España siempre ha estado a la vanguardia de la natación artística. Ha innovado en bañadores, en coreografías, elementos técnicos, músicas que se salían del Lago de los cisnes y la perfección rusa, dominadora de este deporte hasta la sanción de World Aquatics por la guerra de Ucrania (2022) y desde el comienzo del milenio. Pero ahora ha ido un paso más allá con Andrea Fuentes. No pone el acento en los detalles, sino en el mensaje, en la dirección a la que se dirige este deporte más matemático, con más apneas (cabeza del agua) y con mayor dificultad, que pone en más riesgo la salud de los deportistas. La artística se convierte en una partida de ajedrez hasta que España ha decidido romper el tablero.
Con un mensaje de “esperanza” por una natación artística con menos apneas y que prime lo artístico, el equipo de Andrea Fuentes fue segundo por detrás del equipo ruso, que vuelve a la cima
España siempre ha estado a la vanguardia de la natación artística. Ha innovado en bañadores, en coreografías, elementos técnicos, músicas que se salían del Lago de los cisnes y la perfección rusa, dominadora de este deporte hasta la sanción de World Aquatics por la guerra de Ucrania (2022) y desde el comienzo del milenio. Pero ahora ha ido un paso más allá con Andrea Fuentes. No pone el acento en los detalles, sino en el mensaje, en la dirección a la que se dirige este deporte más matemático, con más apneas (cabeza del agua) y con mayor dificultad, que pone en más riesgo la salud de los deportistas. La artística se convierte en una partida de ajedrez hasta que España ha decidido romper el tablero.
Y eso es lo que ha llevado al límite con la coreografía del equipo técnico que se colgó la plata en los Europeos de París, con música del rapero estadounidense Nathan John Feuerstein (NF), un mensaje claro tatuado en el bañador: “Hope (esperanza)”. “Vamos a contracorriente”, señaló la seleccionadora, que ha rebajado las apneas y el nivel de dificultad y se ha dedicado, junto al biomecánico Andreu Roig, ha mejorar las transiciones entre figuras y a innovar con los híbridos, muy atrevidos, pero priorizando la excelente ejecución y no la dificultad a toda costa.
El resultado fue una rutina repleta de energía, dinámica, casi perfecta, en ocasiones más lenta que la velocidad de otras escuelas, para que los espectadores pudieran saborear cada figura, cada elemento. Y los jueces lo premiaron con una puntuación de 296.4299, con la mejor impresión artística (123.2000) y una ejecución que valió algún diez (173.2299).
Solamente Rusia podía sacar a las españolas del oro, todavía con el ambiente tensionado por lo que sucedió en el equipo libre, cuando las españolas, que fueron plata a solo 2,5 décimas de su gran rival, denunciaron en redes sociales que le copiaron el día anterior una figura innovadora para neutralizar su arma secreta. La acusaron de falta de “ética” y “dignidad”. Un debate servido que convirtió la piscina de Saint-Denis en aguas movedizas. Y Rusia, en esta ocasión, superó a las de Andrea Fuentes en su versión original.
Fue un homenaje a Brodway y a los musicales, con una dificultad estratosférica (52.5000), que les allanaba el camino al oro en caso de no cometer una ‘base mark’. Con una acrobacia inicial espectacular, Rusia brilló con una coreografía perfecta entre su nuevo equipo, con unas nadadoras que son sacadas de un laboratorio por su similitud, que les proporciona mayor sincronización en el agua, fuertes para moverse con velocidad y darle otro ritmo al ejercicio. Su impresión artística es inferior a España (117.0750), pero sus elementos son inalcanzables (186.1717). En total, 303.2467.
España se ha colgado dos platas en las rutinas de equipo (técnico y libre) y este miércoles resta el acrobático, inspirado en la canción Berghain de Rosalía, con el elemento más difícil de la historia de la sincro que realizará Lilou Lluís. El cómputo de las tres pruebas da la medalla olímpica en Los Ángeles. Rusia ya ha derribado la puerta, España quiere llegar a su nivel por otro camino y esto ha sido solo un test.
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