La acampada de Sol resiste contra sí misma. En el último fin de semana, se han repetido enfrentamientos violentos entre la masa heterogénea que se mueve bajo el mar de plástico de la plaza. No hay un liderazgo claro, por mucho que la supuesta organización haya dividido las tareas en nodos y grupos de trabajo. Fuentes policiales señalan a ABC que «no hay un director de orquesta», degenerando en una amalgama de «más de cuarenta grupos que se relacionan entre ellos, pero todos con sus propios intereses». El mismo itinerario que siguió hace tres lustros el 15-M, aunque los más avispados de entonces acabaron en el Consejo de Ministros y en alcaldías y parlamentos regionales.El Sindicato de Inquilinas, alma de la raíz del asentamiento ilegal, el 26 de septiembre, apenas tiene voz propia ya. Organizaciones vinculadas especialmente al movimiento okupa de Madrid y sus correspondientes ‘centros sociales autogestionados’ son las más numerosas. El resultado es una conflictividad que ha llevado a la redacción de protocolos de seguridad internos. El más llamativo es el que se activa en caso de agresiones sexuales, que ha sido reelaborado hace unos días. También han tenido que articular otro contra «agresiones verbales y físicas», un tercero sobre «violencias estructurales» y un cuarto de «expulsión para situaciones de violencia e inseguridad en la acampada». Su incumplimiento «conlleva la expulsión inmediata de la comisión y restringe a la participación en el resto de comisiones». Por cierto, el asentamiento es un espacio «libre de drogas y alcohol», eso sí, a partir de la medianoche. El resto del día, parece que hay barra libre.La situación más tensa conocida la desveló ABC el pasado lunes. Esa madrugada, un individuo de Alcorcón, de 60 años y con antecedentes policiales, entre otros, por homicidio doloso, perteneciente a la acampada, se enfrentó a tres de los coordinadores; acabó agarrando por el cuello a una joven de 18 años, poniéndole un cuchillo en el cuello, amenazando con degollarla. La Policía Nacional , a la que llaman «nazi» los mismos que protestan , logró detener al sujeto. Entre las particularidades de los modos de actuación según la problemática, están prohibidas, por ejemplo, actitudes gordofóbicas («comentarios despectivos sobre el cuerpo, burlas, asumir hábitos de salud, exclusión, menosprecio…»); dentro del racismo incluyen la «exotización y la apropiación cultural»; en el machismo, «el ‘mansplaining’ [paternalismo], ‘mansterrupting’ [machointerrupción], asumir roles de género…»; LGTBI-fobia (también «’deadnaming’ (usar el nombre anterior de la persona trans), confundir intencionadamente pronombres, burlas sobre su identidad, fetichización…»). Del maltrato al idioma español no refieren nada. Existe un sistema de avisos: amarillo («informar sobre el funcionamiento y normas de convivencia»); naranja («previo a la expulsión»), y rojo («expulsión de la acampada»). Sobre la duración de la acampada, señalan fuentes policiales, se manejaban informaciones de corrientes contradictorias en la protesta: los que quieren seguir y los que ya se han marchado, cansados; a mediados de octubre, hay constancia de que llegaron alrededor de 50 personas desde fuera de Madrid y que no tenían dónde acomodarlos en el campamento. También se han mezclado personas sin hogar e inmigrantes sin papeles. El 11-N, fecha claveAunque la propuesta con más fuerza es aguantar hasta el día de la huelga general, el próximo 11 de noviembre, a las puertas del inicio de la campaña electoral. Sin embargo, las mismas fuentes apuntan a que la conflictividad por las protestas en el sector de la educación pública habrían insuflado oxígeno nuevo entre quienes permanecen en la Puerta del Sol. Por otra parte, hay un tenderete en el que se están recogiendo víveres y otros elementos de ayuda para los inmigrantes que a finales de julio asaltaron