Hay apellidos que se heredan y oficios que se aprenden. También hay pasiones que pasan de padres a hijos, aunque cada generación termine encontrando su propio lenguaje. A Felipe Tello Peñas y a su hijo Luis Felipe Tello Cánovas, ‘Pipe’, les unen la enseñanza, el deporte y el arte. Ahora, por primera vez, sus dos trayectorias se encuentran en una misma exposición.’Tello, un apellido, dos miradas’ abrirá sus puertas hoy viernes a las 19 horas en los salones del Palacio Arzobispal de la calle Trinidad de Toledo. La exposición permanecerá abierta hasta el 2 de noviembre y podrá visitarse de martes a sábado, de 11 a 14 y de 17 a 20 horas, y los festivos, de 11 a 14 horas.Padre e hijo compartirán espacio, pero no mirada. La cerámica de cuerda seca sirve de hilo conductor a una muestra concebida en un año especialmente ligado al patrimonio de la ciudad, el del VIII Centenario de la construcción de la Catedral Primada.Detrás de ese encuentro hay, en el caso de Felipe Tello, medio siglo de oficio autodidacta . Nacido en la Antequeruela de Toledo el 19 de abril de 1941, su biografía resulta difícil de encerrar en una sola disciplina. Ha sido maestro, futbolista, entrenador, impulsor del hockey y artista. Y, superados los 80 años, todavía ha encontrado tiempo para añadir el golf a una vida atravesada por el deporte.Su primer territorio, sin embargo, fue la escuela. Como maestro de la enseñanza pública comenzó su carrera en Almonacid, Turleque y Orgaz. Después dejó el mundo rural para regresar a Toledo y trabajar en el colegio San Fernando, en el Casco histórico. Con la llegada de la democracia y la desaparición de los Patronatos pidió destino en el Garcilaso de la Vega, en Buenavista, donde terminó su trayectoria docente.Pero las aulas nunca fueron su único escenario. Felipe Tello jugó al fútbol en Tercera División con la UD Santa Bárbara y también pasó por el Santoña, donde destacó como interior. Más tarde llegó a entrenar al propio ‘Santa’.Felipe y ‘Pipe’ comparten técnica y apellido, pero cada uno ha construido una forma propia de mirar y crearMientras enseñaba y practicaba deporte, el arte seguía creciendo por otro lado . La pintura había aparecido ya durante su infancia, pero fue mientras estudiaba Magisterio cuando comenzó a despertar su interés por la cerámica de cuerda seca . En aquella etapa conoció a Gonzalo Payo y empezó un camino artístico que terminaría llevándole a exponer en más de una veintena de ocasiones, incluso en Estados Unidos.Los comienzos no fueron sencillosSu suegro le pagó el horno y el propio Tello reconoce que hubo fracasos mientras aprendía una técnica que todavía no dominaba. Trabajó con la mufla y experimentó con cristal, cerámica y cobre . Con el tiempo llegaron las exposiciones. Una de ellas, gracias a Carlos Martín, entonces directivo de la antigua CCM, le llevó al Palacio de Benacazón de Toledo. Desde sus primeras muestras comenzó además a numerar las piezas para garantizar su carácter único.La creación artística convivió siempre con una inquietud deportiva que parecía incapaz de agotarse. En otra etapa de su carrera pasó por el Centro de Profesores como asesor de Educación Física y, cuando apenas le quedaban dos cursos para jubilarse, apareció el hockey sala .Y aquella nueva afición terminó convirtiéndose en mucho más. Tello realizó el curso de entrenador nacional y recorrió numerosos centros educativos de la provincia para introducir este deporte, enseñar su práctica y dejar material con el que pudiera continuar desarrollándose. Llegó a reunir a 180 jugadores en las diferentes escuelas fundadas y ejerció como responsable de las selecciones sub-16 y sub-18.La cuerda seca une dos generaciones y dos formas de entender el arte en el año del VIII Centenario de la CatedralLa semilla terminó llegando a su propia familia. Sus nietos María y Álvaro se marcharon a Madrid ante las limitaciones que encontraban para continuar progresando en Castilla-La Mancha. Álvaro juega actualmente como profesional en Alemania. María entrena y juega en Madrid, ha participado como portera en el Campeonato del Mundo de Holanda y Bélgica y estuvo presente en los Juegos Olímpicos