Crece la tensión entre la población congoleña con la crisis del ébola provocada por los problemas de coordinación, una reacción tardía y el rápido aumento del número contagios. El Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) ha confirmado que el actual brote de ébola en el este del país ha cobrado la vida de al menos 438 personas de 1.406 casos confirmados desde que la epidemia fuera declarada el pasado 15 de mayo.La tasa de letalidad se sitúa en el 26,3 por ciento (más de uno de cada cuatro infectados fallece), mientras que 189 pacientes han logrado recuperarse y 609 permanecen hospitalizados o en aislamiento. El epicentro de la crisis sanitaria está en la provincia de Ituri, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, aunque el virus se ha expandido también a las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur. La situación ha trascendido fronteras donde Uganda reportó 20 contagios confirmados, incluidos dos fallecimientos, lo que llevó a ambos gobiernos a lanzar un «plan conjunto de respuesta transfronteriza de 90 días» para reforzar las capacidades de laboratorio y atención sanitaria.Noticia relacionada general No No La OMS lanza un mensaje de calma tras el caso de ébola en Francia y señala que la amenaza de expansión «es baja» María Teresa Benítez de LugoDomique Muteba , experto de la división de Epidemias, Emergencias y Catástrofes del Departamento de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Sanidad en RDC, explica a ABC que «la situación es cada vez más alarmante, teniendo en cuenta el número de casos sospechosos y de fallecimientos registrados hasta la fecha . Habría que reforzar la vigilancia epidemiológica, ya que, al no existir por el momento medicamentos ni vacunas específicas, la única posibilidad de mitigar el impacto o frenar la cadena de transmisión es reforzar la vigilancia y garantizar una buena coordinación».Muteba subraya que «actualmente tomamos parte en la respuesta, pero sin tener mucho peso en las decisiones estratégicas que se toman, ya que estas corresponden ahora al Instituto Nacional de Salud Pública a través de su Centro de Operaciones y Emergencias».Un negocioPor otro lado, Freddy Zibuhe, médico congoleño de urgencias en el Hospital Panzi (en la ciudad de Bukavu, en el este de la RDC), señala que «el ébola se convierte a veces en un «negocio» para ciertos actores, mientras que las poblaciones locales siguen teniendo los mismos hospitales precarios, la misma pobreza y las mismas dificultades para acceder a la atención sanitaria».Según Zibuhe, «esta percepción está muy extendida entre la comunidad. Se debe a un contraste muy evidente: en cuanto aparece el ébola, se produce una afluencia masiva de organizaciones, vehículos, financiación, ayudas económicas y medidas de emergencia. Sin embargo, una vez superada la epidemia, las poblaciones locales se encuentran a menudo ante los mismos hospitales precarios, la misma pobreza, las mismas carreteras intransitables, el mismo desempleo y la misma falta de acceso a la atención sanitaria. Para una población ya empobrecida, esto plantea una pregunta legítima: ¿por qué circula tanto dinero durante la crisis, pero queda tan poco de forma duradera para reforzar las estructuras locales, al personal sanitario, la vigilancia comunitaria, el agua, la higiene, los laboratorios y la atención sanitaria básica?».Así, cuando la gente habla de «negocio», lo que expresa ante todo es una crisis de confianza. Tienen la impresión de que la enfermedad atrae recursos, pero que estos benefician más a los sistemas de respuesta que a las comunidades afectadas. «Esta percepción puede alimentar la resistencia, los rumores y el rechazo al rastreo de contactos», comenta.Zibuhe señala también que «algunas personas dudan a la hora de acudir a los centros sanitarios, no solo por miedo a la enfermedad, sino también por temor a ser clasificadas como casos sospechosos , aisladas, estigmatizadas o separadas de sus seres queridos»Para este médico, que vive en zona de conflicto armado por la presencia de la guerrilla del M-23 -promovida por el gobierno de Ruanda para desestabilizar la zona-, «la situación es muy preocupante, pero hay que entenderla más allá del número de casos o fallecimientos. La cifra de fallecidos ya es dramática, pero el ébola no solo afecta a la salud: perturba toda la vida social, económica y humanitaria en el este de la República Democrática del Congo».En este contexto, muchas personas viven al día, sobre todo pequeños comerciantes, vendedores, transportistas, trabajadores de los mercados y artesanos. Las medidas adoptadas para contener la epidemia —restricción de la circulación, control de contactos, aislamiento, cierre o limitación de determinadas fronteras, reducción de las actividades económicas— «son necesarias desde el punto de vista sanitario, pero suponen un duro golpe para una población que depende de los ingresos diarios. Para muchas familias, no trabajar un día significa no comer por la noche», comenta Zibuhe.Pasividad por parte del Gobierno congoleñoPlotin Yambenga, periodista y analista congoleño, se muestra muy crítico y explica que «desde que se declaró el ébola, el Gobierno no ha demostrado voluntad alguna de dar una respuesta contundente».