En 1995, Terry Cottle se quita la vida. Su corazón es donado a Sonny Graham, que diez años después se casa con la viuda de Cottle y, trece años después, se suicida de la misma manera que el hombre que le donó el órgano. La historia, en el pódcast ‘Heart’ (Apple TV) Leer En 1995, Terry Cottle se quita la vida. Su corazón es donado a Sonny Graham, que diez años después se casa con la viuda de Cottle y, trece años después, se suicida de la misma manera que el hombre que le donó el órgano. La historia, en el pódcast ‘Heart’ (Apple TV) Leer
La historia de Terry Cottle, Sonny Graham y Cheryl Sweat puede abordarse desde distintos ángulos. Puede ser la historia de un hombre que recibió el corazón de un donante que se había suicidado y que, trece años después, se quitó la vida de la misma manera. O la de una mujer que se casó con cinco hombres diferentes, se enamoró dos veces del mismo corazón y enviudó en ambas ocasiones. O la de dos familias destrozadas por la pérdida de sus padres, que acabaron compartiendo la misma madrastra, sobre la que nunca dejaron de albergar sospechas. Pero, sea cual sea la perspectiva desde la que se aborde, todas estas historias están entrelazadas en un gran relato de coincidencias, traiciones y tragedias que comienza en 1988 y termina en 2008.
Cuando Terry Cottle se suicida, está casado con Cheryl Sweat. Es ella quien da su consentimiento para el trasplante de corazón que permitirá a Sonny Graham comenzar una segunda vida, que el hombre decidirá compartir precisamente con ella. En 2004, Cheryl se casa con el hombre que recibió el corazón de su exmarido y que, cuatro años después, decidirá quitarse la vida de la misma manera, por motivos que nunca llegaron a comprenderse del todo.
Un pódcast de ocho episodios de Apple TV titulado ‘Heart’ reconstruye esta increíble historia, ambientada en Estados Unidos, entre Carolina del Sur y Georgia, con la participación de amigos y familiares de ambos hombres.
Cuando Cheryl Sweat, de 22 años, empezó a salir con Terry Cottle, de 27, se había divorciado hacía poco. Él, en cambio, seguía casado y tenía dos hijas.
Era 1988 y Cheryl acababa de solicitar la anulación de su matrimonio tras descubrir que su marido ya estaba casado con otra mujer. Terry, por su parte, afrontaba un nuevo duelo. Arrastraba un pasado doloroso: primero, la muerte de su hermana gemela cuando solo tenía seis semanas de vida, una ausencia que él recordaba como si «le faltara algo»; después, la muerte de su madre por un tumor cuando tenía 13 años; y, por último, la pérdida de su mejor amigo en un accidente el mismo día en que nació su segunda hija.
Sin embargo, Cheryl no tardó en dejar de ser la amante de Terry. Unos meses después, su entonces exmarido llamó a la esposa de Cottle para confesarle la relación extramatrimonial de Terry. Así, en mayo de 1989, en apenas nueve días, Terry confesó la infidelidad, se divorció y se casó con Cheryl, ante la mirada atónita de sus familiares. «Nunca me lo habría esperado de él», reconoce la hermana de Terry en el pódcast. La familia de Sonny reaccionaría de la misma manera quince años después, cuando éste pusiera fin a su matrimonio de treinta años para estar con Cheryl.
La familia creció. Terry adoptó a los dos hijos de Cheryl y juntos tuvieron otra niña. Él siguió trabajando mientras ella se dedicaba a estudiar para convertirse en enfermera. En 1994 se trasladaron a Moncks Corner, en Carolina del Sur.
Las hijas que Terry Cottle había tenido en su primer matrimonio vivían a casi mil kilómetros de distancia, en Ohio, y veían a su padre una vez al año. En el pódcast describen aquellos reencuentros como «traumáticos». «Cheryl estaba muy celosa del tiempo que pasábamos con nuestro padre. Me daba miedo«, cuenta una de las hijas.
Unos años después, la madre de Cheryl, que había enviudado, se mudó a vivir con ellos. Incómodo con la nueva situación, Terry se trasladó a casa de su hermana. Sin embargo, la convivencia duró poco: la mujer estaba embarazada y la habitación que ocupaba su hermano pronto tendría que convertirse en la del bebé.