de París 2024.Felipe tampoco ha abandonado el deporte. Con más de 80 años comenzó a practicar golf y recientemente se ha proclamado campeón de Europa en categoría de veteranos.Pero estos días vuelve a ser el artista quien ocupa el primer plano. Para el VIII Centenario de la Catedral de Toledo ha afrontado algunas de sus composiciones más complejas en cerámica. En la exposición aparecen referencias estrechamente vinculadas al templo y a El Greco, desde los apostolados hasta El Expolio, junto a la custodia de Arfe. También están esos cielos nocturnos y rincones transparentes que forman parte de una obra que el propio autor considera neofigurativa.Medio siglo de trabajo desemboca así en el Palacio Arzobispal. Pero esta vez Felipe no llega solo.La otra mirada de los TelloSu hijo Luis Felipe, ‘Pipe’ Tello Cánovas, pertenece a otra generación artística y propone también otra forma de mirar. Profesor de Educación Física en el IES Sefarad de Toledo, entrenador nacional de hockey y licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, comparte con su padre buena parte de sus territorios vitales, aunque no necesariamente su manera de trasladarlos a una obra.Si Felipe se reconoce en una creación neofigurativa construida durante décadas, la de ‘Pipe’ se mueve hacia un terreno más conceptual. Busca sensaciones, la luz y el detalle.Felipe Tello llega a la muestra después de medio siglo de creación autodidacta; su hijo ‘Pipe’ lo hace con una mirada más conceptualA la exposición aporta 31 obras , la mayoría en formatos de 60 por 90 centímetros, realizadas con la técnica de cuerda seca. Su aproximación a esta modalidad cerámica es, además, mucho más reciente: comenzó específicamente a los 55 años para desarrollar este proyecto relacionado con el VIII Centenario.Lo hizo buscando desde el principio un lenguaje propio , mediante el empleo de una cuerda seca parcial. Su trayectoria artística se extiende también a la acuarela, el grabado y el diseño, y ha participado en más de una veintena de exposiciones en lugares tan diferentes como Estados Unidos, Japón, México y Australia.Ahora las trayectorias de padre e hijo convergen; no para confundirse, sino precisamente para mostrar sus diferencias. Uno llega después de medio siglo de trabajo autodidacta. El otro, desde una formación en Bellas Artes y una propuesta más conceptual. Entre ambos aparece una técnica común, la cuerda seca, y tres territorios que atraviesan sus biografías: la educación, el deporte y el arte.Nunca habían expuesto juntos de esta manera. Lo hacen ahora en Toledo y en el año del VIII Centenario de la Catedral. De ahí el título elegido: ‘Tello, un apellido, dos miradas’. Porque en esta ocasión no hay maestro y discípulo, ni siquiera padre e hijo cuando uno se coloca frente a las obras. Hay dos artistas y dos maneras de mirar. Tanto monta, monta tanto. Hay apellidos que se heredan y oficios que se aprenden. También hay pasiones que pasan de padres a hijos, aunque cada generación termine encontrando su propio lenguaje. A Felipe Tello Peñas y a su hijo Luis Felipe Tello Cánovas, ‘Pipe’, les unen la enseñanza, el deporte y el arte. Ahora, por primera vez, sus dos trayectorias se encuentran en una misma exposición.’Tello, un apellido, dos miradas’ abrirá sus puertas hoy viernes a las 19 horas en los salones del Palacio Arzobispal de la calle Trinidad de Toledo. La exposición permanecerá abierta hasta el 2 de noviembre y podrá visitarse de martes a sábado, de 11 a 14 y de 17 a 20 horas, y los festivos, de 11 a 14 horas.Padre e hijo compartirán espacio, pero no mirada. La cerámica de cuerda seca sirve de hilo conductor a una muestra concebida en un año especialmente ligado al patrimonio de la ciudad, el del VIII Centenario de la construcción de la Catedral Primada.Detrás de ese encuentro hay, en el caso de Felipe Tello, medio siglo de oficio autodidacta . Nacido en la Antequeruela de Toledo el 19 de abril de 1941, su biografía resulta difícil de encerrar en una sola disciplina. Ha sido maestro, futbolista, entrenador, impulsor del hockey y artista. Y, superados los 80 años, todavía ha encontrado tiempo para añadir el golf a una