Dicen que uno se recupera antes de un fracaso que de un éxito, pues el fracaso lleva a rectificar, pero el éxito condena a la reincidencia. Y el mayor éxito geopolítico de Marruecos fue la Marcha Verde. En otoño de 1975, España se encontraba en su máxima debilidad: Franco y su régimen agonizaban mientras la incertidumbre de la Transición paralizaba a todo el Estado. El rey Hassán II identificó con precisión quirúrgica esta debilidad y lanzó un desafío moral que hoy llamaríamos de guerra híbrida: la Marcha Verde. El 6 de noviembre de 1975, más de 350.000 civiles marroquíes, escoltados por 25.000 soldados y portando banderas verdes y copias del Corán, invadieron el Sahara Español. Hassán II había logrado trasladar a Madrid un chantaje humanitario utilizando a su propia población como arma: si el Ejército respondía con el uso legítimo de la fuerza contra esta masa de civiles, destruiría la legitimidad internacional que tanto ansiaba. Si no respondía, entregaría ‘de facto’ la soberanía del territorio. El Ejército español, a pesar de su absoluta superioridad, se vio maniatado y el resultado fue la segunda opción: España abandonó el Sahara, Marruecos lo ocupó contra las resoluciones de la ONU, y se firmaron los Acuerdos Tripartitos entre España, Mauritania y Marruecos, un paripé diplomático del que Mauritania se retiraría en 1979 y que Marruecos aprovecharía para ocupar toda esta parte sur.Tanto entonces como ahora, la dimensión geopolítica fue determinante: el subsuelo del Sahara alberga una de las mayores reservas de fosfatos del planeta, componente vital para los fertilizantes sintéticos que alimentan a una población global en expansión. Además, la corriente fría de las Canarias genera uno de los litorales pesqueros más ricos del mundo y se han encontrado amplios yacimientos de hidrocarburos en su plataforma continental. Por último, EE.UU. tenía un claro interés en inclinar la balanza saharaui hacia el lado marroquí para contrarrestar el acercamiento de la recién independizada Argelia a la URSS en plena Guerra Fría. Así, una crisis política española fue aprovechada por actores externos para cambiar el curso de la historia.Hoy, la historia se repite: Pedro Sánchez y su Gobierno se encuentran en una agonía semejante a la de su némesis franquista. Tras cuatro años sin presupuesto, en una minoría parlamentaria devenida en secuestro institucional, con su entorno político, gubernamental y familiar imputado, y tras haberse granjeado la enemistad de EE.UU. y otras naciones, España se encuentra, como en 1975, en un momento de máxima debilidad. No es de extrañar, pues, que Marruecos lo aproveche nuevamente y vuelva a utilizar a su población como arma geopolítica. Incentivos no le faltan: tras filtrarse que España había tratado secretamente al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, de Covid en un hospital de Logroño en abril de 2021, Marruecos desató un tsunami migratorio sobre Ceuta con la entrada masiva de 12.000 marroquíes, incluyendo 1.500 menores, lo que motivó la condena del Parlamento Europeo.Este chantaje logró su objetivo: al año siguiente, Sánchez aceptó unilateralmente la autonomía marroquí sobre el Sahara Occidental, quebrantando la neutralidad histórica española, las resoluciones de Naciones Unidas y el consenso internacional. Y como el triángulo Madrid-Rabat-Argel es un juego de suma cero, este sometimiento ante Marruecos desencadenó la venganza de Argel con la ruptura del Tratado de Amistad, la congelación de las relaciones comerciales y el mantenimiento del cierre del gasoducto GME a España justo cuando la guerra de Ucrania disparaba el precio de la energía.Esta semana, la visita oficial de Sánchez a Argelia para recuperar este suministro y recomponer relaciones con Argel ha provocado una nueva ofensiva migratoria de Marruecos sobre Ceuta que su presidente, Juan Jesús Vivas, ha cifrado en 60.000 ilegales, el 75% de su población habitual. Dadas las ambiciones de Marruecos por anexionarse tanto Ceuta como Melilla para legitimar su régimen internamente ante una endémica crisis socioeconómica con un desempleo juvenil del 37%, la preocupación de la sociedad española es máxima. Y es que la mejor ofensiva es aquella de la que no te puedes defender y, en este sentido, como ha demostrado Marruecos, los seres humanos son su mejor arma. En breve descubriremos si esta es una ofensiva migratoria más o estamos ante una nueva Marcha Verde en pleno siglo XXI.Juan Luis López Aranguren Profesor de Relaciones internacionales y autor de «El eje del mundo que viene». Universidad de Zaragoza Dicen que uno se recupera antes de un fracaso que de un éxito, pues el fracaso lleva a rectificar, pero el éxito condena a la reincidencia. Y el mayor éxito geopolítico de Marruecos fue la Marcha Verde. En otoño de 1975, España se encontraba en su máxima