Hay jornadas en las que las calles de una ciudad no solo hablan, sino que proclaman su identidad con la fuerza de un acto de afirmación soberana. Ceuta vivió este 13 de octubre de 2026 una fecha escrita con letras de oro en los anales de su historia contemporánea. Catorce años después de su proclamación como Rey y diecinueve años después de la histórica visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía en 2007, Don Felipe y Doña Letizia pisaron suelo ceutí en su primer viaje oficial a las ciudades autónomas. Se trata de un desplazamiento largamente aguardado que el convulso verano y las cicatrices de la crisis fronteriza terminaron por convertir en un imperativo categórico de la Jefatura del Estado. El Rey así lo reconoció en su discurso.El repique ininterrumpido de las campanas del Santuario de Nuestra Señora de África, patrona de la ciudad, comenzó a resonar a las 12:17 horas, en el preciso instante en que el helicóptero de la Fuerza Aérea tomó tierra en el helipuerto. Durante cuarenta minutos, los bronces doblaron sin descanso mientras la comitiva real enfilaba el paseo del Alcalde Sánchez Prados —la Gran Vía ceutí— en dirección al Palacio de la Asamblea.Pocas veces en el reinado de Felipe VI se ha presenciado un recibimiento tan cálido, apasionado y transversal como el brindado por el pueblo ceutí. No solo en la Gran Vía… sino en toda la ciudad. En cada calle. En cada esquina. Una multitud entregada abarrotaba cada metro de la vía pública jalonada con miles de banderas de España y de la ciudad autónoma. Los «vivas« a la Corona se entrelazaban con proclamas nacidas del sentimiento de resistencia: «¡Viva el Rey!», «¡Ceuta no se vende, Ceuta se defiende!», «¡Ceuta unida jamás será vencida!» y los acordes espontáneos del «Yo soy español, español, español…». Don Felipe y Doña Letizia rompieron el protocolo de forma sistemática para estrechar cientos de manos, recoger cartas y abrazar a unos ciudadanos desbordados por la emoción. «Esto no es solo un viaje protocolario; es la confirmación definitiva de que Ceuta no está sola y de que el Estado nos ampara», expresaba entre lágrimas María del Carmen, una vecina que aguardaba desde primera hora frente al Palacio Presidencial.El fervor popular alcanzó su cénit cuando, tras la reunión de trabajo con el Consejo de Gobierno, la entrega de las Llaves de la Ciudad y la interpretación del Himno Nacional, los Reyes se asomaron al balcón principal del Palacio de la Asamblea junto al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas. Él era el otro gran ovacionado: «Presidente, presidente…». Del delegado del Gobierno, apenas unos tímidos pitos. No ha lugar en esta crónica de alborozo para ello.Sigamos con el primer recorrido hacia el Palacio presidencial: la plaza rompió en una atronadora ovación bajo el grito unánime de «¡Felipe, Felipe!», reeditando la estampa icónica que ya forma parte de la memoria colectiva del enclave. La estampa de la ciudadanía entregada a sus Reyes, como símbolo e institución angular de su unión con España fue una constante en toda la jornada. Así, tras el baño de masas matutino en el centro, la agenda vespertina ideada con acierto por la Casa del Rey —el objetivo era una puesta en escena que acercara los Reyes a los ceutíes— trasladó a los Reyes al corazón social y humano de los barrios ceutíes. A las 16:45 horas, Sus Majestades llegaron al colegio público Vicente Alexandre en el humilde barrio de Manzanera. Entre pancartas elaboradas por los propios alumnos y banderas agitadas por los escolares, los Reyes quisieron conocer de primera mano el esfuerzo de la comunidad educativa por preservar la convivencia e integración tras los dramáticos acontecimientos del verano. «Que los Reyes hayan querido estar aquí, con nuestros hijos, en un barrio sencillo, nos llena de orgullo y nos devuelve la confianza», relataba a las puertas del centro Ahmed, padre de dos estudiantes.Los Reyes también compartieron clase con niños y luego departieron