Años antes de que se popularizasen los avistamientos de platillos volantes y las teorías sobre visitas de alienígenas a nuestro planeta, había un coruñés que ya fijaba la mirada en las estrellas y esperaba encontrar evidencias de otros mundos más allá del nuestro. Se llamaba Óscar Rey Brea y su trayectoria ha llevado a varios estudiosos de la historia de los ovnis a situarlo entre los pioneros de la ufología española, e incluso a plantear una cuestión más amplia: si pudo ser uno de los primeros investigadores modernos, si no el primero, tras esta clase de avistamientos en todo el planeta. Las pesquisas de aquel gallego habían comenzado antes de que en 1947 Estados Unidos se acuñase aquello de los ‘flying saucers’ —la representación más conocida de los ovnis, aquellos ‘frisbees’ que comenzaron a aparecer como estrellas fugaces captadas en infinidad de artículos de revistas y prensa—. Rey Brea nació en La Coruña en 1923 y su interés por los cielos transpiró desde muy joven. A día de hoy, el historiador Ignacio Cabria lo incluye, en su libro ‘Entre ufólogos, creyentes y contactados’, junto a nombres como Manuel Pedrajo, Màrius Lleget, Antonio Ribera o Eduardo Buelta, entre los «verdaderos predecesores» españoles de esta disciplina. Cabria sitúa el origen de su curiosidad en 1943, cuando, enrolado en la División Azul en el frente ruso, en sus carnes fue testigo de un extraño avistamiento aéreo en Pushkin. El investigador —y también coruñés— Manuel Carballal, que décadas después reconstruyó y catalogó su vida con extensa documentación, añade otro episodio clave: en 1945, los padres de Rey Brea observaron sobre La Coruña unos objetos que su hijo ya no veía razonable atribuir a hipotéticas armas secretas de una guerra que acababa de terminar. Habría sido entonces cuando el ufólogo en ciernes comenzó a tomar nota de este tipo de casos.Cuando aún no tenían nombreCon un planteamiento así no cuesta pensar que Rey Brea no era el «meteorólogo» al uso con el que se le ha vinculado en muchas ocasiones. Cabria precisa que trabajó como auxiliar de meteorología, valiéndose de su formación científica autodidacta y su fuerte pasión por la astronomía, la cosmología y la física. Y la documentación oficial confirma esta vertiente profesional: una orden del Ministerio del Aire publicada en el BOE recoge a Óscar Rey Brea, nacido el 6 de enero de 1923, dentro del Cuerpo Especial de Observadores de Meteorología y destinado en el Centro Meteorológico de Galicia, en La Coruña. Pero lo llamativo está en las fechas: la referencia que habitualmente marca el comienzo de la era moderna de los ovnis está en un incidente sucedido el 24 de junio de 1947, cuando el piloto estadounidense Kenneth Arnold aseguró haber visto nueve extraños objetos mientras volaba cerca del monte Rainier. Aquella fue una historia que saltó a la prensa y tras la que el término ‘platillo volante’ se extendió primero por Estados Unidos y después por el mundo. El Instituto Smithsonian considera aquel avistamiento el detonante de la enorme popularización del fenómeno; pero la cuestión es que, para entonces, el coruñés Rey Brea llevaba ya cerca de dos años interesándose por esos sucesos sin tener siquiera un nombre con el que referirse a ellos. Con el ‘boom’ de los ovnis su actividad no tardó en salir del ámbito privado. La documentación recopilada sobre su obra conserva artículos desde 1950, con títulos como ‘Hay «Platillos Volantes» pero también existe «psicosis» colectiva’ o ‘Los Platillos Volantes ¿Llevan hombres o marcianos?’