Leer Leer
Como hemos visto esta semana, el cambio climático trae olas de calor. Y el calor trae bichos. Entre ellos, la moscarda que, según el Diccionario de la RAE, es una mosca cuya larva «se alimenta de carne muerta». En América, sin embargo, se come la carne viva, o sea, al huésped. Gracias al calor y a la importación de 1,2 millones de cabezas de vacuno de México, EEUU acaba de detectar los primeros casos en 60 años de vacas con moscarda o, como la llaman allí, «gusano perforador». Si la plaga se extiende, solo las pérdidas en Texas podrían ser de 3.000 millones de dólares, así que Washington ha prohibido la importación de vacuno mexicano – lo que puede disparar el precio de la carne y subir la inflación – y está soltando cada semana cien millones de machos de moscas infértiles. Los expertos dicen que hacen falta 600 millones de machos ‘castrados’, pero el Estado federal no tiene por ahora capacidad debido a los recortes de personal de Donald Trump.
Europa, muy a su pesar, ha descubierto que, si quiere ser verde, deberá abrir minas. Porque la inmensa mayoría de los minerales críticos -incluidos las archifamosas tierras raras- que son imprescindibles en la descarbonización de la economía son importadas. Y, casi todas, de China (aunque no todas: el 99% del estroncio que consume se obtiene de las minas de celestina de Granada). Ése es uno de los telones de fondo de las negociaciones comerciales que comienzan mañana, lunes, entre la UE y China en Bruselas. Pero no el único. China no solo está inundando la UE con materias primas sino también con productos manufacturados. La razón es que el consumo privado en la segunda mayor economía de la Tierra se ha frenado, y Pekín ha decidido dar todo tipo de ayudas del Estado -directas e indirectas- a la exportación. El resultado es que, cada día (sábados, domingos y festivos incluidos) la UE importa de China casi mil millones de euros más que lo que exporta.
En 1994, EEUU, Canadá y México crearon el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). Era un símbolo de la integración mundial posterior a la Guerra Fría y, también, una respuesta a la UE muy anglosajona (sí a la integración económica; no a la integración política). En 2017, Donald Trump forzó su renegociación, en una muestra de la ‘desglobalización’ que llegó a mediados de la década pasada, y así nació en 2020 la nueva versión, el USMCA (Acuerdo EEUU-México-Canadá, aunque suena a USMC, que es Cuerpo de Marines de EEUU). El miércoles termina el periodo para evaluar el USMCA. No parece que vaya a haber acuerdo, así que se prorrogarán las negociaciones. Trump no quiere un pacto cerrado, sino algo en revisión constante para así poder en cualquier momento coaccionar a sus socios con la amenaza de romperlo. Así se ha pasado de la desglobalización a un sistema en estado de interinidad permanente.
El oro ha caído un 30% desde su máximo histórico de enero. Pero aún vale un 20% más que hace diez meses. Y casi el doble que en 2024. Y eso es una mala noticia para la seguridad en el mundo. La razón es que los mineros en el mundo en desarrollo que extraen ese metal precioso ‘por libre’ – o sea, sin autorización oficial, normalmente en zonas remotas – lo hacen bajo la protección – en el sentido más mafioso del término — de grupos de delincuentes organizados. Y, con el precio del oro desatado, todo tipo de mafias están entrando en el negocio. Según la Universidad de Utrecht, hasta el 77% de la producción de oro en Ecuador, el 80% en Colombia y el 90% en Venezuela podría ser llevada a cabo de manera artesanal, o sea, ilegal. La semana pasada, las fuerzas de seguridad egipcias llevaron a cabo una operación en su frontera sur contra los mineros de oro, cuya producción podría estar ayudando al grupo insurgente sudanés Fuerzas de Defensa Rápida.
¿Valen Noam Shazeer y John Jumper 237.700 millones de euros? Si nos atenemos a lo que indica Wall Street, la respuesta es un sí rotundo. Porque la salida de Shazeer, el jueves 18, y de Jumper, el viernes 19, de Alphabet redujo en esa cantidad el valor en Bolsa de esa empresa, la tercera más valiosa del mundo. Jumper, que se ha ido a Anthropic – la mayor empresa del mundo en ese sector – y Shazeer, que lo ha hecho a la rival de ésta, OpenAI, son dos de los líderes de IA en Alphabet, más conocida a nivel mundial por su producto estrella: Google. Esa obsesión por los ‘primeros espadas’ es un signo, para algunos, de que el mercado ha perdido toda medida para valorar el futuro de las empresas tecnológicas. Y es algo que no se circunscribe a la IA. El lunes, Meta (Facebook, Instagram, Whatsapp compró por 3.500 millones de euros el 20% de la ‘fintech’ india CRED, en buena medida para tener acceso a su fundador y consejero delegado, Kunal Shah.
En la Guerra Civil española, facciones diferentes de la República se pelearon a tiro limpio por el control de la sede de Telefónica en Gran Vía. Pero siempre poniendo un cuidado exquisito en no destruir la infraestructura de comunicaciones, porque sin ella no habría República que defender. En Libia pasa lo mismo. El Gobierno de Unidad Nacional, apoyado por Qatar y Turquía y reconocido por la comunidad internacional, controla el Oeste del país. El Ejército Nacional Libio, respaldado por Rusia, Egipto, y los Emiratos, manda en el Este. Pero ambos han tratado de evitar dañar los activos del monopolio estatal de la Compañía Nacional de Petróleo. Ahora, Donald Trump ha conseguido la cuadratura del círculo: que esos enemigos negocien el poder y, además, empiecen a colaborar en la persecución del Estado Islámico. ¿El precio? Concesiones a petroleras de EEUU, como ConocoPhillips y, en el futuro Chevron. Trump puede traer a Libia la paz pero con petróleo.
Actualidad Económica // elmundo


