El alga invasora apareció en las costas de Cádiz, en el Estrecho de Gibraltar, hace una década, en 2016. Probablemente, se habría adherido a un barco mercante procedente del Pacífico y Algeciras fue su puerto de entrada. Su expansión acelerada ha multiplicado su velocidad, favorecida por las condiciones climáticas (especialmente la subida de la temperatura del agua), y desde esa zona cero ya se ha extendido por todo el litoral andaluz. En mayor o menor medida, pero sin excepción.Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APP La provincia gaditana, Málaga y gran parte de la Costa Tropical de Granada presenta muros y paredes, arribazones en sus arenales, con los fondos tapizados de esta especie asiática. Ahora, ya han alcanzado Almería y amenazan con ocasiones un desastre medioambiental si arrasan con las praderas submarinas de Posidonia, lo que le otorga un carácter único al Parque Natural del Cabo de Gata. Por el poniente, los pescadores han avisado de su presencia en Huelva , en el Golfo de Cádiz, en zonas cercanas a Punta Umbría, y representan una serie advertencia para Doñana, en la que todavía no se han instalado.Y del sur al norte. En estos días ha sorprendido, y preocupado, su aparición en playas del Mar Cantábrico . Concretamente en Trengandín (Noja), donde el pasado año se retiraron hasta 10.000 toneladas. Investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela confirmó primera vez la presencia de esta alga en la cornisa peninsular entre 2023 y 2024 en dos puntos en Galicia y en el puerto de Bilbao.Algas en la playa de Noja, en CantabriaLa Junta de Andalucía, especialmente desde su delegación en Cádiz, trabaja de manera ardua para atajar esta catástrofe natural. De un daño tan enorme que algunos la comparan, e incluso le dan mayor relieve, con la crisis del Prestige en Galicia y la llegada a las costas de esa marea negra de chapapote.El mayor impacto es sobre la pesca, por la disminución y desaparición de peces que han visto alterado su ecosistema y el destrozo que ocasionan en redes, aparejos y demás artes. Luego, sobre el turismo , debido no sólo ya a la incomodidad de descansar o bañarse en calas rebosantes de esta especie alóctona, sino que al secarse desprende un profundo hedor y deriva en problemas de salubridad. También, sobre los ayuntamientos, por el gasto que conlleva la retirada de miles y miles de kilogramos, tanto en recogida como en transporte. Y por último en el medio ambiente, aunque es probable que la naturaleza se reajuste con el tiempo y encuentre su equilibrio.Impacto en pesca y turismoDespués de años de estudios, de inversión y de investigación, ¿ha cambiado algo? Nada, esto va a ir más y el problema no mejorará, reconocen las personas cuestionadas, desde científicos a políticos. La Junta declaró de fuerza mayor y extrema necesidad esta situación generada, y ello ha permitido aplicar la exención del impuesto estatal sobre el depósito de residuos en vertedero para aliviar la carga económica de los consistorios. Supondrá un ahorro de cientos de miles de euros, con una fuerte incidencia en Algeciras, Barbate, Conil, La Línea de la Concepción, Estepona, Marbella o Tarifa.Las cifras reflejan la magnitud del problema y son tan elevadas que han sido incapaces de estimar el impacto económico. La Consejería destaca situaciones anteriores en diversos municipios. En Rota, el volumen transportado a vertedero se duplicó de 2022 a 2023, se triplicó en 2024 y se multiplicó por ocho en 2025. En Algeciras, en 2024 se retiró tres veces más que en 2023 y cinco veces más en 2025. Tarifa, por su parte, ha llegado a gestionar más de 11.000 toneladas en un solo verano, cuadruplicando registros de ejercicios anteriores, mientras que en Marbella se han producido retiradas de centenares de toneladas en un único día.Cientos de miles de euros de ahorro Si la biomasa anual es de alrededor de 100.000 toneladas de peso fresco en la zona del Estrecho, se podría rebajar el ‘castigo’ en algunos millones de euros. Este mismo mes de