El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha dejado de tener agentes operativos tanto en el Líbano como en Siria, según ha sabido ABC de fuentes de la máxima solvencia. La decisión, que se tomó antes de Semana Santa, no es consecuencia de una iniciativa del servicio de inteligencia sino que la responsabilidad corresponde en exclusiva al Gobierno, en particular de la ministra de Defensa, Margarita Robles, de la que depende el centro, y del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, al estar directamente concernido por la decisión.Las fuentes consultadas por ABC muestran su «absoluta sorpresa» por una medida que deja al Gobierno ‘ciego’ en estos dos países en unos momentos en los que está en juego el futuro de Oriente Próximo. Especialmente sensible es el caso del Líbano, desde hace semanas sometido a los ataques de Israel y donde en la actualidad hay desplazado un contingente de 700 soldados españoles que actúan desde la base Miguel de Cervantes de Marjayún dentro de la misión Unifil de Naciones Unidas. España lidera las operaciones en el sector este, una de las zonas donde hay ataques constantes.La salida de los agentes del CNI supone renunciar a información de inteligencia relevante para los militares allí destacados y deja la Embajada en Beirut en una situación muy vulnerable, sin que el nuevo embajador, Miguel de Lucas, haya podido tomar aún posesión de su cargo, y ahora sin el apoyo de los agentes del centro. «No parece un buen momento para esa salida», sostienen los expertos consultados. Ocurre lo mismo con la jefatura de misión en Damasco, ya que los agentes de inteligencia operaban en ambos territorios.Noticia relacionada general No No Ataques en el Líbano Familias de militares españoles: «Fueron a una misión de paz y están en medio de la guerra» Pilar De la CuestaEs verdad que gracias al trabajo realizado hasta ahora los servicios de inteligencia podrán mantener canales de comunicación abiertos, pero no lo es menos que la información que se obtenga nunca podrá tener la misma calidad que la que se consigue sobre el terreno. Eso nos hará más dependientes de los análisis que hagan las agencias de inteligencia de terceros países.Pero además, como se ha señalado, la salida del CNI del Líbano deja en condiciones más precarias la seguridad del destacamento español, cuyos militares apenas salen de los búnkeres por los fuertes bombardeos israelíes. Tras la salida del servicio de inteligencia, por poner un ejemplo, se produjo el incidente con un suboficial español que fue sacado a la fuerza de un convoy que participaba en la misión de Naciones Unidas.El Ministerio de Defensa puede argumentar que nuestros militares no se quedan desprotegidos porque en la zona se queda personal del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas), cuyo trabajo está orientado, sobre todo, a la seguridad de las tropas. Sin embargo, sus funciones son muy distintas a las que tenía el CNI y es difícil que puedan llenar el hueco que deja el centro, al menos en su totalidad.No conviene olvidar tampoco que las relaciones entre el Gobierno español y el de Israel están muy deterioradas —el líder hebreo ha anunciado hace sólo unos días represalias diplomáticas contra España— y eso repercute también en las relaciones entre los dos ejércitos y los respectivos servicios de inteligencia. Esas disfunciones no facilitan las cosas a los militares destacados en el Líbano, como se vio en el incidente del suboficial.Buenas relacionesTradicionalmente las relaciones entre el CNI y las Fuerzas Armadas hebreas han sido fluidas. Tanto es así que el servicio de inteligencia español fue precisamente quien mantuvo los contactos con Israel en el episodio del barco de la Armada enviado a proteger la llamada ‘flotilla de la libertad’ en la crisis de Gaza, por lo que su salida de esa zona de operaciones puede complicar ese diálogo que, se quiera o no, va a ser necesario cuando llegue el momento de sacar a las tropas españolas del Líbano, bien en diciembre cuando acabe la misión, o antes si así lo decide el Ejecutivo.En cuanto a la salida de Siria, la situación sería menos preocupante para España a corto plazo, aunque se trata de un país interesante por su sólida alianza con el régimen de Teherán —ha sido bombardeado por Israel durante la actual crisis— y, sobre todo, porque es clave en la lucha contra el terrorismo yihadista. Carola García Calvo, investigadora principal del Real Instituto Elcano, afirmaba en un artículo reciente que Estado Islámico «ha extendido en el último año sus redes por todas las provincias sirias, incluidos centros urbanos como Damasco. Aunque sus efectivos están hoy muy lejos de los 100.000 combatientes que acumulaba en el apogeo del califato, fuentes de inteligencia afirman que el grupo contaría hoy con entre 5.000 y 10.000 efectivos, cifra notablemente superior a los 2.000-2.500 que se le atribuían