El Rey no puede ir desnudo y por ello Cumbres iberoamericanas como la acontecida en Madrid no pueden volver a celebrarse. Y menos con España como anfitriona. Hay que repensar el formato, la dinámica o su propia existencia.No es una opinión desde el pesimismo, la desafección por el «iberoamericanismo» (cuánto ha cambiado nuestra relación en tan pocos años) o el descreimiento de este tipo de citas (conozco bien las de la OTAN e incluso esas parecen prescindibles). El baremo del éxito o fracaso de la Cumbre Iberoamericana de Madrid no podía ser la anterior -la de Cuenca (Ecuador)- como han tratado de vendernos en múltiples artículos. Aquella ni asistieron todas las delegaciones. No, así no. Esta de Madrid estaba pensada para otra comparación, otros tiempos de grandeza diplomática (29 millones costó su organización logística, según lo aprobado en el Consejo de Ministros del 16 de junio) y en la última semana se desvaneció la posibilidad de que así fuera (con el no de Sheinbaum y Lula da Silva). La espléndida sala de prensa no estuvo en ningún momento ni al 50% de ocupación. No fue esa gran Cumbre de Madrid que en el Ministerio de Exteriores planearon.El resultado reincide en el dilema de fondo: ¿qué sentido tiene este formato si sus propios mandatarios no consideran prioritaria su asistencia? Solo 7 de 19 líderes americanos vinieron. Portugal, Andorra y España son los otros tres que no faltaron. Todos forman el club de los 22. De esos siete que asistieron -muchas gracias, por cierto, a los jefes de Estado de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana), uno no estuvo presente en la jornada inaugural por desavenencias con el Gobierno anfitrión. ¡Solo seis de 19 en la inauguración oficial! ¿Ni se pudieron solventar diferencias y asegurarnos un clima menos frentista con el presidente de Argentina aunque estén en las antípodas ideológicas? La respuesta es no. La diplomacia previa ni estuvo ni funcionó con Argentina. «Un saludo frío», fue el titular.El momento cumbre de la Cumbre EFELa diferencia de si asiste un jefe de Estado o un ministro de Exteriores no es meramente protocolaria. Estas citas nacieron para reunir a los máximos dirigentes y hacer diplomacia de alto nivel. Sin más de la mitad de los líderes, el encuentro perdió su naturaleza desde el inicio.Madrid evitó el colapso de Cuenca, de acuerdo. Pero no el problema estructural: la pérdida de atractivo político del foro. Gran parte del discurso oficial orbitó sobre la necesidad autocomplaciente de reivindicar la vigencia de las propias Cumbres. Convertir la defensa de la institución -«el sistema de cumbres iberoamericanas»- en el mensaje principal de una reunión de jefes de Estado es un síntoma innegable de agotamiento. La utilidad de un foro se demuestra con compromisos estratégicos, no justificando su continuidad.La organización intentó maquillar el vacío político exhibiendo cinco acuerdos sectoriales, que bien pueden alcanzarse con reuniones ministeriales ‘google meet’ o trabajos de equipo técnicos ‘ad hoc’:Una alianza iberoamericana de Inteligencia Artificial. Algún día sabremos cómo nos impactará Una carta de movilidad académica con avances para la homologación de títulos universitarios y movilidad docente. Carta iberoamericana de cuidados y apoyos. Red de reducción del riesgo de desastres y protección civil: cooperación técnica ante emergencias climáticas. Una estrategia Iberoamericana de Cooperación 2027-2030: hoja de ruta para canalizar programas de la Secretaría General Iberoamericana (Segib).Son iniciativas útiles, pero revelan el déficit de fondo. Facilitar la homologación de títulos universitarios o coordinar emergencias son metas encomiables, pero corresponden a reuniones de Ministros de Educación o del Interior. Elevar la burocracia técnica al rango de gran logro presidencial, con Su Majestad el Rey teniendo que moderar y dar la palabra a presidentes, vicepresidentes o ministros confirma que, a falta de peso político, el foro se atrincheraba en la gestión de su propia infraestructura. Por su parte, la Cumbre eludió otros verdaderos debates que asfixian la región: calidad democrática, presos políticos, flujos migratorios, vivienda, sanidad, derechos de las mujeres, brecha educativa en los países… nada de eso está en la agenda porque provocaría la división que nunca vende en aras de la diplomacia.Madrid ha permitido mantener vivo el mecanismo -el sistema- , pero no ha despejado las dudas sobre su relevancia. El desafío no es organizar otra fotografía de familia con líderes ausentes, sino recuperar los incentivos para que los presidentes quieran estar en ella. Y ni México, Brasil o Colombia tienen interés ya en esta cita. Así lo han hecho saber cuando correspondía. En 2028 le toca a Honduras y en 2030 ya lo sabremos. El