A estas alturas de septiembre muchas personas están aún saboreando las mieles de sus estupendas vacaciones pero, al mismo tiempo, se sienten encantadas -aunque algunas no lo quieran reconocer – de volver a la rutina. Si es tu caso, tranquilo, no eres un bicho raro. Hay más personas de lo que parece que opinan igual: ¡Bendita rutina! Pero, ¿por qué ocurre esto cuando lo habitual es soñar durante el año con estar de las vacaciones? ¿Por qué hay quién desea retomar hábitos mientras otros sufren por ello?Según Francisco Mira Berenguer , director médico de MyBrain , cuando el cerebro funciona en un entorno previsible de tareas le obliga a corregir menos porque sabe lo que tiene que hacer, mientras que un día sin estructura hay que construirlo desde cero una y otra vez. «Es decir, trabaja fundamentalmente como un sistema de predicción, y equivocarse tiene un coste energético en el organismo -explica a ABC-. De ahí que algunas personas terminen un domingo sin planes más cansadas que un martes de trabajo».Cuando una rutina se repite lo suficiente «queda almacenada en el cerebro como una secuencia automática que apenas consume atención. Por el contrario, lo que no está automatizado lo tiene que resolver la corteza prefrontal, que es un sistema muy limitado. Por lo tanto -puntualiza-, tener tiempo libre obliga a decidir continuamente qué hacer, cuándo y con quién». Añade que lo más contraintuitivo tiene que ver con el eje del estrés porque en condiciones similares lo que más eleva el cortisol no es la dificultad de una situación, «sino su carácter impredecible e incontrolable», insiste. Es decir, saber lo que viene después, aunque sea exigente, activa menos que no saberlo porque la estructura funciona como una señal de seguridad . «A eso se suma que una jornada organizada está hecha de pequeños objetivos que se van cerrando, cada uno con su señal dopaminérgica de recompensa, mientras que las vacaciones ofrecen el placer en bloques grandes y espaciados».«Una buena rutina permite realizar parte de nuestra vida de forma automática, lo que ayuda a reservar recursos mentales para aquello que realmente nos requiere atención» Miguel Ángel PeraitaEn esta misma línea se manifiesta Miguel Ángel Peraita , doctor del departamento de Medicina integrativa y Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) de la clínica Thuban , al asegurar que es muy habitual que tras unas vacaciones se recomiende el mismo consejo: regresar poco a poco a la rutina para evitar el llamado estrés posvacacional. «Sin embargo, recuperar cuanto antes determinados horarios y hábitos puede tener justamente el efecto contrario: devolver al organismo la previsibilidad que necesita». Y es que apunta que desde el punto de vista de la fisiología y del comportamiento, la rutina no tiene por qué ser sinónimo de monotonía. «Una buena rutina permite realizar una parte de nuestra vida de forma automática, lo que ayuda a reservar nuestros recursos mentales para aquello que realmente requiere atención».Lo explica con un sencillo ejemplo. «Pensemos en algo tan fácil como conducir al trabajo cada mañana. Si siempre vas por el mismo camino, casi sin darte cuenta llegas mientras pensabas en aquello en lo que estabas centrado mentalmente esa mañana. Sin embargo, si tuvieses que cambiar cada día de camino, lo que irías es pendiente de no equivocarte de calle y en poco más. Es decir, los hábitos consolidados, tus rutinas, reducen la necesidad de decidir continuamente cómo actuar y, por tanto, disminuyen la dependencia del autocontrol consciente. La investigación en psicología de los hábitos (ScienceDirect) describe precisamente esta capacidad de la conducta automatizada para facilitar la consecución de objetivos cuando se desarrolla en contextos suficientemente estables. Por eso, después de las vacaciones, quizá la pregunta no debería ser únicamente ‘¿cómo vuelvo poco a poco a mi rutina?’, sino también ‘¿qué rutinas merece la pena recuperar?’».Automatizar conductasAñade Miguel Ángel Peraita que automatizar una conducta está muy bien, «siempre que sea adecuada» porque