junio, el Ayuntamiento de Estepona ha tenido que activar un plan de choque urgente tras retirar más de 2.000 toneladas de alga en tan solo cinco días debido a los temporales de levante, un despliegue de 35 operarios en turnos de 12 horas que demuestra que los municipios siguen librando esta guerra en solitario. Como en el mito de Sísifo, moverán la roca que volverá a caer por la ladera de la montaña.Esta descarga fiscal es un parche momentáneo para seguir rodando con cierto alivio. No es una solución. Andalucía plasma sobre el papel su capitulación. «A medio plazo, no es viable su erradicación ni la restauración de los ecosistemas a su estado previo». Por lo que la única estrategia es la siguiente: «si no puedes con tu enemigo, únete a él». La clave pasa por convertir este residuo en un recurso, en ‘valorizar’ su uso. Poder hacer negocio con él para que su recogida no sea un gasto sino una inversión y pueda entrar en esa rueda sostenible de la economía circular.El Consejo de Gobierno ya aprobó el Plan de Gestión de la Biomasa, una estrategia pionera a nivel nacional para transformar este problema ambiental en una oportunidad económica. Por ley, está prohibido comercializar con una especie invasora para evitar su propagación, pero debido a la raíz de la cuestión se contempla esta excepción. Una vez que se garantiza la pérdida total de su potencial biológico (es decir, que el alga está completamente muerta y sus esporas destruidas), deja de ser considerada legalmente un residuo peligroso y se allana el camino para su uso comercial.De residuo a recursoA raíz de esta iniciativa han surgido numerosos proyectos relacionados con la investigación para buscar un provecho a la Rugulopteryx okamurae. Se han hecho pruebas con demostración de exitosa aplicación del alga como biofertilizante, para la seca del alcornoque, para fabricar plantillas de zapatos, cosméticos y como envase hortícola sostenible, reduciendo el uso del plástico.Pero se ha encontrado con un ‘muro’ de barreras técnicas, económicas y burocráticas. Implica a tres pilares administrativos. Gobierno (a través de Costas), Junta de Andalucía y ayuntamientos, por lo que depende de una coordinación fallida hasta el momento. Su proliferación en otras regiones puede ser el impulso para que el Ministerio acelere sus medidas por la vía de la urgencia.Una década después de que se detectara en el Estrecho, el alga ha mutado en un ‘chapapote pardo’ que gripa el motor pesquero, turístico y administrativo frenando el avance y con un serio riesgo de que alcance las joyas del patrimonio natural andaluz y nacional. La emergencia se recrudece cada año y se visibiliza en esta fecha cuando todas las miradas se lanzan al mar. Y el espejo del agua empieza a devolver un reflejo bien distinto al de diez años atrás. El alga invasora apareció en las costas de Cádiz, en el Estrecho de Gibraltar, hace una década, en 2016. Probablemente, se habría adherido a un barco mercante procedente del Pacífico y Algeciras fue su puerto de entrada. Su expansión acelerada ha multiplicado su velocidad, favorecida por las condiciones climáticas (especialmente la subida de la temperatura del agua), y desde esa zona cero ya se ha extendido por todo el litoral andaluz. En mayor o menor medida, pero sin excepción.Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APP La provincia gaditana, Málaga y gran parte de la Costa Tropical de Granada presenta muros y paredes, arribazones en sus arenales, con los fondos tapizados de esta especie asiática. Ahora, ya han alcanzado Almería y amenazan con ocasiones un desastre medioambiental si arrasan con las praderas submarinas de Posidonia, lo que le otorga un carácter único al Parque Natural del Cabo de Gata. Por el poniente, los pescadores han avisado de su presencia en Huelva , en el Golfo de Cádiz, en zonas cercanas a Punta Umbría, y representan una serie advertencia para Doñana, en la que todavía no se han instalado.Y del sur al norte. En estos días ha sorprendido, y preocupado, su aparición en playas