La Policía Nacional se prepara para un «otoño caliente» con un abanico de grupos radicales preparados para ganar visibilidad gracias a sus actos violentos durante la campaña electoral. Mientras, las calles se agitan, sus agentes critican la pasividad de los delegados del Gobierno para atajar estas agresiones. Denuncian que determinados sectores de la izquierda están utilizando esta herramienta como instrumentos de confrontación política y desgaste de sus adversarios.Los servicios de Información trabajan desde hace semanas monitorizando a los líderes de estos movimientos que tienen en el foco la agenda de los mítines y eventos de los partidos políticos y difunden mensajes de odio para captar a nuevos integrantes, según explican fuentes policiales a ABC. El periodo preelectoral ha dado pistas a los agentes de Información que monitorizan los grupos violentos. La acampada en la Puerta del Sol ha sido uno de esos momentos claves que ha concentrado a diversos colectivos de extrema izquierda. Este escenario también sirvió para identificar a miembros de Núcleo Nacional que intentaron confrontar con los inquilinos del asentamiento ilegal.La violencia de los radicales en los eventos de Vox de Galicia también ha nutrido de Información a los policías que se encargan de monitorizar estas convocatorias. Había integrantes de los Riazor Blues , según informó Patricia Abet . Los expertos han encontrado pautas comunes en estos incidentes. Y es que detrás de estos eventos hay organizaciones de extrema izquierda que buscan ganar notoriedad y visibilidad gracias al protagonismo de sus actos ilícitos. No importa que varios de sus miembros acaben detenidos. Tampoco las imágenes de agresiones a los antidisturbios. Todo vale por la fama. Cueste lo que cueste.Para adelantarse a sus movimientos está el trabajo de los agentes de Información de la Policía Nacional que tienen monitorizados los foros de Telegram donde se organizan y lanzan sus proclamas. Comparten sus datos con los grupos dedicados a investigar a los ultras del fútbol ya que se nutren, como en el caso gallego y madrileño.Con todo ello, una actitud similar fue la que ejerció Núcleo Nacional con su visita a la acampada de la Puerta del Sol el 12 de octubre con motivo de la Fiesta Nacional. También hubo arrestos de radicales de izquierda y de derecha. «Es hora de tomar las calles», proclaman los neonazis en el foro de sus adeptos de cara a su manifestación del 7 de noviembre «contra el Gobierno traidor» que recorrerá el centro de Madrid. Al otro lado del río, el Movimiento Antirrepresivo de Madrid, vinculado a los radicales de izquierda, organiza un taller de «agitación y protesta». Un evento en el que prometen que se darán lecciones sobre la «ropa para la revuelta», encapuchados y de negro, la «resistencia no violenta» y un taller de pintadas. Los policías investigan de igual forma los miembros de estas entidades ante la sospecha de que busquen reventar los actos de la campaña electoral. Otras fuentes policiales consultadas por ABC también alertan de una escalada de conflictividad en este periodo preelectoral, un «otoño caliente» que Jupol, sindicato de la Policía Nacional, lleva tiempo advirtiendo. Un escenario en el que conviene diferenciar dos realidades: los grupos radicales y violentos que actúan por libre y los movimientos sindicales y asociativos cuyas movilizaciones determinados sectores políticos estarían instrumentalizando.Y es que, a su juicio, los episodios de la Universidad Complutense de Madrid y de La Coruña evidencian la capacidad de determinados grupos radicales para provocar graves alteraciones del orden público y enfrentarse directamente a la Policía Nacional. Aunque algunos sectores políticos puedan intentar aprovechar esta conflictividad, estos grupos son extremadamente violentos, mantienen una elevada autonomía y resultan difícilmente controlables por los partidos y organizaciones que pretendan sacar rédito político de sus actuaciones.