el que algo sea rutinario, no lo convierte necesariamente en saludable o productivo. «La vuelta de las vacaciones ofrece una oportunidad excelente para reorganizar los hábitos de acuerdo con nuestra fisiología, y aquí adquiere especial relevancia la cronobiología». Explica que el organismo no funciona igual a todas las horas del día. «Prácticamente todos nuestros tejidos poseen mecanismos asociados al ciclo de luz y oscuridad y coordinan procesos como el sueño, la temperatura corporal, la secreción hormonal o el metabolismo. La luz es el principal sincronizador de nuestro reloj biológico, pero no es el único. Los horarios de alimentación, ejercicio y sueño constituyen también importantes señales temporales. Deberíamos intentar recuperar algunos anclajes diarios : una hora relativamente estable para levantarnos, exposición a luz natural durante la mañana, horarios razonablemente regulares de comida, actividad física, tiempo de descanso y una hora de sueño compatible con nuestras necesidades». «El trabajo satisfactorio cubre necesidades difíciles de compensar en otras áreas como la de sentirse útil, competente, conseguir logros o pertenecer a un grupo. Quien encuentra eso en su ocupación, siente la vuelta más como un reencuentro que como una condena» Francisco Mira BerenguerEn su opinión, la finalidad de una buena rutina es justamente la contraria: automatizar lo predecible para disponer de más libertad para lo impredecible. «Si cada mañana tenemos que decidir a qué hora nos levantamos, cuándo vamos a entrenar, qué vamos a desayunar, a qué hora comeremos y cuándo intentaremos acostarnos, estamos introduciendo continuamente decisiones que podrían estar parcialmente resueltas de antemano».Es decir, que septiembre puede ser una oportunidad para revisar nuestras rutinas. Y aquí la personalización es importante. « No existe un horario perfecto universal -advierte Peraita-. La edad, el cronotipo, la jornada laboral, las enfermedades, la medicación, las obligaciones familiares o el nivel de actividad física condicionan qué estructura puede funcionar mejor para cada persona. Por ello, en la mayoría de las situaciones puede ser útil recurrir a profesionales sanitarios con conocimientos de nutrición, ejercicio, sueño y cronobiología que permitan diseñar esa rutina de acuerdo con las circunstancias de cada uno. Puede ser precisamente una buena manera de reducir el estrés porque cuando una parte de nuestra vida funciona mediante hábitos bien elegidos, dejamos de dedicar atención a aquello que ya sabemos cómo hacer y podemos emplearla en algo mucho más valioso: pensar, crear, relacionarnos y adaptarnos a lo que realmente no podemos prever».Francisco Mira Berenguer coincide al asegurar que hay un rasgo psicológico medible, la necesidad de estructura que hace que algunas personas toleren mal la ambigüedad y funcionen mejor con rutinas fijas. «El trabajo, cuando es satisfactorio, cubre necesidades difíciles de compensar en otras actividades como la de sentirse útil, competente, conseguir logros y la de pertenecer a un grupo. Quien encuentra eso en su ocupación, siente la vuelta más como un reencuentro que una condena».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Fernando Botella: «Si esperamos a ser perfectos no vamos a vivir la vida que queremos» noticia Si «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» noticia Si Xavier Guix, psicólogo: «Hay siete claves que te ayudan a liberarte de tu pasado para vivir plenamente»Esta es la razón por la que Berenguer explica que para mucha gente el verano no ha sido descanso en ningún sentido literal, sobre todo cuando se tienen hijos pequeños o mayores a cargo, y volver a la rutina significa recuperar cierto orden y espacio propio. «Si el tiempo sin tareas genera ansiedad , culpa o sensación de vacío -matiza el médico de MyBrian-, ya no hablamos de preferencia por la estructura, sino de dificultad para desconectar, uno de los mejores predictores de agotamiento profesional. La capacidad de descansar también es una función que hay que conservar», concluye. A