Rey no puede ir desnudo y por ello Cumbres iberoamericanas como la acontecida en Madrid no pueden volver a celebrarse. Y menos con España como anfitriona. Hay que repensar el formato, la dinámica o su propia existencia.No es una opinión desde el pesimismo, la desafección por el «iberoamericanismo» (cuánto ha cambiado nuestra relación en tan pocos años) o el descreimiento de este tipo de citas (conozco bien las de la OTAN e incluso esas parecen prescindibles). El baremo del éxito o fracaso de la Cumbre Iberoamericana de Madrid no podía ser la anterior -la de Cuenca (Ecuador)- como han tratado de vendernos en múltiples artículos. Aquella ni asistieron todas las delegaciones. No, así no. Esta de Madrid estaba pensada para otra comparación, otros tiempos de grandeza diplomática (29 millones costó su organización logística, según lo aprobado en el Consejo de Ministros del 16 de junio) y en la última semana se desvaneció la posibilidad de que así fuera (con el no de Sheinbaum y Lula da Silva). La espléndida sala de prensa no estuvo en ningún momento ni al 50% de ocupación. No fue esa gran Cumbre de Madrid que en el Ministerio de Exteriores planearon.El resultado reincide en el dilema de fondo: ¿qué sentido tiene este formato si sus propios mandatarios no consideran prioritaria su asistencia? Solo 7 de 19 líderes americanos vinieron. Portugal, Andorra y España son los otros tres que no faltaron. Todos forman el club de los 22. De esos siete que asistieron -muchas gracias, por cierto, a los jefes de Estado de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana), uno no estuvo presente en la jornada inaugural por desavenencias con el Gobierno anfitrión. ¡Solo seis de 19 en la inauguración oficial! ¿Ni se pudieron solventar diferencias y asegurarnos un clima menos frentista con el presidente de Argentina aunque estén en las antípodas ideológicas? La respuesta es no. La diplomacia previa ni estuvo ni funcionó con Argentina. «Un saludo frío», fue el titular.El momento cumbre de la Cumbre EFELa diferencia de si asiste un jefe de Estado o un ministro de Exteriores no es meramente protocolaria. Estas citas nacieron para reunir a los máximos dirigentes y hacer diplomacia de alto nivel. Sin más de la mitad de los líderes, el encuentro perdió su naturaleza desde el inicio.Madrid evitó el colapso de Cuenca, de acuerdo. Pero no el problema estructural: la pérdida de atractivo político del foro. Gran parte del discurso oficial orbitó sobre la necesidad autocomplaciente de reivindicar la vigencia de las propias Cumbres. Convertir la defensa de la institución -«el sistema de cumbres iberoamericanas»- en el mensaje principal de una reunión de jefes de Estado es un síntoma innegable de agotamiento. La utilidad de un foro se demuestra con compromisos estratégicos, no justificando su continuidad.La organización intentó maquillar el vacío político exhibiendo cinco acuerdos sectoriales, que bien pueden alcanzarse con reuniones ministeriales ‘google meet’ o trabajos de equipo técnicos ‘ad hoc’:Una alianza iberoamericana de Inteligencia Artificial. Algún día sabremos cómo nos impactará Una carta de movilidad académica con avances para la homologación de títulos universitarios y movilidad docente. Carta iberoamericana de cuidados y apoyos. Red de reducción del riesgo de desastres y protección civil: cooperación técnica ante emergencias climáticas. Una estrategia Iberoamericana de Cooperación 2027-2030: hoja de ruta para canalizar programas de la Secretaría General Iberoamericana (Segib).Son iniciativas útiles, pero revelan el déficit de fondo. Facilitar la homologación de títulos universitarios o coordinar emergencias son metas encomiables, pero corresponden a reuniones de Ministros de Educación o del Interior. Elevar la burocracia técnica al rango de gran logro presidencial, con Su Majestad el Rey teniendo que moderar y dar la palabra a presidentes, vicepresidentes o ministros confirma que, a falta de peso político, el foro se atrincheraba en la gestión de su propia infraestructura. Por su parte, la Cumbre eludió otros verdaderos debates que asfixian la región: calidad democrática, presos políticos, flujos migratorios, vivienda, sanidad, derechos de las mujeres, brecha educativa en los países… nada de eso está en la agenda porque provocaría la división que nunca vende en aras de la diplomacia.Madrid ha permitido mantener vivo el mecanismo -el sistema- , pero no ha despejado las dudas sobre su relevancia. El desafío no es organizar otra fotografía de familia con líderes ausentes, sino recuperar los incentivos para que los presidentes quieran estar en ella. Y ni México, Brasil o Colombia tienen interés ya en esta cita. Así lo han hecho saber cuando correspondía. En 2028 le toca a Honduras y en 2030 ya lo sabremos.