. Aunque su curiosidad iba más allá de los ovnis y escribió sobre Marte, la atmósfera, cosmología o relatividad, llegando a publicar en la propia ‘Revista de Aeronáutica y Astronáutica’ del Ministerio del Aire. En un artículo de 1966 reconocía precisamente su carácter desconfiado y su cautela ante la «verdad absoluta» de algunas historias relacionadas con aventuras espaciales. Dos años después firmó en la misma publicación ‘El relativismo sólo es de la mente’.Método ‘científico’Y en ese —moderado— escepticismo se encuentra buena parte de lo que hace interesante a Rey Brea; creía que detrás de algunos avistamientos podía existir algo extraordinario, pero intentaba ordenar los casos y buscar patrones. El investigador Vicente-Juan Ballester Olmos considera que él y Eduardo Buelta fueron, a comienzos de los cincuenta, precursores de una «ufología científica» basada en categorizar testimonios y el empleo de la estadística y la astronomía. Rey Brea llegó así a formular su célebre teoría de los «ciclos bienales». Para el coruñés, las oleadas de avistamientos coincidían con los momentos en los que Marte se encuentra más cerca de la Tierra. La teoría terminó siendo equivocada: un análisis posterior realizado con el Catálogo Unificado de Casos OVNI comprobó que esa aparente correlación podía sostenerse durante un pequeño periodo entre 1949 y 1953, pero desaparecía al extrapolar los datos. Su aportación no estuvo, por tanto, en el acierto sobre Marte, sino en intentar construir una hipótesis comprobable con datos fehacientes en una época en la que imperaba la especulación. Esa mezcla de fascinación y desconfianza se ve también cuando, en 1972, publicó en la revista ‘Stendek’ su estudio ‘Algo sobre las fotografías del supuesto OVNI de San José de Valderas’, un trabajo vinculado al caso Ummo, que hoy se tiene como uno de los mayores fraudes y fenómenos de la ufología en España. En su artículo, Rey Brea concluyó que aquellas imágenes habían sido falsificadas utilizando una maqueta y cuestionó uno de los relatos extraterrestres que por entonces despertaban más entusiasmo entre los aficionados en la Península. ¿Realmente fue Rey Brea, entonces, el primer ufólogo del mundo? Depende de dónde situemos la vara de medir. Antes que él ya había autores como Charles Fort que durante décadas catalogaron noticias sobre fenómenos inexplicados, aunque su interés era más disperso. Cabria prefiere definir a Rey Brea como un verdadero «precursor»; Ballester Olmos lo sitúa entre los «pioneros» de la ufología seria española; y Carballal va más allá y lo describe como «el hombre que inventó la ufología científica y de campo», dos años antes del mencionado caso Arnold.Lo indiscutible es que, cuando el mundo todavía no hablaba de platillos volantes, un joven de La Coruña ya intentaba averiguar qué eran aquellas cosas que la gente aseguraba ver en el cielo. Años antes de que se popularizasen los avistamientos de platillos volantes y las teorías sobre visitas de alienígenas a nuestro planeta, había un coruñés que ya fijaba la mirada en las estrellas y esperaba encontrar evidencias de otros mundos más allá del nuestro. Se llamaba Óscar Rey Brea y su trayectoria ha llevado a varios estudiosos de la historia de los ovnis a situarlo entre los pioneros de la ufología española, e incluso a plantear una cuestión más amplia: si pudo ser uno de los primeros investigadores modernos, si no el primero, tras esta clase de avistamientos en todo el planeta. Las pesquisas de aquel gallego habían comenzado antes de que en 1947 Estados Unidos se acuñase aquello de los ‘flying saucers’ —la representación más conocida de los ovnis, aquellos ‘frisbees’ que comenzaron a aparecer como estrellas fugaces captadas en infinidad de artículos de revistas y prensa—. Rey Brea nació en La Coruña en 1923 y su interés por los cielos transpiró desde muy joven. A día de hoy, el historiador Ignacio Cabria lo incluye, en su libro ‘Entre ufólogos, creyentes y contactados’, junto a nombres como Manuel Pedrajo, Màrius Lleget, Antonio Ribera o Eduardo Buelta, entre los «verdaderos predecesores» españoles de esta disciplina. Cabria