Ni una flor duró dos primaveras ni un árbol se hizo añoso y firme con apenas un otoño de nueva lluvia. Tiende a pensarse en los Patios de Córdoba como en una fiesta de eternidades. Tal parece que basta con tomar las fotografías en blanco y negro y conforme pase el umbral habrá una barrida mágica que bañe de colores y realidad lo que parecía arqueología.Sin cambios. Sin evolución. Sin haber crecido. Y nada más lejos de la realidad, porque casi todos los Patios de Córdoba se hicieron a sí mismos a lo largo de muchos años. Incluso los que hace más tiempo que concitan las miradas tuvieron una primera vez en que sus árboles eran jóvenes, sus paredes estaban blancas y sus dueños tenían dudas y debían probar.«Donde te ves, yo me vi. Donde me ves, te verás», dice la calavera de las Ermitas de Córdoba y no tiene por qué sonar como una amenaza. También es lo que deben decir los dueños de patios, quizá lo mismos dueños, a quienes están dando sus primeros pasos en la fiesta y no reciben todavía premios, para avanzan con entusiasmo.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería Los patios del barrio de San Lorenzo, en imágenes ABC CórdobaPuede pasar en el barrio de San Lorenzo , que en los últimos años ha desarrollado una de las rutas más atractivas: está lejos de la admiración y las colas de Marroquíes, también de las bullas de San Basilio, pero no hay atractivo que le falte. Patios veteranos y en crecimiento ofrecen delicias.Por empezar por los nuevos, hay dos que están por segundo año consecutivo. El de la calle Montero crece con sencillez y con la voluntad de seguir ganando terreno a la cal de la pared. Tiene un gran arco antiguo, la eterna buganvilla , y que avanza en la constancia hacia la continuidad.Es el segundo también para el de Jesús del Calvario, 16. El año pasado, el matrimonio formado por Rafael Guerrero y Paqui Pérez decidió el año pasado presentarlo al concurso y con ello asumir los retos del cuidado, del crecimiento y de atender a todos los que tuvieran que llegar a la puerta de su casa.Allí habían vivido de alquiler, cuando era casa de vecinos, los padres de Rafael y con el tiempo él compró la casa. Es un patio blanco y moderno, con escaleras y con paredes que están cada vez menos claras y vacías. Señala Paqui Pérez al muro que está al este de la casa y que este año se ha llenado de plantas.La principal, una buganvilla que no es ni morada ni cárdena, ni siquiera naranja, sino de un color amarillo muy claro, que llama la atención, siempre sin perder la exuberancia que tiene una planta que con sus colores y su crecimiento es capaz de embellecer cualquier rincón.El patio de Jesús del Calvario va por el segundo año; en Guzmanas uno se recuperó el año pasado y otro empezó en 2019, y todos crecenElla es la autora de las macetas decoradas que hacen figuras humanas y que se reparten por muchos sitios en un patio que tiene geranios antiguos, gitanillas y también pequeñas plantas encima de la puerta, porque se va ganando en detalles conforme pasan los años.El año pasado también fue el primero para Guzmanas, 4, que no es exactamente nuevo, porque tiene un rico pasado. Rafael Ruso tomó el testigo de su abuela, que lo tuvo muchos años y ha rescatado la casa para que vuelva a levantar admiración.De la casa llaman la atención las galerías propias de un lugar en el que antes habían vivido muchas familias, quizá el aire, dice Rafael Ruso, de casa castellana, que está cuidando poco a poco. Tiene fuente, geranios, gitanillas y colores que siguen ganando terreno al blanco.Y hará bien en continuar, por los frutos son hermosos. Casi enfrente, en el número 7, está un patio que es nuevo y que ya hace años que cosecha frutos . En forma de premios, todavía no primeros, pero sobre todo del reconocimiento del público. Empezó en 2019 y ya es uno de los que tiene cola en la puerta buena parte de la mañana.