A pocos pasos de la Casa de Casa Terradas, conocida popularmente como Casa de les Punxes (de los Pinchos, en catalán) del arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch; Bar Bauma ocupa uno de esos chaflanes del Eixample por los que Barcelona parece pasar a todas horas. Sus grandes ventanales rodean el local y dejan entrar la luz, pero también convierten sus mesas en un mirador sobre el movimiento de la ciudad. Desde dentro o desde la amplia terraza, completada con unos cojines en el escalón exterior de la fachada con mesitas auxiliares; el menú llega acompañado por un espectáculo que cambia a cada momento : turistas que recorren la Diagonal, oficinistas que hacen una pausa y vecinos que conocen bien la esquina.La escena encaja con la vocación de un establecimiento que aspira a estar abierto a lo largo del día y a públicos distintos. Bauma reabrió en febrero de 2024 de la mano del grupo Somos Esencia , con el propósito de recuperar un nombre ligado a la vida del Eixample y darle continuidad. Durante décadas fue punto de encuentro del barrio a todas horas: por la mañana, con desayunos de cuchillo y tenedor (forquilla); al caer la tarde, como lugar de conversación para la intelectualidad barcelonesa. Por sus mesas pasaron figuras como Juan Marsé y Quim Monzó, en los años de la Gauche Divine.La reforma, realizada junto al estudio Conti, Cert, conservó elementos como la madera original y la marquesina exterior. La idea del proyecto, según explica el grupo, era cambiar el espacio sin borrar su memoria. El resultado mantiene la pátina de un bar histórico , con una iluminación cálida y un interior actualizado para recuperar el ritmo cotidiano de la esquina.Platillos para compartir y recetas reconociblesEn la cocina, el chef Ferran Isart trabaja sobre una fórmula de clásicos renovados con la base de producto de proximidad, recetas reconocibles y técnica contemporánea , con una carta pensada para compartir. La propuesta incluye croquetas de jamón ibérico o gamba roja, unos exquisitos y gigantes buñuelos de bacalao con romesco negro y la Bomba Bauma de butifarra de perol. Entre los bocados destacan también el bikini trufado de brie y jamón ibérico, el montadito de steak tartar (con o sin foie) y el brioche de fricandó, servido con mayonesa trufada y aceitunas.La carta se mueve entre el tapeo y los platos de mesa . Hay tortilla de patata y cebolla, huevos fritos con patatas, fricandó, albóndigas con setas de temporada y los macarrones gratinados de la abuela, junto a opciones como la hamburguesa con salsa Café París o el steak tartar con yema curada. Para terminar, aparecen postres de aire casero, como la tarta de queso, el flan con nata o los churros con chocolate. El ticket medio está entre 35 y 40 euros.El brioche de fricandó se ha convertido en uno de los emblemas de la casa . Se mantiene en la carta desde que el año pasado Bauma anunciara una propuesta mensual en ese formato, con combinaciones de temporada, empezando con el de salmón marinado, aguacate y mayonesa casera. En lo que queda del mes de octubre se ofrece también la edición limitada de un pincho de chistorra con crema de huevo frito.El Bauma recupera así algo más que un local conocido, al proponer una mesa desde la que observar cómo conviven el barrio y quienes llegan de fuera. La cocina mira a la tradición catalana; los ventanales, a una ciudad que nunca deja quieta este chaflán. Somos Esencia, al que pertenece Bauma, es un grupo gastronómico familiar con más de tres décadas de trayectoria en Barcelona. Su cartera reúne siete establecimientos: Tierra Brava, Brisa, Agua, Bar Bauma, Barraca, GatoPardo y Bar Fauna. El grupo define su propuesta a partir de la calidad, la hospitalidad y una relación cercana con sus clientes. A pocos pasos de la Casa de Casa Terradas, conocida popularmente como Casa de les Punxes (de los Pinchos, en catalán) del arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch; Bar Bauma ocupa uno de esos chaflanes del Eixample por los que Barcelona parece pasar a todas horas. Sus grandes ventanales rodean el local y dejan entrar la luz, pero también convierten sus mesas en un mirador sobre el movimiento de la ciudad. Desde dentro o desde la amplia terraza, completada con unos cojines en el escalón exterior de la fachada con mesitas auxiliares; el menú llega acompañado por un espectáculo que cambia a cada momento : turistas que recorren la Diagonal, oficinistas que hacen una pausa y vecinos que conocen bien la esquina.La escena encaja con la vocación de un establecimiento que aspira a estar abierto a lo largo del día y a públicos distintos. Bauma reabrió en febrero de 2024 de la mano del grupo Somos Esencia , con el propósito de recuperar un nombre ligado a la vida del Eixample y darle continuidad. Durante décadas fue punto de encuentro del barrio a todas horas: por la mañana, con desayunos de cuchillo y tenedor (forquilla); al caer la tarde, como lugar de conversación para la intelectualidad barcelonesa. Por sus mesas pasaron figuras como Juan Marsé y Quim Monzó, en los años de la Gauche Divine.La reforma, realizada junto al estudio Conti, Cert, conservó elementos como la madera original y la marquesina exterior. La idea del proyecto, según explica el grupo, era cambiar el espacio sin borrar su memoria. El resultado mantiene la pátina de un bar histórico , con una iluminación cálida y un interior actualizado para recuperar el ritmo cotidiano de la esquina.Platillos para compartir y recetas reconociblesEn la cocina, el chef Ferran Isart trabaja sobre una fórmula de clásicos renovados con la base de producto de proximidad, recetas reconocibles y técnica contemporánea , con una carta pensada para compartir. La propuesta incluye croquetas de jamón ibérico o gamba roja, unos exquisitos y gigantes buñuelos de bacalao con romesco negro y la Bomba Bauma de butifarra de perol. Entre los bocados destacan también el bikini trufado de brie y jamón ibérico, el montadito de steak tartar (con o sin foie) y el brioche de fricandó, servido con mayonesa trufada y aceitunas.La carta se mueve entre el tapeo y los platos de mesa . Hay tortilla de patata y cebolla, huevos fritos con patatas, fricandó, albóndigas con setas de temporada y los macarrones gratinados de la abuela, junto a opciones como la hamburguesa con salsa Café París o el steak tartar con yema curada. Para terminar, aparecen postres de aire casero, como la tarta de queso, el flan con nata o los churros con chocolate. El ticket medio está entre 35 y 40 euros.El brioche de fricandó se ha convertido en uno de los emblemas de la casa . Se mantiene en la carta desde que el año pasado Bauma anunciara una propuesta mensual en ese formato, con combinaciones de temporada, empezando con el de salmón marinado, aguacate y mayonesa casera. En lo que queda del mes de octubre se ofrece también la edición limitada de un pincho de chistorra con crema de huevo frito.El Bauma recupera así algo más que un local conocido, al proponer una mesa desde la que observar cómo conviven el barrio y quienes llegan de fuera. La cocina mira a la tradición catalana; los ventanales, a una ciudad que nunca deja quieta este chaflán. Somos Esencia, al que pertenece Bauma, es un grupo gastronómico familiar con más de tres décadas de trayectoria en Barcelona. Su cartera reúne siete establecimientos: Tierra Brava, Brisa, Agua, Bar Bauma, Barraca, GatoPardo y Bar Fauna. El grupo define su propuesta a partir de la calidad, la hospitalidad y una relación cercana con sus clientes.
A pocos pasos de la Casa de Casa Terradas, conocida popularmente como Casa de les Punxes (de los Pinchos, en catalán) del arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch; Bar Bauma ocupa uno de esos chaflanes del Eixample por los que Barcelona parece pasar a todas … horas. Sus grandes ventanales rodean el local y dejan entrar la luz, pero también convierten sus mesas en un mirador sobre el movimiento de la ciudad. Desde dentro o desde la amplia terraza, completada con unos cojines en el escalón exterior de la fachada con mesitas auxiliares; el menú llega acompañado por un espectáculo que cambia a cada momento: turistas que recorren la Diagonal, oficinistas que hacen una pausa y vecinos que conocen bien la esquina.
La escena encaja con la vocación de un establecimiento que aspira a estar abierto a lo largo del día y a públicos distintos. Bauma reabrió en febrero de 2024 de la mano del grupo Somos Esencia, con el propósito de recuperar un nombre ligado a la vida del Eixample y darle continuidad. Durante décadas fue punto de encuentro del barrio a todas horas: por la mañana, con desayunos de cuchillo y tenedor (forquilla); al caer la tarde, como lugar de conversación para la intelectualidad barcelonesa. Por sus mesas pasaron figuras como Juan Marsé y Quim Monzó, en los años de la Gauche Divine.
La reforma, realizada junto al estudio Conti, Cert, conservó elementos como la madera original y la marquesina exterior. La idea del proyecto, según explica el grupo, era cambiar el espacio sin borrar su memoria. El resultado mantiene la pátina de un bar histórico, con una iluminación cálida y un interior actualizado para recuperar el ritmo cotidiano de la esquina.
Platillos para compartir y recetas reconocibles
En la cocina, el chef Ferran Isart trabaja sobre una fórmula de clásicos renovados con la base de producto de proximidad, recetas reconocibles y técnica contemporánea, con una carta pensada para compartir. La propuesta incluye croquetas de jamón ibérico o gamba roja, unos exquisitos y gigantes buñuelos de bacalao con romesco negro y la Bomba Bauma de butifarra de perol. Entre los bocados destacan también el bikini trufado de brie y jamón ibérico, el montadito de steak tartar (con o sin foie) y el brioche de fricandó, servido con mayonesa trufada y aceitunas.
La carta se mueve entre el tapeo y los platos de mesa. Hay tortilla de patata y cebolla, huevos fritos con patatas, fricandó, albóndigas con setas de temporada y los macarrones gratinados de la abuela, junto a opciones como la hamburguesa con salsa Café París o el steak tartar con yema curada. Para terminar, aparecen postres de aire casero, como la tarta de queso, el flan con nata o los churros con chocolate. El ticket medio está entre 35 y 40 euros.
El brioche de fricandó se ha convertido en uno de los emblemas de la casa. Se mantiene en la carta desde que el año pasado Bauma anunciara una propuesta mensual en ese formato, con combinaciones de temporada, empezando con el de salmón marinado, aguacate y mayonesa casera. En lo que queda del mes de octubre se ofrece también la edición limitada de un pincho de chistorra con crema de huevo frito.
El Bauma recupera así algo más que un local conocido, al proponer una mesa desde la que observar cómo conviven el barrio y quienes llegan de fuera. La cocina mira a la tradición catalana; los ventanales, a una ciudad que nunca deja quieta este chaflán. Somos Esencia, al que pertenece Bauma, es un grupo gastronómico familiar con más de tres décadas de trayectoria en Barcelona. Su cartera reúne siete establecimientos: Tierra Brava, Agua, Bar Bauma y Brisa Palau de Mar. El grupo define su propuesta a partir de la calidad, la hospitalidad y una relación cercana con sus clientes.
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