con ellos, chocaron manos… y los menores gritaban, repartían sonrisas y buscaban el autógrafo real.A las 18:00 horas, la visita alcanzó su momento de mayor gravedad y recogimiento en el cementerio de Sidi Embarek. Ante las hileras de sepulturas donde reposan las víctimas de la tragedia del mar de los pasados 30 y 31 de julio, los Reyes guardaron un estremecedor minuto de silencio en presencia de los líderes de las cuatro confesiones que vertebran la ciudad —cristiana, musulmana, judía e hindú—. Doña Letizia, visiblemente conmovida ante la memoria de la mujer y el niño fallecidos en aquella negra jornada, mantuvo una actitud de profunda consternación.Sin embargo, a la salida del recinto sagrado se vivió un emocionante contraste: cientos de vecinos de la comunidad musulmana abarrotaron los alrededores del camposanto para arropar a los Reyes entre aplausos, muestras de afecto, estrechamientos de manos y solicitudes de selfies a los que Sus Majestades respondieron con absoluta cercanía. Muchos de estos ciudadanos tenían enrollada la bandera de España, que ocupaba lugar en los edificios de los barrios cercanos (Rosales o Juan Carlos I).Mirada puesta en MelillaEl broche de la histórica jornada se celebró en el Parador de Ceuta, donde los Reyes ofrecieron una recepción a una amplísima representación de la sociedad civil ceutí. Era el 13-O, el otro día de la Fiesta Nacional para los ceutíes. En un ambiente impregnado de solemnidad e intensidad emocional, Don Felipe pronunció un discurso de hondo calado político y constitucional, en el que trasladó la firmeza de la Corona ante la preservación de la soberanía nacional y la integridad territorial, recordando que la frontera de Ceuta es también la frontera de Europa e instando al retorno de quienes entraron de forma irregular. «No estáis solos y no estaréis solos», proclamó el Monarca, garantizando el respaldo permanente del conjunto de la nación. El Rey se refirió a la calidez con la que fueron acogidos en todo momento por los ceutíes: «Nos ha tocado el corazón».Tras este intenso baño de afecto y reafirmación institucional en Ceuta, la mirada se traslada ahora al otro lado de la costa norteafricana. Melilla aguarda ya con enorme expectación la llegada de los Reyes este 14 de octubre, donde Don Felipe y Doña Letizia completarán la segunda y última etapa de este viaje histórico, renovando el compromiso de la Corona con las dos plazas de soberanía española en el Norte de África.«Viva el Rey, viva el Rey, viva el Rey, viva Letizia, viva Ceuta, viva España», gritaron los invitados para agradecer las palabras del Monarca. Hay jornadas en las que las calles de una ciudad no solo hablan, sino que proclaman su identidad con la fuerza de un acto de afirmación soberana. Ceuta vivió este 13 de octubre de 2026 una fecha escrita con letras de oro en los anales de su historia contemporánea. Catorce años después de su proclamación como Rey y diecinueve años después de la histórica visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía en 2007, Don Felipe y Doña Letizia pisaron suelo ceutí en su primer viaje oficial a las ciudades autónomas. Se trata de un desplazamiento largamente aguardado que el convulso verano y las cicatrices de la crisis fronteriza terminaron por convertir en un imperativo categórico de la Jefatura del Estado. El Rey así lo reconoció en su discurso.El repique ininterrumpido de las campanas del Santuario de Nuestra Señora de África, patrona de la ciudad, comenzó a resonar a las 12:17 horas, en el preciso instante en que el helicóptero de la Fuerza Aérea tomó tierra en el helipuerto. Durante cuarenta minutos, los bronces doblaron sin descanso mientras la comitiva real enfilaba el paseo del Alcalde Sánchez Prados —la Gran Vía ceutí— en dirección al Palacio de la Asamblea.Pocas veces en el reinado de Felipe VI se ha presenciado un recibimiento tan cálido, apasionado y transversal como el brindado por el pueblo ceutí. No solo en la Gran Vía… sino en toda la