vida atravesada por el deporte.Su primer territorio, sin embargo, fue la escuela. Como maestro de la enseñanza pública comenzó su carrera en Almonacid, Turleque y Orgaz. Después dejó el mundo rural para regresar a Toledo y trabajar en el colegio San Fernando, en el Casco histórico. Con la llegada de la democracia y la desaparición de los Patronatos pidió destino en el Garcilaso de la Vega, en Buenavista, donde terminó su trayectoria docente.Pero las aulas nunca fueron su único escenario. Felipe Tello jugó al fútbol en Tercera División con la UD Santa Bárbara y también pasó por el Santoña, donde destacó como interior. Más tarde llegó a entrenar al propio ‘Santa’.Felipe y ‘Pipe’ comparten técnica y apellido, pero cada uno ha construido una forma propia de mirar y crearMientras enseñaba y practicaba deporte, el arte seguía creciendo por otro lado . La pintura había aparecido ya durante su infancia, pero fue mientras estudiaba Magisterio cuando comenzó a despertar su interés por la cerámica de cuerda seca . En aquella etapa conoció a Gonzalo Payo y empezó un camino artístico que terminaría llevándole a exponer en más de una veintena de ocasiones, incluso en Estados Unidos.Los comienzos no fueron sencillosSu suegro le pagó el horno y el propio Tello reconoce que hubo fracasos mientras aprendía una técnica que todavía no dominaba. Trabajó con la mufla y experimentó con cristal, cerámica y cobre . Con el tiempo llegaron las exposiciones. Una de ellas, gracias a Carlos Martín, entonces directivo de la antigua CCM, le llevó al Palacio de Benacazón de Toledo. Desde sus primeras muestras comenzó además a numerar las piezas para garantizar su carácter único.La creación artística convivió siempre con una inquietud deportiva que parecía incapaz de agotarse. En otra etapa de su carrera pasó por el Centro de Profesores como asesor de Educación Física y, cuando apenas le quedaban dos cursos para jubilarse, apareció el hockey sala .Y aquella nueva afición terminó convirtiéndose en mucho más. Tello realizó el curso de entrenador nacional y recorrió numerosos centros educativos de la provincia para introducir este deporte, enseñar su práctica y dejar material con el que pudiera continuar desarrollándose. Llegó a reunir a 180 jugadores en las diferentes escuelas fundadas y ejerció como responsable de las selecciones sub-16 y sub-18.La cuerda seca une dos generaciones y dos formas de entender el arte en el año del VIII Centenario de la CatedralLa semilla terminó llegando a su propia familia. Sus nietos María y Álvaro se marcharon a Madrid ante las limitaciones que encontraban para continuar progresando en Castilla-La Mancha. Álvaro juega actualmente como profesional en Alemania. María entrena y juega en Madrid, ha participado como portera en el Campeonato del Mundo de Holanda y Bélgica y estuvo presente en los Juegos Olímpicos de París 2024.Felipe tampoco ha abandonado el deporte. Con más de 80 años comenzó a practicar golf y recientemente se ha proclamado campeón de Europa en categoría de veteranos.Pero estos días vuelve a ser el artista quien ocupa el primer plano. Para el VIII Centenario de la Catedral de Toledo ha afrontado algunas de sus composiciones más complejas en cerámica. En la exposición aparecen referencias estrechamente vinculadas al templo y a El Greco, desde los apostolados hasta El Expolio, junto a la custodia de Arfe. También están esos cielos nocturnos y rincones transparentes que forman parte de una obra que el propio autor considera neofigurativa.Medio siglo de trabajo desemboca así en el Palacio Arzobispal. Pero esta vez Felipe no llega solo.La otra mirada de los TelloSu hijo Luis Felipe, ‘Pipe’ Tello Cánovas, pertenece a otra generación artística y propone también otra forma de mirar. Profesor de Educación Física en el IES Sefarad de Toledo, entrenador nacional de hockey y licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, comparte con su padre buena parte de sus territorios vitales, aunque no necesariamente su manera de trasladarlos a una obra.Si Felipe se reconoce en una creación neofigurativa construida durante décadas, la de ‘Pipe’ se mueve hacia un terreno más