estas alturas de septiembre muchas personas están aún saboreando las mieles de sus estupendas vacaciones pero, al mismo tiempo, se sienten encantadas -aunque algunas no lo quieran reconocer – de volver a la rutina. Si es tu caso, tranquilo, no eres un bicho raro. Hay más personas de lo que parece que opinan igual: ¡Bendita rutina! Pero, ¿por qué ocurre esto cuando lo habitual es soñar durante el año con estar de las vacaciones? ¿Por qué hay quién desea retomar hábitos mientras otros sufren por ello?Según Francisco Mira Berenguer , director médico de MyBrain , cuando el cerebro funciona en un entorno previsible de tareas le obliga a corregir menos porque sabe lo que tiene que hacer, mientras que un día sin estructura hay que construirlo desde cero una y otra vez. «Es decir, trabaja fundamentalmente como un sistema de predicción, y equivocarse tiene un coste energético en el organismo -explica a ABC-. De ahí que algunas personas terminen un domingo sin planes más cansadas que un martes de trabajo».Cuando una rutina se repite lo suficiente «queda almacenada en el cerebro como una secuencia automática que apenas consume atención. Por el contrario, lo que no está automatizado lo tiene que resolver la corteza prefrontal, que es un sistema muy limitado. Por lo tanto -puntualiza-, tener tiempo libre obliga a decidir continuamente qué hacer, cuándo y con quién». Añade que lo más contraintuitivo tiene que ver con el eje del estrés porque en condiciones similares lo que más eleva el cortisol no es la dificultad de una situación, «sino su carácter impredecible e incontrolable», insiste. Es decir, saber lo que viene después, aunque sea exigente, activa menos que no saberlo porque la estructura funciona como una señal de seguridad . «A eso se suma que una jornada organizada está hecha de pequeños objetivos que se van cerrando, cada uno con su señal dopaminérgica de recompensa, mientras que las vacaciones ofrecen el placer en bloques grandes y espaciados».«Una buena rutina permite realizar parte de nuestra vida de forma automática, lo que ayuda a reservar recursos mentales para aquello que realmente nos requiere atención» Miguel Ángel PeraitaEn esta misma línea se manifiesta Miguel Ángel Peraita , doctor del departamento de Medicina integrativa y Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) de la clínica Thuban , al asegurar que es muy habitual que tras unas vacaciones se recomiende el mismo consejo: regresar poco a poco a la rutina para evitar el llamado estrés posvacacional. «Sin embargo, recuperar cuanto antes determinados horarios y hábitos puede tener justamente el efecto contrario: devolver al organismo la previsibilidad que necesita». Y es que apunta que desde el punto de vista de la fisiología y del comportamiento, la rutina no tiene por qué ser sinónimo de monotonía. «Una buena rutina permite realizar una parte de nuestra vida de forma automática, lo que ayuda a reservar nuestros recursos mentales para aquello que realmente requiere atención».Lo explica con un sencillo ejemplo. «Pensemos en algo tan fácil como conducir al trabajo cada mañana. Si siempre vas por el mismo camino, casi sin darte cuenta llegas mientras pensabas en aquello en lo que estabas centrado mentalmente esa mañana. Sin embargo, si tuvieses que cambiar cada día de camino, lo que irías es pendiente de no equivocarte de calle y en poco más. Es decir, los hábitos consolidados, tus rutinas, reducen la necesidad de decidir continuamente cómo actuar y, por tanto, disminuyen la dependencia del autocontrol consciente. La investigación en psicología de los hábitos (ScienceDirect) describe precisamente esta capacidad de la conducta automatizada para facilitar la consecución de objetivos cuando se desarrolla en contextos suficientemente estables. Por eso, después de las vacaciones, quizá la pregunta no debería ser únicamente ‘¿cómo vuelvo poco a poco a mi rutina?’, sino también ‘¿qué rutinas merece la pena recuperar?’».Automatizar conductasAñade Miguel Ángel Peraita que automatizar una conducta está muy bien, «siempre que sea adecuada» porque