Este martes, más de 7,2 millones de personas están llamadas a las urnas en el cuarteado mapa de Israel, Palestina y otros territorios ocupados.
Los sondeos auguran una debacle para el Likud de Beniamin Netanyahu, pero los partidos de la oposición tampoco obtienen un pronóstico favorable para un futuro gobierno
Este martes, más de 7,2 millones de personas están llamadas a las urnas en el cuarteado mapa de Israel, Palestina y otros territorios ocupados.
La democracia israelí se basa en un sistema parlamentario. La Kneset, el parlamento de 120 escaños, elige a los miembros del futuro gobierno: el primer ministro y sus ministros (también al presidente del país, aunque este tiene un mandato más largo, de siete años). En principio, los israelíes deberían elegir los partidos que forman el parlamento cada cuatro años, sin embargo, en la práctica, pocas legislaturas han logrado completar su mandato íntegro. Entre el 2019 y el 2022, Israel celebró cinco elecciones, por la fragilidad de las coaliciones gubernamentales.
He aquí las claves de un sistema que aboca a los partidos a entenderse entre sí:
¿Cómo funciona el sistema electoral israelí?
La ley electoral israelí establece una circunscripción única. Se presentan 38 formaciones, aunque se espera que poco más de una quincena supere el umbral del 3,25 % del voto necesario (unos tres escaños) para conseguir entrar en la Kneset. Los escaños se asignan mediante un sistema de representación proporcional a las listas nacionales de los partidos. Por ejemplo, si el partido Aleph recibe el 20% del voto nacional, obtiene el 20% de los 120 escaños de la Kneset: los 24 primeros candidatos de la lista serán diputados.
Todas las formaciones son conscientes de que para formar parte del gobierno tendrán que pactar y formar incómodos matrimonios de conveniencia. Todo apunta a que el hemiciclo resultante se dividirá en tres bloques: la coalición actual de gobierno -el Likud (de Beniamin Netanyahu) y los partidos de extrema derecha y ultraortodoxos-, la oposición moderada sionista (liderada por el ex general Gadi Eisenkot), y los partidos árabes.
¿Quién puede votar?
Todo aquel que posea un pasaporte y nacionalidad israelí podrá votar. Eso incluye a cerca de seis millones de judíos y a unos 1,2 millones de árabes israelíes, uno de cada seis votantes. Son los palestinos que se quedaron dentro de las fronteras originales de Israel en 1948, y sus descendientes. Su voto siempre ha sido incómodo para la derecha.
Las urnas llegarán también a los más de 200 asentamientos de Cisjordania, ilegales según el derecho internacional. Allí viven cerca de medio millón de colonos, el gran caladero de votos de Poder Judío, de Itamar Ben Gvir, y de Sionismo Religioso, de Bezalel Smotrich. Ambos partidos, que esta vez concurren por separado, abogan abiertamente por la anexión de Cisjordania.
Los cerca de tres millones de palestinos que viven en Cisjordania, bajo el mandato de la Autoridad Palestina, no tienen derecho a voto. Los palestinos de Jerusalén Este, unos 350.000, tampoco.
Los que sí lo harán, en cambio, incluso fuera de sus fronteras, son los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel. Desde la semana pasada, el Ejército ha desplegado unas 850 mesas, una cuarta parte de ellas móviles, que recorren sus 40 puestos en la franja de Gaza, sus posiciones en el sur del Líbano, nueve bases en Siria y varios buques de guerra.
¿Qué dicen los sondeos?
Los sondeos llevan meses pronosticando una fuerte caída para el partido Likud de Netanyahu. Pero una alianza rival de partidos de la derecha, la izquierda y el centro que busca desbancarlo tampoco tiene el camino despejado hacia el poder. Se esperan, entonces, meses de estancamiento político con Netanyahu posiblemente al frente de un gobierno en funciones.
Los gobiernos de coalición otorgan a los partidos pequeños una gran influencia sobre quién es nombrado primer ministro y cuánto tiempo permanece en el cargo. Netanyahu, por ejemplo, ha dependido de los partidos judíos ultraortodoxos para su supervivencia política, una dependencia que se ha visto en temas como la exención del servicio militar.
¿Cuáles son los principales partidos?
La coalición de Netanyahu está integrada por su propio partido de derecha, el Likud; el partido Sionismo Religioso —partidario de los asentamientos y liderado por el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich—; y la formación de extrema derecha Poder Judío, encabezada por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir. Los partidos judíos ultraortodoxos, Judaísmo Unido de la Torá y Shas, abandonaron el gobierno en el 2025, aunque han contribuido a sostenerlo.
Entre quienes buscan desbancar a Netanyahu se encuentran:
– Yashar (que en hebreo significa “honesto”), de Gadi Eisenkot. El exjefe militar, de 66 año, que perdió a un hijo en combate en Gaza y ha proyectado una imagen de figura ajena a la política tradicional. El candidato favorito en la mayoría de encuestas.
– Juntos, del ex primer ministro Naftali Bennett, de 54 años —exmiembro de unidades de élite, antiguo colaborador de Netanyahu y millonario del sector tecnológico—, y el ex primer ministro centrista Yair Lapid.
– Israel, Nuestro Hogar, liderado por Avigdor Lieberman. El exministro de Defensa, de 68 años, fue en su día un estrecho aliado de Netanyahu. Con una postura aún más radical en materia de seguridad que su antiguo jefe. Cuenta con el apoyo de la comunidad de inmigrantes provenientes de la antigua Unión Soviética.
– Hadash, Taal, Raam y Balad: cuatro partidos que representan en gran medida a la minoría árabe, que constituye el 20% de la población.
– Demócratas: formación de izquierda encabezada por el exgeneral Yair Golan, de 64 años. Ha sido elogiado por rescatar a personas en uno de los lugares atacados por Hamás el 7 de octubre.
¿Cuándo conoceremos los resultados?
A las 22.00 hora local de este martes, los medios de comunicación israelíes publicarán sondeos a pie de urna, que ofrecerán una primera impresión sobre el voto, aunque los sondeos sugieren que es poco probable que estos perfilen un ganador claro. Se esperan resultados preliminares al día siguiente, mientras que la publicación de los resultados oficiales está prevista para el 4 de noviembre.
Tras consultar con los líderes de los partidos, el presidente Isaac Herzog invitará a aquel líder que, a su juicio, tenga mayores probabilidades de formar gobierno a que lo intente. Este proceso puede prolongarse más de un mes; si fracasa, el presidente dará la oportunidad a otro líder. Si este segundo intento también fracasa, los legisladores podrán solicitar al presidente que permita a un tercer líder intentarlo. Si esto tampoco da resultado, se convocarán nuevas elecciones.
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