Óscar Rubio es un ejemplo de anfitrión de los patios que no se cansa de contar todo lo que muestra a los visitantes. Es una casa del siglo XV, de arquitectura antigua, que ha ido creciendo en estos años. Siempre tuvo la pérgola de madera con sulfinias, pero este año casi se une con la buganvilla que sigue creciendo para cerrar un techo vegetal encima del patio.Han sabido buscar en los orígenes para encontrar claveles antiguos, reventones, gitanillas cordobesas, que son las blancas y moradas que cada vez pueblan más las paredes, y geranios antiguos , los de la casa de Elena, la esposa de Óscar y también dueña de la casa, que su familia le había conservado en el pueblo.No hay ya rincón del patio, soleado y amplio, en que no haya plantas cantando sus colores al sol de mayo y como en los mejores patios se buscan rincones personales: hay tiestos antiguos, rústicos y pequeños, que tienen plantas suculentas que en su modestia contribuyen a dar un toque de belleza.Es el camino que tienen ante sí los patios que empiezan y que ya ha recorrido en una parte significativa la iglesia del Juramento de San Rafael. Tiene una sorpresa que no es buena: siempre tuvo dos patios y este año sólo se puede ver uno.El verde tiene andamios para una obra de mejora y nadie puede visitarlo ni sumergirse en la paz que invita a descansar, pero allí está el primero, presidido por la imagen de San Rafael que estuvo en el Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso. La buganvilla le hace de dosel y también el jazmín chino para dejarse deslumbrar por los colores.DevocionesNo hay que perderse el pozo antiguo y el pequeño patio, como de labor, que también se puede ver, siempre en blanco. Purificación Díaz está al frente de las mujeres de la hermandad de San Rafael que en este tiempo se han dedicado a conseguir que el patio esté entre los más admirados. Participa en el concurso desde 2015.Y así hasta otro de San Lorenzo, que es el de la calle Pastora, 2, coleccionista de premios en los últimos años. Todo es primor en la propuesta de Rafael Barón, con un naranjo, la Virgen de la Salud y las lobelias blancas y moradas. Hay orquídeas, azaleas y un arbusto australiano que se llama alioyine.Le gusta el color, que está también en las macetas azules que eran antiguas y que se hace fabricar en La Rambla. No hay un rincón sin flores y hay que avanzar con calma para no perder detalles ni permitir que la presencia altere nada del equilibrio de la belleza.También tendría su primera vez esa casa muy cerca de San Agustín y San Lorenzo, como las demás, y hoy es una clásica que tiene colas desde primera hora de la mañana. Todas han empezado por algún lugar y ahora son como San Juan de Palomares, 13, un patio convertido casi en un museo en que se ha congelado la esencia de la fiesta con una estética que parece llegada del túnel del tiempo. Ni una flor duró dos primaveras ni un árbol se hizo añoso y firme con apenas un otoño de nueva lluvia. Tiende a pensarse en los Patios de Córdoba como en una fiesta de eternidades. Tal parece que basta con tomar las fotografías en blanco y negro y conforme pase el umbral habrá una barrida mágica que bañe de colores y realidad lo que parecía arqueología.Sin cambios. Sin evolución. Sin haber crecido. Y nada más lejos de la realidad, porque casi todos los Patios de Córdoba se hicieron a sí mismos a lo largo de muchos años. Incluso los que hace más tiempo que concitan las miradas tuvieron una primera vez en que sus árboles eran jóvenes, sus paredes estaban blancas y sus dueños tenían dudas y debían probar.