Para Rafa Jódar (20), acceder a las Nitto ATP Finals va a ser una agonía. O como dice el tópico futbolístico, tendrá que jugar “una final en cada partido”.
El murciano sufre en la segunda manga antes de imponerse a Nikoloz Basilashvili y ya está en cuartos en Viena; el madrileño se atasca ante Valentin Vacherot en Basilea
Para Rafa Jódar (20), acceder a las Nitto ATP Finals va a ser una agonía. O como dice el tópico futbolístico, tendrá que jugar “una final en cada partido”.
Jódar va justo para asomarse al torneo de las ocho mejores raquetas del año, y más aún tras el traspié que se ha dado este jueves al transigir ante Valentin Vacherot, monegasco, rara avis en el circuito, en los octavos de final del ATP 500 de Basilea (7-6(4), 2-6 y 7-6(5)).
Todo se le pone cuesta arriba a Jódar, flaco y afilado, aire fresco para el circuito desde esta primavera, un madrileño que había abandonado la Universidad de Virginia a principios de año para profesionalizarse, que ha volado alto desde entonces (en enero era el 165º. del mundo, hoy es el noveno según el ránking online) y que busca el novamás: está empeñado en darse un paseo por las estrellas, en verse en este torneo de los ocho maestros que arrancará el 15 de noviembre en Turín.

Sin embargo, su derrota, fraguada en dos tie breaks (ha perdido los dos que se ha jugado ante el pegador Vacherot), le ha dejado contra las cuerdas.
Si Jódar quiere viajar a Turín, necesita gastar la última bala, avanzar lo más lejos posible en el Masters 1.000 de París de la semana próxima, y confiar en que fracasen sus antecesores en la tabla, Arthur Fils o Francis Tiafoe, y también sus perseguidores, dos tipos tan peligrosos como Alex de Miñaur y Novak Djokovic.
Carlos Alcaraz se maneja en otros parámetros.
Lo hace con más holgura (al menos, en lo que se refiere a la pelea por acceder al torneo de los maestros). El murciano es el tercero del mundo y sigue acelerando, esta vez ante Nikoloz Basilashvili: se ha movido entre dos aguas, tan brillante en el inicio como confundido en el desenlace, antes de superar los octavos del ATP 500 de Viena (6-1 y 7-6(11)) y verse en cuartos, donde le espera Tommy Paul.
No ha habido debate en el primer set, que ha sido una exhibición del murciano, cada vez más entonado según se difumina esa lesión de muñeca que le ha condicionado durante cinco meses, desde abril hasta septiembre. Ante la avalancha de intercambios de Alcaraz, Basilashvili, un georgiano de 34 años cuyos grandes tiempos ya vencieron (fue el 16.º en el 2019, hoy es el 95.º), no hallaba la manera de entrar en el partido.
Lo que pasa es que las cosas se han ido complicando luego, conforme se reseteaba Basilashvili y se dejaba ir Alcaraz, algo ofuscado y espeso, que le concedía la opción de llegar al tie break e incluso de alargar la pelea hasta la tercera manga. Llegados a la muerte súbita, el georgiano ha desperdiciado cuatro bolas de set antes de rendirse definitivamente, superado por un talento que prefiere el estrés que las jornadas cómodas en la oficina, o eso es lo que parece.
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