conceptual. Busca sensaciones, la luz y el detalle.Felipe Tello llega a la muestra después de medio siglo de creación autodidacta; su hijo ‘Pipe’ lo hace con una mirada más conceptualA la exposición aporta 31 obras , la mayoría en formatos de 60 por 90 centímetros, realizadas con la técnica de cuerda seca. Su aproximación a esta modalidad cerámica es, además, mucho más reciente: comenzó específicamente a los 55 años para desarrollar este proyecto relacionado con el VIII Centenario.Lo hizo buscando desde el principio un lenguaje propio , mediante el empleo de una cuerda seca parcial. Su trayectoria artística se extiende también a la acuarela, el grabado y el diseño, y ha participado en más de una veintena de exposiciones en lugares tan diferentes como Estados Unidos, Japón, México y Australia.Ahora las trayectorias de padre e hijo convergen; no para confundirse, sino precisamente para mostrar sus diferencias. Uno llega después de medio siglo de trabajo autodidacta. El otro, desde una formación en Bellas Artes y una propuesta más conceptual. Entre ambos aparece una técnica común, la cuerda seca, y tres territorios que atraviesan sus biografías: la educación, el deporte y el arte.Nunca habían expuesto juntos de esta manera. Lo hacen ahora en Toledo y en el año del VIII Centenario de la Catedral. De ahí el título elegido: ‘Tello, un apellido, dos miradas’. Porque en esta ocasión no hay maestro y discípulo, ni siquiera padre e hijo cuando uno se coloca frente a las obras. Hay dos artistas y dos maneras de mirar. Tanto monta, monta tanto.
Hay apellidos que se heredan y oficios que se aprenden. También hay pasiones que pasan de padres a hijos, aunque cada generación termine encontrando su propio lenguaje. A Felipe Tello Peñas y a su hijo Luis Felipe Tello Cánovas, ‘Pipe’, les unen la enseñanza, el … deporte y el arte. Ahora, por primera vez, sus dos trayectorias se encuentran en una misma exposición.
‘Tello, un apellido, dos miradas’ abrirá sus puertas hoy viernes a las 19 horas en los salones del Palacio Arzobispal de la calle Trinidad de Toledo. La exposición permanecerá abierta hasta el 2 de noviembre y podrá visitarse de martes a sábado, de 11 a 14 y de 17 a 20 horas, y los festivos, de 11 a 14 horas.
Padre e hijo compartirán espacio, pero no mirada. La cerámica de cuerda seca sirve de hilo conductor a una muestra concebida en un año especialmente ligado al patrimonio de la ciudad, el del VIII Centenario de la construcción de la Catedral Primada.
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Detrás de ese encuentro hay, en el caso de Felipe Tello, medio siglo de oficio autodidacta. Nacido en la Antequeruela de Toledo el 19 de abril de 1941, su biografía resulta difícil de encerrar en una sola disciplina. Ha sido maestro, futbolista, entrenador, impulsor del hockey y artista. Y, superados los 80 años, todavía ha encontrado tiempo para añadir el golf a una vida atravesada por el deporte.
Su primer territorio, sin embargo, fue la escuela. Como maestro de la enseñanza pública comenzó su carrera en Almonacid, Turleque y Orgaz. Después dejó el mundo rural para regresar a Toledo y trabajar en el colegio San Fernando, en el Casco histórico. Con la llegada de la democracia y la desaparición de los Patronatos pidió destino en el Garcilaso de la Vega, en Buenavista, donde terminó su trayectoria docente.
Pero las aulas nunca fueron su único escenario. Felipe Tello jugó al fútbol en Tercera División con la UD Santa Bárbara y también pasó por el Santoña, donde destacó como interior. Más tarde llegó a entrenar al propio ‘Santa’.
Felipe y ‘Pipe’ comparten técnica y apellido, pero cada uno ha construido una forma propia de mirar y crear
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Mientras enseñaba y practicaba deporte, el arte seguía creciendo por otro lado. La pintura había aparecido ya durante su infancia, pero fue mientras estudiaba Magisterio cuando comenzó a despertar su interés por la cerámica de cuerda seca. En aquella etapa conoció a Gonzalo Payo y empezó un camino artístico que terminaría llevándole a exponer en más de una veintena de ocasiones, incluso en Estados Unidos.