el que algo sea rutinario, no lo convierte necesariamente en saludable o productivo. «La vuelta de las vacaciones ofrece una oportunidad excelente para reorganizar los hábitos de acuerdo con nuestra fisiología, y aquí adquiere especial relevancia la cronobiología». Explica que el organismo no funciona igual a todas las horas del día. «Prácticamente todos nuestros tejidos poseen mecanismos asociados al ciclo de luz y oscuridad y coordinan procesos como el sueño, la temperatura corporal, la secreción hormonal o el metabolismo. La luz es el principal sincronizador de nuestro reloj biológico, pero no es el único. Los horarios de alimentación, ejercicio y sueño constituyen también importantes señales temporales. Deberíamos intentar recuperar algunos anclajes diarios : una hora relativamente estable para levantarnos, exposición a luz natural durante la mañana, horarios razonablemente regulares de comida, actividad física, tiempo de descanso y una hora de sueño compatible con nuestras necesidades». «El trabajo satisfactorio cubre necesidades difíciles de compensar en otras áreas como la de sentirse útil, competente, conseguir logros o pertenecer a un grupo. Quien encuentra eso en su ocupación, siente la vuelta más como un reencuentro que como una condena» Francisco Mira BerenguerEn su opinión, la finalidad de una buena rutina es justamente la contraria: automatizar lo predecible para disponer de más libertad para lo impredecible. «Si cada mañana tenemos que decidir a qué hora nos levantamos, cuándo vamos a entrenar, qué vamos a desayunar, a qué hora comeremos y cuándo intentaremos acostarnos, estamos introduciendo continuamente decisiones que podrían estar parcialmente resueltas de antemano».Es decir, que septiembre puede ser una oportunidad para revisar nuestras rutinas. Y aquí la personalización es importante. « No existe un horario perfecto universal -advierte Peraita-. La edad, el cronotipo, la jornada laboral, las enfermedades, la medicación, las obligaciones familiares o el nivel de actividad física condicionan qué estructura puede funcionar mejor para cada persona. Por ello, en la mayoría de las situaciones puede ser útil recurrir a profesionales sanitarios con conocimientos de nutrición, ejercicio, sueño y cronobiología que permitan diseñar esa rutina de acuerdo con las circunstancias de cada uno. Puede ser precisamente una buena manera de reducir el estrés porque cuando una parte de nuestra vida funciona mediante hábitos bien elegidos, dejamos de dedicar atención a aquello que ya sabemos cómo hacer y podemos emplearla en algo mucho más valioso: pensar, crear, relacionarnos y adaptarnos a lo que realmente no podemos prever».Francisco Mira Berenguer coincide al asegurar que hay un rasgo psicológico medible, la necesidad de estructura que hace que algunas personas toleren mal la ambigüedad y funcionen mejor con rutinas fijas. «El trabajo, cuando es satisfactorio, cubre necesidades difíciles de compensar en otras actividades como la de sentirse útil, competente, conseguir logros y la de pertenecer a un grupo. Quien encuentra eso en su ocupación, siente la vuelta más como un reencuentro que una condena».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Fernando Botella: «Si esperamos a ser perfectos no vamos a vivir la vida que queremos» noticia Si «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» noticia Si Xavier Guix, psicólogo: «Hay siete claves que te ayudan a liberarte de tu pasado para vivir plenamente»Esta es la razón por la que Berenguer explica que para mucha gente el verano no ha sido descanso en ningún sentido literal, sobre todo cuando se tienen hijos pequeños o mayores a cargo, y volver a la rutina significa recuperar cierto orden y espacio propio. «Si el tiempo sin tareas genera ansiedad , culpa o sensación de vacío -matiza el médico de MyBrian-, ya no hablamos de preferencia por la estructura, sino de dificultad para desconectar, uno de los mejores predictores de agotamiento profesional. La capacidad de descansar también es una función que hay que conservar», concluye.
