La tradicional estampa que cada año dibujan los caballos criados en la marisma en su recorrido hasta Almonte volvió a renovarse en la mañana de este viernes, con El Rocío como punto clave para la contemplación colectiva de un rito cargado de belleza, espíritu salvaje y cultura ancestral. Unas 1.500 cabezas de equinos , entre yeguas, potros y sementales, guiados por los yegüerizos, fueron pasando por la puerta del santuario de la Virgen del Rocío repartidos en siete tropas tras recorrer varias calles de la aldea. Finamente fueron bendecidos animales y personas que hacen posible la pervivencia de una tradición con cinco siglos de regulación y al menos el doble de actividad.Durante dos intensas horas, cada oleada de caballos suponía un espectáculo para la mirada de la multitud apostada en torno a la explanada y los aledaños. Diferentes tamaños en cada figura, con diferentes tonos de piel y de crines, se movían formando un caótico remolino de relinchos y trotes, contenido y controlado por los jinetes.Progresivamente fueron desfilando con aires salvajes la tropa procedente de la zona de Rocina Sur, Rocina Norte, la Vera y las Playas, las Gangas, así como de las fincas El Matocha, las Nuevas y El Rincón. Los caballistas se fueron retirando el pañuelo, la gorra o el sombrero, en cada caso, en señal de respeto ante la Virgen del Rocío mientras se presignaban. Padres e hijos cabalgaban juntos, dando testimonio de que el relevo generacional estaba garantizado.José Manuel Pérez, que fue muchos años yegüerizo y miembros de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, fue presentando a cada tropa y amenizando a los presentes el tiempo entre una y otra recordando pasajes de la historia de esta tradición, personajes, poesías y cuentos. Bajo la gran concha de la portada del santuario se situaron los diferentes representantes de administraciones locales, provinciales y autonómicas. A todas ellas les dio la bienvenida Francisco Bella, alcalde de Almonte, quien manifestó que El Rocío es el lugar donde coinciden dos santuarios, el de la Virgen del Rocío y el santuario natural de Doñana. Aseguró que la Saca de las Yeguas es «la mayor coincidencia entre el hombre y la naturaleza», una tradición que han mantenido a lo largo de la historia muchas generaciones. Describió este rito como «el asomo de la libertad de Doñana escapa y se introduce en su pueblo. Las yeguas con sus relinchos saludan a la patrona de Almonte, la reina de Andalucía», un momento y un lugar en el que «se funde la cultura con el alma de Doñana».Los equinos por las calles de la aldea Víctor RodríguezSantiago Padilla, presidente de la Hermandad Matriz del Rocío, resaltó que vivir este rito almonteño «nos explica la relación del Rocío con Doñana, con la cultura del caballo, que surgió de esta marisma». Agradeció a la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño el «esfuerzo» que realizan por mantener esta tradición que «Almonte comparte con todos» y lanzó un viva a la Virgen del Rocío.Diego Díaz Báñez, presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, reflejó que esta jornada es «un acontecimiento reflejo de nuestras costumbres y la forma de entendernos y respetarnos que se transmite de generación en generación que han seguido cada año los yegüerizos por los caminos durante siglos». Mostró su agradecimiento a todos los que trabajan por esta tradición, «ejemplo de respeto por la naturaleza y orgullo de nuestras costumbres», una tradición que «sigue galopando hacia el futuro». El presidente en funciones de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, valoró que la Saca de las Yeguas es «una de nuestras tradiciones más ancestrales», regulada desde hace 533 años, pero que es «milenaria». «No existe una tradición tan bonita y completa como ésta», aseveró Moreno, que recordó que está reconocida como Patrimonio Inmaterial de Andalucía y que cuenta con un «sello propio». Indicó la importancia de colaborar en su mantenimiento y cómo partiendo de la «joya natural» que es Doñana ha surgido una cultura, una devoción que es también una «fuerte actividad económica para la zona».Carolina Marín en la aldea del Rocío Víctor RodríguezCarolina Marín, testigo de excepciónUna invitada especial que no quiso perderse ni un detalle fue la ya exjugadora de bádminton Carolina Marín, que una vez más demostró su amor por El Rocío y sus tradiciones. La campeona olímpica vivió de cerca el paso de los caballos sin miedo alguno, fijándose en los detalles y apreciando la belleza en movimiento que supone esta estampa. Acudió invitada por Manuel Acosta, doctor de la Universidad de Huelva, responsable del Symposium Internacional ‘Más que Caballos’ y autor de varios libros. Francisco Miguel Valencia, rector del Santuario del Rocío, fue el encargado de oficiar la bendición y el rezo de la salve, con la que se tuvo presente «a los animales y a todos los que hacen posible que se mantenga esta tradición», expresó antes de lanzar varios vivas.La jornada continuó con la conducción del ganado hacia la zona de Sesteo, una parada para descansar antes de tomar el Camino de los Llanos hasta Almonte, donde las tropas recorrerán varias calles hasta alcanzar el Recinto Ganadero Huerta de la Cañada. La