«Donde te ves, yo me vi. Donde me ves, te verás», dice la calavera de las Ermitas de Córdoba y no tiene por qué sonar como una amenaza. También es lo que deben decir los dueños de patios, quizá lo mismos dueños, a quienes están dando sus primeros pasos en la fiesta y no reciben todavía premios, para avanzan con entusiasmo.Noticia relacionada galeria No No Fotogalería Los patios del barrio de San Lorenzo, en imágenes ABC CórdobaPuede pasar en el barrio de San Lorenzo , que en los últimos años ha desarrollado una de las rutas más atractivas: está lejos de la admiración y las colas de Marroquíes, también de las bullas de San Basilio, pero no hay atractivo que le falte. Patios veteranos y en crecimiento ofrecen delicias.Por empezar por los nuevos, hay dos que están por segundo año consecutivo. El de la calle Montero crece con sencillez y con la voluntad de seguir ganando terreno a la cal de la pared. Tiene un gran arco antiguo, la eterna buganvilla , y que avanza en la constancia hacia la continuidad.Es el segundo también para el de Jesús del Calvario, 16. El año pasado, el matrimonio formado por Rafael Guerrero y Paqui Pérez decidió el año pasado presentarlo al concurso y con ello asumir los retos del cuidado, del crecimiento y de atender a todos los que tuvieran que llegar a la puerta de su casa.Allí habían vivido de alquiler, cuando era casa de vecinos, los padres de Rafael y con el tiempo él compró la casa. Es un patio blanco y moderno, con escaleras y con paredes que están cada vez menos claras y vacías. Señala Paqui Pérez al muro que está al este de la casa y que este año se ha llenado de plantas.La principal, una buganvilla que no es ni morada ni cárdena, ni siquiera naranja, sino de un color amarillo muy claro, que llama la atención, siempre sin perder la exuberancia que tiene una planta que con sus colores y su crecimiento es capaz de embellecer cualquier rincón.El patio de Jesús del Calvario va por el segundo año; en Guzmanas uno se recuperó el año pasado y otro empezó en 2019, y todos crecenElla es la autora de las macetas decoradas que hacen figuras humanas y que se reparten por muchos sitios en un patio que tiene geranios antiguos, gitanillas y también pequeñas plantas encima de la puerta, porque se va ganando en detalles conforme pasan los años.El año pasado también fue el primero para Guzmanas, 4, que no es exactamente nuevo, porque tiene un rico pasado. Rafael Ruso tomó el testigo de su abuela, que lo tuvo muchos años y ha rescatado la casa para que vuelva a levantar admiración.De la casa llaman la atención las galerías propias de un lugar en el que antes habían vivido muchas familias, quizá el aire, dice Rafael Ruso, de casa castellana, que está cuidando poco a poco. Tiene fuente, geranios, gitanillas y colores que siguen ganando terreno al blanco.Y hará bien en continuar, por los frutos son hermosos. Casi enfrente, en el número 7, está un patio que es nuevo y que ya hace años que cosecha frutos . En forma de premios, todavía no primeros, pero sobre todo del reconocimiento del público. Empezó en 2019 y ya es uno de los que tiene cola en la puerta buena parte de la mañana.Óscar Rubio es un ejemplo de anfitrión de los patios que no se cansa de contar todo lo que muestra a los visitantes. Es una casa del siglo XV, de arquitectura antigua, que ha ido creciendo en estos años. Siempre tuvo la pérgola de madera con sulfinias, pero este año casi se une con la buganvilla que sigue creciendo para cerrar un techo vegetal encima del patio.Han sabido buscar en los orígenes para encontrar claveles antiguos, reventones, gitanillas cordobesas, que son las blancas y moradas que cada vez pueblan más las paredes, y geranios antiguos , los de la casa de Elena, la esposa de Óscar y también dueña de la casa, que su familia le había conservado en el pueblo.No hay ya rincón del patio, soleado y amplio, en que no haya plantas cantando sus colores al sol de mayo y como en los mejores patios se buscan rincones personales: hay tiestos antiguos, rústicos y pequeños, que tienen plantas suculentas que en su modestia contribuyen a dar un toque de belleza.Es el camino que tienen ante sí los patios que empiezan y que ya ha recorrido en una parte significativa la iglesia del Juramento de San Rafael. Tiene una sorpresa que no es buena: siempre tuvo dos patios y este año sólo se puede ver uno.El verde tiene andamios para una obra de mejora y nadie puede visitarlo ni sumergirse en la paz que invita a descansar, pero allí está el primero, presidido por la imagen de San Rafael que estuvo en el Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso. La buganvilla le hace de dosel y también el jazmín chino para dejarse deslumbrar por los colores.DevocionesNo hay que perderse el pozo antiguo y el pequeño patio, como de labor, que también se puede ver, siempre en blanco. Purificación Díaz está al frente de las mujeres de la hermandad de San Rafael que en este tiempo se han dedicado a conseguir que el patio esté entre los más admirados. Participa en el concurso desde 2015.Y así hasta otro de San Lorenzo, que es el de la calle Pastora, 2, coleccionista de premios en los últimos años. Todo es primor en la propuesta de Rafael Barón, con un naranjo, la Virgen de la Salud y las lobelias blancas y moradas. Hay orquídeas, azaleas y un arbusto australiano que se llama alioyine.Le gusta el color, que está también en las macetas azules que eran antiguas y que se hace fabricar en La Rambla. No hay un rincón sin flores y hay que avanzar con calma para no perder detalles ni permitir que la presencia altere nada del equilibrio de la belleza.También tendría su primera vez esa casa muy cerca de San Agustín y San Lorenzo, como las demás, y hoy es una clásica que tiene colas desde primera hora de la mañana. Todas han empezado por algún lugar y ahora son como San Juan de Palomares, 13, un patio convertido casi en un museo en que se ha congelado la esencia de la fiesta con una estética que parece llegada del túnel del tiempo.
Ni una flor duró dos primaveras ni un árbol se hizo añoso y firme con apenas un otoño de nueva lluvia. Tiende a pensarse en los Patios de Córdoba como en una fiesta de eternidades. Tal parece que basta con tomar las fotografías en … blanco y negro y conforme pase el umbral habrá una barrida mágica que bañe de colores y realidad lo que parecía arqueología.
Sin cambios. Sin evolución. Sin haber crecido. Y nada más lejos de la realidad, porque casi todos los Patios de Córdoba se hicieron a sí mismos a lo largo de muchos años. Incluso los que hace más tiempo que concitan las miradas tuvieron una primera vez en que sus árboles eran jóvenes, sus paredes estaban blancas y sus dueños tenían dudas y debían probar.
«Donde te ves, yo me vi. Donde me ves, te verás», dice la calavera de las Ermitas de Córdoba y no tiene por qué sonar como una amenaza. También es lo que deben decir los dueños de patios, quizá lo mismos dueños, a quienes están dando sus primeros pasos en la fiesta y no reciben todavía premios, para avanzan con entusiasmo.
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Puede pasar en el barrio de San Lorenzo, que en los últimos años ha desarrollado una de las rutas más atractivas: está lejos de la admiración y las colas de Marroquíes, también de las bullas de San Basilio, pero no hay atractivo que le falte. Patios veteranos y en crecimiento ofrecen delicias.
Por empezar por los nuevos, hay dos que están por segundo año consecutivo. El de la calle Montero crece con sencillez y con la voluntad de seguir ganando terreno a la cal de la pared. Tiene un gran arco antiguo, la eterna buganvilla, y que avanza en la constancia hacia la continuidad.
Es el segundo también para el de Jesús del Calvario, 16. El año pasado, el matrimonio formado por Rafael Guerrero y Paqui Pérez decidió el año pasado presentarlo al concurso y con ello asumir los retos del cuidado, del crecimiento y de atender a todos los que tuvieran que llegar a la puerta de su casa.
Allí habían vivido de alquiler, cuando era casa de vecinos, los padres de Rafael y con el tiempo él compró la casa. Es un patio blanco y moderno, con escaleras y con paredes que están cada vez menos claras y vacías. Señala Paqui Pérez al muro que está al este de la casa y que este año se ha llenado de plantas.
La principal, una buganvilla que no es ni morada ni cárdena, ni siquiera naranja, sino de un color amarillo muy claro, que llama la atención, siempre sin perder la exuberancia que tiene una planta que con sus colores y su crecimiento es capaz de embellecer cualquier rincón.