en 2024».Añade García Calvo que «la fuga de familiares y simpatizantes de Estado Islámico del campo de Al-Hol supone igualmente un desafío a la estabilidad en Siria y también a la seguridad de la comunidad internacional. Se calcula que unos 20.000 individuos, en su mayoría mujeres y menores, huyeron durante el traspaso de poderes sin documentación alguna (…). Un posible resurgimiento de Estado Islámico en Siria tendría implicaciones directas para Europa. Tras el establecimiento del califato, miles de ciudadanos europeos viajaron a Siria e Irak en una movilización yihadista sin precedentes que alimentó la oleada de atentados en el continente entre 2015 y 2017. Muchos fallecieron en combate o han regresado ya a sus países de origen; otros siguen detenidos en la zona. Pero una parte permanece en paradero desconocido planteando desafíos para la seguridad a corto y medio plazo».El ministro Albares visitó el Líbano y Siria en enero de 2025. Un mes y medio después de la caída del régimen sirio, el jefe de la diplomacia izó de nuevo la bandera española en la Embajada de Damasco, un gesto con el que el Gobierno inició la senda de la normalización de las relaciones diplomáticas con el país, trece años después de haberlas reducido a meros trámites técnicos y administrativos. Con este escenario, las fuentes consultadas no encuentran una explicación a por qué el Gobierno español ha decidido en este momento la salida del CNI de Siria y el Líbano, «mucho menos cuando la decisión es responsabilidad exclusivamente suya sin que haya mediado una petición en ese sentido del servicio de inteligencia». El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha dejado de tener agentes operativos tanto en el Líbano como en Siria, según ha sabido ABC de fuentes de la máxima solvencia. La decisión, que se tomó antes de Semana Santa, no es consecuencia de una iniciativa del servicio de inteligencia sino que la responsabilidad corresponde en exclusiva al Gobierno, en particular de la ministra de Defensa, Margarita Robles, de la que depende el centro, y del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, al estar directamente concernido por la decisión.Las fuentes consultadas por ABC muestran su «absoluta sorpresa» por una medida que deja al Gobierno ‘ciego’ en estos dos países en unos momentos en los que está en juego el futuro de Oriente Próximo. Especialmente sensible es el caso del Líbano, desde hace semanas sometido a los ataques de Israel y donde en la actualidad hay desplazado un contingente de 700 soldados españoles que actúan desde la base Miguel de Cervantes de Marjayún dentro de la misión Unifil de Naciones Unidas. España lidera las operaciones en el sector este, una de las zonas donde hay ataques constantes.La salida de los agentes del CNI supone renunciar a información de inteligencia relevante para los militares allí destacados y deja la Embajada en Beirut en una situación muy vulnerable, sin que el nuevo embajador, Miguel de Lucas, haya podido tomar aún posesión de su cargo, y ahora sin el apoyo de los agentes del centro. «No parece un buen momento para esa salida», sostienen los expertos consultados. Ocurre lo mismo con la jefatura de misión en Damasco, ya que los agentes de inteligencia operaban en ambos territorios.Noticia relacionada general No No Ataques en el Líbano Familias de militares españoles: «Fueron a una misión de paz y están en medio de la guerra» Pilar De la CuestaEs verdad que gracias al trabajo realizado hasta ahora los servicios de inteligencia podrán mantener canales de comunicación abiertos, pero no lo es menos que la información que se obtenga nunca podrá tener la misma calidad que la que se consigue sobre el terreno. Eso nos hará más dependientes de los análisis que hagan las agencias de inteligencia de terceros países.Pero además, como se ha señalado, la salida del CNI del Líbano deja en condiciones más precarias la seguridad del destacamento español, cuyos militares apenas salen de los búnkeres por los fuertes bombardeos israelíes. Tras la salida del servicio de inteligencia, por poner un ejemplo, se produjo el incidente con un suboficial español que fue sacado a la fuerza de un convoy que participaba en la misión de Naciones Unidas.El Ministerio de Defensa puede argumentar que nuestros militares no se quedan desprotegidos porque en la zona se queda personal del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas), cuyo trabajo está orientado, sobre todo, a la seguridad de las tropas. Sin embargo, sus funciones son muy distintas a las que tenía el CNI y es difícil que puedan llenar el hueco que deja el centro, al menos en su totalidad.No conviene olvidar tampoco que las relaciones entre el Gobierno español y el de Israel están muy deterioradas —el líder hebreo ha anunciado hace sólo unos días represalias diplomáticas contra España— y eso repercute también en las relaciones