ciudad. En cada calle. En cada esquina. Una multitud entregada abarrotaba cada metro de la vía pública jalonada con miles de banderas de España y de la ciudad autónoma. Los «vivas« a la Corona se entrelazaban con proclamas nacidas del sentimiento de resistencia: «¡Viva el Rey!», «¡Ceuta no se vende, Ceuta se defiende!», «¡Ceuta unida jamás será vencida!» y los acordes espontáneos del «Yo soy español, español, español…». Don Felipe y Doña Letizia rompieron el protocolo de forma sistemática para estrechar cientos de manos, recoger cartas y abrazar a unos ciudadanos desbordados por la emoción. «Esto no es solo un viaje protocolario; es la confirmación definitiva de que Ceuta no está sola y de que el Estado nos ampara», expresaba entre lágrimas María del Carmen, una vecina que aguardaba desde primera hora frente al Palacio Presidencial.El fervor popular alcanzó su cénit cuando, tras la reunión de trabajo con el Consejo de Gobierno, la entrega de las Llaves de la Ciudad y la interpretación del Himno Nacional, los Reyes se asomaron al balcón principal del Palacio de la Asamblea junto al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas. Él era el otro gran ovacionado: «Presidente, presidente…». Del delegado del Gobierno, apenas unos tímidos pitos. No ha lugar en esta crónica de alborozo para ello.Sigamos con el primer recorrido hacia el Palacio presidencial: la plaza rompió en una atronadora ovación bajo el grito unánime de «¡Felipe, Felipe!», reeditando la estampa icónica que ya forma parte de la memoria colectiva del enclave. La estampa de la ciudadanía entregada a sus Reyes, como símbolo e institución angular de su unión con España fue una constante en toda la jornada. Así, tras el baño de masas matutino en el centro, la agenda vespertina ideada con acierto por la Casa del Rey —el objetivo era una puesta en escena que acercara los Reyes a los ceutíes— trasladó a los Reyes al corazón social y humano de los barrios ceutíes. A las 16:45 horas, Sus Majestades llegaron al colegio público Vicente Alexandre en el humilde barrio de Manzanera. Entre pancartas elaboradas por los propios alumnos y banderas agitadas por los escolares, los Reyes quisieron conocer de primera mano el esfuerzo de la comunidad educativa por preservar la convivencia e integración tras los dramáticos acontecimientos del verano. «Que los Reyes hayan querido estar aquí, con nuestros hijos, en un barrio sencillo, nos llena de orgullo y nos devuelve la confianza», relataba a las puertas del centro Ahmed, padre de dos estudiantes.Los Reyes también compartieron clase con niños y luego departieron con ellos, chocaron manos… y los menores gritaban, repartían sonrisas y buscaban el autógrafo real.A las 18:00 horas, la visita alcanzó su momento de mayor gravedad y recogimiento en el cementerio de Sidi Embarek. Ante las hileras de sepulturas donde reposan las víctimas de la tragedia del mar de los pasados 30 y 31 de julio, los Reyes guardaron un estremecedor minuto de silencio en presencia de los líderes de las cuatro confesiones que vertebran la ciudad —cristiana, musulmana, judía e hindú—. Doña Letizia, visiblemente conmovida ante la memoria de la mujer y el niño fallecidos en aquella negra jornada, mantuvo una actitud de profunda consternación.Sin embargo, a la salida del recinto sagrado se vivió un emocionante contraste: cientos de vecinos de la comunidad musulmana abarrotaron los alrededores del camposanto para arropar a los Reyes entre aplausos, muestras de afecto, estrechamientos de manos y solicitudes de selfies a los que Sus Majestades respondieron con absoluta cercanía. Muchos de estos ciudadanos tenían enrollada la bandera de España, que ocupaba lugar en los edificios de los barrios cercanos (Rosales o Juan Carlos I).Mirada puesta en MelillaEl broche de la histórica jornada se celebró en el Parador de Ceuta, donde los Reyes ofrecieron una recepción a una amplísima representación de la sociedad civil ceutí. Era el 13-O, el otro día de la