Terry regresó a casa, pero, tres semanas después, el matrimonio protagonizó una fuerte discusión. Cheryl le dijo que se marchara, que no podía estar con un hombre que ganaba tan poco. El dinero era muy importante para ella, había confesado Terry a algunos vecinos. Además, él tenía que pagar la manutención de sus primeras hijas y apenas llegaba a fin de mes. La víspera de su suicidio, Terry fue a visitar a su hermana y le contó que se sentía «perdido», porque no conseguía hacer feliz a su mujer. Ya no sabía qué hacer.
Al día siguiente, Terry entró en el baño y un disparo resonó por toda la casa. Cheryl ofreció varias versiones de lo ocurrido. En la primera, afirmó que estaban separados, que aquella mañana habían mantenido una pequeña discusión y que después había oído el disparo y encontrado el cuerpo de su marido en el baño. En la segunda, sostuvo que habían discutido por sus problemas económicos y por la manutención de las primeras hijas de Terry. Después, según su relato, oyó a su hijo gritar que su padre tenía un arma, corrió al baño e intentó convencerlo de que no se suicidara, pero no lo consiguió.
Una tercera versión apuntaba a que aquel día le había pedido que recogiera sus cosas y volviera a marcharse de casa. Existe también un último relato, transmitido por una vecina, según el cual Terry se habría suicidado porque sospechaba que Cheryl mantenía una aventura.
Finalmente, en los documentos relativos a la muerte de Terry quedaron recogidas tres versiones diferentes de Cheryl, un hecho que sus hijas consideraron sospechoso.
El 20 de marzo, cuatro días después del incidente, Cheryl accedió a que desconectaran las máquinas que mantenían con vida a su marido y autorizó la donación de sus órganos. En ese momento, el teléfono de Sonny Graham, de 57 años, empezó a sonar. Llevaba más de un año esperando aquella llamada.
Sonny era muy conocido en la localidad de Hilton Head, una isla de Carolina del Sur donde vivía con su esposa, Elaine, y sus dos hijos, Gray y Michelle. Veterano de las Fuerzas Aéreas, era originario de Lyons, en Georgia, dirigía el torneo internacional de golf de la isla y había participado en la construcción del campo de fútbol americano del instituto local. En la isla, Sonny era toda una leyenda.
En 1994, un virus dañó su músculo cardíaco hasta el punto de que, en el plazo de un año, apenas podía levantarse de una silla. Su nombre pasó entonces a las listas de espera para un trasplante. Le quedaban seis meses de vida.
Tuvo que esperar hasta el 20 de marzo de 1995, cuando, alrededor de las cinco de la tarde, sonó el teléfono: el corazón de Terry Cottle era perfecto para él. Sonny se apresuró a viajar a Charleston, donde los médicos lo operaron de inmediato. Cuando salió del hospital, todavía no conocía la identidad de su donante. Sólo sabía que tenía 33 años y era de Carolina del Sur.
En seis meses, Sonny se recuperó y mejoró tanto que volvió a Alaska para pescar. Se encontraba bien, pero, con el paso del tiempo, sus familiares y amigos empezaron a percibir cambios en él: nuevos antojos, nuevos gustos y preferencias que habían caracterizado durante 33 años la vida de Terry, no la suya.
En 1996, Sonny intentó ponerse en contacto con Cheryl para darle las gracias. Le envió unas fotografías y unas palabras amables. Ella respondió llamándolo por teléfono. Dos meses después, en enero de 1997, quedaron para cenar. También estaba presente la esposa de Sonny, pero él solo tenía ojos para la viuda de su donante. «Me enamoré de ella la primera vez que nos vimos. Me parecía que la conocía desde hacía años», escribiría más tarde.
El pódcast recurre a varios expertos para abordar esta cuestión. Las distintas teorías planteadas se centran en la posibilidad de que las células tengan memoria y de que esta pueda transmitirse mediante un trasplante. «La conciencia no es sólo una actividad mental, sino que también tiene un componente corporal esencial», explica en el pódcast el doctor Thomas Verney. «El corazón es mucho más que un órgano que bombea sangre. Produce un campo magnético más potente que el de la cabeza y el cerebro. Cuando alguien se siente atraído por otra persona, existe una alta probabilidad de que ambos se encuentren en el mismo nivel de vibraciones».
