Francia vive este martes, en un ambiente de alta tensión en la calle, una nueva jornada de manifestaciones y bloqueos de institutos de enseñanza, el llamado “Acto V” de la protesta estudiantil que comenzó hacia varias semanas.
La activista sueca Greta Thunberg está en París para solidarizarse con el movimiento reivindicativo
Francia vive este martes, en un ambiente de alta tensión en la calle, una nueva jornada de manifestaciones y bloqueos de institutos de enseñanza, el llamado “Acto V” de la protesta estudiantil que comenzó hacia varias semanas.
La situación es especialmente delicada en París, donde ya hay barricadas y las fuerzas antidisturbios están listas para intervenir. También comienza a haber escaramuzas con la policía y quema de contenedores en Lyon, Marsella y otras ciudades.
En la capital se ha autorizado una marcha entre la plaza de Italia y los Inválidos, muy cerca de la Asamblea Nacional, pero hay otras manifestaciones previstas que no han sido permitidas por la prefectura y plantean problemas, por ejemplo una que pretende discurrir entre el Ayuntamiento y el palacio de Matignon, sede del primer ministro.
Una muestra de la internacionalización del movimiento es la presencia en la capital francesa de la activista sueca Greta Thunberg, La líder ecologista acudió a primera hora de la mañana al liceo Paul Élouard, en Saint-Denis, el municipio de la periferia norte de París donde se fraguó la protesta.

Thunberg denunció ante la prensa la acción “extremadamente violenta” de la policía contra los jóvenes”, justamente a quienes deberían proteger. “Es una gran fuente de inspiración”, dijo la activista sobre la revuelta estudiantil francesa. “Cuando se pone a los jóvenes en condiciones que no son compatibles con los derechos humanos básicos y no invirtiendo lo suficiente en la educación, está claro que van a rebelarse”, agregó Thunberg.
Desde Madrid, donde es huésped del líder de Vox, Santiago Abascal, el presidente del Reagrupamiento Nacional (RN, extrema derecha), Jordan Bardella, condenó la violencia estudiantil e insistió en que “quienes destruyen deben pagar” por los daños causados. “No puedo aceptar que los maestros vayan a trabajar con miedo en el vientre”, añadió Bardella, quien atribuyó la situación al fracaso de la política educativa durante los años de Macron en el Elíseo.
El Gobierno confía, quizás en un exceso de optimismo, en una desaceleración de la protesta, gracias a las vacaciones escolares de Todos los Santos, que comienzan este fin de semana. Falta todavía, sin embargo, pasar la gran prueba de las protestas anunciadas este sábado, 17 de octubre, con la incógnita de si será, como pretenden sus impulsores, el nacimiento de un movimiento como el de los chalecos amarillos en el 2018, en el que podría confluir la ira estudiantil y el malestar general por el alza del precio de los combustibles, todo ello atizado por partidos como La Francia Insumisa (LFI, izquierda radical), interesados en la máxima crispación ante la campaña de las presidenciales de abril y mayo del próximo año.
Internacional