Los comienzos no fueron sencillos
Su suegro le pagó el horno y el propio Tello reconoce que hubo fracasos mientras aprendía una técnica que todavía no dominaba. Trabajó con la mufla y experimentó con cristal, cerámica y cobre. Con el tiempo llegaron las exposiciones. Una de ellas, gracias a Carlos Martín, entonces directivo de la antigua CCM, le llevó al Palacio de Benacazón de Toledo. Desde sus primeras muestras comenzó además a numerar las piezas para garantizar su carácter único.
La creación artística convivió siempre con una inquietud deportiva que parecía incapaz de agotarse. En otra etapa de su carrera pasó por el Centro de Profesores como asesor de Educación Física y, cuando apenas le quedaban dos cursos para jubilarse, apareció el hockey sala.
Y aquella nueva afición terminó convirtiéndose en mucho más. Tello realizó el curso de entrenador nacional y recorrió numerosos centros educativos de la provincia para introducir este deporte, enseñar su práctica y dejar material con el que pudiera continuar desarrollándose. Llegó a reunir a 180 jugadores en las diferentes escuelas fundadas y ejerció como responsable de las selecciones sub-16 y sub-18.
La cuerda seca une dos generaciones y dos formas de entender el arte en el año del VIII Centenario de la Catedral
La semilla terminó llegando a su propia familia. Sus nietos María y Álvaro se marcharon a Madrid ante las limitaciones que encontraban para continuar progresando en Castilla-La Mancha. Álvaro juega actualmente como profesional en Alemania. María entrena y juega en Madrid, ha participado como portera en el Campeonato del Mundo de Holanda y Bélgica y estuvo presente en los Juegos Olímpicos de París 2024.
Felipe tampoco ha abandonado el deporte. Con más de 80 años comenzó a practicar golf y recientemente se ha proclamado campeón de Europa en categoría de veteranos.
Pero estos días vuelve a ser el artista quien ocupa el primer plano. Para el VIII Centenario de la Catedral de Toledo ha afrontado algunas de sus composiciones más complejas en cerámica. En la exposición aparecen referencias estrechamente vinculadas al templo y a El Greco, desde los apostolados hasta El Expolio, junto a la custodia de Arfe. También están esos cielos nocturnos y rincones transparentes que forman parte de una obra que el propio autor considera neofigurativa.
Medio siglo de trabajo desemboca así en el Palacio Arzobispal. Pero esta vez Felipe no llega solo.
La otra mirada de los Tello
Su hijo Luis Felipe, ‘Pipe’ Tello Cánovas, pertenece a otra generación artística y propone también otra forma de mirar. Profesor de Educación Física en el IES Sefarad de Toledo, entrenador nacional de hockey y licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, comparte con su padre buena parte de sus territorios vitales, aunque no necesariamente su manera de trasladarlos a una obra.
Si Felipe se reconoce en una creación neofigurativa construida durante décadas, la de ‘Pipe’ se mueve hacia un terreno más conceptual. Busca sensaciones, la luz y el detalle.
Felipe Tello llega a la muestra después de medio siglo de creación autodidacta; su hijo ‘Pipe’ lo hace con una mirada más conceptual
A la exposición aporta 31 obras, la mayoría en formatos de 60 por 90 centímetros, realizadas con la técnica de cuerda seca. Su aproximación a esta modalidad cerámica es, además, mucho más reciente: comenzó específicamente a los 55 años para desarrollar este proyecto relacionado con el VIII Centenario.
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Lo hizo buscando desde el principio un lenguaje propio, mediante el empleo de una cuerda seca parcial. Su trayectoria artística se extiende también a la acuarela, el grabado y el diseño, y ha participado en más de una veintena de exposiciones en lugares tan diferentes como Estados Unidos, Japón, México y Australia.
Ahora las trayectorias de padre e hijo convergen; no para confundirse, sino precisamente para mostrar sus diferencias. Uno llega después de medio siglo de trabajo autodidacta. El otro, desde una formación en Bellas Artes y una propuesta más conceptual. Entre ambos aparece una técnica común, la cuerda seca, y tres territorios que atraviesan sus biografías: la educación, el deporte y el arte.
Nunca habían expuesto juntos de esta manera. Lo hacen ahora en Toledo y en el año del VIII Centenario de la Catedral. De ahí el título elegido: ‘Tello, un apellido, dos miradas’. Porque en esta ocasión no hay maestro y discípulo, ni siquiera padre e hijo cuando uno se coloca frente a las obras. Hay dos artistas y dos maneras de mirar. Tanto monta, monta tanto.
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