del Mar Cantábrico . Concretamente en Trengandín (Noja), donde el pasado año se retiraron hasta 10.000 toneladas. Investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela confirmó primera vez la presencia de esta alga en la cornisa peninsular entre 2023 y 2024 en dos puntos en Galicia y en el puerto de Bilbao.Algas en la playa de Noja, en CantabriaLa Junta de Andalucía, especialmente desde su delegación en Cádiz, trabaja de manera ardua para atajar esta catástrofe natural. De un daño tan enorme que algunos la comparan, e incluso le dan mayor relieve, con la crisis del Prestige en Galicia y la llegada a las costas de esa marea negra de chapapote.El mayor impacto es sobre la pesca, por la disminución y desaparición de peces que han visto alterado su ecosistema y el destrozo que ocasionan en redes, aparejos y demás artes. Luego, sobre el turismo , debido no sólo ya a la incomodidad de descansar o bañarse en calas rebosantes de esta especie alóctona, sino que al secarse desprende un profundo hedor y deriva en problemas de salubridad. También, sobre los ayuntamientos, por el gasto que conlleva la retirada de miles y miles de kilogramos, tanto en recogida como en transporte. Y por último en el medio ambiente, aunque es probable que la naturaleza se reajuste con el tiempo y encuentre su equilibrio.Impacto en pesca y turismoDespués de años de estudios, de inversión y de investigación, ¿ha cambiado algo? Nada, esto va a ir más y el problema no mejorará, reconocen las personas cuestionadas, desde científicos a políticos. La Junta declaró de fuerza mayor y extrema necesidad esta situación generada, y ello ha permitido aplicar la exención del impuesto estatal sobre el depósito de residuos en vertedero para aliviar la carga económica de los consistorios. Supondrá un ahorro de cientos de miles de euros, con una fuerte incidencia en Algeciras, Barbate, Conil, La Línea de la Concepción, Estepona, Marbella o Tarifa.Las cifras reflejan la magnitud del problema y son tan elevadas que han sido incapaces de estimar el impacto económico. La Consejería destaca situaciones anteriores en diversos municipios. En Rota, el volumen transportado a vertedero se duplicó de 2022 a 2023, se triplicó en 2024 y se multiplicó por ocho en 2025. En Algeciras, en 2024 se retiró tres veces más que en 2023 y cinco veces más en 2025. Tarifa, por su parte, ha llegado a gestionar más de 11.000 toneladas en un solo verano, cuadruplicando registros de ejercicios anteriores, mientras que en Marbella se han producido retiradas de centenares de toneladas en un único día.Cientos de miles de euros de ahorro Si la biomasa anual es de alrededor de 100.000 toneladas de peso fresco en la zona del Estrecho, se podría rebajar el ‘castigo’ en algunos millones de euros. Este mismo mes de junio, el Ayuntamiento de Estepona ha tenido que activar un plan de choque urgente tras retirar más de 2.000 toneladas de alga en tan solo cinco días debido a los temporales de levante, un despliegue de 35 operarios en turnos de 12 horas que demuestra que los municipios siguen librando esta guerra en solitario. Como en el mito de Sísifo, moverán la roca que volverá a caer por la ladera de la montaña.Esta descarga fiscal es un parche momentáneo para seguir rodando con cierto alivio. No es una solución. Andalucía plasma sobre el papel su capitulación. «A medio plazo, no es viable su erradicación ni la restauración de los ecosistemas a su estado previo». Por lo que la única estrategia es la siguiente: «si no puedes con tu enemigo, únete a él». La clave pasa por convertir este residuo en un recurso, en ‘valorizar’ su uso. Poder hacer negocio con él para que su recogida no sea un gasto sino una inversión y pueda entrar en esa rueda sostenible de la economía circular.El Consejo de Gobierno ya aprobó el Plan de Gestión de la Biomasa, una estrategia pionera a nivel nacional para transformar este problema ambiental en una oportunidad económica. Por ley, está prohibido comercializar con una especie invasora para evitar su