«La epidemia de ébola que azota el este de la RDC avanza a un ritmo alarmante debido a la pasividad de las autoridades congoleñas. Desde que se declaró al pandemia, el Gobierno no ha demostrado voluntad alguna de dar una respuesta contundente. Como siempre, las autoridades han depositado sus esperanzas en los socios internacionales en lugar de predicar con el ejemplo. Además, a la semana de aparecer la enfermedad, se registraron escenas desoladoras en el centro de tratamiento, en particular el asalto al Hospital General de Bunia por parte de la población, lo que provocó la huida de los enfermos que se encontraban en tratamiento», señala.Yambenga comenta que «el retraso en la respuesta ha provocado que el Gobierno ya no sea capaz de gestionar adecuadamente la situación. Nuestra clase política debe tomar conciencia de ello si realmente desea construir un Congo digno . Resulta inadmisible que el Gobierno destine sin reparos millones a organizar eventos de entretenimiento, como conciertos de música, pero que, cuando se trata de gestionar una catástrofe, espere la ayuda de socios externos. Esto demuestra que el país no está en buenas manos». Crece la tensión entre la población congoleña con la crisis del ébola provocada por los problemas de coordinación, una reacción tardía y el rápido aumento del número contagios. El Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) ha confirmado que el actual brote de ébola en el este del país ha cobrado la vida de al menos 438 personas de 1.406 casos confirmados desde que la epidemia fuera declarada el pasado 15 de mayo.La tasa de letalidad se sitúa en el 26,3 por ciento (más de uno de cada cuatro infectados fallece), mientras que 189 pacientes han logrado recuperarse y 609 permanecen hospitalizados o en aislamiento. El epicentro de la crisis sanitaria está en la provincia de Ituri, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, aunque el virus se ha expandido también a las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur. La situación ha trascendido fronteras donde Uganda reportó 20 contagios confirmados, incluidos dos fallecimientos, lo que llevó a ambos gobiernos a lanzar un «plan conjunto de respuesta transfronteriza de 90 días» para reforzar las capacidades de laboratorio y atención sanitaria.Noticia relacionada general No No La OMS lanza un mensaje de calma tras el caso de ébola en Francia y señala que la amenaza de expansión «es baja» María Teresa Benítez de LugoDomique Muteba , experto de la división de Epidemias, Emergencias y Catástrofes del Departamento de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Sanidad en RDC, explica a ABC que «la situación es cada vez más alarmante, teniendo en cuenta el número de casos sospechosos y de fallecimientos registrados hasta la fecha . Habría que reforzar la vigilancia epidemiológica, ya que, al no existir por el momento medicamentos ni vacunas específicas, la única posibilidad de mitigar el impacto o frenar la cadena de transmisión es reforzar la vigilancia y garantizar una buena coordinación».Muteba subraya que «actualmente tomamos parte en la respuesta, pero sin tener mucho peso en las decisiones estratégicas que se toman, ya que estas corresponden ahora al Instituto Nacional de Salud Pública a través de su Centro de Operaciones y Emergencias».Un negocioPor otro lado, Freddy Zibuhe, médico congoleño de urgencias en el Hospital Panzi (en la ciudad de Bukavu, en el este de la RDC), señala que «el ébola se convierte a veces en un «negocio» para ciertos actores, mientras que las poblaciones locales siguen teniendo los mismos hospitales precarios, la misma pobreza y las mismas dificultades para acceder a la atención sanitaria».Según Zibuhe, «esta percepción está muy extendida entre la comunidad. Se debe a un contraste muy evidente: en cuanto aparece el ébola, se produce una afluencia masiva de organizaciones, vehículos, financiación, ayudas económicas y medidas de emergencia. Sin embargo, una vez superada la epidemia, las poblaciones locales se encuentran a menudo ante los mismos hospitales precarios, la misma pobreza, las mismas carreteras intransitables, el mismo desempleo y la misma falta de acceso a la atención sanitaria. Para una población ya empobrecida, esto plantea una pregunta legítima: ¿por qué circula tanto dinero durante la crisis, pero queda tan poco de forma duradera para reforzar las estructuras locales, al personal sanitario, la vigilancia comunitaria, el agua, la higiene, los laboratorios y la