masivamente Ceuta, no así para el resto de vecinos; también, para Venezuela, país que consideran ocupado por Estados Unidos desde la extracción del dictador Nicolás Maduro, el 3 de enero pasado.Los acampados en la Puerta del Sol, este domingo, bajo la lluvia. EFEEl Sindicato de Inquilinas quiso convertir el kilómetro cero de la capital en la punta de lanza del derecho a la vivienda digna, pero desde entonces lo único que se ha conseguido es rechazar los dos decretos ‘ad hoc’. En lo político, la Delegación del Gobierno no solo prohibió a la Policía Nacional impedir el asentamiento el 26 de septiembre, sino que, además, lo mantiene pese a las quejas por inseguridad, insalubridad y problemas de movilidad denunciados tanto por el Ayuntamiento como por la Comunidad de Madrid. Además, pidiendo públicamente explicaciones al jefe superior de Policía cada vez que los antidisturbios cargan en una protesta violenta vinculada más o menos a los acampados de Sol. El malestar en el seno del Cuerpo , del que Francisco Martín es el máximo responsable político en la región, es extraordinario, y las peticiones de su dimisión no cesan. Los tribunales, por ahora, no han encontrado razonamientos jurídicos para un levantamiento de las tiendas como medida cautelar, al no apreciar dejación de funciones en Martín. «La acampada acabará cuando los radicales o un juez lo consideren», se lamentan fuentes policiales. La acampada de Sol resiste contra sí misma. En el último fin de semana, se han repetido enfrentamientos violentos entre la masa heterogénea que se mueve bajo el mar de plástico de la plaza. No hay un liderazgo claro, por mucho que la supuesta organización haya dividido las tareas en nodos y grupos de trabajo. Fuentes policiales señalan a ABC que «no hay un director de orquesta», degenerando en una amalgama de «más de cuarenta grupos que se relacionan entre ellos, pero todos con sus propios intereses». El mismo itinerario que siguió hace tres lustros el 15-M, aunque los más avispados de entonces acabaron en el Consejo de Ministros y en alcaldías y parlamentos regionales.El Sindicato de Inquilinas, alma de la raíz del asentamiento ilegal, el 26 de septiembre, apenas tiene voz propia ya. Organizaciones vinculadas especialmente al movimiento okupa de Madrid y sus correspondientes ‘centros sociales autogestionados’ son las más numerosas. El resultado es una conflictividad que ha llevado a la redacción de protocolos de seguridad internos. El más llamativo es el que se activa en caso de agresiones sexuales, que ha sido reelaborado hace unos días. También han tenido que articular otro contra «agresiones verbales y físicas», un tercero sobre «violencias estructurales» y un cuarto de «expulsión para situaciones de violencia e inseguridad en la acampada». Su incumplimiento «conlleva la expulsión inmediata de la comisión y restringe a la participación en el resto de comisiones». Por cierto, el asentamiento es un espacio «libre de drogas y alcohol», eso sí, a partir de la medianoche. El resto del día, parece que hay barra libre.La situación más tensa conocida la desveló ABC el pasado lunes. Esa madrugada, un individuo de Alcorcón, de 60 años y con antecedentes policiales, entre otros, por homicidio doloso, perteneciente a la acampada, se enfrentó a tres de los coordinadores; acabó agarrando por el cuello a una joven de 18 años, poniéndole un cuchillo en el cuello, amenazando con degollarla. La Policía Nacional , a la que llaman «nazi» los mismos que protestan , logró detener al sujeto. Entre las particularidades de los modos de actuación según la problemática, están prohibidas, por ejemplo, actitudes gordofóbicas («comentarios despectivos sobre el cuerpo, burlas, asumir hábitos de salud, exclusión, menosprecio…»); dentro del racismo incluyen la «exotización y la apropiación cultural»; en el machismo, «el ‘mansplaining’ [paternalismo], ‘mansterrupting’ [machointerrupción], asumir roles de género…»; LGTBI-fobia (también «’deadnaming’ (usar el nombre anterior de la persona trans), confundir intencionadamente pronombres, burlas sobre su identidad, fetichización…»). Del maltrato al idioma español no refieren nada. Existe un sistema de avisos: amarillo («informar sobre el funcionamiento y normas de convivencia»); naranja («previo a la expulsión»), y rojo («expulsión de la acampada»). Sobre la duración de la acampada, señalan fuentes policiales, se manejaban informaciones de corrientes contradictorias en la protesta: los que quieren seguir y los que ya se han marchado, cansados; a mediados de octubre, hay constancia de que llegaron alrededor de 50 personas desde fuera de Madrid y que no tenían dónde acomodarlos en el campamento. También se han mezclado personas sin hogar e inmigrantes sin papeles. El 11-N, fecha claveAunque la propuesta con más fuerza es aguantar hasta el día de la huelga general, el próximo 11 de noviembre, a las puertas del inicio de la campaña electoral. Sin embargo, las mismas fuentes apuntan a que la conflictividad por las protestas en el sector de la educación pública habrían insuflado oxígeno nuevo entre quienes permanecen en la Puerta del Sol. Por otra parte, hay un tenderete en el que se están recogiendo víveres y otros elementos de ayuda para los inmigrantes que a finales de julio asaltaron masivamente Ceuta, no así para el resto de vecinos; también, para Venezuela, país que consideran ocupado por Estados Unidos desde la extracción del dictador Nicolás Maduro, el 3 de enero pasado.Los acampados en la Puerta del Sol, este domingo, bajo la lluvia. EFEEl Sindicato de Inquilinas quiso convertir el kilómetro cero de la capital en la punta de lanza del derecho a la vivienda digna, pero desde entonces lo único que se ha conseguido es rechazar los dos decretos ‘ad hoc’. En lo político, la Delegación del Gobierno no solo prohibió a la Policía Nacional impedir el asentamiento el 26 de septiembre, sino que, además, lo mantiene pese a las quejas por inseguridad, insalubridad y problemas de movilidad denunciados tanto por el Ayuntamiento como por la Comunidad de Madrid. Además, pidiendo públicamente explicaciones al jefe superior de Policía cada vez que los antidisturbios cargan en una protesta violenta vinculada más o menos a los acampados de Sol. El malestar en el seno del Cuerpo , del que Francisco Martín es el máximo responsable político en la región, es extraordinario, y las peticiones de su dimisión no cesan. Los tribunales, por ahora, no han encontrado razonamientos jurídicos para un levantamiento de las tiendas como medida cautelar, al no apreciar dejación de funciones en Martín. «La acampada acabará cuando los radicales o un juez lo consideren», se lamentan fuentes policiales.
La acampada de Sol resiste contra sí misma. En el último fin de semana, se han repetido enfrentamientos violentos entre la masa heterogénea que se mueve bajo el mar de plástico de la plaza. No hay un liderazgo claro, por mucho que la supuesta … organización haya dividido las tareas en nodos y grupos de trabajo. Fuentes policiales señalan a ABC que «no hay un director de orquesta», degenerando en una amalgama de «más de cuarenta grupos que se relacionan entre ellos, pero todos con sus propios intereses». El mismo itinerario que siguió hace tres lustros el 15-M, aunque los más avispados de entonces acabaron en el Consejo de Ministros y en alcaldías y parlamentos regionales.
El Sindicato de Inquilinas, alma de la raíz del asentamiento ilegal, el 26 de septiembre, apenas tiene voz propia ya. Organizaciones vinculadas especialmente al movimiento okupa de Madrid y sus correspondientes ‘centros sociales autogestionados’ son las más numerosas. El resultado es una conflictividad que ha llevado a la redacción de protocolos de seguridad internos.
