Las alarmas saltaban esta semana en Europa después de que las autoridades francesas notificaran la primera muerte de una persona con el virus Shamonda , que hasta ahora solo se transmitía entre animales a través de las picaduras de mosquitos del género Culicoides. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) está investigando cómo se infectó el paciente, que recibía tratamiento para una enfermedad grave, lo que le hacía más susceptible a la infección y a tener complicaciones, y si el virus contribuyó a su muerte o la provocó. Mientras, las autoridades han pedido calma . El catedrático de Sanidad Animal e investigador en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) Christian Gortázar llama a huir del alarmismo, pues no cree que suponga un peligro para la salud de las personas. Pero reconoce por otro lado que el salto de enfermedades de animales a humanos será cada vez más frecuente.—¿Qué incógnitas hay sobre el virus Shamonda?—Primero habría que hablar de otro virus, del Schmallenberg, que entró en Europa hace unos diez años y se empezó a extender por el bovino. Sigue circulando por aquí y cursa con algunos síntomas pasajeros típicos de fiebres. Y, desafortunadamente, también algún problema reproductivo en los animales, sobre todo malformaciones y abortos. Ese virus pertenece exactamente a la misma familia y al mismo género que el Shamonda, que en principio se comporta de forma muy parecida. Apenas hay mortalidad en los animales adultos que se infectan, pero lo que sí puede ocurrir, y eso todavía el tiempo lo dirá, es que se asocie nuevamente a abortos, a mortalidad neonatal, a fetos malformados, etc. —¿De momento hay que preocuparse por el impacto en la salud humana?—En absoluto. Lo que hemos visto es un caso único, un solo evento. Y una cosa es la detección de un virus en una persona y otra cosa es que esa persona haya realmente fallecido por ese virus, que eso todavía está por demostrar y requiere mucha más investigación. Estamos hablando de una persona muy especial porque tenía una situación de inmunodepresión muy marcada; es decir, no es la persona media ni la susceptibilidad esperable en una persona en condiciones más o menos normales. Implica que merece la pena investigar ese tema un poco más, pero desde luego no hay que asustarse en absoluto. El ECDC está encima analizando ese caso y evaluando los riesgos que eso pueda implicar para las personas en Europa y en el resto del mundo. —¿La leche de las vacas contagiadas supone algún riesgo para las personas?—Ninguno, en absoluto. Ni por leche ni por carne ni por nada parecido. La transmisión de este tipo de virus es por vectores. A esa persona necesariamente le ha picado un Culicoides. Si no, es muy difícil y muy improbable que se haya contagiado.—¿Es probable que veamos más casos en humanos?Yo diría que es muy improbable, pero precisamente por haberse dado este primer caso, estoy seguro de que va a haber una atención mucho mayor a este tipo de cuestiones. Además, hay que tener en cuenta otra cosa: una persona con síntomas de tipo neurológico, indicando una encefalitis vírica o pudiendo ser compatible con una encefalitis vírica, también es muy común en otros virus transmitidos por vectores, como puede ser, por ejemplo, el virus de la fiebre del Nilo.Entonces supongo que desde ahora, sobre todo si se llega a la conclusión de que realmente Shamonda está detrás de la clínica del paciente, que está por demostrar, se considerará también Shamonda como diagnóstico diferencial del virus de la fiebre del Nilo. Y como al año se hacen muchas investigaciones sobre ello, pues a lo mejor aparece algún caso esporádico más, no podríamos descartarlo.—¿Entre los animales es probable que se extienda a más zonas?—Si Shamonda sigue la misma evolución que Smallenberg, virus que está presente en todas partes, lo normal es que igualmente se propague. ¿Qué ocurre? Que la primera vez que entra un virus en una población animal al principio causa un cierto impacto porque todos los animales están receptivos para ese virus, pero una vez ha circulado durante una o dos temporadas ya todos los animales adultos tienen anticuerpos frente a ese virus. Así, no se van a ver afectados y como mucho se pueden ver afectadas las novillas, los animales nuevos que entren en la población y que no tengan esa defensa ya adquirida. De modo que si el impacto actual es relativamente bajo, el impacto cuando se difunda más va a ser aún menor.—¿Y ese salto de animal a humano lo vamos a ver cada vez con más frecuencia en más enfermedades?—Desafortunadamente sí. Primero, porque cada vez nos movemos más por el mundo, nosotros, nuestros animales, nuestros productos, etc., con lo cual aumentamos el riesgo de que cualquier patógeno que emerja en una esquina del mundo aparezca en la otra rápidamente. Y dos, porque nuestra tecnología actual nos permite ser mucho más finos en la detección de esas emergencias. A lo mejor hace 20 o 30 años emergía algo y ni nos enterábamos porque no teníamos tanta tecnología para detectarlo. Las alarmas saltaban esta semana en Europa después de que las autoridades francesas notificaran la primera muerte de una persona con el virus Shamonda , que hasta ahora solo se transmitía entre animales a través de las picaduras de mosquitos del género Culicoides. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) está investigando cómo se infectó el paciente, que recibía tratamiento para una enfermedad grave, lo que le hacía más susceptible a la infección y a tener complicaciones, y si el virus contribuyó a su muerte o la provocó. Mientras, las autoridades han pedido calma . El catedrático de Sanidad Animal e investigador en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) Christian Gortázar llama a huir del alarmismo, pues no cree que suponga un peligro para la salud de las personas. Pero reconoce por otro lado que el salto de enfermedades de animales a humanos será cada vez más frecuente.—¿Qué incógnitas hay sobre el virus Shamonda?—Primero habría que hablar de otro virus, del Schmallenberg, que entró en Europa hace unos diez años y se empezó a extender por el bovino. Sigue circulando por aquí y cursa con algunos síntomas pasajeros típicos de fiebres. Y, desafortunadamente, también algún problema reproductivo en los animales, sobre todo malformaciones y abortos. Ese virus pertenece exactamente a la misma familia y al mismo género que el Shamonda, que en principio se comporta de forma muy parecida. Apenas hay mortalidad en los animales adultos que se infectan, pero lo que sí puede ocurrir, y eso todavía el tiempo lo dirá, es que se asocie nuevamente a abortos, a mortalidad neonatal, a fetos malformados, etc. —¿De momento hay que preocuparse por el impacto en la salud humana?—En absoluto. Lo que hemos visto es un caso único, un solo evento. Y una cosa es la detección de un virus en una persona y otra cosa es que esa persona haya realmente fallecido por ese virus, que eso todavía está por demostrar y requiere mucha más investigación. Estamos hablando de una persona muy especial porque tenía una situación de inmunodepresión muy marcada; es decir, no es la persona media ni la susceptibilidad esperable en una persona en condiciones más o menos normales. Implica que merece la pena investigar ese tema un poco más, pero desde luego no hay que asustarse en absoluto. El ECDC está encima analizando ese caso y evaluando los riesgos que eso pueda implicar para las personas en Europa y en el resto del mundo. —¿La leche de las vacas contagiadas supone algún riesgo para las personas?—Ninguno, en absoluto. Ni por leche ni por carne ni por nada parecido. La transmisión de este tipo de virus es por vectores. A esa persona necesariamente le ha picado un Culicoides. Si no, es muy difícil y muy improbable que se haya contagiado.—¿Es probable que veamos más casos en humanos?Yo diría que es muy improbable, pero precisamente por haberse dado este primer caso, estoy seguro de que va a haber una atención mucho mayor a este tipo de cuestiones. Además, hay que tener en cuenta otra cosa: una persona con síntomas de tipo neurológico, indicando una encefalitis vírica o pudiendo ser compatible con una encefalitis vírica, también es muy común en otros virus transmitidos por vectores, como puede ser, por ejemplo, el virus de la fiebre del Nilo.Entonces supongo que desde ahora, sobre todo si se llega a la conclusión de que realmente Shamonda está detrás de la clínica del paciente, que está por demostrar, se considerará también Shamonda como diagnóstico diferencial del virus de la fiebre del Nilo. Y como al año se hacen muchas investigaciones sobre ello, pues a lo mejor aparece algún caso esporádico más, no podríamos descartarlo.—¿Entre los animales es probable que se extienda a más zonas?—Si Shamonda sigue la misma evolución que Smallenberg, virus que está presente en todas partes, lo normal es que igualmente se propague. ¿Qué ocurre? Que la primera vez que entra un virus en una población animal al principio causa un cierto impacto porque todos los animales están receptivos para ese virus, pero una vez ha circulado durante una o dos temporadas ya todos los animales adultos tienen anticuerpos frente a ese virus. Así, no se van a ver afectados y como mucho se pueden ver afectadas las novillas, los animales nuevos que entren en la población y que no tengan esa defensa ya adquirida. De modo que si el impacto actual es relativamente bajo, el impacto cuando se difunda más va a ser aún menor.—¿Y ese salto de animal a humano lo vamos a ver cada vez con más frecuencia en más enfermedades?—Desafortunadamente sí. Primero, porque cada vez nos movemos más por el mundo, nosotros, nuestros animales, nuestros productos, etc., con lo cual aumentamos el riesgo de que cualquier patógeno que emerja en una esquina del mundo aparezca en la otra rápidamente. Y dos, porque nuestra tecnología actual nos permite ser mucho más finos en la detección de esas emergencias. A lo mejor hace 20 o 30 años emergía algo y ni nos enterábamos porque no teníamos tanta tecnología para detectarlo.
