La línea de alta velocidad ha sido la joya de la corona en España durante muchos años. Era un motivo de orgullo que un tren conectara Córdoba, Sevilla o Málaga con Madrid en apenas dos horas y con una puntualidad británica en la salida y la llegada. Y con Barcelona en menos de cinco horas. De centro a centro de la ciudad. La falta de mantenimiento y conservación , sin embargo, en las infraestructuras y en el material rodante ha convertido subirse en un tren de alta velocidad en deshojar una margarita. Una suerte de incertidumbre sobre si saldrá o no en hora. Si se parará o no en mitad de la nada. O con cuánto tiempo de retraso llegará al destino. Todo sin la más mínima explicación de por qué motivo se produce la salida impuntual, la parada extra en el camino o la llegada a destiempo sin derecho a indemnización.Las líneas de alta velocidad que conectan Madrid con Córdoba, Sevilla y Málaga tienen tramos en los que no se puede circular a más de 50 ó 80 kilómetros hora, respectivamente. Unas reducciones temporales en los límites de circulación por diferentes tramos que el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) reconoce, pero de los que se niega a dar una explicación de los motivos que los causan.Si dentro de las vías y las estaciones el déficit de inversión es palpable, qué se puede esperar fuera de ellas. Que pregunten en Villarrubia. Han pasado dos legislaturas con Pedro Sánchez al frente prometiendo que tendrá una pasarela peatonal superior a la vías, plenamente accesible, que evite partir en dos el barrio. Pero, la realidad es que el 29-N se volverá a votar sin que haya proyecto aprobado para hacerla ni fecha prevista para su licitación. Es la consecuencia de que Córdoba sea la provincia en la que menos ha invertido Adif en el último lustro en relación al presupuesto previsto. El declive de la alta velocidad tiene compañeros de viaje. ● La línea de alta velocidad ha sido la joya de la corona en España durante muchos años. Era un motivo de orgullo que un tren conectara Córdoba, Sevilla o Málaga con Madrid en apenas dos horas y con una puntualidad británica en la salida y la llegada. Y con Barcelona en menos de cinco horas. De centro a centro de la ciudad. La falta de mantenimiento y conservación , sin embargo, en las infraestructuras y en el material rodante ha convertido subirse en un tren de alta velocidad en deshojar una margarita. Una suerte de incertidumbre sobre si saldrá o no en hora. Si se parará o no en mitad de la nada. O con cuánto tiempo de retraso llegará al destino. Todo sin la más mínima explicación de por qué motivo se produce la salida impuntual, la parada extra en el camino o la llegada a destiempo sin derecho a indemnización.Las líneas de alta velocidad que conectan Madrid con Córdoba, Sevilla y Málaga tienen tramos en los que no se puede circular a más de 50 ó 80 kilómetros hora, respectivamente. Unas reducciones temporales en los límites de circulación por diferentes tramos que el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) reconoce, pero de los que se niega a dar una explicación de los motivos que los causan.Si dentro de las vías y las estaciones el déficit de inversión es palpable, qué se puede esperar fuera de ellas. Que pregunten en Villarrubia. Han pasado dos legislaturas con Pedro Sánchez al frente prometiendo que tendrá una pasarela peatonal superior a la vías, plenamente accesible, que evite partir en dos el barrio. Pero, la realidad es que el 29-N se volverá a votar sin que haya proyecto aprobado para hacerla ni fecha prevista para su licitación. Es la consecuencia de que Córdoba sea la provincia en la que menos ha invertido Adif en el último lustro en relación al presupuesto previsto. El declive de la alta velocidad tiene compañeros de viaje. ●
La línea de alta velocidad ha sido la joya de la corona en España durante muchos años. Era un motivo de orgullo que un tren conectara Córdoba, Sevilla o Málaga con Madrid en apenas dos horas y con una puntualidad británica en la salida … y la llegada. Y con Barcelona en menos de cinco horas. De centro a centro de la ciudad.
La falta de mantenimiento y conservación, sin embargo, en las infraestructuras y en el material rodante ha convertido subirse en un tren de alta velocidad en deshojar una margarita. Una suerte de incertidumbre sobre si saldrá o no en hora. Si se parará o no en mitad de la nada. O con cuánto tiempo de retraso llegará al destino. Todo sin la más mínima explicación de por qué motivo se produce la salida impuntual, la parada extra en el camino o la llegada a destiempo sin derecho a indemnización.
Las líneas de alta velocidad que conectan Madrid con Córdoba, Sevilla y Málaga tienen tramos en los que no se puede circular a más de 50 ó 80 kilómetros hora, respectivamente. Unas reducciones temporales en los límites de circulación por diferentes tramos que el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) reconoce, pero de los que se niega a dar una explicación de los motivos que los causan.
Si dentro de las vías y las estaciones el déficit de inversión es palpable, qué se puede esperar fuera de ellas. Que pregunten en Villarrubia. Han pasado dos legislaturas con Pedro Sánchez al frente prometiendo que tendrá una pasarela peatonal superior a la vías, plenamente accesible, que evite partir en dos el barrio. Pero, la realidad es que el 29-N se volverá a votar sin que haya proyecto aprobado para hacerla ni fecha prevista para su licitación. Es la consecuencia de que Córdoba sea la provincia en la que menos ha invertido Adif en el último lustro en relación al presupuesto previsto. El declive de la alta velocidad tiene compañeros de viaje. ●
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