Pese al reciente acuerdo entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, Bruselas quiere buscar su propio espacio en el Ártico y actualizar su política para esta remota pero clave región del mundo, entre la presión de Washington y Moscú y las amenazas que supone la crisis climática. El bloque comunitario busca reforzar su presencia en este campo de batalla geopolítico, a través de la compra de rompehielos, de la construcción de cables submarinos o la aceleración de las conexiones en el transporte para mejorar la movilidad militar en estas complicadas zonas.
Bruselas quiere desplegar un cable submarino directo que vinculará Groenlandia con el bloque comunitario
Pese al reciente acuerdo entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, Bruselas quiere buscar su propio espacio en el Ártico y actualizar su política para esta remota pero clave región del mundo, entre la presión de Washington y Moscú y las amenazas que supone la crisis climática. El bloque comunitario busca reforzar su presencia en este campo de batalla geopolítico, a través de la compra de rompehielos, de la construcción de cables submarinos o la aceleración de las conexiones en el transporte para mejorar la movilidad militar en estas complicadas zonas.
La iniciativa, denominada “Vecindario del Norte”, supone una nueva versión de la anterior estrategia europea, del 2021. Aunque no es muy antigua, el rápido desarrollo de los acontecimientos en esta zona del mundo empuja a Europa a actuar sin dilación. El Ártico se está calentando casi cuatro veces más rápido que la media del planeta, y el deshielo de los casquetes no solo abre nuevas rutas comerciales marítimas, sino que ha convertido a la región en un espacio cada vez más disputado por sus recursos, accesos estratégicos e influencia geopolítica.
Europa quiere actuar ante los ataques híbridos de Rusia y su aumento de la presencia militar
Rusia, asegura el texto comunitario, ha estado reconstruyendo paulatinamente su presencia militar en el Ártico y “aplicando estrategias híbridas contra sus vecinos”. “La soberanía, la integridad territorial y las reglas que sustentaban la estabilidad en la región ya no pueden darse por sentadas”, avisa la Comisión Europea, citando desde incursiones de drones e interferencias de señales de navegación hasta el sabotaje de cables submarinos. Tres de los Estados miembros de los Veintisiete, Dinamarca, Finlandia y Suecia, son árticos.
Al mismo tiempo, China busca aumentar su influencia en la zona en alianza con Moscú, una de las preocupaciones manifestadas insistentemente por Estados Unidos en su afán de hacerse con Groenlandia. Fuentes comunitarias reconocen que el Ártico podría ser el próximo “teatro de seguridad” una vez termine la guerra en Ucrania.
Por eso, Bruselas no se quiere quedar de brazos cruzados e insiste en su visión de crear un cable “panártico”, una infraestructura submarina soberana que conectará directamente a Groenlandia con la UE y se extendería posteriormente hacia Canadá y Japón. Además, quiere impulsar la creación de un “hub de cables del Ártico” para vigilar y proteger las infraestructuras submarinas de datos y energía frente a sabotajes y actividades de flotas en la sombra, mediante intercambio de información, fusión de datos y análisis de tendencias. Seguiría el modelo de los que ya existen en el Báltico y en el Mediterráneo, y estaría liderado por los Estados miembros.
El bloque comunitario también quiere coordinar una evaluación de necesidades para expandir la flota de rompehielos europeos con capacidades de doble uso, civil y militar. Es algo urgente porque los Estados miembros de la UE cuentan actualmente con alrededor de diez rompehielos, concentrados principalmente en países como Finlandia o Dinamarca. En cambio, Rusia posee una flota estimada de alrededor de cuarenta. Ante esta desventaja numérica y el aumento de las actividades peligrosas en la región, la nueva estrategia europea contempla ampliar la capacidad de la flota de rompehielos mediante mecanismos de compra conjunta.
Bruselas busca el apoyo de aliados clave como Canadá, Reino Unido o Noruega
Otra de las acciones implica acelerar proyectos ferroviarios como Rail Nordica para mejorar el transporte de bienes y tropas de este a oeste en el norte de Europa. Una de las principales trabas históricas para el transporte ferroviario continuo en el Ártico europeo es la diferencia en el ancho de vía de las redes ferroviarias, ya que Finlandia utiliza un ancho distinto al estándar europeo, por lo que se busca adaptarla para agilizar el paso de mercancías y convoyes estratégicos.
El documento europeo abre la puerta a que países de mentalidad parecida apoyen la visión europea del Ártico, “aliados clave en el Ártico”, como Canadá, Noruega y el Reino Unido. Aunque Estados Unidos es clasificado también como un socio, la UE no enfatiza tanto esta cercanía como con los otros, describiendo la relación como un “compromiso transatlántico pragmático” concentrado especialmente en la defensa y en materias primas críticas. Todo, mientras, pese a firmar la tregua, el presidente de EE.UU. ha dejado claro que Groenlandia forma parte de su hemisferio, ante lo cual fuentes comunitarias advierten que Europa no va a “trazar líneas en un mapa ni a definir qué es nuestro y qué no es nuestro”. “No queremos forzar a nadie a elegir bando, por así decirlo, y eso se aplica obviamente a Groenlandia también”, indican estas fuentes.
“Cuando vemos que la soberanía, la integridad territorial y las normas que han sustentado la estabilidad en la región ya no pueden darse por sentadas, tenemos que actuar y cambiar nuestra postura estratégica y, junto con socios afines, defender estos valores”, ha asegurado la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.
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