Soy agricultor y ganadero, miembro de la Junta Directiva de Asaja Córdoba y una persona vinculada desde hace años a esta organización. He participado en numerosas reuniones y actos y he podido conocer de cerca lo que Asaja Córdoba ha significado para el campo cordobés.Durante muchos años me sentí orgulloso de formar parte de una organización respetada y activa. Bajo la presidencia de Ignacio Fernández de Mesa y con el trabajo de un excelente equipo de profesionales, Asaja Córdoba alcanzó un reconocimiento que trascendía nuestra provincia. Por eso, cuando llegó el momento del relevo, muchos apoyamos la candidatura de Fernando Adell con la voluntad de dar continuidad a ese proyecto.Lo hicimos desde la confianza y convencidos de que Asaja Córdoba debía seguir siendo una referencia para agricultores y ganaderos a pesar de que muchos de nosotros no conocíamos a Fernando Adell, el candidato que el presidente saliente, Ignacio Fernández de Mesa , nos pidió que apoyáramos como garantía de continuidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa confianza se ha ido debilitando. No por una cuestión personal, sino porque la organización se ha visto inmersa en una situación interna crítica causada por el nuevo presidente que exige una reflexión y una solución.La Junta Directiva celebrada el 14 de enero de 2026 evidenció importantes diferencias sobre la forma de gestionar la entidad. Ese día se demostró que Fernando Adell se había encastillado con una guardia pretoriana que se mantenía al margen de las opiniones de la mayoría y establecía un sistema de gobierno autoritario y poco democrático en la organización. Tras el bochorno vivido ese día, poco después se produjeron las dimisiones de cinco miembros del comité ejecutivo, una circunstancia que en lugar de haber propiciado más diálogo ha devenido en crispación y parálisis en Asaja Córdoba.Esta situación lamentable empeoró después de que la Junta Directiva del 6 de abril rechazara la memoria y las cuentas de 2025, los presupuestos de 2026 y la propuesta de Adell de que el comité ejecutivo quedara formado exclusivamente por los cuatro miembros del mismo que no habían dimitido, nombrando entre ellos vicepresidente primero y secretario de actas. Es decir, no dejar entrar a nadie más y continuar sólo con los que le apoyan a pesar de sus desmanes.Una decisión refrendada en la Asamblea del 29 de abril, que tumbó todas las propuestas del presidente en una reunión que se vio envuelta en un triste espectáculo de vetos y restricciones de acceso que dejaron fuera a la propia hija del presidente saliente, a la que no se le aceptó el poder de representación que portaba por el estado de convalecencia médica de su padre. Personalmente, me duele profundamente ver cómo se da esta inhumanidad. Son hechos relevantes que reflejan un problema de confianza que no puede prolongarse indefinidamente. A ello se suma la preocupación de numerosos socios por la falta de información sobre determinadas decisiones y por el clima interno generado en los últimos meses. Asaja Córdoba necesita transparencia, diálogo y participación. Necesita que sus órganos de gobierno funcionen con normalidad y que las discrepancias se resuelvan desde el respeto y la escucha.También me preocupa la situación creada por los despidos de varios trabajadores de Asaja Córdoba. Personas honradas que han dedicado muchos años de su vida profesional a esta casa y su situación se encuentra ahora en vía judicial. Sin entrar en valoraciones que corresponderán a los tribunales, cualquier conflicto laboral de esta naturaleza debe abordarse con sensibilidad, prudencia y voluntad de entendimiento, no desde la unilateralidad. Un presidente que reacciona así al ver que no apoyan los socios sus propuestas, no merece seguir al frente de la organización.Asaja no puede permitirse que sus energías se consuman en un conflicto interno permanente. El campo cordobés afronta retos demasiado importantes: la rentabilidad de las explotaciones, la PAC, la falta de agua, el relevo generacional, los costes de producción y la defensa de los intereses de agricultores y ganaderos ante las administraciones. Son reivindicaciones que siempre ha liderado Asaja Córdoba ante todas las administraciones. Ahora asistimos estupefactos a un seguidismo al ministro de Agricultura, Luis Planas , al que, en una decisión unilateral de Fernando Adell, se le ha retirado el nombramiento de persona non grata aprobado por la organización y a quien ahora se