«Espiral de radicalización»Desde Jupol alertan, además, de la «normalización de un discurso buenista por parte de determinados políticos que evitan condenar con claridad la violencia o terminan blanqueándola cuando procede de grupos afines». El sindicato advierte que justificar determinados comportamientos y señalar a la Policía como responsable de los conflictos contribuye a alimentar una «espiral de radicalización». Jupol pone como referencia la situación que vive Francia, donde la violencia urbana se ha convertido en un grave problema de seguridad.A esta preocupación se suma la importación de técnicas de guerrilla urbana y terrorismo callejero contra la Policía. Lo sucedido en La Coruña, con el lanzamiento de fuegos artificiales contra efectivos policiales, recuerda a métodos utilizados en enfrentamientos callejeros en Francia. Distinto es el caso de determinados sindicatos, organizaciones estudiantiles y movimientos asociativos. Según las fuentes policiales consultadas, algunas de estas movilizaciones estarían siendo utilizadas por determinados sectores de la izquierda como instrumentos de confrontación política y desgaste de sus adversarios.La acampada de la Puerta del Sol es uno de los ejemplos más visibles de esta disputa por el control del relato. Tras la salida del Sindicato de Inquilinas, persisten las dudas sobre quién dirige realmente el movimiento y qué organizaciones pretenden capitalizarlo. Una herramienta que utilizan los grupos más radicales: aprovechan el clima de tensión para intensificar sus acciones.A todo ello se suma la preocupación del sindicato por la falta de instrucciones operativas claras y de información suficiente para las Unidades de Intervención Policial y la Policía Nacional por parte de las diferentes delegaciones del Gobierno. Jupol denuncia que esta situación dificulta la planificación de los dispositivos y puede obligar a las unidades a afrontar escenarios de riesgo prácticamente a ciegas.Los policías ven elementos de guerrilla urbana en los últimos disturbios y temen que se pueda extender la violencia como en FranciaLo ocurrido en La Coruña, con una concentración en la plaza de María Pita coincidiendo con un mitin de Vox, constituye para el sindicato un ejemplo de una situación previsible que debería haberse evitado, cambiando el emplazamiento de la contramanifestación.Por estos motivos, Jupol ha reclamado la dimisión de Francisco Martín , delegado del Gobierno en Madrid, por sus críticas a la actuación policial durante las movilizaciones en la Universidad Complutense, y de Pedro Blanco , delegado del Gobierno en Galicia, por lo sucedido en La Coruña.«La violencia no puede justificarse por motivos ideológicos. La guerrilla urbana y el terrorismo callejero no pueden normalizarse como formas de protesta. Y quienes tienen responsabilidades institucionales deben condenar los ataques sin ambigüedades, garantizar la seguridad ciudadana y respaldar a quienes trabajan para mantener el orden público», advierten desde el sindicato policial. La Policía Nacional se prepara para un «otoño caliente» con un abanico de grupos radicales preparados para ganar visibilidad gracias a sus actos violentos durante la campaña electoral. Mientras, las calles se agitan, sus agentes critican la pasividad de los delegados del Gobierno para atajar estas agresiones. Denuncian que determinados sectores de la izquierda están utilizando esta herramienta como instrumentos de confrontación política y desgaste de sus adversarios.Los servicios de Información trabajan desde hace semanas monitorizando a los líderes de estos movimientos que tienen en el foco la agenda de los mítines y eventos de los partidos políticos y difunden mensajes de odio para captar a nuevos integrantes, según explican fuentes policiales a ABC. El periodo preelectoral ha dado pistas a los agentes de Información que monitorizan los grupos violentos. La acampada en la Puerta del Sol ha sido uno de esos momentos claves que ha concentrado a diversos colectivos de extrema izquierda. Este escenario también sirvió para identificar a miembros de Núcleo Nacional que intentaron confrontar con los inquilinos del asentamiento ilegal.La violencia de los radicales en los eventos de Vox de Galicia también ha nutrido de Información a los policías que se encargan de monitorizar estas convocatorias. Había integrantes de los Riazor Blues , según informó Patricia Abet . Los expertos han encontrado pautas comunes en estos incidentes. Y es que detrás de estos eventos hay organizaciones de