atención sanitaria básica?».Así, cuando la gente habla de «negocio», lo que expresa ante todo es una crisis de confianza. Tienen la impresión de que la enfermedad atrae recursos, pero que estos benefician más a los sistemas de respuesta que a las comunidades afectadas. «Esta percepción puede alimentar la resistencia, los rumores y el rechazo al rastreo de contactos», comenta.Zibuhe señala también que «algunas personas dudan a la hora de acudir a los centros sanitarios, no solo por miedo a la enfermedad, sino también por temor a ser clasificadas como casos sospechosos , aisladas, estigmatizadas o separadas de sus seres queridos»Para este médico, que vive en zona de conflicto armado por la presencia de la guerrilla del M-23 -promovida por el gobierno de Ruanda para desestabilizar la zona-, «la situación es muy preocupante, pero hay que entenderla más allá del número de casos o fallecimientos. La cifra de fallecidos ya es dramática, pero el ébola no solo afecta a la salud: perturba toda la vida social, económica y humanitaria en el este de la República Democrática del Congo».En este contexto, muchas personas viven al día, sobre todo pequeños comerciantes, vendedores, transportistas, trabajadores de los mercados y artesanos. Las medidas adoptadas para contener la epidemia —restricción de la circulación, control de contactos, aislamiento, cierre o limitación de determinadas fronteras, reducción de las actividades económicas— «son necesarias desde el punto de vista sanitario, pero suponen un duro golpe para una población que depende de los ingresos diarios. Para muchas familias, no trabajar un día significa no comer por la noche», comenta Zibuhe.Pasividad por parte del Gobierno congoleñoPlotin Yambenga, periodista y analista congoleño, se muestra muy crítico y explica que «desde que se declaró el ébola, el Gobierno no ha demostrado voluntad alguna de dar una respuesta contundente».«La epidemia de ébola que azota el este de la RDC avanza a un ritmo alarmante debido a la pasividad de las autoridades congoleñas. Desde que se declaró al pandemia, el Gobierno no ha demostrado voluntad alguna de dar una respuesta contundente. Como siempre, las autoridades han depositado sus esperanzas en los socios internacionales en lugar de predicar con el ejemplo. Además, a la semana de aparecer la enfermedad, se registraron escenas desoladoras en el centro de tratamiento, en particular el asalto al Hospital General de Bunia por parte de la población, lo que provocó la huida de los enfermos que se encontraban en tratamiento», señala.Yambenga comenta que «el retraso en la respuesta ha provocado que el Gobierno ya no sea capaz de gestionar adecuadamente la situación. Nuestra clase política debe tomar conciencia de ello si realmente desea construir un Congo digno . Resulta inadmisible que el Gobierno destine sin reparos millones a organizar eventos de entretenimiento, como conciertos de música, pero que, cuando se trata de gestionar una catástrofe, espere la ayuda de socios externos. Esto demuestra que el país no está en buenas manos».
Crece la tensión entre la población congoleña con la crisis del ébola provocada por los problemas de coordinación, una reacción tardía y el rápido aumento del número contagios. El Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) ha confirmado que el actual brote de ébola … en el este del país ha cobrado la vida de al menos 438 personas de 1.406 casos confirmados desde que la epidemia fuera declarada el pasado 15 de mayo.
La tasa de letalidad se sitúa en el 26,3 por ciento (más de uno de cada cuatro infectados fallece), mientras que 189 pacientes han logrado recuperarse y 609 permanecen hospitalizados o en aislamiento.
El epicentro de la crisis sanitaria está en la provincia de Ituri, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, aunque el virus se ha expandido también a las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur. La situación ha trascendido fronteras donde Uganda reportó 20 contagios confirmados, incluidos dos fallecimientos, lo que llevó a ambos gobiernos a lanzar un «plan conjunto de respuesta transfronteriza de 90 días» para reforzar las capacidades de laboratorio y atención sanitaria.
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María Teresa Benítez de Lugo
Domique Muteba, experto de la división de Epidemias, Emergencias y Catástrofes del Departamento de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Sanidad en RDC, explica a ABC que «la situación es cada vez más alarmante, teniendo en cuenta el número de casos sospechosos y de fallecimientos registrados hasta la fecha. Habría que reforzar la vigilancia epidemiológica, ya que, al no existir por el momento medicamentos ni vacunas específicas, la única posibilidad de mitigar el impacto o frenar la cadena de transmisión es reforzar la vigilancia y garantizar una buena coordinación».