alaba desde las notas de prensa oficiales como hemos visto esta semana pasada en una actitud servil y partidista que nunca ha mantenido esta organización. Y menos con un ministro que nunca ha demostrado el mínimo de consideración exigible hacia los socios de la entidad.Por eso considero que ha llegado el momento de recuperar la normalidad institucional. En mi opinión, la forma más clara de hacerlo es dar la palabra a los socios mediante la convocatoria de un nuevo proceso electoral. Aunque ya está el asunto en los tribunales de justicia, aún está Adell a tiempo de evitarlo. No se trata de ajustar cuentas con nadie ni de profundizar en las diferencias. Se trata de abrir una nueva etapa, recuperar la confianza y volver a situar a Asaja Córdoba en el lugar que le corresponde. Quienes apoyamos en su día la actual presidencia lo hicimos pensando en la continuidad, la estabilidad y la fortaleza de la organización. Y, por ello, no entendemos el sorprendente apoyo a Adell de los dos consejeros de la Caja Rural del Sur. Hoy, por ese mismo compromiso, creo que debemos reconocer que la situación actual no puede prolongarse.Por eso le pido a Fernando Adell que sea valiente, dé un paso adelante y acepte abrir las urnas para que sean los socios los que le digan qué opinan de su gestión. Asaja Córdoba es de sus socios y aferrarse al sillón por intereses espurios es traicionar su confianza. Soy agricultor y ganadero, miembro de la Junta Directiva de Asaja Córdoba y una persona vinculada desde hace años a esta organización. He participado en numerosas reuniones y actos y he podido conocer de cerca lo que Asaja Córdoba ha significado para el campo cordobés.Durante muchos años me sentí orgulloso de formar parte de una organización respetada y activa. Bajo la presidencia de Ignacio Fernández de Mesa y con el trabajo de un excelente equipo de profesionales, Asaja Córdoba alcanzó un reconocimiento que trascendía nuestra provincia. Por eso, cuando llegó el momento del relevo, muchos apoyamos la candidatura de Fernando Adell con la voluntad de dar continuidad a ese proyecto.Lo hicimos desde la confianza y convencidos de que Asaja Córdoba debía seguir siendo una referencia para agricultores y ganaderos a pesar de que muchos de nosotros no conocíamos a Fernando Adell, el candidato que el presidente saliente, Ignacio Fernández de Mesa , nos pidió que apoyáramos como garantía de continuidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa confianza se ha ido debilitando. No por una cuestión personal, sino porque la organización se ha visto inmersa en una situación interna crítica causada por el nuevo presidente que exige una reflexión y una solución.La Junta Directiva celebrada el 14 de enero de 2026 evidenció importantes diferencias sobre la forma de gestionar la entidad. Ese día se demostró que Fernando Adell se había encastillado con una guardia pretoriana que se mantenía al margen de las opiniones de la mayoría y establecía un sistema de gobierno autoritario y poco democrático en la organización. Tras el bochorno vivido ese día, poco después se produjeron las dimisiones de cinco miembros del comité ejecutivo, una circunstancia que en lugar de haber propiciado más diálogo ha devenido en crispación y parálisis en Asaja Córdoba.Esta situación lamentable empeoró después de que la Junta Directiva del 6 de abril rechazara la memoria y las cuentas de 2025, los presupuestos de 2026 y la propuesta de Adell de que el comité ejecutivo quedara formado exclusivamente por los cuatro miembros del mismo que no habían dimitido, nombrando entre ellos vicepresidente primero y secretario de actas. Es decir, no dejar entrar a nadie más y continuar sólo con los que le apoyan a pesar de sus desmanes.Una decisión refrendada en la Asamblea del 29 de abril, que tumbó todas las propuestas del presidente en una reunión que se vio envuelta en un triste espectáculo de vetos y restricciones de acceso que dejaron fuera a la propia hija del presidente saliente, a la que no se le aceptó el poder de representación que portaba por el estado de convalecencia médica de su padre. Personalmente, me duele profundamente ver cómo se da esta inhumanidad. Son hechos relevantes que reflejan un problema de confianza que no puede prolongarse indefinidamente. A ello se suma la preocupación de numerosos socios por la falta de información sobre determinadas decisiones y por el clima interno generado en los últimos meses. Asaja Córdoba necesita transparencia, diálogo