A Sergi Oliva (Gelida, 1984), el cóctel del baloncesto mamado desde niño en el patio del colegio Montcau, su experiencia como entrenador en Gelida y Sant Llorenç d’Hortons, la licenciatura de Informática en la UPC y un posterior Doctorado en Teoría de la Complejidad –“un triángulo de lógica, matemáticas e informática”– le llevaron a embarcarse en un viaje de película: de acostarse un domingo como entrenador-jugador del Hortonenc de Tercera Catalana a levantarse un lunes siendo analista de operaciones de los Sixers de Filadelfia. Fue en el 2014. Doce años después, Oliva vuelve al Penedès, pero con una mano puesta en la NBA: teletrabajará para Atlanta Hawks como asesor del técnico Quin Snyder.
El entrenador de Gelida pasó de entrenar al Hortonenc en Tercera Catalana a ser ejecutivo de los Sixers y de los Trail Blazers; ahora se va a los Atlanta Hawks
A Sergi Oliva (Gelida, 1984), el cóctel del baloncesto mamado desde niño en el patio del colegio Montcau, su experiencia como entrenador en Gelida y Sant Llorenç d’Hortons, la licenciatura de Informática en la UPC y un posterior Doctorado en Teoría de la Complejidad –“un triángulo de lógica, matemáticas e informática”– le llevaron a embarcarse en un viaje de película: de acostarse un domingo como entrenador-jugador del Hortonenc de Tercera Catalana a levantarse un lunes siendo analista de operaciones de los Sixers de Filadelfia. Fue en el 2014. Doce años después, Oliva vuelve al Penedès, pero con una mano puesta en la NBA: teletrabajará para Atlanta Hawks como asesor del técnico Quin Snyder.
El perfil científico de Oliva, informático doctorado en Teoría de la Complejidad, y ser entrenador con experiencia sedujo a la NBA
Eso será solo a partir del 25 de agosto, cuando cogerá un avión hacia Atlanta para preparar la temporada, una vez finalizada la festa major de Gelida, su añorado pueblo de 8.200 habitantes, al que ha vuelto unas semanas de vacaciones, embargado de nostalgia, tras pasar 12 años trabajando en diferentes áreas en la mejor competición de baloncesto del mundo.
–Sentía añoranza; son muchos años fuera y tenía ganas de volver a casa, por mis padres, mis amigos… También estaba muy lejos, Portland queda lejísimos, pasaba muchas horas solo y tenía ganas de estar más cerca. Atlanta ya lo está, son tres horas menos de avión y hay vuelo directo a Barcelona. Habría podido estar allí, pero valía la pena tomárselo con calma y después, si hay que volver a EE.UU. a tiempo completo o estar en Europa, ya se verá –explica Oliva, que ha podido escoger cómo y dónde trabaja, tanto por el prestigio adquirido, como por la confianza con Snyder, que lo tuvo de asistente en los Utah Jazz (2020-22).

La historia increíble de Sergi Oliva arrancó en el 2014, cuando dirigía y a la vez jugaba con el Hortonenc, y acababa de doctorarse por la UPC.
–Estaba pensando qué hacer con mi vida cuando vi una oferta online de trabajo de la NBA. Querían un perfil que tuviese un gran conocimiento de baloncesto y una perspectiva innovadora de conceptos más científicos. Lo que yo estudié (ciencia computacional) no tenía nada que ver con lo que pedían, pero sí que coincidía en el sentido científico. Hicimos entrevistas y me contrataron como analista.
El técnico catalán pasó de entrenar a jóvenes amateur y jugar ante 50 espectadores, a organizar los sistemas de juego de los Sixers, basándose en el análisis de datos, a confeccionar perfiles de jugadores, agentes libres o del draft, modelos de predicción… “Cosas de este estilo, que no eran mi especialidad, pero era lo que necesitaban en Filadelfia en aquel momento porque estaban construyendo un sistema para volver a estar entre los mejores”.

Oliva fue creciendo en los Sixers, pasó a ser director de análisis y estrategia, y luego ascendió a vicepresidente ejecutivo de estrategia (2019-20), un cargo, mano derecha del presidente, equivalente en un club europeo a un director deportivo o secretario técnico, con responsabilidad directa sobre la pista (innovación, metodología de entrenamiento, integración de los jugadores…), como fuera (fichajes, traspasos, espacio salarial, normativa).
De los Sixers pasó a Utah Jazz como ayudante de Snyder dos años, y posteriormente recaló en Portland subiendo al despacho como Assistant General Manager, un especie de subdirector, encargado del análisis de jugadores (fichajes, traspasos, planificación de la plantilla…). En los Trail Blazers ha estado seis cursos, hasta este verano, y en la última temporada compaginaba el cargo ejecutivo con el de entrenador del Rip City Remix, el equipo de los Blazers en la G-League, la liga de desarrollo de la NBA, con el que Oliva volvía a la pista.

Pese a que para el técnico catalán la distinción entre pisar parquet o despacho es mínima –“son funciones que se complementan y se ayudan mutuamente; no creo que se requieran perfiles muy diferentes”–, él prefiere “estar a pie de pista”, en el fragor de las batallas tácticas, las decisiones al instante, la tensión de los partidos…
–Disfruto más haciendo de entrenador, pero creo que soy más útil en el otro lado porque puedes influir en más cosas, empezando por decidir quién será el entrenador. Ser entrenador puede ser más limitante, porque te encuentras con una realidad fijada –reflexiona Oliva, que más allá del Hortonenc, de hacer de asistente de Synder y de coach principal en la G-League no ha tenido experiencia como máximo responsable de un banquillo profesional. ¿Se ve?

–Claro, ya he sido entrenador en la G-League. Puede parecer que haya un nivel de dificultad superior en la NBA o en Europa, pero son los mismos problemas afrontados con más recursos, con más ayudantes y personal a tu servicio. Aunque por ahora no me planteo ningún reto. Mi objetivo profesional ahora mismo era hacer alguna cosa que me permitiese vivir en Gelida. Pero si surgen oportunidades de una experiencia vital será irrechazable.
¿Y cómo sería el Sergi Oliva entrenador de primera línea?
–No soy demasiado de filosofías. Cada equipo tiene una realidad: dependes de los jugadores que tienes. Tampoco creo en eso de seguir al pie de la letra un referente o una escuela. A mí me gusta ir picando cositas que me parecen interesantes. Por ejemplo, en Gelida utilizábamos una zona que había visto a David Blatt, sistemas de ataque que hacíamos en Sant Llorenç los había visto a Tom Izzo en la Universidad de Michigan, u otras situaciones las habían hecho los Kings del 2002…

Con su dilatada experiencia NBA, su formación científica y su versatilidad de funciones, Oliva no ha pasado inadvertido a los clubs europeos. De momento no se plantea cruzar el Atlántico más que para volver a su Gelida natal.
–No me planteo hacer de entrenador aquí. Me tendrían que cuadrar las condiciones. Tuve ofertas, pero dejar la NBA para ir a Europa, lejos de casa, no me cuadra. Para estar igualmente lejos de Gelida ya me quedo en EE.UU.
Y, además, le permiten teletrabajar.
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