tradicional estampa que cada año dibujan los caballos criados en la marisma en su recorrido hasta Almonte volvió a renovarse en la mañana de este viernes, con El Rocío como punto clave para la contemplación colectiva de un rito cargado de belleza, espíritu salvaje y cultura ancestral. Unas 1.500 cabezas de equinos , entre yeguas, potros y sementales, guiados por los yegüerizos, fueron pasando por la puerta del santuario de la Virgen del Rocío repartidos en siete tropas tras recorrer varias calles de la aldea. Finamente fueron bendecidos animales y personas que hacen posible la pervivencia de una tradición con cinco siglos de regulación y al menos el doble de actividad.Durante dos intensas horas, cada oleada de caballos suponía un espectáculo para la mirada de la multitud apostada en torno a la explanada y los aledaños. Diferentes tamaños en cada figura, con diferentes tonos de piel y de crines, se movían formando un caótico remolino de relinchos y trotes, contenido y controlado por los jinetes.Progresivamente fueron desfilando con aires salvajes la tropa procedente de la zona de Rocina Sur, Rocina Norte, la Vera y las Playas, las Gangas, así como de las fincas El Matocha, las Nuevas y El Rincón. Los caballistas se fueron retirando el pañuelo, la gorra o el sombrero, en cada caso, en señal de respeto ante la Virgen del Rocío mientras se presignaban. Padres e hijos cabalgaban juntos, dando testimonio de que el relevo generacional estaba garantizado.José Manuel Pérez, que fue muchos años yegüerizo y miembros de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, fue presentando a cada tropa y amenizando a los presentes el tiempo entre una y otra recordando pasajes de la historia de esta tradición, personajes, poesías y cuentos. Bajo la gran concha de la portada del santuario se situaron los diferentes representantes de administraciones locales, provinciales y autonómicas. A todas ellas les dio la bienvenida Francisco Bella, alcalde de Almonte, quien manifestó que El Rocío es el lugar donde coinciden dos santuarios, el de la Virgen del Rocío y el santuario natural de Doñana. Aseguró que la Saca de las Yeguas es «la mayor coincidencia entre el hombre y la naturaleza», una tradición que han mantenido a lo largo de la historia muchas generaciones. Describió este rito como «el asomo de la libertad de Doñana escapa y se introduce en su pueblo. Las yeguas con sus relinchos saludan a la patrona de Almonte, la reina de Andalucía», un momento y un lugar en el que «se funde la cultura con el alma de Doñana».Los equinos por las calles de la aldea Víctor RodríguezSantiago Padilla, presidente de la Hermandad Matriz del Rocío, resaltó que vivir este rito almonteño «nos explica la relación del Rocío con Doñana, con la cultura del caballo, que surgió de esta marisma». Agradeció a la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño el «esfuerzo» que realizan por mantener esta tradición que «Almonte comparte con todos» y lanzó un viva a la Virgen del Rocío.Diego Díaz Báñez, presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, reflejó que esta jornada es «un acontecimiento reflejo de nuestras costumbres y la forma de entendernos y respetarnos que se transmite de generación en generación que han seguido cada año los yegüerizos por los caminos durante siglos». Mostró su agradecimiento a todos los que trabajan por esta tradición, «ejemplo de respeto por la naturaleza y orgullo de nuestras costumbres», una tradición que «sigue galopando hacia el futuro». El presidente en funciones de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, valoró que la Saca de las Yeguas es «una de nuestras tradiciones más ancestrales», regulada desde hace 533 años, pero que es «milenaria». «No existe una tradición tan bonita y completa como ésta», aseveró Moreno, que recordó que está reconocida como Patrimonio Inmaterial de Andalucía y que cuenta con un «sello propio». Indicó la importancia de colaborar en su mantenimiento y cómo partiendo de la «joya natural» que es Doñana ha surgido una cultura, una devoción que es también una «fuerte actividad económica para la zona».Carolina Marín en la aldea del Rocío Víctor RodríguezCarolina Marín, testigo de excepciónUna invitada especial que no quiso perderse ni un detalle fue la ya exjugadora de bádminton Carolina Marín, que una vez más demostró su amor por El Rocío y sus tradiciones. La campeona olímpica vivió de cerca el paso de los caballos sin miedo alguno, fijándose en los detalles y apreciando la belleza en movimiento que supone esta estampa. Acudió invitada por Manuel Acosta, doctor de la Universidad de Huelva, responsable del Symposium Internacional ‘Más que Caballos’ y autor de varios libros. Francisco Miguel Valencia, rector del Santuario del Rocío, fue el encargado de oficiar la bendición y el rezo de la salve, con la que se tuvo presente «a los animales y a todos los que hacen posible que se mantenga esta tradición», expresó antes de lanzar varios vivas.La jornada continuó con la conducción del ganado hacia la zona de Sesteo, una parada para descansar antes de tomar el Camino de los Llanos hasta Almonte, donde las tropas recorrerán varias calles hasta alcanzar el Recinto Ganadero Huerta de la Cañada.