y participación. Necesita que sus órganos de gobierno funcionen con normalidad y que las discrepancias se resuelvan desde el respeto y la escucha.También me preocupa la situación creada por los despidos de varios trabajadores de Asaja Córdoba. Personas honradas que han dedicado muchos años de su vida profesional a esta casa y su situación se encuentra ahora en vía judicial. Sin entrar en valoraciones que corresponderán a los tribunales, cualquier conflicto laboral de esta naturaleza debe abordarse con sensibilidad, prudencia y voluntad de entendimiento, no desde la unilateralidad. Un presidente que reacciona así al ver que no apoyan los socios sus propuestas, no merece seguir al frente de la organización.Asaja no puede permitirse que sus energías se consuman en un conflicto interno permanente. El campo cordobés afronta retos demasiado importantes: la rentabilidad de las explotaciones, la PAC, la falta de agua, el relevo generacional, los costes de producción y la defensa de los intereses de agricultores y ganaderos ante las administraciones. Son reivindicaciones que siempre ha liderado Asaja Córdoba ante todas las administraciones. Ahora asistimos estupefactos a un seguidismo al ministro de Agricultura, Luis Planas , al que, en una decisión unilateral de Fernando Adell, se le ha retirado el nombramiento de persona non grata aprobado por la organización y a quien ahora se alaba desde las notas de prensa oficiales como hemos visto esta semana pasada en una actitud servil y partidista que nunca ha mantenido esta organización. Y menos con un ministro que nunca ha demostrado el mínimo de consideración exigible hacia los socios de la entidad.Por eso considero que ha llegado el momento de recuperar la normalidad institucional. En mi opinión, la forma más clara de hacerlo es dar la palabra a los socios mediante la convocatoria de un nuevo proceso electoral. Aunque ya está el asunto en los tribunales de justicia, aún está Adell a tiempo de evitarlo. No se trata de ajustar cuentas con nadie ni de profundizar en las diferencias. Se trata de abrir una nueva etapa, recuperar la confianza y volver a situar a Asaja Córdoba en el lugar que le corresponde. Quienes apoyamos en su día la actual presidencia lo hicimos pensando en la continuidad, la estabilidad y la fortaleza de la organización. Y, por ello, no entendemos el sorprendente apoyo a Adell de los dos consejeros de la Caja Rural del Sur. Hoy, por ese mismo compromiso, creo que debemos reconocer que la situación actual no puede prolongarse.Por eso le pido a Fernando Adell que sea valiente, dé un paso adelante y acepte abrir las urnas para que sean los socios los que le digan qué opinan de su gestión. Asaja Córdoba es de sus socios y aferrarse al sillón por intereses espurios es traicionar su confianza.
Soy agricultor y ganadero, miembro de la Junta Directiva de Asaja Córdoba y una persona vinculada desde hace años a esta organización. He participado en numerosas reuniones y actos y he podido conocer de cerca lo que Asaja Córdoba ha significado para el … campo cordobés.
Durante muchos años me sentí orgulloso de formar parte de una organización respetada y activa. Bajo la presidencia de Ignacio Fernández de Mesa y con el trabajo de un excelente equipo de profesionales, Asaja Córdoba alcanzó un reconocimiento que trascendía nuestra provincia. Por eso, cuando llegó el momento del relevo, muchos apoyamos la candidatura de Fernando Adell con la voluntad de dar continuidad a ese proyecto.
Lo hicimos desde la confianza y convencidos de que Asaja Córdoba debía seguir siendo una referencia para agricultores y ganaderos a pesar de que muchos de nosotros no conocíamos a Fernando Adell, el candidato que el presidente saliente, Ignacio Fernández de Mesa, nos pidió que apoyáramos como garantía de continuidad.
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Sin embargo, con el paso del tiempo, esa confianza se ha ido debilitando. No por una cuestión personal, sino porque la organización se ha visto inmersa en una situación interna crítica causada por el nuevo presidente que exige una reflexión y una solución.
La Junta Directiva celebrada el 14 de enero de 2026 evidenció importantes diferencias sobre la forma de gestionar la entidad. Ese día se demostró que Fernando Adell se había encastillado con una guardia pretoriana que se mantenía al margen de las opiniones de la mayoría y establecía un sistema de gobierno autoritario y poco democrático en la organización.