extrema izquierda que buscan ganar notoriedad y visibilidad gracias al protagonismo de sus actos ilícitos. No importa que varios de sus miembros acaben detenidos. Tampoco las imágenes de agresiones a los antidisturbios. Todo vale por la fama. Cueste lo que cueste.Para adelantarse a sus movimientos está el trabajo de los agentes de Información de la Policía Nacional que tienen monitorizados los foros de Telegram donde se organizan y lanzan sus proclamas. Comparten sus datos con los grupos dedicados a investigar a los ultras del fútbol ya que se nutren, como en el caso gallego y madrileño.Con todo ello, una actitud similar fue la que ejerció Núcleo Nacional con su visita a la acampada de la Puerta del Sol el 12 de octubre con motivo de la Fiesta Nacional. También hubo arrestos de radicales de izquierda y de derecha. «Es hora de tomar las calles», proclaman los neonazis en el foro de sus adeptos de cara a su manifestación del 7 de noviembre «contra el Gobierno traidor» que recorrerá el centro de Madrid. Al otro lado del río, el Movimiento Antirrepresivo de Madrid, vinculado a los radicales de izquierda, organiza un taller de «agitación y protesta». Un evento en el que prometen que se darán lecciones sobre la «ropa para la revuelta», encapuchados y de negro, la «resistencia no violenta» y un taller de pintadas. Los policías investigan de igual forma los miembros de estas entidades ante la sospecha de que busquen reventar los actos de la campaña electoral. Otras fuentes policiales consultadas por ABC también alertan de una escalada de conflictividad en este periodo preelectoral, un «otoño caliente» que Jupol, sindicato de la Policía Nacional, lleva tiempo advirtiendo. Un escenario en el que conviene diferenciar dos realidades: los grupos radicales y violentos que actúan por libre y los movimientos sindicales y asociativos cuyas movilizaciones determinados sectores políticos estarían instrumentalizando.Y es que, a su juicio, los episodios de la Universidad Complutense de Madrid y de La Coruña evidencian la capacidad de determinados grupos radicales para provocar graves alteraciones del orden público y enfrentarse directamente a la Policía Nacional. Aunque algunos sectores políticos puedan intentar aprovechar esta conflictividad, estos grupos son extremadamente violentos, mantienen una elevada autonomía y resultan difícilmente controlables por los partidos y organizaciones que pretendan sacar rédito político de sus actuaciones.«Espiral de radicalización»Desde Jupol alertan, además, de la «normalización de un discurso buenista por parte de determinados políticos que evitan condenar con claridad la violencia o terminan blanqueándola cuando procede de grupos afines». El sindicato advierte que justificar determinados comportamientos y señalar a la Policía como responsable de los conflictos contribuye a alimentar una «espiral de radicalización». Jupol pone como referencia la situación que vive Francia, donde la violencia urbana se ha convertido en un grave problema de seguridad.A esta preocupación se suma la importación de técnicas de guerrilla urbana y terrorismo callejero contra la Policía. Lo sucedido en La Coruña, con el lanzamiento de fuegos artificiales contra efectivos policiales, recuerda a métodos utilizados en enfrentamientos callejeros en Francia. Distinto es el caso de determinados sindicatos, organizaciones estudiantiles y movimientos asociativos. Según las fuentes policiales consultadas, algunas de estas movilizaciones estarían siendo utilizadas por determinados sectores de la izquierda como instrumentos de confrontación política y desgaste de sus adversarios.La acampada de la Puerta del Sol es uno de los ejemplos más visibles de esta disputa por el control del relato. Tras la salida del Sindicato de Inquilinas, persisten las dudas sobre quién dirige realmente el movimiento y qué organizaciones pretenden capitalizarlo. Una herramienta que utilizan los grupos más radicales: aprovechan el clima de tensión para intensificar sus acciones.A todo ello se suma la preocupación del sindicato por la falta de instrucciones operativas claras y de información suficiente para las Unidades de Intervención Policial y la Policía Nacional por parte de las diferentes delegaciones