junta asegura haber ejecutado en los últimos tres años planes periurbanos en 39 núcleos de población de Las Hurdes. Según Bautista, estas actuaciones permitieron durante el incendio de Pinofranqueado que el fuego redujera su velocidad al aproximarse a algunas alquerías, facilitando la protección de las viviendas y las labores de evacuación y confinamiento.El objetivo, por tanto, no es únicamente que haya menos pinos, sino que haya un monte diferente. Un paisaje menos continuo, con más actividad y con usos capaces de dificultar el avance de las llamas. Pulido calcula que, si la inversión es suficiente, en una década —incluso antes— podrían apreciarse una reducción significativa del tamaño de los incendios, un menor impacto sobre las zonas periurbanas y mejoras en los sectores económicos vinculados al nuevo modelo. Lo resume todo Bautista: «Un monte que da dinero tiene muchas menos posibilidades de arder». La lucha contra los grandes incendios forestales en Extremadura quiere cambiar, casi radicalmente, de escenario. Ya no se trata de extinguir las llamas cuando aparecen o de prevenir con cortafuegos en el monte, se aspira a modificar contundentemente el paisaje para dificultar que el fuego avance. La estrategia pasa por reducir progresivamente las masas forestales más densas y con mayor riesgo, especialmente en el entorno de los núcleos de población, y sustituir parte de ellas por otros usos capaces de generar discontinuidades en el combustible vegetal.El plan contempla actuar sobre unas 8.000 hectáreas de monte en Las Hurdes y Sierra de Gata , aproximadamente una quinta parte de las masas continuas de pino consideradas de alto riesgo. La Junta de Extremadura, de hecho, se pone como objetivo sustituir al menos el 20% de las superficies de pino de ambas comarcas por otras especies y usos. La medida forma parte del nuevo planteamiento de prevención y gestión forestal del Ejecutivo autonómico.La iniciativa, hay que subrayar, no plantea una guerra contra el pino . El propio planteamiento de la Junta deja claro que «el problema no es una especie concreta», sino las masas forestales que no están suficientemente gestionadas y que favorecen la intensidad y propagación de las llamas. En estas dos comarcas, coincide que el pino resinero es la especie dominante y la que presenta una mayor densidad, por lo que será una de las principales especies afectadas por la transformación.Después de los pinosLa clave está en saber qué habrá después de esos pinares. Fernando Pulido, catedrático de la Universidad de Extremadura y director de Proyecto Mosaico, explica que «la innovación no es la reducción de las masas sino su sustitución por aprovechamientos alternativos o complementarios que implican una reducción en la propagación de incendios».Es el concepto de los llamados «cortafuegos productivos»: espacios con poca cantidad y continuidad de vegetación que se mantienen en esas condiciones gracias a una actividad económica. Puede tratarse de una zona de pastoreo, una superficie cultivada o un aprovechamiento forestal. En lugar de un cortafuegos convencional, cuyo único objetivo es dificultar el avance de las llamas, se busca que el propio uso del terreno contribuya a mantener esa función preventiva.Uno de los ejemplos más claros se encuentra en los olivares de montaña. «Al no tener pasto ni matorral, pueden contener el fuego que se genera en masas forestales próximas», señala Pulido. El objetivo es recuperar un paisaje en mosaico, en el que las masas forestales se alternen con cultivos, pastos y otros aprovechamientos. De esta forma, las llamas dejan de encontrar una superficie continua de vegetación por la que propagarse con facilidad. La despoblación, claveLa explicación tiene también una raíz demográfica. Las Hurdes y Sierra de Gata han experimentado durante décadas un proceso de despoblación que ha reducido de forma drástica la actividad agraria que antiguamente modelaba el territorio. Terrenos que antes estaban cultivados o eran utilizados para el ganado fueron abandonándose y, con el paso del tiempo, quedaron colonizados por pinares y matorral.El resultado es un paisaje más continuo y con una mayor acumulación de combustible. «Las zonas antes cultivadas o con ganado han sido colonizadas por pinares y matorral con una gestión deficiente», explica Pulido. La propuesta consiste precisamente en recuperar parte de aquellos usos, pero adaptándolos a las necesidades actuales del territorio.La Junta quiere que ese cambio tenga además una dimensión económica. Para que el modelo funcione, el Ejecutivo autonómico tendrá que realizar inicialmente determinadas inversiones que hagan atractiva la llegada de productores privados o cooperativas locales. Entre ellas figuran actuaciones sobre los accesos, los vallados o los sistemas