La tradicional estampa que cada año dibujan los caballos criados en la marisma en su recorrido hasta Almonte volvió a renovarse en la mañana de este viernes, con El Rocío como punto clave para la contemplación colectiva de un rito cargado de belleza, espíritu salvaje … y cultura ancestral.
Unas 1.500 cabezas de equinos, entre yeguas, potros y sementales, guiados por los yegüerizos, fueron pasando por la puerta del santuario de la Virgen del Rocío repartidos en siete tropas tras recorrer varias calles de la aldea. Finamente fueron bendecidos animales y personas que hacen posible la pervivencia de una tradición con cinco siglos de regulación y al menos el doble de actividad.
Durante dos intensas horas, cada oleada de caballos suponía un espectáculo para la mirada de la multitud apostada en torno a la explanada y los aledaños. Diferentes tamaños en cada figura, con diferentes tonos de piel y de crines, se movían formando un caótico remolino de relinchos y trotes, contenido y controlado por los jinetes.
Progresivamente fueron desfilando con aires salvajes la tropa procedente de la zona de Rocina Sur, Rocina Norte, la Vera y las Playas, las Gangas, así como de las fincas El Matocha, las Nuevas y El Rincón. Los caballistas se fueron retirando el pañuelo, la gorra o el sombrero, en cada caso, en señal de respeto ante la Virgen del Rocío mientras se presignaban. Padres e hijos cabalgaban juntos, dando testimonio de que el relevo generacional estaba garantizado.
José Manuel Pérez, que fue muchos años yegüerizo y miembros de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, fue presentando a cada tropa y amenizando a los presentes el tiempo entre una y otra recordando pasajes de la historia de esta tradición, personajes, poesías y cuentos.
Bajo la gran concha de la portada del santuario se situaron los diferentes representantes de administraciones locales, provinciales y autonómicas. A todas ellas les dio la bienvenida Francisco Bella, alcalde de Almonte, quien manifestó que El Rocío es el lugar donde coinciden dos santuarios, el de la Virgen del Rocío y el santuario natural de Doñana. Aseguró que la Saca de las Yeguas es «la mayor coincidencia entre el hombre y la naturaleza», una tradición que han mantenido a lo largo de la historia muchas generaciones. Describió este rito como «el asomo de la libertad de Doñana escapa y se introduce en su pueblo. Las yeguas con sus relinchos saludan a la patrona de Almonte, la reina de Andalucía», un momento y un lugar en el que «se funde la cultura con el alma de Doñana».
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(Víctor Rodríguez)
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Santiago Padilla, presidente de la Hermandad Matriz del Rocío, resaltó que vivir este rito almonteño «nos explica la relación del Rocío con Doñana, con la cultura del caballo, que surgió de esta marisma». Agradeció a la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño el «esfuerzo» que realizan por mantener esta tradición que «Almonte comparte con todos» y lanzó un viva a la Virgen del Rocío.
Diego Díaz Báñez, presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, reflejó que esta jornada es «un acontecimiento reflejo de nuestras costumbres y la forma de entendernos y respetarnos que se transmite de generación en generación que han seguido cada año los yegüerizos por los caminos durante siglos». Mostró su agradecimiento a todos los que trabajan por esta tradición, «ejemplo de respeto por la naturaleza y orgullo de nuestras costumbres», una tradición que «sigue galopando hacia el futuro».
El presidente en funciones de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, valoró que la Saca de las Yeguas es «una de nuestras tradiciones más ancestrales», regulada desde hace 533 años, pero que es «milenaria». «No existe una tradición tan bonita y completa como ésta», aseveró Moreno, que recordó que está reconocida como Patrimonio Inmaterial de Andalucía y que cuenta con un «sello propio». Indicó la importancia de colaborar en su mantenimiento y cómo partiendo de la «joya natural» que es Doñana ha surgido una cultura, una devoción que es también una «fuerte actividad económica para la zona».

(Víctor Rodríguez)
Carolina Marín, testigo de excepción
Una invitada especial que no quiso perderse ni un detalle fue la ya exjugadora de bádminton Carolina Marín, que una vez más demostró su amor por El Rocío y sus tradiciones. La campeona olímpica vivió de cerca el paso de los caballos sin miedo alguno, fijándose en los detalles y apreciando la belleza en movimiento que supone esta estampa. Acudió invitada por Manuel Acosta, doctor de la Universidad de Huelva, responsable del Symposium Internacional ‘Más que Caballos’ y autor de varios libros.
Francisco Miguel Valencia, rector del Santuario del Rocío, fue el encargado de oficiar la bendición y el rezo de la salve, con la que se tuvo presente «a los animales y a todos los que hacen posible que se mantenga esta tradición», expresó antes de lanzar varios vivas.
La jornada continuó con la conducción del ganado hacia la zona de Sesteo, una parada para descansar antes de tomar el Camino de los Llanos hasta Almonte, donde las tropas recorrerán varias calles hasta alcanzar el Recinto Ganadero Huerta de la Cañada.
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