del Gobierno. Jupol denuncia que esta situación dificulta la planificación de los dispositivos y puede obligar a las unidades a afrontar escenarios de riesgo prácticamente a ciegas.Los policías ven elementos de guerrilla urbana en los últimos disturbios y temen que se pueda extender la violencia como en FranciaLo ocurrido en La Coruña, con una concentración en la plaza de María Pita coincidiendo con un mitin de Vox, constituye para el sindicato un ejemplo de una situación previsible que debería haberse evitado, cambiando el emplazamiento de la contramanifestación.Por estos motivos, Jupol ha reclamado la dimisión de Francisco Martín , delegado del Gobierno en Madrid, por sus críticas a la actuación policial durante las movilizaciones en la Universidad Complutense, y de Pedro Blanco , delegado del Gobierno en Galicia, por lo sucedido en La Coruña.«La violencia no puede justificarse por motivos ideológicos. La guerrilla urbana y el terrorismo callejero no pueden normalizarse como formas de protesta. Y quienes tienen responsabilidades institucionales deben condenar los ataques sin ambigüedades, garantizar la seguridad ciudadana y respaldar a quienes trabajan para mantener el orden público», advierten desde el sindicato policial.
La Policía Nacional se prepara para un «otoño caliente» con un abanico de grupos radicales preparados para ganar visibilidad gracias a sus actos violentos durante la campaña electoral. Mientras, las calles se agitan, sus agentes critican la pasividad de los delegados del Gobierno … para atajar estas agresiones. Denuncian que determinados sectores de la izquierda están utilizando esta herramienta como instrumentos de confrontación política y desgaste de sus adversarios.
Los servicios de Información trabajan desde hace semanas monitorizando a los líderes de estos movimientos que tienen en el foco la agenda de los mítines y eventos de los partidos políticos y difunden mensajes de odio para captar a nuevos integrantes, según explican fuentes policiales a ABC.
El periodo preelectoral ha dado pistas a los agentes de Información que monitorizan los grupos violentos. La acampada en la Puerta del Sol ha sido uno de esos momentos claves que ha concentrado a diversos colectivos de extrema izquierda. Este escenario también sirvió para identificar a miembros de Núcleo Nacional que intentaron confrontar con los inquilinos del asentamiento ilegal.
La violencia de los radicales en los eventos de Vox de Galicia también ha nutrido de Información a los policías que se encargan de monitorizar estas convocatorias. Había integrantes de los Riazor Blues, según informó Patricia Abet. Los expertos han encontrado pautas comunes en estos incidentes. Y es que detrás de estos eventos hay organizaciones de extrema izquierda que buscan ganar notoriedad y visibilidad gracias al protagonismo de sus actos ilícitos. No importa que varios de sus miembros acaben detenidos. Tampoco las imágenes de agresiones a los antidisturbios. Todo vale por la fama. Cueste lo que cueste.
Noticia relacionada
Para adelantarse a sus movimientos está el trabajo de los agentes de Información de la Policía Nacional que tienen monitorizados los foros de Telegram donde se organizan y lanzan sus proclamas. Comparten sus datos con los grupos dedicados a investigar a los ultras del fútbol ya que se nutren, como en el caso gallego y madrileño.
Con todo ello, una actitud similar fue la que ejerció Núcleo Nacional con su visita a la acampada de la Puerta del Sol el 12 de octubre con motivo de la Fiesta Nacional. También hubo arrestos de radicales de izquierda y de derecha. «Es hora de tomar las calles», proclaman los neonazis en el foro de sus adeptos de cara a su manifestación del 7 de noviembre «contra el Gobierno traidor» que recorrerá el centro de Madrid.
Al otro lado del río, el Movimiento Antirrepresivo de Madrid, vinculado a los radicales de izquierda, organiza un taller de «agitación y protesta». Un evento en el que prometen que se darán lecciones sobre la «ropa para la revuelta», encapuchados y de negro, la «resistencia no violenta» y un taller de pintadas. Los policías investigan de igual forma los miembros de estas entidades ante la sospecha de que busquen reventar los actos de la campaña electoral.