de riego. El objetivo es que posteriormente sean las propias actividades económicas las que mantengan esos espacios abiertos y gestionados.El vicepresidente de la Junta, Abel Bautista, resume el planteamiento con una frase: «El modelo del desbroce no es suficiente, es necesario cambiar el paisaje y estamos dando pasos en esa dirección». Entre esos pasos figura también la recuperación de bancales abandonados para que los cultivos sustituyan a la maleza y la nueva consideración de los cortafuegos productivos como herramientas no solo de prevención, sino también de planificación y gestión forestal.El gobierno extremeño sostiene además que esa actividad económica genera un beneficio que va más allá del productor. Si un ganadero mantiene una superficie pastoreada o un agricultor conserva un cultivo en una zona estratégica, está contribuyendo también a reducir el riesgo de propagación de un incendio. Pulido considera que muchas de estas actividades tienen un «valor preventivo» y que el apoyo público estaría justificado por el servicio que prestan al conjunto de la sociedad.Reacción en Las HurdesLa apuesta llega después de años de experiencias sobre el terreno. Desde 2015 se ha desarrollado en Las Hurdes y Sierra de Gata el Proyecto Mosaico, precisamente con el objetivo de recuperar actividades agrícolas, ganaderas y forestales para crear un paisaje menos vulnerable al fuego. La Junta retiró su financiación en 2021 y ahora prepara, junto a la Universidad de Extremadura, la reactivación del proyecto mediante un nuevo convenio.El nuevo planteamiento llega, además, después de varios incendios de grandes dimensiones en Las Hurdes . En 2022, un incendio en Ladrillar afectó a 11.864 hectáreas; un año después, el fuego de Pinofranqueado alcanzó las 10.617 hectáreas. En 2025, otro incendio en Caminomorisco calcinó 2.844 hectáreas y este mismo verano las llamas volvieron a afectar a Pinofranqueado, con 3.765 hectáreas.La estrategia también pone el foco en las zonas más próximas a los pueblos. La Junta asegura haber ejecutado en los últimos tres años planes periurbanos en 39 núcleos de población de Las Hurdes. Según Bautista, estas actuaciones permitieron durante el incendio de Pinofranqueado que el fuego redujera su velocidad al aproximarse a algunas alquerías, facilitando la protección de las viviendas y las labores de evacuación y confinamiento.El objetivo, por tanto, no es únicamente que haya menos pinos, sino que haya un monte diferente. Un paisaje menos continuo, con más actividad y con usos capaces de dificultar el avance de las llamas. Pulido calcula que, si la inversión es suficiente, en una década —incluso antes— podrían apreciarse una reducción significativa del tamaño de los incendios, un menor impacto sobre las zonas periurbanas y mejoras en los sectores económicos vinculados al nuevo modelo. Lo resume todo Bautista: «Un monte que da dinero tiene muchas menos posibilidades de arder».
La lucha contra los grandes incendios forestales en Extremadura quiere cambiar, casi radicalmente, de escenario. Ya no se trata de extinguir las llamas cuando aparecen o de prevenir con cortafuegos en el monte, se aspira a modificar contundentemente el paisaje para dificultar que el fuego … avance. La estrategia pasa por reducir progresivamente las masas forestales más densas y con mayor riesgo, especialmente en el entorno de los núcleos de población, y sustituir parte de ellas por otros usos capaces de generar discontinuidades en el combustible vegetal.
El plan contempla actuar sobre unas 8.000 hectáreas de monte en Las Hurdes y Sierra de Gata, aproximadamente una quinta parte de las masas continuas de pino consideradas de alto riesgo. La Junta de Extremadura, de hecho, se pone como objetivo sustituir al menos el 20% de las superficies de pino de ambas comarcas por otras especies y usos. La medida forma parte del nuevo planteamiento de prevención y gestión forestal del Ejecutivo autonómico.
La iniciativa, hay que subrayar, no plantea una guerra contra el pino. El propio planteamiento de la Junta deja claro que «el problema no es una especie concreta», sino las masas forestales que no están suficientemente gestionadas y que favorecen la intensidad y propagación de las llamas. En estas dos comarcas, coincide que el pino resinero es la especie dominante y la que presenta una mayor densidad, por lo que será una de las principales especies afectadas por la transformación.
Después de los pinos
La clave está en saber qué habrá después de esos pinares. Fernando Pulido, catedrático de la Universidad de Extremadura y director de Proyecto Mosaico, explica que «la innovación no es la reducción de las masas sino su sustitución por aprovechamientos alternativos o complementarios que implican una reducción en la propagación de incendios».