entre los dos ejércitos y los respectivos servicios de inteligencia. Esas disfunciones no facilitan las cosas a los militares destacados en el Líbano, como se vio en el incidente del suboficial.Buenas relacionesTradicionalmente las relaciones entre el CNI y las Fuerzas Armadas hebreas han sido fluidas. Tanto es así que el servicio de inteligencia español fue precisamente quien mantuvo los contactos con Israel en el episodio del barco de la Armada enviado a proteger la llamada ‘flotilla de la libertad’ en la crisis de Gaza, por lo que su salida de esa zona de operaciones puede complicar ese diálogo que, se quiera o no, va a ser necesario cuando llegue el momento de sacar a las tropas españolas del Líbano, bien en diciembre cuando acabe la misión, o antes si así lo decide el Ejecutivo.En cuanto a la salida de Siria, la situación sería menos preocupante para España a corto plazo, aunque se trata de un país interesante por su sólida alianza con el régimen de Teherán —ha sido bombardeado por Israel durante la actual crisis— y, sobre todo, porque es clave en la lucha contra el terrorismo yihadista. Carola García Calvo, investigadora principal del Real Instituto Elcano, afirmaba en un artículo reciente que Estado Islámico «ha extendido en el último año sus redes por todas las provincias sirias, incluidos centros urbanos como Damasco. Aunque sus efectivos están hoy muy lejos de los 100.000 combatientes que acumulaba en el apogeo del califato, fuentes de inteligencia afirman que el grupo contaría hoy con entre 5.000 y 10.000 efectivos, cifra notablemente superior a los 2.000-2.500 que se le atribuían en 2024».Añade García Calvo que «la fuga de familiares y simpatizantes de Estado Islámico del campo de Al-Hol supone igualmente un desafío a la estabilidad en Siria y también a la seguridad de la comunidad internacional. Se calcula que unos 20.000 individuos, en su mayoría mujeres y menores, huyeron durante el traspaso de poderes sin documentación alguna (…). Un posible resurgimiento de Estado Islámico en Siria tendría implicaciones directas para Europa. Tras el establecimiento del califato, miles de ciudadanos europeos viajaron a Siria e Irak en una movilización yihadista sin precedentes que alimentó la oleada de atentados en el continente entre 2015 y 2017. Muchos fallecieron en combate o han regresado ya a sus países de origen; otros siguen detenidos en la zona. Pero una parte permanece en paradero desconocido planteando desafíos para la seguridad a corto y medio plazo».El ministro Albares visitó el Líbano y Siria en enero de 2025. Un mes y medio después de la caída del régimen sirio, el jefe de la diplomacia izó de nuevo la bandera española en la Embajada de Damasco, un gesto con el que el Gobierno inició la senda de la normalización de las relaciones diplomáticas con el país, trece años después de haberlas reducido a meros trámites técnicos y administrativos. Con este escenario, las fuentes consultadas no encuentran una explicación a por qué el Gobierno español ha decidido en este momento la salida del CNI de Siria y el Líbano, «mucho menos cuando la decisión es responsabilidad exclusivamente suya sin que haya mediado una petición en ese sentido del servicio de inteligencia».
El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha dejado de tener agentes operativos tanto en el Líbano como en Siria, según ha sabido ABC de fuentes de la máxima solvencia. La decisión, que se tomó antes de Semana Santa, no es consecuencia de una iniciativa del … servicio de inteligencia sino que la responsabilidad corresponde en exclusiva al Gobierno, en particular de la ministra de Defensa, Margarita Robles, de la que depende el centro, y del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, al estar directamente concernido por la decisión.
Las fuentes consultadas por ABC muestran su «absoluta sorpresa» por una medida que deja al Gobierno ‘ciego’ en estos dos países en unos momentos en los que está en juego el futuro de Oriente Próximo. Especialmente sensible es el caso del Líbano, desde hace semanas sometido a los ataques de Israel y donde en la actualidad hay desplazado un contingente de 700 soldados españoles que actúan desde la base Miguel de Cervantes de Marjayún dentro de la misión Unifil de Naciones Unidas. España lidera las operaciones en el sector este, una de las zonas donde hay ataques constantes.
La salida de los agentes del CNI supone renunciar a información de inteligencia relevante para los militares allí destacados y deja la Embajada en Beirut en una situación muy vulnerable, sin que el nuevo embajador, Miguel de Lucas, haya podido tomar aún posesión de su cargo, y ahora sin el apoyo de los agentes del centro. «No parece un buen momento para esa salida», sostienen los expertos consultados. Ocurre lo mismo con la jefatura de misión en Damasco, ya que los agentes de inteligencia operaban en ambos territorios.