El patio de Jesús del Calvario va por el segundo año; en Guzmanas uno se recuperó el año pasado y otro empezó en 2019, y todos crecen
Ella es la autora de las macetas decoradas que hacen figuras humanas y que se reparten por muchos sitios en un patio que tiene geranios antiguos, gitanillas y también pequeñas plantas encima de la puerta, porque se va ganando en detalles conforme pasan los años.
El año pasado también fue el primero para Guzmanas, 4, que no es exactamente nuevo, porque tiene un rico pasado. Rafael Ruso tomó el testigo de su abuela, que lo tuvo muchos años y ha rescatado la casa para que vuelva a levantar admiración.
De la casa llaman la atención las galerías propias de un lugar en el que antes habían vivido muchas familias, quizá el aire, dice Rafael Ruso, de casa castellana, que está cuidando poco a poco. Tiene fuente, geranios, gitanillas y colores que siguen ganando terreno al blanco.
Y hará bien en continuar, por los frutos son hermosos. Casi enfrente, en el número 7, está un patio que es nuevo y que ya hace años que cosecha frutos. En forma de premios, todavía no primeros, pero sobre todo del reconocimiento del público. Empezó en 2019 y ya es uno de los que tiene cola en la puerta buena parte de la mañana.
Óscar Rubio es un ejemplo de anfitrión de los patios que no se cansa de contar todo lo que muestra a los visitantes. Es una casa del siglo XV, de arquitectura antigua, que ha ido creciendo en estos años. Siempre tuvo la pérgola de madera con sulfinias, pero este año casi se une con la buganvilla que sigue creciendo para cerrar un techo vegetal encima del patio.
Han sabido buscar en los orígenes para encontrar claveles antiguos, reventones, gitanillas cordobesas, que son las blancas y moradas que cada vez pueblan más las paredes, y geranios antiguos, los de la casa de Elena, la esposa de Óscar y también dueña de la casa, que su familia le había conservado en el pueblo.
No hay ya rincón del patio, soleado y amplio, en que no haya plantas cantando sus colores al sol de mayo y como en los mejores patios se buscan rincones personales: hay tiestos antiguos, rústicos y pequeños, que tienen plantas suculentas que en su modestia contribuyen a dar un toque de belleza.
Es el camino que tienen ante sí los patios que empiezan y que ya ha recorrido en una parte significativa la iglesia del Juramento de San Rafael. Tiene una sorpresa que no es buena: siempre tuvo dos patios y este año sólo se puede ver uno.
El verde tiene andamios para una obra de mejora y nadie puede visitarlo ni sumergirse en la paz que invita a descansar, pero allí está el primero, presidido por la imagen de San Rafael que estuvo en el Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso. La buganvilla le hace de dosel y también el jazmín chino para dejarse deslumbrar por los colores.
Devociones
No hay que perderse el pozo antiguo y el pequeño patio, como de labor, que también se puede ver, siempre en blanco. Purificación Díaz está al frente de las mujeres de la hermandad de San Rafael que en este tiempo se han dedicado a conseguir que el patio esté entre los más admirados. Participa en el concurso desde 2015.
Y así hasta otro de San Lorenzo, que es el de la calle Pastora, 2, coleccionista de premios en los últimos años. Todo es primor en la propuesta de Rafael Barón, con un naranjo, la Virgen de la Salud y las lobelias blancas y moradas. Hay orquídeas, azaleas y un arbusto australiano que se llama alioyine.
Le gusta el color, que está también en las macetas azules que eran antiguas y que se hace fabricar en La Rambla. No hay un rincón sin flores y hay que avanzar con calma para no perder detalles ni permitir que la presencia altere nada del equilibrio de la belleza.
También tendría su primera vez esa casa muy cerca de San Agustín y San Lorenzo, como las demás, y hoy es una clásica que tiene colas desde primera hora de la mañana.
Todas han empezado por algún lugar y ahora son como San Juan de Palomares, 13, un patio convertido casi en un museo en que se ha congelado la esencia de la fiesta con una estética que parece llegada del túnel del tiempo.
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