debilidad: Franco y su régimen agonizaban mientras la incertidumbre de la Transición paralizaba a todo el Estado. El rey Hassán II identificó con precisión quirúrgica esta debilidad y lanzó un desafío moral que hoy llamaríamos de guerra híbrida: la Marcha Verde. El 6 de noviembre de 1975, más de 350.000 civiles marroquíes, escoltados por 25.000 soldados y portando banderas verdes y copias del Corán, invadieron el Sahara Español. Hassán II había logrado trasladar a Madrid un chantaje humanitario utilizando a su propia población como arma: si el Ejército respondía con el uso legítimo de la fuerza contra esta masa de civiles, destruiría la legitimidad internacional que tanto ansiaba. Si no respondía, entregaría ‘de facto’ la soberanía del territorio. El Ejército español, a pesar de su absoluta superioridad, se vio maniatado y el resultado fue la segunda opción: España abandonó el Sahara, Marruecos lo ocupó contra las resoluciones de la ONU, y se firmaron los Acuerdos Tripartitos entre España, Mauritania y Marruecos, un paripé diplomático del que Mauritania se retiraría en 1979 y que Marruecos aprovecharía para ocupar toda esta parte sur.Tanto entonces como ahora, la dimensión geopolítica fue determinante: el subsuelo del Sahara alberga una de las mayores reservas de fosfatos del planeta, componente vital para los fertilizantes sintéticos que alimentan a una población global en expansión. Además, la corriente fría de las Canarias genera uno de los litorales pesqueros más ricos del mundo y se han encontrado amplios yacimientos de hidrocarburos en su plataforma continental. Por último, EE.UU. tenía un claro interés en inclinar la balanza saharaui hacia el lado marroquí para contrarrestar el acercamiento de la recién independizada Argelia a la URSS en plena Guerra Fría. Así, una crisis política española fue aprovechada por actores externos para cambiar el curso de la historia.Hoy, la historia se repite: Pedro Sánchez y su Gobierno se encuentran en una agonía semejante a la de su némesis franquista. Tras cuatro años sin presupuesto, en una minoría parlamentaria devenida en secuestro institucional, con su entorno político, gubernamental y familiar imputado, y tras haberse granjeado la enemistad de EE.UU. y otras naciones, España se encuentra, como en 1975, en un momento de máxima debilidad. No es de extrañar, pues, que Marruecos lo aproveche nuevamente y vuelva a utilizar a su población como arma geopolítica. Incentivos no le faltan: tras filtrarse que España había tratado secretamente al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, de Covid en un hospital de Logroño en abril de 2021, Marruecos desató un tsunami migratorio sobre Ceuta con la entrada masiva de 12.000 marroquíes, incluyendo 1.500 menores, lo que motivó la condena del Parlamento Europeo.Este chantaje logró su objetivo: al año siguiente, Sánchez aceptó unilateralmente la autonomía marroquí sobre el Sahara Occidental, quebrantando la neutralidad histórica española, las resoluciones de Naciones Unidas y el consenso internacional. Y como el triángulo Madrid-Rabat-Argel es un juego de suma cero, este sometimiento ante Marruecos desencadenó la venganza de Argel con la ruptura del Tratado de Amistad, la congelación de las relaciones comerciales y el mantenimiento del cierre del gasoducto GME a España justo cuando la guerra de Ucrania disparaba el precio de la energía.Esta semana, la visita oficial de Sánchez a Argelia para recuperar este suministro y recomponer relaciones con Argel ha provocado una nueva ofensiva migratoria de Marruecos sobre Ceuta que su presidente, Juan Jesús Vivas, ha cifrado en 60.000 ilegales, el 75% de su población habitual. Dadas las ambiciones de Marruecos por anexionarse tanto Ceuta como Melilla para legitimar su régimen internamente ante una endémica crisis socioeconómica con un desempleo juvenil del 37%, la preocupación de la sociedad española es máxima. Y es que la mejor ofensiva es aquella de la que no te puedes defender y, en este sentido, como ha demostrado Marruecos, los seres humanos son su mejor arma. En breve descubriremos si esta es una ofensiva migratoria más o estamos ante una nueva Marcha Verde en pleno siglo XXI.Juan Luis López Aranguren Profesor de Relaciones internacionales y autor de «El eje del mundo que viene». Universidad de Zaragoza
Dicen que uno se recupera antes de un fracaso que de un éxito, pues el fracaso lleva a rectificar, pero el éxito condena a la reincidencia. Y el mayor éxito geopolítico de Marruecos fue la Marcha Verde. En otoño de 1975, España se encontraba en … su máxima debilidad: Franco y su régimen agonizaban mientras la incertidumbre de la Transición paralizaba a todo el Estado. El rey Hassán II identificó con precisión quirúrgica esta debilidad y lanzó un desafío moral que hoy llamaríamos de guerra híbrida: la Marcha Verde.