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Ataques en el Líbano
Pilar De la Cuesta
Es verdad que gracias al trabajo realizado hasta ahora los servicios de inteligencia podrán mantener canales de comunicación abiertos, pero no lo es menos que la información que se obtenga nunca podrá tener la misma calidad que la que se consigue sobre el terreno. Eso nos hará más dependientes de los análisis que hagan las agencias de inteligencia de terceros países.
Pero además, como se ha señalado, la salida del CNI del Líbano deja en condiciones más precarias la seguridad del destacamento español, cuyos militares apenas salen de los búnkeres por los fuertes bombardeos israelíes. Tras la salida del servicio de inteligencia, por poner un ejemplo, se produjo el incidente con un suboficial español que fue sacado a la fuerza de un convoy que participaba en la misión de Naciones Unidas.
El Ministerio de Defensa puede argumentar que nuestros militares no se quedan desprotegidos porque en la zona se queda personal del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Cifas), cuyo trabajo está orientado, sobre todo, a la seguridad de las tropas. Sin embargo, sus funciones son muy distintas a las que tenía el CNI y es difícil que puedan llenar el hueco que deja el centro, al menos en su totalidad.
No conviene olvidar tampoco que las relaciones entre el Gobierno español y el de Israel están muy deterioradas —el líder hebreo ha anunciado hace sólo unos días represalias diplomáticas contra España— y eso repercute también en las relaciones entre los dos ejércitos y los respectivos servicios de inteligencia. Esas disfunciones no facilitan las cosas a los militares destacados en el Líbano, como se vio en el incidente del suboficial.
Buenas relaciones
Tradicionalmente las relaciones entre el CNI y las Fuerzas Armadas hebreas han sido fluidas. Tanto es así que el servicio de inteligencia español fue precisamente quien mantuvo los contactos con Israel en el episodio del barco de la Armada enviado a proteger la llamada ‘flotilla de la libertad’ en la crisis de Gaza, por lo que su salida de esa zona de operaciones puede complicar ese diálogo que, se quiera o no, va a ser necesario cuando llegue el momento de sacar a las tropas españolas del Líbano, bien en diciembre cuando acabe la misión, o antes si así lo decide el Ejecutivo.
En cuanto a la salida de Siria, la situación sería menos preocupante para España a corto plazo, aunque se trata de un país interesante por su sólida alianza con el régimen de Teherán —ha sido bombardeado por Israel durante la actual crisis— y, sobre todo, porque es clave en la lucha contra el terrorismo yihadista. Carola García Calvo, investigadora principal del Real Instituto Elcano, afirmaba en un artículo reciente que Estado Islámico «ha extendido en el último año sus redes por todas las provincias sirias, incluidos centros urbanos como Damasco. Aunque sus efectivos están hoy muy lejos de los 100.000 combatientes que acumulaba en el apogeo del califato, fuentes de inteligencia afirman que el grupo contaría hoy con entre 5.000 y 10.000 efectivos, cifra notablemente superior a los 2.000-2.500 que se le atribuían en 2024».
Añade García Calvo que «la fuga de familiares y simpatizantes de Estado Islámico del campo de Al-Hol supone igualmente un desafío a la estabilidad en Siria y también a la seguridad de la comunidad internacional. Se calcula que unos 20.000 individuos, en su mayoría mujeres y menores, huyeron durante el traspaso de poderes sin documentación alguna (…). Un posible resurgimiento de Estado Islámico en Siria tendría implicaciones directas para Europa. Tras el establecimiento del califato, miles de ciudadanos europeos viajaron a Siria e Irak en una movilización yihadista sin precedentes que alimentó la oleada de atentados en el continente entre 2015 y 2017. Muchos fallecieron en combate o han regresado ya a sus países de origen; otros siguen detenidos en la zona. Pero una parte permanece en paradero desconocido planteando desafíos para la seguridad a corto y medio plazo».
El ministro Albares visitó el Líbano y Siria en enero de 2025. Un mes y medio después de la caída del régimen sirio, el jefe de la diplomacia izó de nuevo la bandera española en la Embajada de Damasco, un gesto con el que el Gobierno inició la senda de la normalización de las relaciones diplomáticas con el país, trece años después de haberlas reducido a meros trámites técnicos y administrativos.
Con este escenario, las fuentes consultadas no encuentran una explicación a por qué el Gobierno español ha decidido en este momento la salida del CNI de Siria y el Líbano, «mucho menos cuando la decisión es responsabilidad exclusivamente suya sin que haya mediado una petición en ese sentido del servicio de inteligencia».
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