Los flujos migratorios permitirán a nuestro país tener dentro de 75 años un 1,3% más de población que ahora, mientras la UE sufrirá un descenso del 11,7% Leer Los flujos migratorios permitirán a nuestro país tener dentro de 75 años un 1,3% más de población que ahora, mientras la UE sufrirá un descenso del 11,7% Leer
El invierno demográfico que atravesará España en las próximas décadas es un desafío económico de primera magnitud, con la segunda tasa de fertilidad más baja de toda la Unión Europea dentro de 75 años y una proporción creciente de personas mayores de 64 años, lo que condenará al país al envejecimiento y la reducción de la población en edad de trabajar (y, por tanto, de mantener el país).
Según las Proyecciones Demográficas 2025-2100 publicadas este jueves por Eurostat, la oficina de estadística comunitaria, la población de la UE descenderá un 11,7% de aquí al año 2100, mientras que la española crecerá un tímido 1,3%, gracias íntegramente a los flujos migratorios. Italia, por ejemplo, pasará de tener casi diez millones de habitantes más que España a tener cinco millones menos en 2100, lo que dejará a nuestro país como el tercero más poblado de la UE.
Pese a que nuestro país perderá el podio de destino preferente de la inmigración, en 2100 será el segundo de la UE con más recepción neta de migrantes, con un total de 202.454 personas de ganancia neta anual, sólo por detrás de Alemania, que sumará 207.192 personas.
Este crecimiento poblacional vía flujos migratorios nos permitirá compensar en parte el mal comportamiento de la tasa de fecundidad, que se situará entonces en 1,42 hijos por mujer. Se trata de una proyección que mejora la situación actual, ya que en 2025 la tasa se sitúa en 1,1, debido a la llegada de población extranjera que habitualmente tiene más número de hijos.
Con todo, se trata de una mejora insuficiente en comparación con el resto de países. El mejor posicionado en esta clasificación para el año 2100 será Bulgaria, con 1,69 hijos por mujer, seguido de Francia (1,68), Rumania (1,64) y República Checa (1,62). Todos ellos, en cualquier caso, están muy por debajo de la tasa de 2,1 hijos por mujer, considerada tradicionalmente la tasa de reemplazo apropiada para mantener estable la población a largo plazo.
Los datos de Eurostat son positivos en cuanto a la evolución de la esperanza de vida, que irá aumentando progresivamente a lo largo del horizonte de proyección hasta llegar a los 89,6 años para los varones dentro de setenta y cinco años y a los 93 años para las mujeres, frente a los 81,5 y 86,6 actuales, respectivamente.
Nuestro país seguirá siendo el que presente mayor esperanza de vida al nacer para el género femenino, si bien Francia nos igualará en el 2100. En los hombres, pasaremos de ser los quintos a los terceros con mejor resultado.
La otra cara de la moneda de estos datos está en el envejecimiento demográfico y en el tensionamiento del gasto público por la vía de las pensiones públicas, la salud o la dependencia, entre otras partidas.
Esta dinámica poblacional provocará que España pase de tener un 20,7% de población mayor de 64 años a un 35,8% en el año 2100, es decir, más de una de cada tres personas tendrá esa edad, reduciéndose la proporción de personas en edad de trabajar. Ahora mismo, seis de cada diez personas en el país (el 60,8%) tiene entre 20 y 64 años -la horquilla utilizada por Eurostat-, mientras que para entonces no llegarán a la mitad de la población (49,1%) y seremos el sexto país con menor proporción.
En el peor de los casos, esto se traduciría en que la mitad de la población tendrá que sostener a la otra mitad, algo que llevaría al extremo las cuentas públicas. Por ello, ante la caída vertiginosa en la población en edad de trabajar el país se ha marcado como reto seguir captando extranjeros jóvenes que se incorporen a nuestro mercado de trabajo y alargar la vida laboral, incentivando que los empleados pospongan su edad de jubilación para que contribuyan lo máximo posible al sistema de Seguridad Social por medio de sus cotizaciones sociales.
De esta manera se intenta reforzar los ingresos del sistema, condenado en las próximas décadas a un gasto creciente a medida que se jubila la macrogeneración del babyboom, y se intenta reducir la aportación neta que se llevan los cotizantes durante su etapa de jubilación, al ser esta cada vez más larga por su mayor longevidad.
La evolución de la población en edad de trabajar en España será más desfavorable que en la media de la UE, donde se espera que baje del 58% al 50%. Por su parte, la proporción de niños y jóvenes (de 0 a 19 años) se reducirá del 20% al 17%.
«La pirámide poblacional de la UE para 2025 muestra una sociedad con una alta esperanza de vida, baja mortalidad y bajas tasas de natalidad (…) Para el año 2100 se observa una tendencia hacia una población en declive, con una proporción creciente de personas en grupos de edad avanzada y una disminución de la población joven y de la población en edad laboral», explicó ayer Eurostat en la nota que acompaña las proyecciones.
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