Otras fuentes policiales consultadas por ABC también alertan de una escalada de conflictividad en este periodo preelectoral, un «otoño caliente» que Jupol, sindicato de la Policía Nacional, lleva tiempo advirtiendo. Un escenario en el que conviene diferenciar dos realidades: los grupos radicales y violentos que actúan por libre y los movimientos sindicales y asociativos cuyas movilizaciones determinados sectores políticos estarían instrumentalizando.
Y es que, a su juicio, los episodios de la Universidad Complutense de Madrid y de La Coruña evidencian la capacidad de determinados grupos radicales para provocar graves alteraciones del orden público y enfrentarse directamente a la Policía Nacional. Aunque algunos sectores políticos puedan intentar aprovechar esta conflictividad, estos grupos son extremadamente violentos, mantienen una elevada autonomía y resultan difícilmente controlables por los partidos y organizaciones que pretendan sacar rédito político de sus actuaciones.
«Espiral de radicalización»
Desde Jupol alertan, además, de la «normalización de un discurso buenista por parte de determinados políticos que evitan condenar con claridad la violencia o terminan blanqueándola cuando procede de grupos afines». El sindicato advierte que justificar determinados comportamientos y señalar a la Policía como responsable de los conflictos contribuye a alimentar una «espiral de radicalización». Jupol pone como referencia la situación que vive Francia, donde la violencia urbana se ha convertido en un grave problema de seguridad.
A esta preocupación se suma la importación de técnicas de guerrilla urbana y terrorismo callejero contra la Policía. Lo sucedido en La Coruña, con el lanzamiento de fuegos artificiales contra efectivos policiales, recuerda a métodos utilizados en enfrentamientos callejeros en Francia. Distinto es el caso de determinados sindicatos, organizaciones estudiantiles y movimientos asociativos. Según las fuentes policiales consultadas, algunas de estas movilizaciones estarían siendo utilizadas por determinados sectores de la izquierda como instrumentos de confrontación política y desgaste de sus adversarios.
La acampada de la Puerta del Sol es uno de los ejemplos más visibles de esta disputa por el control del relato. Tras la salida del Sindicato de Inquilinas, persisten las dudas sobre quién dirige realmente el movimiento y qué organizaciones pretenden capitalizarlo. Una herramienta que utilizan los grupos más radicales: aprovechan el clima de tensión para intensificar sus acciones.
A todo ello se suma la preocupación del sindicato por la falta de instrucciones operativas claras y de información suficiente para las Unidades de Intervención Policial y la Policía Nacional por parte de las diferentes delegaciones del Gobierno. Jupol denuncia que esta situación dificulta la planificación de los dispositivos y puede obligar a las unidades a afrontar escenarios de riesgo prácticamente a ciegas.
Los policías ven elementos de guerrilla urbana en los últimos disturbios y temen que se pueda extender la violencia como en Francia
Lo ocurrido en La Coruña, con una concentración en la plaza de María Pita coincidiendo con un mitin de Vox, constituye para el sindicato un ejemplo de una situación previsible que debería haberse evitado, cambiando el emplazamiento de la contramanifestación.
Por estos motivos, Jupol ha reclamado la dimisión de Francisco Martín, delegado del Gobierno en Madrid, por sus críticas a la actuación policial durante las movilizaciones en la Universidad Complutense, y de Pedro Blanco, delegado del Gobierno en Galicia, por lo sucedido en La Coruña.
«La violencia no puede justificarse por motivos ideológicos. La guerrilla urbana y el terrorismo callejero no pueden normalizarse como formas de protesta. Y quienes tienen responsabilidades institucionales deben condenar los ataques sin ambigüedades, garantizar la seguridad ciudadana y respaldar a quienes trabajan para mantener el orden público», advierten desde el sindicato policial.
RSS de noticias de espana