El 6 de noviembre de 1975, más de 350.000 civiles marroquíes, escoltados por 25.000 soldados y portando banderas verdes y copias del Corán, invadieron el Sahara Español. Hassán II había logrado trasladar a Madrid un chantaje humanitario utilizando a su propia población como arma: si el Ejército respondía con el uso legítimo de la fuerza contra esta masa de civiles, destruiría la legitimidad internacional que tanto ansiaba. Si no respondía, entregaría ‘de facto’ la soberanía del territorio. El Ejército español, a pesar de su absoluta superioridad, se vio maniatado y el resultado fue la segunda opción: España abandonó el Sahara, Marruecos lo ocupó contra las resoluciones de la ONU, y se firmaron los Acuerdos Tripartitos entre España, Mauritania y Marruecos, un paripé diplomático del que Mauritania se retiraría en 1979 y que Marruecos aprovecharía para ocupar toda esta parte sur.
Tanto entonces como ahora, la dimensión geopolítica fue determinante: el subsuelo del Sahara alberga una de las mayores reservas de fosfatos del planeta, componente vital para los fertilizantes sintéticos que alimentan a una población global en expansión. Además, la corriente fría de las Canarias genera uno de los litorales pesqueros más ricos del mundo y se han encontrado amplios yacimientos de hidrocarburos en su plataforma continental. Por último, EE.UU. tenía un claro interés en inclinar la balanza saharaui hacia el lado marroquí para contrarrestar el acercamiento de la recién independizada Argelia a la URSS en plena Guerra Fría. Así, una crisis política española fue aprovechada por actores externos para cambiar el curso de la historia.
Hoy, la historia se repite: Pedro Sánchez y su Gobierno se encuentran en una agonía semejante a la de su némesis franquista. Tras cuatro años sin presupuesto, en una minoría parlamentaria devenida en secuestro institucional, con su entorno político, gubernamental y familiar imputado, y tras haberse granjeado la enemistad de EE.UU. y otras naciones, España se encuentra, como en 1975, en un momento de máxima debilidad. No es de extrañar, pues, que Marruecos lo aproveche nuevamente y vuelva a utilizar a su población como arma geopolítica. Incentivos no le faltan: tras filtrarse que España había tratado secretamente al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, de Covid en un hospital de Logroño en abril de 2021, Marruecos desató un tsunami migratorio sobre Ceuta con la entrada masiva de 12.000 marroquíes, incluyendo 1.500 menores, lo que motivó la condena del Parlamento Europeo.
Este chantaje logró su objetivo: al año siguiente, Sánchez aceptó unilateralmente la autonomía marroquí sobre el Sahara Occidental, quebrantando la neutralidad histórica española, las resoluciones de Naciones Unidas y el consenso internacional. Y como el triángulo Madrid-Rabat-Argel es un juego de suma cero, este sometimiento ante Marruecos desencadenó la venganza de Argel con la ruptura del Tratado de Amistad, la congelación de las relaciones comerciales y el mantenimiento del cierre del gasoducto GME a España justo cuando la guerra de Ucrania disparaba el precio de la energía.
Esta semana, la visita oficial de Sánchez a Argelia para recuperar este suministro y recomponer relaciones con Argel ha provocado una nueva ofensiva migratoria de Marruecos sobre Ceuta que su presidente, Juan Jesús Vivas, ha cifrado en 60.000 ilegales, el 75% de su población habitual. Dadas las ambiciones de Marruecos por anexionarse tanto Ceuta como Melilla para legitimar su régimen internamente ante una endémica crisis socioeconómica con un desempleo juvenil del 37%, la preocupación de la sociedad española es máxima. Y es que la mejor ofensiva es aquella de la que no te puedes defender y, en este sentido, como ha demostrado Marruecos, los seres humanos son su mejor arma. En breve descubriremos si esta es una ofensiva migratoria más o estamos ante una nueva Marcha Verde en pleno siglo XXI.
Juan Luis López Aranguren
Profesor de Relaciones internacionales y autor de «El eje del mundo que viene». Universidad de Zaragoza
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