propagación, pero debido a la raíz de la cuestión se contempla esta excepción. Una vez que se garantiza la pérdida total de su potencial biológico (es decir, que el alga está completamente muerta y sus esporas destruidas), deja de ser considerada legalmente un residuo peligroso y se allana el camino para su uso comercial.De residuo a recursoA raíz de esta iniciativa han surgido numerosos proyectos relacionados con la investigación para buscar un provecho a la Rugulopteryx okamurae. Se han hecho pruebas con demostración de exitosa aplicación del alga como biofertilizante, para la seca del alcornoque, para fabricar plantillas de zapatos, cosméticos y como envase hortícola sostenible, reduciendo el uso del plástico.Pero se ha encontrado con un ‘muro’ de barreras técnicas, económicas y burocráticas. Implica a tres pilares administrativos. Gobierno (a través de Costas), Junta de Andalucía y ayuntamientos, por lo que depende de una coordinación fallida hasta el momento. Su proliferación en otras regiones puede ser el impulso para que el Ministerio acelere sus medidas por la vía de la urgencia.Una década después de que se detectara en el Estrecho, el alga ha mutado en un ‘chapapote pardo’ que gripa el motor pesquero, turístico y administrativo frenando el avance y con un serio riesgo de que alcance las joyas del patrimonio natural andaluz y nacional. La emergencia se recrudece cada año y se visibiliza en esta fecha cuando todas las miradas se lanzan al mar. Y el espejo del agua empieza a devolver un reflejo bien distinto al de diez años atrás.
El alga invasora apareció en las costas de Cádiz, en el Estrecho de Gibraltar, hace una década, en 2016. Probablemente, se habría adherido a un barco mercante procedente del Pacífico y Algeciras fue su puerto de entrada. Su expansión acelerada ha multiplicado su … velocidad, favorecida por las condiciones climáticas (especialmente la subida de la temperatura del agua), y desde esa zona cero ya se ha extendido por todo el litoral andaluz. En mayor o menor medida, pero sin excepción.
La provincia gaditana, Málaga y gran parte de la Costa Tropical de Granada presenta muros y paredes, arribazones en sus arenales, con los fondos tapizados de esta especie asiática. Ahora, ya han alcanzado Almería y amenazan con ocasiones un desastre medioambiental si arrasan con las praderas submarinas de Posidonia, lo que le otorga un carácter único al Parque Natural del Cabo de Gata. Por el poniente, los pescadores han avisado de su presencia en Huelva, en el Golfo de Cádiz, en zonas cercanas a Punta Umbría, y representan una serie advertencia para Doñana, en la que todavía no se han instalado.
Y del sur al norte. En estos días ha sorprendido, y preocupado, su aparición en playas del Mar Cantábrico. Concretamente en Trengandín (Noja), donde el pasado año se retiraron hasta 10.000 toneladas. Investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela confirmó primera vez la presencia de esta alga en la cornisa peninsular entre 2023 y 2024 en dos puntos en Galicia y en el puerto de Bilbao.

La Junta de Andalucía, especialmente desde su delegación en Cádiz, trabaja de manera ardua para atajar esta catástrofe natural. De un daño tan enorme que algunos la comparan, e incluso le dan mayor relieve, con la crisis del Prestige en Galicia y la llegada a las costas de esa marea negra de chapapote.
El mayor impacto es sobre la pesca, por la disminución y desaparición de peces que han visto alterado su ecosistema y el destrozo que ocasionan en redes, aparejos y demás artes. Luego, sobre el turismo, debido no sólo ya a la incomodidad de descansar o bañarse en calas rebosantes de esta especie alóctona, sino que al secarse desprende un profundo hedor y deriva en problemas de salubridad. También, sobre los ayuntamientos, por el gasto que conlleva la retirada de miles y miles de kilogramos, tanto en recogida como en transporte. Y por último en el medio ambiente, aunque es probable que la naturaleza se reajuste con el tiempo y encuentre su equilibrio.
