El lenguaje de los científicos y de los médicos tiene algo de aséptico. Se escuchan sus palabras precisas y medidas y en la exactitud de lo que dicen el que escucha tiende a veces a imaginarse un mundo blanco que no duele. Se oye hablar de que un tumor cerebral muy agresivo ofrece un horizonte de supervivencia de catorce o quince meses y cuesta imaginar que es el plazo de un cuenta atrás cruel hacia un final por un vía crucis de medicamentos, dolor y angustia. Quien la pronuncia, desde luego, no es insensible a lo que padecerá quien la oye, pero será humano dejar de mirar un segundo y dedicar las fuerzas a pelear contra la enfermedad con las armas de la investigación y el trabajo que algún día permitirán derrotarla.De ello habló en Córdoba el doctor Juan Solivera , un neurocirujano que trabaja con Raúl Luque, y con otros muchos investigadores en toda España, en la búsqueda de nuevos tratamientos que permitan que el que recibe el diagnóstico del glioglastoma tenga una esperanza distinta de la condena.Se escuchó en el acto de la Asociación Española contra el Cáncer también otra palabra aséptica y técnica, que es financiación , como si no aludiera más que a un juego de cifras en alguna cuenta corriente virtual. También designa a algo real y es el dinero, que es el que costea los sueldos de los investigadores durante el mucho tiempo que dura el trabajo, paga el material y permite que se puedan dejar las pestañas en los microscopios, pruebas y análisis de los indicadores de los que tiene que salir la conclusión para encontrar una medicina , un tratamiento o algo capaz de sanar, de alargar la vida y de evitar el dolor si se puede.Lo resumía en frase estremecedora alguien que pedía más investigación: «Aunque para mí sea tarde». En este tiempo en que la prioridad del dinero público es a veces para estudios de impacto de género, protección de acentos que no son lenguas y exposiciones intrascendentes, habrá que preguntarse a cuántos se les hará de noche antes de que haya una legión en los laboratorios. El lenguaje de los científicos y de los médicos tiene algo de aséptico. Se escuchan sus palabras precisas y medidas y en la exactitud de lo que dicen el que escucha tiende a veces a imaginarse un mundo blanco que no duele. Se oye hablar de que un tumor cerebral muy agresivo ofrece un horizonte de supervivencia de catorce o quince meses y cuesta imaginar que es el plazo de un cuenta atrás cruel hacia un final por un vía crucis de medicamentos, dolor y angustia. Quien la pronuncia, desde luego, no es insensible a lo que padecerá quien la oye, pero será humano dejar de mirar un segundo y dedicar las fuerzas a pelear contra la enfermedad con las armas de la investigación y el trabajo que algún día permitirán derrotarla.De ello habló en Córdoba el doctor Juan Solivera , un neurocirujano que trabaja con Raúl Luque, y con otros muchos investigadores en toda España, en la búsqueda de nuevos tratamientos que permitan que el que recibe el diagnóstico del glioglastoma tenga una esperanza distinta de la condena.Se escuchó en el acto de la Asociación Española contra el Cáncer también otra palabra aséptica y técnica, que es financiación , como si no aludiera más que a un juego de cifras en alguna cuenta corriente virtual. También designa a algo real y es el dinero, que es el que costea los sueldos de los investigadores durante el mucho tiempo que dura el trabajo, paga el material y permite que se puedan dejar las pestañas en los microscopios, pruebas y análisis de los indicadores de los que tiene que salir la conclusión para encontrar una medicina , un tratamiento o algo capaz de sanar, de alargar la vida y de evitar el dolor si se puede.Lo resumía en frase estremecedora alguien que pedía más investigación: «Aunque para mí sea tarde». En este tiempo en que la prioridad del dinero público es a veces para estudios de impacto de género, protección de acentos que no son lenguas y exposiciones intrascendentes, habrá que preguntarse a cuántos se les hará de noche antes de que haya una legión en los laboratorios.
El lenguaje de los científicos y de los médicos tiene algo de aséptico. Se escuchan sus palabras precisas y medidas y en la exactitud de lo que dicen el que escucha tiende a veces a imaginarse un mundo blanco que no duele. Se oye … hablar de que un tumor cerebral muy agresivo ofrece un horizonte de supervivencia de catorce o quince meses y cuesta imaginar que es el plazo de un cuenta atrás cruel hacia un final por un vía crucis de medicamentos, dolor y angustia.
Quien la pronuncia, desde luego, no es insensible a lo que padecerá quien la oye, pero será humano dejar de mirar un segundo y dedicar las fuerzas a pelear contra la enfermedad con las armas de la investigación y el trabajo que algún día permitirán derrotarla.
De ello habló en Córdoba el doctor Juan Solivera, un neurocirujano que trabaja con Raúl Luque, y con otros muchos investigadores en toda España, en la búsqueda de nuevos tratamientos que permitan que el que recibe el diagnóstico del glioglastoma tenga una esperanza distinta de la condena.
Se escuchó en el acto de la Asociación Española contra el Cáncer también otra palabra aséptica y técnica, que es financiación, como si no aludiera más que a un juego de cifras en alguna cuenta corriente virtual. También designa a algo real y es el dinero, que es el que costea los sueldos de los investigadores durante el mucho tiempo que dura el trabajo, paga el material y permite que se puedan dejar las pestañas en los microscopios, pruebas y análisis de los indicadores de los que tiene que salir la conclusión para encontrar una medicina, un tratamiento o algo capaz de sanar, de alargar la vida y de evitar el dolor si se puede.
Lo resumía en frase estremecedora alguien que pedía más investigación: «Aunque para mí sea tarde». En este tiempo en que la prioridad del dinero público es a veces para estudios de impacto de género, protección de acentos que no son lenguas y exposiciones intrascendentes, habrá que preguntarse a cuántos se les hará de noche antes de que haya una legión en los laboratorios.
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