Al polvorín social francés solo le faltaba una chispa racista. Y esta saltó este viernes en la forma de un atentado de signo xenófobo, nada menos que el día antes de una nueva jornada de protesta en un país con el centro de las grandes ciudades convertidas en un búnker por la policía y por el miedo de comerciantes atrincherados.
El ataque de Trappes por un individuo que disparó contra personas de aspecto extranjero añade más tensión a la protesta del sábado
Al polvorín social francés solo le faltaba una chispa racista. Y esta saltó este viernes en la forma de un atentado de signo xenófobo, nada menos que el día antes de una nueva jornada de protesta en un país con el centro de las grandes ciudades convertidas en un búnker por la policía y por el miedo de comerciantes atrincherados.
Una persona murió y otras cinco resultaron heridas, tres de ellas de gravedad, por los disparos efectuados por un individuo desde su vehículo en Trappes, a unos 30 kilómetros al oeste de París. El presunto agresor, Kevin T., vecino de la zona, de 39 años y con antecedentes por delitos comunes, fue detenido. El autor había preparado un dispositivo trampa en su domicilio, indicó la Fiscalía Antiterrorista, previsiblemente para que explotara cuando llegaran las fuerzas del orden.
Los indicios muestran un móvil racista. En un comunicado, la Fiscalía Antiterrorista indicó que investiga un asesinato vinculado al terrorismo por la sospecha de que el autor escogió a sus objetivos en virtud de “la pertenencia, verdadera o supuesta, a una pretendida raza, una etnia, una nación o una religión determinada”. El Elíseo lo define como “atentado terrorista racista”.
El suceso se produjo en un momento muy delicado, en vísperas de otra protesta sindical y de los chalecos amarillos que tiene a la policía francesa en alerta para evitar que se repitan graves disturbios como durante el fin de semana pasado.
El fallecido es un hombre de 26 años. Uno de los heridos es una niña de 12 años que recibió 8 impactos de bala. Algunos testimonios indicaron que el agresor, en su periplo homicida, había disparado ráfagas de una metralleta vetusta, de la época de la II Guerra Mundial, contra personas de origen africano o magrebí en tres lugares, delante de una gasolinera, de un centro de salud y de un espacio de juego. Tres de los heridos son “de aspecto africano”, según los investigadores.
El presunto autor, cuando fue detenido, estaba en posesión del arma semiautomática, granadas lacrimógenas y un polvo blanco, supuestamente cocaína. En el registro de su domicilio se hallaron tres bombonas de gas.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, reaccionó de inmediato con un tuit a la gravedad de los hechos y prometió la movilización de todos los medios del Estado. Después fue el presidente de la República, Emmanuel Macron, quien expresó su “profunda emoción” y expresó su solidaridad con las víctimas y sus familias. “Ante esta terrible prueba, la nación está a su lado”, subrayó. El jefe de Estado se desplazó por la noche a Trappes, visitó el Ayuntamiento y conversó con el fiscal de la República. Muy afectado, Macron deploró que se haya atacado a personas en función del color de su piel. “Es un punto de inflexión -dijo-. Esto no es Francia. La República no cederá”. El presidente lamentó que en los últimos años “se haya instalado el discurso racista”.
El alcalde de izquierdas de la ciudad, Ali Rabeh, de ascendencia marroquí, no se limitó a la pura condena. Optó por un análisis profundo. Rabeh indicó que el ataque hubiera podido provocar muchas más víctimas, incluida su propia familia. En un tono muy severo, el primer edil recordó que “los discursos que arman ideológicamente a aquellos capaces de pasar a la acción son criminales y hay que condenarlos como tales”, sean hechos por líderes políticos, ministros o candidatos presidenciales que acusan a la comunidad árabe-musulmana de todos los males del país. A su juicio, estos discursos “provocan muertos”. El alcalde hizo un llamamiento “a la responsabilidad colectiva”, a “la desescalada” y a “la concordia republicana”.
La candidata presidencial de extrema derecha, Marine Le Pen, calificó de “acto bárbaro” el ataque, “cuyas motivaciones deben ser establecidas y los responsables severamente castigados”.