sitúa el origen de su curiosidad en 1943, cuando, enrolado en la División Azul en el frente ruso, en sus carnes fue testigo de un extraño avistamiento aéreo en Pushkin. El investigador —y también coruñés— Manuel Carballal, que décadas después reconstruyó y catalogó su vida con extensa documentación, añade otro episodio clave: en 1945, los padres de Rey Brea observaron sobre La Coruña unos objetos que su hijo ya no veía razonable atribuir a hipotéticas armas secretas de una guerra que acababa de terminar. Habría sido entonces cuando el ufólogo en ciernes comenzó a tomar nota de este tipo de casos.Cuando aún no tenían nombreCon un planteamiento así no cuesta pensar que Rey Brea no era el «meteorólogo» al uso con el que se le ha vinculado en muchas ocasiones. Cabria precisa que trabajó como auxiliar de meteorología, valiéndose de su formación científica autodidacta y su fuerte pasión por la astronomía, la cosmología y la física. Y la documentación oficial confirma esta vertiente profesional: una orden del Ministerio del Aire publicada en el BOE recoge a Óscar Rey Brea, nacido el 6 de enero de 1923, dentro del Cuerpo Especial de Observadores de Meteorología y destinado en el Centro Meteorológico de Galicia, en La Coruña. Pero lo llamativo está en las fechas: la referencia que habitualmente marca el comienzo de la era moderna de los ovnis está en un incidente sucedido el 24 de junio de 1947, cuando el piloto estadounidense Kenneth Arnold aseguró haber visto nueve extraños objetos mientras volaba cerca del monte Rainier. Aquella fue una historia que saltó a la prensa y tras la que el término ‘platillo volante’ se extendió primero por Estados Unidos y después por el mundo. El Instituto Smithsonian considera aquel avistamiento el detonante de la enorme popularización del fenómeno; pero la cuestión es que, para entonces, el coruñés Rey Brea llevaba ya cerca de dos años interesándose por esos sucesos sin tener siquiera un nombre con el que referirse a ellos. Con el ‘boom’ de los ovnis su actividad no tardó en salir del ámbito privado. La documentación recopilada sobre su obra conserva artículos desde 1950, con títulos como ‘Hay «Platillos Volantes» pero también existe «psicosis» colectiva’ o ‘Los Platillos Volantes ¿Llevan hombres o marcianos?’. Aunque su curiosidad iba más allá de los ovnis y escribió sobre Marte, la atmósfera, cosmología o relatividad, llegando a publicar en la propia ‘Revista de Aeronáutica y Astronáutica’ del Ministerio del Aire. En un artículo de 1966 reconocía precisamente su carácter desconfiado y su cautela ante la «verdad absoluta» de algunas historias relacionadas con aventuras espaciales. Dos años después firmó en la misma publicación ‘El relativismo sólo es de la mente’.Método ‘científico’Y en ese —moderado— escepticismo se encuentra buena parte de lo que hace interesante a Rey Brea; creía que detrás de algunos avistamientos podía existir algo extraordinario, pero intentaba ordenar los casos y buscar patrones. El investigador Vicente-Juan Ballester Olmos considera que él y Eduardo Buelta fueron, a comienzos de los cincuenta, precursores de una «ufología científica» basada en categorizar testimonios y el empleo de la estadística y la astronomía. Rey Brea llegó así a formular su célebre teoría de los «ciclos bienales». Para el coruñés, las oleadas de avistamientos coincidían con los momentos en los que Marte se encuentra más cerca de la Tierra. La teoría terminó siendo equivocada: un análisis posterior realizado con el Catálogo Unificado de Casos OVNI comprobó que esa aparente correlación podía sostenerse durante un pequeño periodo entre 1949 y 1953, pero desaparecía al extrapolar los datos. Su aportación no estuvo, por tanto, en el acierto sobre Marte, sino en intentar construir una hipótesis comprobable con datos fehacientes en