Desviar la atención es la táctica más antigua del mundo. En el fútbol, en la política y en la vida en general. El Real Madrid ha decidido zambullirse en el ruido después de quedar eliminado en los cuartos de final de la Champions League ante el Bayern. El club blanco ha activado todos los ventiladores y los ha puesto en dirección a la figura de Vincic, el colegiado esloveno del duelo del Allianz. La polémica expulsión de Camavinga, que vio la segunda amarilla por llevarse el balón en brazos unos metros, ha supuesto el escudo perfecto. La justificación ideal. “La eliminatoria se ha acabado con la expulsión”, defendía Arbeloa en sala de prensa, como si un equipo con diez ya no pudiera competir, y pasando por alto que dos de los tres goles del Real Madrid pudieron ser anulados.
El club blanco no encuentra respuestas más allá del árbitro tras el KO en la Champions y se plantea el futuro de Arbeloa
Desviar la atención es la táctica más antigua del mundo. En el fútbol, en la política y en la vida en general. El Real Madrid ha decidido zambullirse en el ruido después de quedar eliminado en los cuartos de final de la Champions League ante el Bayern. El club blanco ha activado todos los ventiladores y los ha puesto en dirección a la figura de Vincic, el colegiado esloveno del duelo del Allianz. La polémica expulsión de Camavinga, que vio la segunda amarilla por llevarse el balón en brazos unos metros, ha supuesto el escudo perfecto. La justificación ideal. “La eliminatoria se ha acabado con la expulsión”, defendía Arbeloa en sala de prensa, como si un equipo con diez ya no pudiera competir, y pasando por alto que dos de los tres goles del Real Madrid pudieron ser anulados.
En plena furia por el adiós a su competición fetiche, el Madrid se agarra a la Liga como un clavo ardiendo para intentar esquivar lo que sería una segunda temporada sin títulos. En la zona noble del club optan por esperar al desenlace de la temporada antes de tomar decisiones drásticas pero la derrota en Múnich ha situado la carpeta del banquillo en lo más alto del montón.
El entorno madridista ha activado todos sus ventiladores hacia Vincic para driblar la autocrítica
Florentino Pérez se encuentra ahora en una encrucijada. La fallida apuesta por Xabi Alonso, que le garantizaba un modelo y una idea de juego, un sendero por el que continuar, murió por su mala relación con el vestuario. Se le dio más poder a los futbolistas que al entrenador y de ahí la apuesta por Arbeloa, un técnico que cuajó en inicio bien en el vestuario porque supo a quién mimar y cuándo hacerlo. Pero los resultados no le han acompañado. Acumula siete derrotas en 25 partidos, que le han costado el adiós a la Copa y a la Champions, amén de haberse distanciado a nueve puntos del Barça en la clasificación de la Liga. Así que por un lado, Florentino sabe que al vestuario le gustaría que Arbeloa continuara en el banquillo pero, por el otro, los argumentos futbolísticos empiezan a acercarse a cero si no es que se culmina una remontada milagrosa en la Liga. Porque la buena imagen ofrecida en la Champions, tanto ante el City como ante el Bayern, no parece suponer argumento suficiente para un club de la exigencia de la que siempre ha presumido el Madrid.

También habrá que ver qué rol juega el Bernabéu en todo esto. El malestar es general, como se ha demostrado en varias ocasiones esta misma temporada, con el respetable ya no sólo señalando a los jugadores, sino también al palco, pidiendo dimisiones. Curiosamente, el banquillo ha quedado siempre en un discreto segundo plano. El Madrid evitará sentarse en el banco de los acusados hasta el próximo martes, ya que este fin de semana la Liga se para por la celebración de la final de la Copa del Rey. Pero el día 21, el conjunto de Arbeloa tiene cita en el Bernabéu frente al Alavés, y los ánimos del público no están precisamente calmados. Ese malestar podría precipitar también acontecimientos en Concha Espina, donde nadie parece acertar con el rumbo del club.
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