El Rey no puede ir desnudo y por ello Cumbres iberoamericanas como la acontecida en Madrid no pueden volver a celebrarse. Y menos con España como anfitriona. Hay que repensar el formato, la dinámica o su propia existencia.
No es una opinión desde el … pesimismo, la desafección por el «iberoamericanismo» (cuánto ha cambiado nuestra relación en tan pocos años) o el descreimiento de este tipo de citas (conozco bien las de la OTAN e incluso esas parecen prescindibles). El baremo del éxito o fracaso de la Cumbre Iberoamericana de Madrid no podía ser la anterior -la de Cuenca (Ecuador)- como han tratado de vendernos en múltiples artículos. Aquella ni asistieron todas las delegaciones. No, así no.
Esta de Madrid estaba pensada para otra comparación, otros tiempos de grandeza diplomática (29 millones costó su organización logística, según lo aprobado en el Consejo de Ministros del 16 de junio) y en la última semana se desvaneció la posibilidad de que así fuera (con el no de Sheinbaum y Lula da Silva). La espléndida sala de prensa no estuvo en ningún momento ni al 50% de ocupación. No fue esa gran Cumbre de Madrid que en el Ministerio de Exteriores planearon.
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El resultado reincide en el dilema de fondo: ¿qué sentido tiene este formato si sus propios mandatarios no consideran prioritaria su asistencia? Solo 7 de 19 líderes americanos vinieron. Portugal, Andorra y España son los otros tres que no faltaron. Todos forman el club de los 22.
De esos siete que asistieron -muchas gracias, por cierto, a los jefes de Estado de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana), uno no estuvo presente en la jornada inaugural por desavenencias con el Gobierno anfitrión. ¡Solo seis de 19 en la inauguración oficial!
¿Ni se pudieron solventar diferencias y asegurarnos un clima menos frentista con el presidente de Argentina aunque estén en las antípodas ideológicas? La respuesta es no. La diplomacia previa ni estuvo ni funcionó con Argentina. «Un saludo frío», fue el titular.

(EFE)
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La diferencia de si asiste un jefe de Estado o un ministro de Exteriores no es meramente protocolaria. Estas citas nacieron para reunir a los máximos dirigentes y hacer diplomacia de alto nivel. Sin más de la mitad de los líderes, el encuentro perdió su naturaleza desde el inicio.
Madrid evitó el colapso de Cuenca, de acuerdo. Pero no el problema estructural: la pérdida de atractivo político del foro. Gran parte del discurso oficial orbitó sobre la necesidad autocomplaciente de reivindicar la vigencia de las propias Cumbres. Convertir la defensa de la institución -«el sistema de cumbres iberoamericanas»- en el mensaje principal de una reunión de jefes de Estado es un síntoma innegable de agotamiento. La utilidad de un foro se demuestra con compromisos estratégicos, no justificando su continuidad.
La organización intentó maquillar el vacío político exhibiendo cinco acuerdos sectoriales, que bien pueden alcanzarse con reuniones ministeriales ‘google meet’ o trabajos de equipo técnicos ‘ad hoc’:
-
Una alianza iberoamericana de Inteligencia Artificial. Algún día sabremos cómo nos impactará
-
Una carta de movilidad académica con avances para la homologación de títulos universitarios y movilidad docente.
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Carta iberoamericana de cuidados y apoyos.
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Red de reducción del riesgo de desastres y protección civil: cooperación técnica ante emergencias climáticas.
-
Una estrategia Iberoamericana de Cooperación 2027-2030: hoja de ruta para canalizar programas de la Secretaría General Iberoamericana (Segib).
Son iniciativas útiles, pero revelan el déficit de fondo. Facilitar la homologación de títulos universitarios o coordinar emergencias son metas encomiables, pero corresponden a reuniones de Ministros de Educación o del Interior. Elevar la burocracia técnica al rango de gran logro presidencial, con Su Majestad el Rey teniendo que moderar y dar la palabra a presidentes, vicepresidentes o ministros confirma que, a falta de peso político, el foro se atrincheraba en la gestión de su propia infraestructura.
Por su parte, la Cumbre eludió otros verdaderos debates que asfixian la región: calidad democrática, presos políticos, flujos migratorios, vivienda, sanidad, derechos de las mujeres, brecha educativa en los países… nada de eso está en la agenda porque provocaría la división que nunca vende en aras de la diplomacia.
Madrid ha permitido mantener vivo el mecanismo -el sistema- , pero no ha despejado las dudas sobre su relevancia. El desafío no es organizar otra fotografía de familia con líderes ausentes, sino recuperar los incentivos para que los presidentes quieran estar en ella. Y ni México, Brasil o Colombia tienen interés ya en esta cita. Así lo han hecho saber cuando correspondía. En 2028 le toca a Honduras y en 2030 ya lo sabremos.
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