Las alarmas saltaban esta semana en Europa después de que las autoridades francesas notificaran la primera muerte de una persona con el virus Shamonda, que hasta ahora solo se transmitía entre animales a través de las picaduras de mosquitos del género Culicoides. El Centro … Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) está investigando cómo se infectó el paciente, que recibía tratamiento para una enfermedad grave, lo que le hacía más susceptible a la infección y a tener complicaciones, y si el virus contribuyó a su muerte o la provocó. Mientras, las autoridades han pedido calma. El catedrático de Sanidad Animal e investigador en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) Christian Gortázar llama a huir del alarmismo, pues no cree que suponga un peligro para la salud de las personas. Pero reconoce por otro lado que el salto de enfermedades de animales a humanos será cada vez más frecuente.
—¿Qué incógnitas hay sobre el virus Shamonda?
—Primero habría que hablar de otro virus, del Schmallenberg, que entró en Europa hace unos diez años y se empezó a extender por el bovino. Sigue circulando por aquí y cursa con algunos síntomas pasajeros típicos de fiebres. Y, desafortunadamente, también algún problema reproductivo en los animales, sobre todo malformaciones y abortos. Ese virus pertenece exactamente a la misma familia y al mismo género que el Shamonda, que en principio se comporta de forma muy parecida. Apenas hay mortalidad en los animales adultos que se infectan, pero lo que sí puede ocurrir, y eso todavía el tiempo lo dirá, es que se asocie nuevamente a abortos, a mortalidad neonatal, a fetos malformados, etc.
—¿De momento hay que preocuparse por el impacto en la salud humana?
—En absoluto. Lo que hemos visto es un caso único, un solo evento. Y una cosa es la detección de un virus en una persona y otra cosa es que esa persona haya realmente fallecido por ese virus, que eso todavía está por demostrar y requiere mucha más investigación. Estamos hablando de una persona muy especial porque tenía una situación de inmunodepresión muy marcada; es decir, no es la persona media ni la susceptibilidad esperable en una persona en condiciones más o menos normales. Implica que merece la pena investigar ese tema un poco más, pero desde luego no hay que asustarse en absoluto. El ECDC está encima analizando ese caso y evaluando los riesgos que eso pueda implicar para las personas en Europa y en el resto del mundo.
—¿La leche de las vacas contagiadas supone algún riesgo para las personas?
—Ninguno, en absoluto. Ni por leche ni por carne ni por nada parecido. La transmisión de este tipo de virus es por vectores. A esa persona necesariamente le ha picado un Culicoides. Si no, es muy difícil y muy improbable que se haya contagiado.
—¿Es probable que veamos más casos en humanos?
Yo diría que es muy improbable, pero precisamente por haberse dado este primer caso, estoy seguro de que va a haber una atención mucho mayor a este tipo de cuestiones. Además, hay que tener en cuenta otra cosa: una persona con síntomas de tipo neurológico, indicando una encefalitis vírica o pudiendo ser compatible con una encefalitis vírica, también es muy común en otros virus transmitidos por vectores, como puede ser, por ejemplo, el virus de la fiebre del Nilo.
Entonces supongo que desde ahora, sobre todo si se llega a la conclusión de que realmente Shamonda está detrás de la clínica del paciente, que está por demostrar, se considerará también Shamonda como diagnóstico diferencial del virus de la fiebre del Nilo. Y como al año se hacen muchas investigaciones sobre ello, pues a lo mejor aparece algún caso esporádico más, no podríamos descartarlo.
—¿Entre los animales es probable que se extienda a más zonas?
—Si Shamonda sigue la misma evolución que Smallenberg, virus que está presente en todas partes, lo normal es que igualmente se propague. ¿Qué ocurre? Que la primera vez que entra un virus en una población animal al principio causa un cierto impacto porque todos los animales están receptivos para ese virus, pero una vez ha circulado durante una o dos temporadas ya todos los animales adultos tienen anticuerpos frente a ese virus. Así, no se van a ver afectados y como mucho se pueden ver afectadas las novillas, los animales nuevos que entren en la población y que no tengan esa defensa ya adquirida. De modo que si el impacto actual es relativamente bajo, el impacto cuando se difunda más va a ser aún menor.
—¿Y ese salto de animal a humano lo vamos a ver cada vez con más frecuencia en más enfermedades?
—Desafortunadamente sí. Primero, porque cada vez nos movemos más por el mundo, nosotros, nuestros animales, nuestros productos, etc., con lo cual aumentamos el riesgo de que cualquier patógeno que emerja en una esquina del mundo aparezca en la otra rápidamente. Y dos, porque nuestra tecnología actual nos permite ser mucho más finos en la detección de esas emergencias. A lo mejor hace 20 o 30 años emergía algo y ni nos enterábamos porque no teníamos tanta tecnología para detectarlo.
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