En el año 2003 una ola de calor asoló Francia con temperaturas superiores a los 40 grados y provocó 15.000 muertos. Veinte años después, aquellas temperaturas insólitas son hoy casi una constante y los corredores del Tour de Francia han pasado de preocuparse por la montaña o la lluvia a hacerlo ahora por el termómetro. La ola de calor que ha acompañado la primera semana de esta edición ha abierto el debate de si la carrera más importante del ciclismo puede seguir celebrándose en julio, un mes que forma parte de su propia identidad desde hace más de un siglo.
La ‘Grande Boucle’ disputa una carrera contrarreloj contra el cambio climático
En el año 2003 una ola de calor asoló Francia con temperaturas superiores a los 40 grados y provocó 15.000 muertos. Veinte años después, aquellas temperaturas insólitas son hoy casi una constante y los corredores del Tour de Francia han pasado de preocuparse por la montaña o la lluvia a hacerlo ahora por el termómetro. La ola de calor que ha acompañado la primera semana de esta edición ha abierto el debate de si la carrera más importante del ciclismo puede seguir celebrándose en julio, un mes que forma parte de su propia identidad desde hace más de un siglo.
Fue el mismísimo Tadej Pogacar, actual patrón de la carrera, quien lanzó la primera piedra. “Si yo pudiera cambiar cosas cambiaría el calendario para que no hubiera carreras en sitios calurosos en julio y agosto”, afirmó el esloveno, que tampoco ve como una solución adelantar las etapas a las ocho o las nueve de la mañana. “No cambia nada porque estaríamos en meta en el momento más caluroso del día. Y si además nos tenemos que levantar a las cinco de la mañana, no me parece ideal”, comentó.
Pogacar alza la voz para pedir que “no se disputen carreras en sitios calurosos” durante el verano
La reflexión en voz alta del esloveno llega después de varios días de temperaturas cercanas a los 40 grados y de una novena etapa que el Tour se vio obligado a recortar en unos 30 kilómetros. Por todo ello, en este Tour se ha convertido en rutina la imagen de los ciclistas consumiendo cantidades ingentes de hielo, utilizando chalecos refrigerantes, baños de agua helada y sistemas de crioterapia para recuperar la temperatura corporal por las noches. La hidratación se ha convertido en una de las máximas preocupaciones de corredores, equipos y organización.
Antes de las palabras de Pogacar, el sindicato de corredores CPA (Cyclistes Professionnels Associés) ya había pedido una modificación de los horarios de salida y una negociación entre todas las partes “a partir de este invierno para encontrar una solución antes de la temporada 2027”.
Pese a estas demandas, el director del Tour de Francia Christian Prudhomme siempre se ha posicionado a favor de una adaptación de la carrera y no de un cambio radical. Adaptar protocolos de calor extremo de la UCI, recortar etapas o incluso adelantarlas y permitir más puntos de avituallamiento e hidratación son sus soluciones.
Pero el problema no es coyuntural. Francia lleva décadas registrando un aumento sostenido de las temperaturas medias y los episodios extremos que antes aparecían de forma excepcional son ahora cada vez más habituales en julio. Y frente a los que critican que cualquier modificación afectaría a un calendario ya muy acotado, muchos recuerdan que el Tour ya modificó sus fechas para disputarse en agosto de 2020 por la pandemia del covid sin que ello causase problema alguno. Después del Tour se corrió el Giro y más tarde, ya en otoño, La Vuelta, con un resultado de participación muy exitoso.
La televisión también ha jugado un papel importante en el horario de las etapas
El Tour nació en verano porque era el momento idóneo para recorrer Francia por carreteras sin nieve, con miles de aficionados de vacaciones y con la máxima exposición mediática. Sin fútbol de por medio era más sencillo concentrar toda la atención. La televisión también ha jugado un papel importante en el horario de las etapas. La sobremesa concentra uno de los mayores picos de audiencia del día, por eso las grandes etapas del Tour se disputan cuando el calor aprieta con más fuerza. Ese modelo funcionó durante más de cien años, pero el clima ha cambiado más rápido y ahora amenaza a las tradiciones, al negocio y, sobre todo, a la salud del deportista.
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