Impacto en pesca y turismo
Después de años de estudios, de inversión y de investigación, ¿ha cambiado algo? Nada, esto va a ir más y el problema no mejorará, reconocen las personas cuestionadas, desde científicos a políticos. La Junta declaró de fuerza mayor y extrema necesidad esta situación generada, y ello ha permitido aplicar la exención del impuesto estatal sobre el depósito de residuos en vertedero para aliviar la carga económica de los consistorios. Supondrá un ahorro de cientos de miles de euros, con una fuerte incidencia en Algeciras, Barbate, Conil, La Línea de la Concepción, Estepona, Marbella o Tarifa.
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Las cifras reflejan la magnitud del problema y son tan elevadas que han sido incapaces de estimar el impacto económico. La Consejería destaca situaciones anteriores en diversos municipios. En Rota, el volumen transportado a vertedero se duplicó de 2022 a 2023, se triplicó en 2024 y se multiplicó por ocho en 2025. En Algeciras, en 2024 se retiró tres veces más que en 2023 y cinco veces más en 2025. Tarifa, por su parte, ha llegado a gestionar más de 11.000 toneladas en un solo verano, cuadruplicando registros de ejercicios anteriores, mientras que en Marbella se han producido retiradas de centenares de toneladas en un único día.
Cientos de miles de euros de ahorro
Si la biomasa anual es de alrededor de 100.000 toneladas de peso fresco en la zona del Estrecho, se podría rebajar el ‘castigo’ en algunos millones de euros. Este mismo mes de junio, el Ayuntamiento de Estepona ha tenido que activar un plan de choque urgente tras retirar más de 2.000 toneladas de alga en tan solo cinco días debido a los temporales de levante, un despliegue de 35 operarios en turnos de 12 horas que demuestra que los municipios siguen librando esta guerra en solitario. Como en el mito de Sísifo, moverán la roca que volverá a caer por la ladera de la montaña.
Esta descarga fiscal es un parche momentáneo para seguir rodando con cierto alivio. No es una solución. Andalucía plasma sobre el papel su capitulación. «A medio plazo, no es viable su erradicación ni la restauración de los ecosistemas a su estado previo». Por lo que la única estrategia es la siguiente: «si no puedes con tu enemigo, únete a él». La clave pasa por convertir este residuo en un recurso, en ‘valorizar’ su uso. Poder hacer negocio con él para que su recogida no sea un gasto sino una inversión y pueda entrar en esa rueda sostenible de la economía circular.
El Consejo de Gobierno ya aprobó el Plan de Gestión de la Biomasa, una estrategia pionera a nivel nacional para transformar este problema ambiental en una oportunidad económica. Por ley, está prohibido comercializar con una especie invasora para evitar su propagación, pero debido a la raíz de la cuestión se contempla esta excepción. Una vez que se garantiza la pérdida total de su potencial biológico (es decir, que el alga está completamente muerta y sus esporas destruidas), deja de ser considerada legalmente un residuo peligroso y se allana el camino para su uso comercial.
De residuo a recurso
A raíz de esta iniciativa han surgido numerosos proyectos relacionados con la investigación para buscar un provecho a la Rugulopteryx okamurae. Se han hecho pruebas con demostración de exitosa aplicación del alga como biofertilizante, para la seca del alcornoque, para fabricar plantillas de zapatos, cosméticos y como envase hortícola sostenible, reduciendo el uso del plástico.
Pero se ha encontrado con un ‘muro’ de barreras técnicas, económicas y burocráticas. Implica a tres pilares administrativos. Gobierno (a través de Costas), Junta de Andalucía y ayuntamientos, por lo que depende de una coordinación fallida hasta el momento. Su proliferación en otras regiones puede ser el impulso para que el Ministerio acelere sus medidas por la vía de la urgencia.
Una década después de que se detectara en el Estrecho, el alga ha mutado en un ‘chapapote pardo’ que gripa el motor pesquero, turístico y administrativo frenando el avance y con un serio riesgo de que alcance las joyas del patrimonio natural andaluz y nacional. La emergencia se recrudece cada año y se visibiliza en esta fecha cuando todas las miradas se lanzan al mar. Y el espejo del agua empieza a devolver un reflejo bien distinto al de diez años atrás.
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