A estas alturas de septiembre muchas personas están aún saboreando las mieles de sus estupendas vacaciones pero, al mismo tiempo, se sienten encantadas -aunque algunas no lo quieran reconocer– de volver a la rutina. Si es tu caso, tranquilo, no eres un bicho raro. … Hay más personas de lo que parece que opinan igual: ¡Bendita rutina! Pero, ¿por qué ocurre esto cuando lo habitual es soñar durante el año con estar de las vacaciones? ¿Por qué hay quién desea retomar hábitos mientras otros sufren por ello?
Según Francisco Mira Berenguer, director médico de MyBrain, cuando el cerebro funciona en un entorno previsible de tareas le obliga a corregir menos porque sabe lo que tiene que hacer, mientras que un día sin estructura hay que construirlo desde cero una y otra vez. «Es decir, trabaja fundamentalmente como un sistema de predicción, y equivocarse tiene un coste energético en el organismo -explica a ABC-. De ahí que algunas personas terminen un domingo sin planes más cansadas que un martes de trabajo».
Cuando una rutina se repite lo suficiente «queda almacenada en el cerebro como una secuencia automática que apenas consume atención. Por el contrario, lo que no está automatizado lo tiene que resolver la corteza prefrontal, que es un sistema muy limitado. Por lo tanto -puntualiza-, tener tiempo libre obliga a decidir continuamente qué hacer, cuándo y con quién».
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Añade que lo más contraintuitivo tiene que ver con el eje del estrés porque en condiciones similares lo que más eleva el cortisol no es la dificultad de una situación, «sino su carácter impredecible e incontrolable», insiste. Es decir, saber lo que viene después, aunque sea exigente, activa menos que no saberlo porque la estructura funciona como una señal de seguridad. «A eso se suma que una jornada organizada está hecha de pequeños objetivos que se van cerrando, cada uno con su señal dopaminérgica de recompensa, mientras que las vacaciones ofrecen el placer en bloques grandes y espaciados».

«Una buena rutina permite realizar parte de nuestra vida de forma automática, lo que ayuda a reservar recursos mentales para aquello que realmente nos requiere atención»
Miguel Ángel Peraita
En esta misma línea se manifiesta Miguel Ángel Peraita, doctor del departamento de Medicina integrativa y Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) de la clínica Thuban, al asegurar que es muy habitual que tras unas vacaciones se recomiende el mismo consejo: regresar poco a poco a la rutina para evitar el llamado estrés posvacacional. «Sin embargo, recuperar cuanto antes determinados horarios y hábitos puede tener justamente el efecto contrario: devolver al organismo la previsibilidad que necesita». Y es que apunta que desde el punto de vista de la fisiología y del comportamiento, la rutina no tiene por qué ser sinónimo de monotonía. «Una buena rutina permite realizar una parte de nuestra vida de forma automática, lo que ayuda a reservar nuestros recursos mentales para aquello que realmente requiere atención».
Lo explica con un sencillo ejemplo. «Pensemos en algo tan fácil como conducir al trabajo cada mañana. Si siempre vas por el mismo camino, casi sin darte cuenta llegas mientras pensabas en aquello en lo que estabas centrado mentalmente esa mañana. Sin embargo, si tuvieses que cambiar cada día de camino, lo que irías es pendiente de no equivocarte de calle y en poco más. Es decir, los hábitos consolidados, tus rutinas, reducen la necesidad de decidir continuamente cómo actuar y, por tanto, disminuyen la dependencia del autocontrol consciente. La investigación en psicología de los hábitos (ScienceDirect) describe precisamente esta capacidad de la conducta automatizada para facilitar la consecución de objetivos cuando se desarrolla en contextos suficientemente estables. Por eso, después de las vacaciones, quizá la pregunta no debería ser únicamente ‘¿cómo vuelvo poco a poco a mi rutina?’, sino también ‘¿qué rutinas merece la pena recuperar?’».