El más llamativo es el que se activa en caso de agresiones sexuales, que ha sido reelaborado hace unos días. También han tenido que articular otro contra «agresiones verbales y físicas», un tercero sobre «violencias estructurales» y un cuarto de «expulsión para situaciones de violencia e inseguridad en la acampada». Su incumplimiento «conlleva la expulsión inmediata de la comisión y restringe a la participación en el resto de comisiones». Por cierto, el asentamiento es un espacio «libre de drogas y alcohol», eso sí, a partir de la medianoche. El resto del día, parece que hay barra libre.
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La situación más tensa conocida la desveló ABC el pasado lunes. Esa madrugada, un individuo de Alcorcón, de 60 años y con antecedentes policiales, entre otros, por homicidio doloso, perteneciente a la acampada, se enfrentó a tres de los coordinadores; acabó agarrando por el cuello a una joven de 18 años, poniéndole un cuchillo en el cuello, amenazando con degollarla. La Policía Nacional, a la que llaman «nazi» los mismos que protestan, logró detener al sujeto.
Entre las particularidades de los modos de actuación según la problemática, están prohibidas, por ejemplo, actitudes gordofóbicas («comentarios despectivos sobre el cuerpo, burlas, asumir hábitos de salud, exclusión, menosprecio…»); dentro del racismo incluyen la «exotización y la apropiación cultural»; en el machismo, «el ‘mansplaining’ [paternalismo], ‘mansterrupting’ [machointerrupción], asumir roles de género…»; LGTBI-fobia (también «’deadnaming’ (usar el nombre anterior de la persona trans), confundir intencionadamente pronombres, burlas sobre su identidad, fetichización…»). Del maltrato al idioma español no refieren nada. Existe un sistema de avisos: amarillo («informar sobre el funcionamiento y normas de convivencia»); naranja («previo a la expulsión»), y rojo («expulsión de la acampada»).
Sobre la duración de la acampada, señalan fuentes policiales, se manejaban informaciones de corrientes contradictorias en la protesta: los que quieren seguir y los que ya se han marchado, cansados; a mediados de octubre, hay constancia de que llegaron alrededor de 50 personas desde fuera de Madrid y que no tenían dónde acomodarlos en el campamento. También se han mezclado personas sin hogar e inmigrantes sin papeles.
El 11-N, fecha clave
Aunque la propuesta con más fuerza es aguantar hasta el día de la huelga general, el próximo 11 de noviembre, a las puertas del inicio de la campaña electoral. Sin embargo, las mismas fuentes apuntan a que la conflictividad por las protestas en el sector de la educación pública habrían insuflado oxígeno nuevo entre quienes permanecen en la Puerta del Sol.
Por otra parte, hay un tenderete en el que se están recogiendo víveres y otros elementos de ayuda para los inmigrantes que a finales de julio asaltaron masivamente Ceuta, no así para el resto de vecinos; también, para Venezuela, país que consideran ocupado por Estados Unidos desde la extracción del dictador Nicolás Maduro, el 3 de enero pasado.

(EFE)
El Sindicato de Inquilinas quiso convertir el kilómetro cero de la capital en la punta de lanza del derecho a la vivienda digna, pero desde entonces lo único que se ha conseguido es rechazar los dos decretos ‘ad hoc’. En lo político, la Delegación del Gobierno no solo prohibió a la Policía Nacional impedir el asentamiento el 26 de septiembre, sino que, además, lo mantiene pese a las quejas por inseguridad, insalubridad y problemas de movilidad denunciados tanto por el Ayuntamiento como por la Comunidad de Madrid. Además, pidiendo públicamente explicaciones al jefe superior de Policía cada vez que los antidisturbios cargan en una protesta violenta vinculada más o menos a los acampados de Sol.
El malestar en el seno del Cuerpo, del que Francisco Martín es el máximo responsable político en la región, es extraordinario, y las peticiones de su dimisión no cesan. Los tribunales, por ahora, no han encontrado razonamientos jurídicos para un levantamiento de las tiendas como medida cautelar, al no apreciar dejación de funciones en Martín. «La acampada acabará cuando los radicales o un juez lo consideren», se lamentan fuentes policiales.
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