Fiesta Nacional para los ceutíes. En un ambiente impregnado de solemnidad e intensidad emocional, Don Felipe pronunció un discurso de hondo calado político y constitucional, en el que trasladó la firmeza de la Corona ante la preservación de la soberanía nacional y la integridad territorial, recordando que la frontera de Ceuta es también la frontera de Europa e instando al retorno de quienes entraron de forma irregular. «No estáis solos y no estaréis solos», proclamó el Monarca, garantizando el respaldo permanente del conjunto de la nación. El Rey se refirió a la calidez con la que fueron acogidos en todo momento por los ceutíes: «Nos ha tocado el corazón».Tras este intenso baño de afecto y reafirmación institucional en Ceuta, la mirada se traslada ahora al otro lado de la costa norteafricana. Melilla aguarda ya con enorme expectación la llegada de los Reyes este 14 de octubre, donde Don Felipe y Doña Letizia completarán la segunda y última etapa de este viaje histórico, renovando el compromiso de la Corona con las dos plazas de soberanía española en el Norte de África.«Viva el Rey, viva el Rey, viva el Rey, viva Letizia, viva Ceuta, viva España», gritaron los invitados para agradecer las palabras del Monarca.
Hay jornadas en las que las calles de una ciudad no solo hablan, sino que proclaman su identidad con la fuerza de un acto de afirmación soberana. Ceuta vivió este 13 de octubre de 2026 una fecha escrita con letras de oro en los anales … de su historia contemporánea. Catorce años después de su proclamación como Rey y diecinueve años después de la histórica visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía en 2007, Don Felipe y Doña Letizia pisaron suelo ceutí en su primer viaje oficial a las ciudades autónomas.
Se trata de un desplazamiento largamente aguardado que el convulso verano y las cicatrices de la crisis fronteriza terminaron por convertir en un imperativo categórico de la Jefatura del Estado. El Rey así lo reconoció en su discurso.
El repique ininterrumpido de las campanas del Santuario de Nuestra Señora de África, patrona de la ciudad, comenzó a resonar a las 12:17 horas, en el preciso instante en que el helicóptero de la Fuerza Aérea tomó tierra en el helipuerto. Durante cuarenta minutos, los bronces doblaron sin descanso mientras la comitiva real enfilaba el paseo del Alcalde Sánchez Prados —la Gran Vía ceutí— en dirección al Palacio de la Asamblea.
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Pocas veces en el reinado de Felipe VI se ha presenciado un recibimiento tan cálido, apasionado y transversal como el brindado por el pueblo ceutí. No solo en la Gran Vía… sino en toda la ciudad. En cada calle. En cada esquina.
Una multitud entregada abarrotaba cada metro de la vía pública jalonada con miles de banderas de España y de la ciudad autónoma. Los «vivas« a la Corona se entrelazaban con proclamas nacidas del sentimiento de resistencia: «¡Viva el Rey!», «¡Ceuta no se vende, Ceuta se defiende!», «¡Ceuta unida jamás será vencida!» y los acordes espontáneos del «Yo soy español, español, español…». Don Felipe y Doña Letizia rompieron el protocolo de forma sistemática para estrechar cientos de manos, recoger cartas y abrazar a unos ciudadanos desbordados por la emoción. «Esto no es solo un viaje protocolario; es la confirmación definitiva de que Ceuta no está sola y de que el Estado nos ampara», expresaba entre lágrimas María del Carmen, una vecina que aguardaba desde primera hora frente al Palacio Presidencial.
El fervor popular alcanzó su cénit cuando, tras la reunión de trabajo con el Consejo de Gobierno, la entrega de las Llaves de la Ciudad y la interpretación del Himno Nacional, los Reyes se asomaron al balcón principal del Palacio de la Asamblea junto al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas. Él era el otro gran ovacionado: «Presidente, presidente…». Del delegado del Gobierno, apenas unos tímidos pitos. No ha lugar en esta crónica de alborozo para ello.