El coordinador nacional de La Francia Insumisa (LFI, izquierda radical), Manuel Bompard, enfatizó que el atacante disparó “en función del color de la piel”. Los candidatos presidenciales de los ecologistas, Marine Tondelier, y el Partido Comunista, Fabien Roussel, apuntaron a la extrema derecha por el clima que crean. Tondelier se refirió a “la liberación de la palabra racista más desacomplejada que nunca desde el 17 de octubre (el día de los disturbios)” y la designación de chivos expiatorios por los responsables de la derecha y la extrema derecha. Roussel arremetió contra “el odio que propaga la extrema derecha”.

Trappes es una ciudad muy multiétnica de unos 35.000 habitantes, con fuerte tradición obrera, de izquierdas y alta densidad de inmigrantes, en fuerte contraste con la vecina Versalles, burguesa y de derechas. En los últimos años Trappes fue noticia como foco de islamismo y punto de partida de yihadistas que viajaron a Siria e Irak. En la primera vuelta de las últimas presidenciales, en el 2022, Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa, obtuvo el 60,6% de los votos.
El ministro del Interior anuncia el despliegue este sábado de 70.000 policías y las instrucciones de firmeza absoluta para evitar desmanes
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, trató el atentado de Trappes en una rueda de prensa convocada para anunciar el despliegue ante la protesta del sábado y luego se desplazó a esa localidad. El ministro, cauto, repitió los argumentos de la fiscalía antiterrorista, sin ir más allá. El titular de Interior anunció que serán movilizados 70.000 agentes en todo el territorio, con medios contundentes, como 15 camiones equipados con cañones de agua. Se han detectado en las redes sociales llamamientos de la ultraizquierda y otros grupos marginales a atacar edificios públicos y cometer pillaje. Ante eso, Núñez insistió en que “seremos absolutamente inflexibles”. Las instrucciones a la policía son de actuar “con mucha movilidad, reactividad y firmeza”. “No habrá ninguna tolerancia”, recalcó.
Habrá una vigilancia especial en Orléans, escenario de un congreso del Reagrupamiento Nacional y donde la prefectura ha prohibido la manifestación de protesta contra la extrema derecha -convocada antes del atentado de Trappes-, pero no otra de los sindicatos en el marco de la movilización social nacional.
Los comerciantes de las grandes ciudades que se hallan en zonas expuestas no se fían del despliegue policial y han preferido convertir sus negocios en búnkers, protegidos por planchas de madera y, algunos, hasta retirando los productos a los sótanos y simulando que el local está en obras. Esa es una de las consecuencias de los últimos disturbios, la pérdida de confianza en el Estado como protector.
En ciudades como París se han retirado en lo posible contenedores y bicicletas de alquiler para evitar que se usen como barricadas y les prendan fuego, con el riesgo que implica de explosión de las baterías. No es posible reducir el riesgo a cero porque los alborotadores siempre encuentran maneras de armarse con material extraído de solares en obras.
La prohibición de manifestarse sigue vigente en muchas ciudades, entre ellas Lyon, Marsella, Montpellier, Rouen o Grenoble, pese a las protestas de los sindicatos y de algunas organizaciones de magistrados por considerar que es una limitación excesiva de las libertades constitucionales. En Marsella la prefectura dio marcha atrás sobre su decisión de suspender durante un día la totalidad del servicio de transporte público, de cinco de la mañana del sábado a la misma hora del domingo. Varios partidos de fútbol y otras citas deportivas han sido suspendidas o retrasadas.
En París permanecerán cerrados museos como los del Louvre, Orsay, Orangerie y Picasso. Tampoco abrirá sus puertas, durante todo el fin de semana, la feria internacional Art Basel Paris que se celebra en el Grand Palais, lo que supone acortar dos días el periodo de visita para el público general. En conjunto, la emergencia de orden público supone una publicidad muy negativa para París y para Francia. Se prefiere una seguridad aparatosa, pese a las molestias, a que se repitan las escenas dantescas de hordas de jóvenes sembrando el caos, más propias de los países más pobres que de un miembro del club del G-7 y uno de los motores históricos de la construcción europea.
Internacional
