“Ni un solo centavo del presupuesto nacional para el Mundial de fútbol”. Belisario Betancur demostró que no iba de farol cuando, tras tomar posesión del cargo presidencial en agosto de 1982, cumplió con una de sus consignas de campaña: Colombia no destinaría unos recursos de los que no disponía ni se endeudaría para financiar la organización de la fase final del Mundial de 1986.
En una alocución pública, el presidente Belisario Betancur anunció que el país renunciaba a organizar la fase final de la Copa del Mundo de fútbol de 1986 para priorizar gastos sociales
“Ni un solo centavo del presupuesto nacional para el Mundial de fútbol”. Belisario Betancur demostró que no iba de farol cuando, tras tomar posesión del cargo presidencial en agosto de 1982, cumplió con una de sus consignas de campaña: Colombia no destinaría unos recursos de los que no disponía ni se endeudaría para financiar la organización de la fase final del Mundial de 1986.
Si la inversión privada no podía hace frente a las inversiones necesarias y requeridas por la FIFA –y resultaba evidente que no podía hacerlo–, Colombia 86 pasaría de ser un ambicioso proyecto a una vana ilusión, y Betancur apenas necesitó dos meses para confirmarlo. Fue así como el 25 de octubre de 1982 se dirigió al país a través de la radio y la televisión públicas para confirmar, en una breve alocución, que el país renunciaba a ser la sede del Mundial que debía disputarse menos de tres años después. Es el documento que ofrecemos tal y como lo reprodujo en periódico local El Espectador y numerosos medios internacionales.
El nuevo presidente explicó que Colombia no podía permitirse las inversiones que requería la cita y exigía la FIFA. En su lugar, el mandatario priorizaba una gran reforma social que requería dar prioridad a ámbitos como la sanidad, la educación y el fomento del empleo, como se había comprometido en campaña. A la voluntad política se sumaba un contexto de fuerte recesión debido a la caída del precio del café y el auge del narcotráfico. Otrosí de la amenaza que suponía la intensa actividad guerrillera ante una cita de este calibre.
Las exigencias de la FIFA al comité organizador tampoco eran menores: 12 estadios de un aforo mínimo 40.000 espectadores para acoger la primera fase; cuatro de al menos 60.000 espectadores para las eliminatorias y dos de más de 80.000 para la inauguración y la final. Un pliego de exigencias que no era realista, ya que la candidatura se había presentado con apenas cinco estadios y la FIFA habría tenido que rebajar sus pretensiones hasta el mínimo.

A todo ello se añadían unos requisitos mínimos para aeropuertos, carreteras y ferrocarriles que conectasen las sedes. Más allá de estas importantes inversiones en infraestructuras, el país también debía garantizar la libre circulación de divisas extranjeras, congelar sus tarifas hoteleras y reducir la carga fiscal sobre entradas y comisiones de agencias.
Una suma de cargas que, para el mandatario, rompían lo que definió como la “regla de oro”: el Mundial debía servir a Colombia, no Colombia al Mundial. Y, sin el Estado detrás, a la Federación Colombiana de Fútbol no le quedó otra que anunciar oficialmente la renuncia a la FIFA ese mismo mes de noviembre, después de la dimisión como presidente de Alfonso Senior Quevedo, principal impulsor de la candidatura. “Colombia es un país enano al que no le quedan bien las cosas grandes… Yo quería para Colombia algo de ese porte, y Colombia me falló”, señaló al despedirse quien también había sido fundador y presidente del club Millonarios.
Pese a que la FIFA podía aplicar duras sanciones, la retirada de Colombia no llegó a tener consecuencias federativas
El orgullo del país se veía, lógicamente, afectado. Pero Colombia tenía motivos para sacar pecho justo en ese momento. Como un capricho del destino, el 21 de octubre, cuatro días antes de la alocución de Betancur, la Academia Sueca anunciaba la concesión del premio Nobel de Literatura al colombiano Gabriel García Márquez. Y el presidente no dudó en apelar a ello. El realismo mágico salía al rescate del pragmatismo político.
Como la candidatura colombiana había sido la única en aspirar a la celebración de la fase final de este Mundial, que le fue concedida por la unanimidad del comité ejecutivo en 1974, la FIFA tuvo que poner su maquinaria rápidamente en marcha para abrir otro proceso de selección. Y en mayo de 1983 anunció que México sería la nueva sede.
Estados Unidos, Canadá y Brasil también se postularon, aunque Brasil acabó renunciando. Como México ya había albergado la cita en 1970 buena parte de la infraestructura necesaria estaba operativa y su nueva candidatura fue elegida, de nuevo, por unanimidad. Era la primera vez que el Mundial repetía sede, y lo hacía por un motivo práctico y de urgencia.
Pese a que la FIFA podía aplicar duras sanciones a Colombia, su renuncia no llegó a tener consecuencias federativas. Su selección, de hecho, disputó el torneo clasificatorio de la Conmebol y quedó eliminada en la fase de grupos. Disputó la repesca, pero tampoco logró clasificarse. Décadas después se postuló para albergar el Mundial sub-20, que acogió en el 2011. Fue la primera cita de la FIFA que, esta vez sí, se disputó en el país.
“Como preservamos el bien público, como sabemos que el desperdicio es imperdonable, anuncio a mis compatriotas que el Mundial de Fútbol de 1986 no se celebrará en Colombia.
Previa consulta democrática sobre cuáles son nuestras necesidades reales determinamos que no se cumplió la regla de oro, consistente en que el Mundial debería servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial.
El Mundial debería servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial
Tenemos muchas cosas que hacer y no disponemos de tiempo suficiente para atender las exigencias de la FIFA y de sus socios.
Gabriel García Márquez nos compensa totalmente lo que perdamos de vitrina con el Mundial de fútbol.”
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