Ya están aquí las fiestas mayores de la ciudad que habito. Tienen detrás algunos siglos y bastante literatura, toda ella quizá no demasiado excelsa y amasada con tres o cuatro tópicos machaconamente repetidos año tras año: el pulpo, los fuegos, las barracas… Hace ya más de setenta años, Cunqueiro escribió aquello de que las de sanfroilán son las fiestas más hermosos del otoño gallego y desde entonces no hay pregonero ni gacetillero que evite incurrir en el cliché. Don Álvaro tuvo cuidado de precisar bien la dedicatoria del elogio: las fiestas. Si hubiera escrito ‘las ferias’ (el sanfroilán fue feria ante que fiesta) habría incurrido en una injusticia de leso patriotismo, porque ese título le corresponde a As San Lucas mindonienses. Otro tópico en el que tropiezan todos los heraldos de micrófono y todos los plumillas es el de Mabille de Poncheville. Fole lo sacó a plaza en 1932 y desde entonces no ha parado de circular. Lo curioso es que la inmensa mayoría de quienes repiten el famoso elogio a Lugo (‘un poète malade mènerait ici une vie heureuse’) no saben ni quién demonios fue el tal ‘monsieur’ De Poncheville ni les importa un rábano. A los gobernantes de la ciudad que habito -unos y otros, los de hoy, los de ayer, los de anteayer y me temo que los de mañana- les gusta mucho inaugurar plaquitas vengan o no a cuento. Pues bien, puestos ya a la labor bien podrían colocar, en la zona de A Mosqueira, una que recordase el paso por allí del señor De Poncheville y su macbethiana visión de las pulperas con sus calderos de cobre puestos al fuego. No creo que tal cosa sea posible, porque el señor De Poncheville no publicó nada en gallego. Y además era persona culta y de familia aristocrática. O sea, no nos hagamos ilusiones: no hay nada que hacer. Ya están aquí las fiestas mayores de la ciudad que habito. Tienen detrás algunos siglos y bastante literatura, toda ella quizá no demasiado excelsa y amasada con tres o cuatro tópicos machaconamente repetidos año tras año: el pulpo, los fuegos, las barracas… Hace ya más de setenta años, Cunqueiro escribió aquello de que las de sanfroilán son las fiestas más hermosos del otoño gallego y desde entonces no hay pregonero ni gacetillero que evite incurrir en el cliché. Don Álvaro tuvo cuidado de precisar bien la dedicatoria del elogio: las fiestas. Si hubiera escrito ‘las ferias’ (el sanfroilán fue feria ante que fiesta) habría incurrido en una injusticia de leso patriotismo, porque ese título le corresponde a As San Lucas mindonienses. Otro tópico en el que tropiezan todos los heraldos de micrófono y todos los plumillas es el de Mabille de Poncheville. Fole lo sacó a plaza en 1932 y desde entonces no ha parado de circular. Lo curioso es que la inmensa mayoría de quienes repiten el famoso elogio a Lugo (‘un poète malade mènerait ici une vie heureuse’) no saben ni quién demonios fue el tal ‘monsieur’ De Poncheville ni les importa un rábano. A los gobernantes de la ciudad que habito -unos y otros, los de hoy, los de ayer, los de anteayer y me temo que los de mañana- les gusta mucho inaugurar plaquitas vengan o no a cuento. Pues bien, puestos ya a la labor bien podrían colocar, en la zona de A Mosqueira, una que recordase el paso por allí del señor De Poncheville y su macbethiana visión de las pulperas con sus calderos de cobre puestos al fuego. No creo que tal cosa sea posible, porque el señor De Poncheville no publicó nada en gallego. Y además era persona culta y de familia aristocrática. O sea, no nos hagamos ilusiones: no hay nada que hacer.

Ya están aquí las fiestas mayores de la ciudad que habito. Tienen detrás algunos siglos y bastante literatura, toda ella quizá no demasiado excelsa y amasada con tres o cuatro tópicos machaconamente repetidos año tras año: el pulpo, los fuegos, las barracas…
Hace ya … más de setenta años, Cunqueiro escribió aquello de que las de sanfroilán son las fiestas más hermosos del otoño gallego y desde entonces no hay pregonero ni gacetillero que evite incurrir en el cliché. Don Álvaro tuvo cuidado de precisar bien la dedicatoria del elogio: las fiestas. Si hubiera escrito ‘las ferias’ (el sanfroilán fue feria ante que fiesta) habría incurrido en una injusticia de leso patriotismo, porque ese título le corresponde a As San Lucas mindonienses.
Otro tópico en el que tropiezan todos los heraldos de micrófono y todos los plumillas es el de Mabille de Poncheville. Fole lo sacó a plaza en 1932 y desde entonces no ha parado de circular. Lo curioso es que la inmensa mayoría de quienes repiten el famoso elogio a Lugo (‘un poète malade mènerait ici une vie heureuse’) no saben ni quién demonios fue el tal ‘monsieur’ De Poncheville ni les importa un rábano.
A los gobernantes de la ciudad que habito -unos y otros, los de hoy, los de ayer, los de anteayer y me temo que los de mañana- les gusta mucho inaugurar plaquitas vengan o no a cuento. Pues bien, puestos ya a la labor bien podrían colocar, en la zona de A Mosqueira, una que recordase el paso por allí del señor De Poncheville y su macbethiana visión de las pulperas con sus calderos de cobre puestos al fuego. No creo que tal cosa sea posible, porque el señor De Poncheville no publicó nada en gallego. Y además era persona culta y de familia aristocrática. O sea, no nos hagamos ilusiones: no hay nada que hacer.
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