Es el concepto de los llamados «cortafuegos productivos»: espacios con poca cantidad y continuidad de vegetación que se mantienen en esas condiciones gracias a una actividad económica. Puede tratarse de una zona de pastoreo, una superficie cultivada o un aprovechamiento forestal. En lugar de un cortafuegos convencional, cuyo único objetivo es dificultar el avance de las llamas, se busca que el propio uso del terreno contribuya a mantener esa función preventiva.
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en los olivares de montaña. «Al no tener pasto ni matorral, pueden contener el fuego que se genera en masas forestales próximas», señala Pulido. El objetivo es recuperar un paisaje en mosaico, en el que las masas forestales se alternen con cultivos, pastos y otros aprovechamientos. De esta forma, las llamas dejan de encontrar una superficie continua de vegetación por la que propagarse con facilidad.
La despoblación, clave
La explicación tiene también una raíz demográfica. Las Hurdes y Sierra de Gata han experimentado durante décadas un proceso de despoblación que ha reducido de forma drástica la actividad agraria que antiguamente modelaba el territorio. Terrenos que antes estaban cultivados o eran utilizados para el ganado fueron abandonándose y, con el paso del tiempo, quedaron colonizados por pinares y matorral.
El resultado es un paisaje más continuo y con una mayor acumulación de combustible. «Las zonas antes cultivadas o con ganado han sido colonizadas por pinares y matorral con una gestión deficiente», explica Pulido. La propuesta consiste precisamente en recuperar parte de aquellos usos, pero adaptándolos a las necesidades actuales del territorio.
La Junta quiere que ese cambio tenga además una dimensión económica. Para que el modelo funcione, el Ejecutivo autonómico tendrá que realizar inicialmente determinadas inversiones que hagan atractiva la llegada de productores privados o cooperativas locales. Entre ellas figuran actuaciones sobre los accesos, los vallados o los sistemas de riego. El objetivo es que posteriormente sean las propias actividades económicas las que mantengan esos espacios abiertos y gestionados.
El vicepresidente de la Junta, Abel Bautista, resume el planteamiento con una frase: «El modelo del desbroce no es suficiente, es necesario cambiar el paisaje y estamos dando pasos en esa dirección». Entre esos pasos figura también la recuperación de bancales abandonados para que los cultivos sustituyan a la maleza y la nueva consideración de los cortafuegos productivos como herramientas no solo de prevención, sino también de planificación y gestión forestal.
El gobierno extremeño sostiene además que esa actividad económica genera un beneficio que va más allá del productor. Si un ganadero mantiene una superficie pastoreada o un agricultor conserva un cultivo en una zona estratégica, está contribuyendo también a reducir el riesgo de propagación de un incendio. Pulido considera que muchas de estas actividades tienen un «valor preventivo» y que el apoyo público estaría justificado por el servicio que prestan al conjunto de la sociedad.
Reacción en Las Hurdes
La apuesta llega después de años de experiencias sobre el terreno. Desde 2015 se ha desarrollado en Las Hurdes y Sierra de Gata el Proyecto Mosaico, precisamente con el objetivo de recuperar actividades agrícolas, ganaderas y forestales para crear un paisaje menos vulnerable al fuego. La Junta retiró su financiación en 2021 y ahora prepara, junto a la Universidad de Extremadura, la reactivación del proyecto mediante un nuevo convenio.
El nuevo planteamiento llega, además, después de varios incendios de grandes dimensiones en Las Hurdes. En 2022, un incendio en Ladrillar afectó a 11.864 hectáreas; un año después, el fuego de Pinofranqueado alcanzó las 10.617 hectáreas. En 2025, otro incendio en Caminomorisco calcinó 2.844 hectáreas y este mismo verano las llamas volvieron a afectar a Pinofranqueado, con 3.765 hectáreas.
La estrategia también pone el foco en las zonas más próximas a los pueblos. La Junta asegura haber ejecutado en los últimos tres años planes periurbanos en 39 núcleos de población de Las Hurdes. Según Bautista, estas actuaciones permitieron durante el incendio de Pinofranqueado que el fuego redujera su velocidad al aproximarse a algunas alquerías, facilitando la protección de las viviendas y las labores de evacuación y confinamiento.
El objetivo, por tanto, no es únicamente que haya menos pinos, sino que haya un monte diferente. Un paisaje menos continuo, con más actividad y con usos capaces de dificultar el avance de las llamas. Pulido calcula que, si la inversión es suficiente, en una década —incluso antes— podrían apreciarse una reducción significativa del tamaño de los incendios, un menor impacto sobre las zonas periurbanas y mejoras en los sectores económicos vinculados al nuevo modelo. Lo resume todo Bautista: «Un monte que da dinero tiene muchas menos posibilidades de arder».
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