una época en la que imperaba la especulación. Esa mezcla de fascinación y desconfianza se ve también cuando, en 1972, publicó en la revista ‘Stendek’ su estudio ‘Algo sobre las fotografías del supuesto OVNI de San José de Valderas’, un trabajo vinculado al caso Ummo, que hoy se tiene como uno de los mayores fraudes y fenómenos de la ufología en España. En su artículo, Rey Brea concluyó que aquellas imágenes habían sido falsificadas utilizando una maqueta y cuestionó uno de los relatos extraterrestres que por entonces despertaban más entusiasmo entre los aficionados en la Península. ¿Realmente fue Rey Brea, entonces, el primer ufólogo del mundo? Depende de dónde situemos la vara de medir. Antes que él ya había autores como Charles Fort que durante décadas catalogaron noticias sobre fenómenos inexplicados, aunque su interés era más disperso. Cabria prefiere definir a Rey Brea como un verdadero «precursor»; Ballester Olmos lo sitúa entre los «pioneros» de la ufología seria española; y Carballal va más allá y lo describe como «el hombre que inventó la ufología científica y de campo», dos años antes del mencionado caso Arnold.Lo indiscutible es que, cuando el mundo todavía no hablaba de platillos volantes, un joven de La Coruña ya intentaba averiguar qué eran aquellas cosas que la gente aseguraba ver en el cielo.
Años antes de que se popularizasen los avistamientos de platillos volantes y las teorías sobre visitas de alienígenas a nuestro planeta, había un coruñés que ya fijaba la mirada en las estrellas y esperaba encontrar evidencias de otros mundos más allá del nuestro. Se llamaba … Óscar Rey Brea y su trayectoria ha llevado a varios estudiosos de la historia de los ovnis a situarlo entre los pioneros de la ufología española, e incluso a plantear una cuestión más amplia: si pudo ser uno de los primeros investigadores modernos, si no el primero, tras esta clase de avistamientos en todo el planeta.
Las pesquisas de aquel gallego habían comenzado antes de que en 1947 Estados Unidos se acuñase aquello de los ‘flying saucers’ —la representación más conocida de los ovnis, aquellos ‘frisbees’ que comenzaron a aparecer como estrellas fugaces captadas en infinidad de artículos de revistas y prensa—. Rey Brea nació en La Coruña en 1923 y su interés por los cielos transpiró desde muy joven. A día de hoy, el historiador Ignacio Cabria lo incluye, en su libro ‘Entre ufólogos, creyentes y contactados’, junto a nombres como Manuel Pedrajo, Màrius Lleget, Antonio Ribera o Eduardo Buelta, entre los «verdaderos predecesores» españoles de esta disciplina.
Cabria sitúa el origen de su curiosidad en 1943, cuando, enrolado en la División Azul en el frente ruso, en sus carnes fue testigo de un extraño avistamiento aéreo en Pushkin. El investigador —y también coruñés— Manuel Carballal, que décadas después reconstruyó y catalogó su vida con extensa documentación, añade otro episodio clave: en 1945, los padres de Rey Brea observaron sobre La Coruña unos objetos que su hijo ya no veía razonable atribuir a hipotéticas armas secretas de una guerra que acababa de terminar. Habría sido entonces cuando el ufólogo en ciernes comenzó a tomar nota de este tipo de casos.
Cuando aún no tenían nombre
Con un planteamiento así no cuesta pensar que Rey Brea no era el «meteorólogo» al uso con el que se le ha vinculado en muchas ocasiones. Cabria precisa que trabajó como auxiliar de meteorología, valiéndose de su formación científica autodidacta y su fuerte pasión por la astronomía, la cosmología y la física. Y la documentación oficial confirma esta vertiente profesional: una orden del Ministerio del Aire publicada en el BOE recoge a Óscar Rey Brea, nacido el 6 de enero de 1923, dentro del Cuerpo Especial de Observadores de Meteorología y destinado en el Centro Meteorológico de Galicia, en La Coruña.