Tras el bochorno vivido ese día, poco después se produjeron las dimisiones de cinco miembros del comité ejecutivo, una circunstancia que en lugar de haber propiciado más diálogo ha devenido en crispación y parálisis en Asaja Córdoba.
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Esta situación lamentable empeoró después de que la Junta Directiva del 6 de abril rechazara la memoria y las cuentas de 2025, los presupuestos de 2026 y la propuesta de Adell de que el comité ejecutivo quedara formado exclusivamente por los cuatro miembros del mismo que no habían dimitido, nombrando entre ellos vicepresidente primero y secretario de actas. Es decir, no dejar entrar a nadie más y continuar sólo con los que le apoyan a pesar de sus desmanes.
Una decisión refrendada en la Asamblea del 29 de abril, que tumbó todas las propuestas del presidente en una reunión que se vio envuelta en un triste espectáculo de vetos y restricciones de acceso que dejaron fuera a la propia hija del presidente saliente, a la que no se le aceptó el poder de representación que portaba por el estado de convalecencia médica de su padre.
Personalmente, me duele profundamente ver cómo se da esta inhumanidad. Son hechos relevantes que reflejan un problema de confianza que no puede prolongarse indefinidamente. A ello se suma la preocupación de numerosos socios por la falta de información sobre determinadas decisiones y por el clima interno generado en los últimos meses.
Asaja Córdoba necesita transparencia, diálogo y participación. Necesita que sus órganos de gobierno funcionen con normalidad y que las discrepancias se resuelvan desde el respeto y la escucha.
También me preocupa la situación creada por los despidos de varios trabajadores de Asaja Córdoba. Personas honradas que han dedicado muchos años de su vida profesional a esta casa y su situación se encuentra ahora en vía judicial.
Sin entrar en valoraciones que corresponderán a los tribunales, cualquier conflicto laboral de esta naturaleza debe abordarse con sensibilidad, prudencia y voluntad de entendimiento, no desde la unilateralidad. Un presidente que reacciona así al ver que no apoyan los socios sus propuestas, no merece seguir al frente de la organización.
Asaja no puede permitirse que sus energías se consuman en un conflicto interno permanente. El campo cordobés afronta retos demasiado importantes: la rentabilidad de las explotaciones, la PAC, la falta de agua, el relevo generacional, los costes de producción y la defensa de los intereses de agricultores y ganaderos ante las administraciones.
Son reivindicaciones que siempre ha liderado Asaja Córdoba ante todas las administraciones. Ahora asistimos estupefactos a un seguidismo al ministro de Agricultura, Luis Planas, al que, en una decisión unilateral de Fernando Adell, se le ha retirado el nombramiento de persona non grata aprobado por la organización y a quien ahora se alaba desde las notas de prensa oficiales como hemos visto esta semana pasada en una actitud servil y partidista que nunca ha mantenido esta organización. Y menos con un ministro que nunca ha demostrado el mínimo de consideración exigible hacia los socios de la entidad.
Por eso considero que ha llegado el momento de recuperar la normalidad institucional. En mi opinión, la forma más clara de hacerlo es dar la palabra a los socios mediante la convocatoria de un nuevo proceso electoral. Aunque ya está el asunto en los tribunales de justicia, aún está Adell a tiempo de evitarlo.
No se trata de ajustar cuentas con nadie ni de profundizar en las diferencias. Se trata de abrir una nueva etapa, recuperar la confianza y volver a situar a Asaja Córdoba en el lugar que le corresponde. Quienes apoyamos en su día la actual presidencia lo hicimos pensando en la continuidad, la estabilidad y la fortaleza de la organización.
Y, por ello, no entendemos el sorprendente apoyo a Adell de los dos consejeros de la Caja Rural del Sur. Hoy, por ese mismo compromiso, creo que debemos reconocer que la situación actual no puede prolongarse.
Por eso le pido a Fernando Adell que sea valiente, dé un paso adelante y acepte abrir las urnas para que sean los socios los que le digan qué opinan de su gestión. Asaja Córdoba es de sus socios y aferrarse al sillón por intereses espurios es traicionar su confianza.
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