Automatizar conductas
Añade Miguel Ángel Peraita que automatizar una conducta está muy bien, «siempre que sea adecuada» porque el que algo sea rutinario, no lo convierte necesariamente en saludable o productivo. «La vuelta de las vacaciones ofrece una oportunidad excelente para reorganizar los hábitos de acuerdo con nuestra fisiología, y aquí adquiere especial relevancia la cronobiología».
Explica que el organismo no funciona igual a todas las horas del día. «Prácticamente todos nuestros tejidos poseen mecanismos asociados al ciclo de luz y oscuridad y coordinan procesos como el sueño, la temperatura corporal, la secreción hormonal o el metabolismo. La luz es el principal sincronizador de nuestro reloj biológico, pero no es el único. Los horarios de alimentación, ejercicio y sueño constituyen también importantes señales temporales. Deberíamos intentar recuperar algunos anclajes diarios: una hora relativamente estable para levantarnos, exposición a luz natural durante la mañana, horarios razonablemente regulares de comida, actividad física, tiempo de descanso y una hora de sueño compatible con nuestras necesidades».

«El trabajo satisfactorio cubre necesidades difíciles de compensar en otras áreas como la de sentirse útil, competente, conseguir logros o pertenecer a un grupo. Quien encuentra eso en su ocupación, siente la vuelta más como un reencuentro que como una condena»
Francisco Mira Berenguer
En su opinión, la finalidad de una buena rutina es justamente la contraria: automatizar lo predecible para disponer de más libertad para lo impredecible. «Si cada mañana tenemos que decidir a qué hora nos levantamos, cuándo vamos a entrenar, qué vamos a desayunar, a qué hora comeremos y cuándo intentaremos acostarnos, estamos introduciendo continuamente decisiones que podrían estar parcialmente resueltas de antemano».
Es decir, que septiembre puede ser una oportunidad para revisar nuestras rutinas. Y aquí la personalización es importante. «No existe un horario perfecto universal -advierte Peraita-. La edad, el cronotipo, la jornada laboral, las enfermedades, la medicación, las obligaciones familiares o el nivel de actividad física condicionan qué estructura puede funcionar mejor para cada persona. Por ello, en la mayoría de las situaciones puede ser útil recurrir a profesionales sanitarios con conocimientos de nutrición, ejercicio, sueño y cronobiología que permitan diseñar esa rutina de acuerdo con las circunstancias de cada uno. Puede ser precisamente una buena manera de reducir el estrés porque cuando una parte de nuestra vida funciona mediante hábitos bien elegidos, dejamos de dedicar atención a aquello que ya sabemos cómo hacer y podemos emplearla en algo mucho más valioso: pensar, crear, relacionarnos y adaptarnos a lo que realmente no podemos prever».
Francisco Mira Berenguer coincide al asegurar que hay un rasgo psicológico medible, la necesidad de estructura que hace que algunas personas toleren mal la ambigüedad y funcionen mejor con rutinas fijas. «El trabajo, cuando es satisfactorio, cubre necesidades difíciles de compensar en otras actividades como la de sentirse útil, competente, conseguir logros y la de pertenecer a un grupo. Quien encuentra eso en su ocupación, siente la vuelta más como un reencuentro que una condena».
Esta es la razón por la que Berenguer explica que para mucha gente el verano no ha sido descanso en ningún sentido literal, sobre todo cuando se tienen hijos pequeños o mayores a cargo, y volver a la rutina significa recuperar cierto orden y espacio propio. «Si el tiempo sin tareas genera ansiedad, culpa o sensación de vacío -matiza el médico de MyBrian-, ya no hablamos de preferencia por la estructura, sino de dificultad para desconectar, uno de los mejores predictores de agotamiento profesional. La capacidad de descansar también es una función que hay que conservar», concluye.
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