Sin embargo, la teoría de Verney, al igual que las demás, no pasa de ser una hipótesis. No existen pruebas de que los recuerdos o los impulsos, como el suicida, puedan trasplantarse junto con un órgano.
Cuando Sonny conoció a Cheryl, la mujer, de 28 años, ya mantenía una relación con otra persona. En abril de aquel año se casó con su tercer marido, George Watkins. Como el padre de Cheryl había fallecido años antes, Sonny se ofreció a acompañarla al altar. En 1999, Cheryl tuvo otro hijo.
Por aquella época, la esposa de Sonny se dio cuenta de que entre ambos había algo más que una amistad. Sonny visitaba con frecuencia a Cheryl y utilizaba como excusa a su sobrina, que tenía la misma edad que la hija de ella. En octubre de 2001, ambos matrimonios se rompieron. Cheryl y Sonny se trasladaron a la localidad natal de él, en Georgia, pero la historia de amor duró poco.
En mayo de 2002, Sonny demandó a Cheryl por no devolverle varios préstamos que ascendían a unos 3.000 dólares. Ella respondió acusándolo de no aceptar el final de la relación y de haberse vuelto posesivo y amenazador.
Mientras tanto, Cheryl se casó por cuarta vez, en esta ocasión con John JohnsonJr., un agente federal que trabajaba en la prisión donde ella ejercía como enfermera. El matrimonio duró muy poco. Johnson afirmó que «no era la mujer que yo imaginaba. Tenía un lado oscuro». En menos de un año, ambos se acusaron mutuamente de violencia doméstica, aunque Cheryl retiró la denuncia.
No sería la última vez. En 2005, el primer marido de Cheryl la acusó de haberlo amenazado por teléfono durante una disputa por la custodia de sus nietos. Según él, ella le había advertido de que tenía «varias pistolas en casa y llevaba una en el bolso». En 2007 volvió a denunciarla. La acusación también acabó siendo retirada después de varios aplazamientos, mientras Cheryl negaba todas las imputaciones.
En agosto de 2004, el divorcio de Johnson se hizo definitivo y Cheryl volvió con Sonny.
El 8 de diciembre de 2004, Cheryl recorrió por quinta vez el pasillo hacia el altar, esta vez para casarse con el hombre que había recibido el corazón de su Terry. «Me enamoré dos veces del mismo corazón», contó en 2006 a un periodista. Durante los dos primeros años, el matrimonio pareció funcionar.
Hacia 2006, Sonny descubrió que tenía cáncer de piel. Se mostraba muy optimista y confiaba en que conseguiría vencer la enfermedad. De hecho, después de someterse a varios tratamientos, el cáncer entró en remisión.
El 1 de abril de 2008, pocos días después del decimotercer aniversario de su trasplante, Sonny, que ya tenía 69 años, se despertó en su casa de Vidalia, en Georgia. Bebió un café, salió de casa, se dirigió al cobertizo del jardín y se apuntó a la garganta con el cañón de una escopeta. Murió aquel día de la misma manera que su donante. Según los testimonios, Cheryl estaba trabajando.
Tras su muerte se descubrió que había acumulado importantes deudas, equivalentes aproximadamente al triple de su patrimonio, y que sus asuntos económicos estaban tan desordenados que dos personas rechazaron hacerse cargo de la ejecución de su testamento.
Cheryl, que entonces tenía 39 años, no pareció sufrir demasiado por la pérdida. De hecho, poco después del suicidio de Sonny, empezó a publicar en su perfil de MySpace fotografías en compañía de otro hombre.
Su cuarto marido, John Johnson Jr., describió a Cheryl Sweat como una mujer que «un día te odia, al siguiente te quiere y al otro vuelve a odiarte». Después concluyó: «Creo que tengo suerte de seguir vivo. En mi opinión, en ambos casos se trató de suicidios. Pero fue ella quien los empujó a hacerlo».
En cualquier caso, Chery nunca fue objeto de una investigación.
Nunca se abrieron investigaciones sobre las muertes de Terry Cottle y Sonny Graham. Pese a las coincidencias, en las que no creen ni los amigos ni los familiares ni los hijos de Cottle y Graham, ante la ley Cheryl es simplemente otra víctima de una historia que, leída de principio a fin, resulta surrealista.
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