Sigamos con el primer recorrido hacia el Palacio presidencial: la plaza rompió en una atronadora ovación bajo el grito unánime de «¡Felipe, Felipe!», reeditando la estampa icónica que ya forma parte de la memoria colectiva del enclave. La estampa de la ciudadanía entregada a sus Reyes, como símbolo e institución angular de su unión con España fue una constante en toda la jornada.
Así, tras el baño de masas matutino en el centro, la agenda vespertina ideada con acierto por la Casa del Rey —el objetivo era una puesta en escena que acercara los Reyes a los ceutíes— trasladó a los Reyes al corazón social y humano de los barrios ceutíes. A las 16:45 horas, Sus Majestades llegaron al colegio público Vicente Alexandre en el humilde barrio de Manzanera.
Entre pancartas elaboradas por los propios alumnos y banderas agitadas por los escolares, los Reyes quisieron conocer de primera mano el esfuerzo de la comunidad educativa por preservar la convivencia e integración tras los dramáticos acontecimientos del verano. «Que los Reyes hayan querido estar aquí, con nuestros hijos, en un barrio sencillo, nos llena de orgullo y nos devuelve la confianza», relataba a las puertas del centro Ahmed, padre de dos estudiantes.
Los Reyes también compartieron clase con niños y luego departieron con ellos, chocaron manos… y los menores gritaban, repartían sonrisas y buscaban el autógrafo real.
A las 18:00 horas, la visita alcanzó su momento de mayor gravedad y recogimiento en el cementerio de Sidi Embarek. Ante las hileras de sepulturas donde reposan las víctimas de la tragedia del mar de los pasados 30 y 31 de julio, los Reyes guardaron un estremecedor minuto de silencio en presencia de los líderes de las cuatro confesiones que vertebran la ciudad —cristiana, musulmana, judía e hindú—. Doña Letizia, visiblemente conmovida ante la memoria de la mujer y el niño fallecidos en aquella negra jornada, mantuvo una actitud de profunda consternación.
Sin embargo, a la salida del recinto sagrado se vivió un emocionante contraste: cientos de vecinos de la comunidad musulmana abarrotaron los alrededores del camposanto para arropar a los Reyes entre aplausos, muestras de afecto, estrechamientos de manos y solicitudes de selfies a los que Sus Majestades respondieron con absoluta cercanía. Muchos de estos ciudadanos tenían enrollada la bandera de España, que ocupaba lugar en los edificios de los barrios cercanos (Rosales o Juan Carlos I).
Mirada puesta en Melilla
El broche de la histórica jornada se celebró en el Parador de Ceuta, donde los Reyes ofrecieron una recepción a una amplísima representación de la sociedad civil ceutí. Era el 13-O, el otro día de la Fiesta Nacional para los ceutíes.
En un ambiente impregnado de solemnidad e intensidad emocional, Don Felipe pronunció un discurso de hondo calado político y constitucional, en el que trasladó la firmeza de la Corona ante la preservación de la soberanía nacional y la integridad territorial, recordando que la frontera de Ceuta es también la frontera de Europa e instando al retorno de quienes entraron de forma irregular.
«No estáis solos y no estaréis solos», proclamó el Monarca, garantizando el respaldo permanente del conjunto de la nación. El Rey se refirió a la calidez con la que fueron acogidos en todo momento por los ceutíes: «Nos ha tocado el corazón».
Tras este intenso baño de afecto y reafirmación institucional en Ceuta, la mirada se traslada ahora al otro lado de la costa norteafricana. Melilla aguarda ya con enorme expectación la llegada de los Reyes este 14 de octubre, donde Don Felipe y Doña Letizia completarán la segunda y última etapa de este viaje histórico, renovando el compromiso de la Corona con las dos plazas de soberanía española en el Norte de África.
«Viva el Rey, viva el Rey, viva el Rey, viva Letizia, viva Ceuta, viva España», gritaron los invitados para agradecer las palabras del Monarca.
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