Pero lo llamativo está en las fechas: la referencia que habitualmente marca el comienzo de la era moderna de los ovnis está en un incidente sucedido el 24 de junio de 1947, cuando el piloto estadounidense Kenneth Arnold aseguró haber visto nueve extraños objetos mientras volaba cerca del monte Rainier. Aquella fue una historia que saltó a la prensa y tras la que el término ‘platillo volante’ se extendió primero por Estados Unidos y después por el mundo. El Instituto Smithsonian considera aquel avistamiento el detonante de la enorme popularización del fenómeno; pero la cuestión es que, para entonces, el coruñés Rey Brea llevaba ya cerca de dos años interesándose por esos sucesos sin tener siquiera un nombre con el que referirse a ellos.
Con el ‘boom’ de los ovnis su actividad no tardó en salir del ámbito privado. La documentación recopilada sobre su obra conserva artículos desde 1950, con títulos como ‘Hay «Platillos Volantes» pero también existe «psicosis» colectiva’ o ‘Los Platillos Volantes ¿Llevan hombres o marcianos?’. Aunque su curiosidad iba más allá de los ovnis y escribió sobre Marte, la atmósfera, cosmología o relatividad, llegando a publicar en la propia ‘Revista de Aeronáutica y Astronáutica’ del Ministerio del Aire. En un artículo de 1966 reconocía precisamente su carácter desconfiado y su cautela ante la «verdad absoluta» de algunas historias relacionadas con aventuras espaciales. Dos años después firmó en la misma publicación ‘El relativismo sólo es de la mente’.
Método ‘científico’
Y en ese —moderado— escepticismo se encuentra buena parte de lo que hace interesante a Rey Brea; creía que detrás de algunos avistamientos podía existir algo extraordinario, pero intentaba ordenar los casos y buscar patrones. El investigador Vicente-Juan Ballester Olmos considera que él y Eduardo Buelta fueron, a comienzos de los cincuenta, precursores de una «ufología científica» basada en categorizar testimonios y el empleo de la estadística y la astronomía. Rey Brea llegó así a formular su célebre teoría de los «ciclos bienales». Para el coruñés, las oleadas de avistamientos coincidían con los momentos en los que Marte se encuentra más cerca de la Tierra.
La teoría terminó siendo equivocada: un análisis posterior realizado con el Catálogo Unificado de Casos OVNI comprobó que esa aparente correlación podía sostenerse durante un pequeño periodo entre 1949 y 1953, pero desaparecía al extrapolar los datos. Su aportación no estuvo, por tanto, en el acierto sobre Marte, sino en intentar construir una hipótesis comprobable con datos fehacientes en una época en la que imperaba la especulación.
Esa mezcla de fascinación y desconfianza se ve también cuando, en 1972, publicó en la revista ‘Stendek’ su estudio ‘Algo sobre las fotografías del supuesto OVNI de San José de Valderas’, un trabajo vinculado al caso Ummo, que hoy se tiene como uno de los mayores fraudes y fenómenos de la ufología en España. En su artículo, Rey Brea concluyó que aquellas imágenes habían sido falsificadas utilizando una maqueta y cuestionó uno de los relatos extraterrestres que por entonces despertaban más entusiasmo entre los aficionados en la Península.
¿Realmente fue Rey Brea, entonces, el primer ufólogo del mundo? Depende de dónde situemos la vara de medir. Antes que él ya había autores como Charles Fort que durante décadas catalogaron noticias sobre fenómenos inexplicados, aunque su interés era más disperso. Cabria prefiere definir a Rey Brea como un verdadero «precursor»; Ballester Olmos lo sitúa entre los «pioneros» de la ufología seria española; y Carballal va más allá y lo describe como «el hombre que inventó la ufología científica y de campo», dos años antes del mencionado caso Arnold.
Lo indiscutible es que, cuando el mundo todavía no hablaba de platillos volantes, un joven de La Coruña ya intentaba averiguar qué eran aquellas cosas que la gente aseguraba ver en el cielo.
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