Muteba subraya que «actualmente tomamos parte en la respuesta, pero sin tener mucho peso en las decisiones estratégicas que se toman, ya que estas corresponden ahora al Instituto Nacional de Salud Pública a través de su Centro de Operaciones y Emergencias».
Un negocio
Por otro lado, Freddy Zibuhe, médico congoleño de urgencias en el Hospital Panzi (en la ciudad de Bukavu, en el este de la RDC), señala que «el ébola se convierte a veces en un «negocio» para ciertos actores, mientras que las poblaciones locales siguen teniendo los mismos hospitales precarios, la misma pobreza y las mismas dificultades para acceder a la atención sanitaria».
Según Zibuhe, «esta percepción está muy extendida entre la comunidad. Se debe a un contraste muy evidente: en cuanto aparece el ébola, se produce una afluencia masiva de organizaciones, vehículos, financiación, ayudas económicas y medidas de emergencia. Sin embargo, una vez superada la epidemia, las poblaciones locales se encuentran a menudo ante los mismos hospitales precarios, la misma pobreza, las mismas carreteras intransitables, el mismo desempleo y la misma falta de acceso a la atención sanitaria. Para una población ya empobrecida, esto plantea una pregunta legítima: ¿por qué circula tanto dinero durante la crisis, pero queda tan poco de forma duradera para reforzar las estructuras locales, al personal sanitario, la vigilancia comunitaria, el agua, la higiene, los laboratorios y la atención sanitaria básica?».
Así, cuando la gente habla de «negocio», lo que expresa ante todo es una crisis de confianza. Tienen la impresión de que la enfermedad atrae recursos, pero que estos benefician más a los sistemas de respuesta que a las comunidades afectadas. «Esta percepción puede alimentar la resistencia, los rumores y el rechazo al rastreo de contactos», comenta.
Zibuhe señala también que «algunas personas dudan a la hora de acudir a los centros sanitarios, no solo por miedo a la enfermedad, sino también por temor a ser clasificadas como casos sospechosos, aisladas, estigmatizadas o separadas de sus seres queridos»
Para este médico, que vive en zona de conflicto armado por la presencia de la guerrilla del M-23 -promovida por el gobierno de Ruanda para desestabilizar la zona-, «la situación es muy preocupante, pero hay que entenderla más allá del número de casos o fallecimientos. La cifra de fallecidos ya es dramática, pero el ébola no solo afecta a la salud: perturba toda la vida social, económica y humanitaria en el este de la República Democrática del Congo».
En este contexto, muchas personas viven al día, sobre todo pequeños comerciantes, vendedores, transportistas, trabajadores de los mercados y artesanos. Las medidas adoptadas para contener la epidemia —restricción de la circulación, control de contactos, aislamiento, cierre o limitación de determinadas fronteras, reducción de las actividades económicas— «son necesarias desde el punto de vista sanitario, pero suponen un duro golpe para una población que depende de los ingresos diarios. Para muchas familias, no trabajar un día significa no comer por la noche», comenta Zibuhe.
Pasividad por parte del Gobierno congoleño
Plotin Yambenga, periodista y analista congoleño, se muestra muy crítico y explica que «desde que se declaró el ébola, el Gobierno no ha demostrado voluntad alguna de dar una respuesta contundente».
«La epidemia de ébola que azota el este de la RDC avanza a un ritmo alarmante debido a la pasividad de las autoridades congoleñas. Desde que se declaró al pandemia, el Gobierno no ha demostrado voluntad alguna de dar una respuesta contundente. Como siempre, las autoridades han depositado sus esperanzas en los socios internacionales en lugar de predicar con el ejemplo. Además, a la semana de aparecer la enfermedad, se registraron escenas desoladoras en el centro de tratamiento, en particular el asalto al Hospital General de Bunia por parte de la población, lo que provocó la huida de los enfermos que se encontraban en tratamiento», señala.
Yambenga comenta que «el retraso en la respuesta ha provocado que el Gobierno ya no sea capaz de gestionar adecuadamente la situación. Nuestra clase política debe tomar conciencia de ello si realmente desea construir un Congo digno. Resulta inadmisible que el Gobierno destine sin reparos millones a organizar eventos de entretenimiento, como conciertos de música, pero que, cuando se trata de gestionar una catástrofe, espere la ayuda de socios externos. Esto demuestra que el país no está en buenas manos».
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