El pasado treinta de abril se reabría, sólo una de las vías, de la línea ferroviaria de Málaga hacia Antequera, Córdoba y Madrid. Durante ochenta y cinco días el tráfico ferroviario directo ha estado interrumpido. Han sido necesarios casi tres meses para reabrirlo y sólo parcialmente, en el mejor momento de la historia del ferrocarril en España, en palabras del ministro Oscar Puente y que hoy suenan a burla. Han empleado todo ese tiempo, para arreglar parcialmente el derrumbe de un talud sobre las vías. No era el tiempo inicialmente previsto. Ha habido numerosos retrasos, lo que ha hecho que las compañías ferroviarias vendieran billetes de trenes que supuestamente iban a pasar por Córdoba y que luego desaparecían de las pantallas —en ocasiones sin avisar a los usuarios— porque la puesta en funcionamiento de los trenes no era posible y la apertura se retrasaba una y otra vez. Los perjuicios han sido más que notables. La pregunta es ¿por qué, con los medios de que se dispone en la actualidad, se ha tardado tanto tiempo? ¿Es posible que sea la consecuencia de lo que Rodríguez Zapatero y María Jesús Montero han afirmado en Jaén de que en Cataluña se invierte mucho más que en Andalucía porque Cataluña es el motor económico de España? Ante esta afirmación es lógico preguntarse ¿cuánto se habría tardado en dar solución a este problema si hubiera tenido lugar en Cataluña? Esa mayor inversión en Cataluña ha venido a sumarse a la falta de mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias —el ministro Óscar Puente había afirmado que se había llevado a cabo una reforma integral de esas vías para luego dar su particular explicación de lo que era una reforma integral y que distaba mucho de lo que todos entendemos— y que todo apunta a que ha sido la causa del gravísimo accidente de Adamuz con el terrible resultado de cuarenta y seis muertos. Claro que a lo que dice el ministro viene a sumarse lo afirmado por el presidente de Renfe de que la empresa es una víctima más de ese siniestro. Ahí quedan sus palabras y el agravio que conllevan en «el mejor momento del ferrocarril en España». El pasado treinta de abril se reabría, sólo una de las vías, de la línea ferroviaria de Málaga hacia Antequera, Córdoba y Madrid. Durante ochenta y cinco días el tráfico ferroviario directo ha estado interrumpido. Han sido necesarios casi tres meses para reabrirlo y sólo parcialmente, en el mejor momento de la historia del ferrocarril en España, en palabras del ministro Oscar Puente y que hoy suenan a burla. Han empleado todo ese tiempo, para arreglar parcialmente el derrumbe de un talud sobre las vías. No era el tiempo inicialmente previsto. Ha habido numerosos retrasos, lo que ha hecho que las compañías ferroviarias vendieran billetes de trenes que supuestamente iban a pasar por Córdoba y que luego desaparecían de las pantallas —en ocasiones sin avisar a los usuarios— porque la puesta en funcionamiento de los trenes no era posible y la apertura se retrasaba una y otra vez. Los perjuicios han sido más que notables. La pregunta es ¿por qué, con los medios de que se dispone en la actualidad, se ha tardado tanto tiempo? ¿Es posible que sea la consecuencia de lo que Rodríguez Zapatero y María Jesús Montero han afirmado en Jaén de que en Cataluña se invierte mucho más que en Andalucía porque Cataluña es el motor económico de España? Ante esta afirmación es lógico preguntarse ¿cuánto se habría tardado en dar solución a este problema si hubiera tenido lugar en Cataluña? Esa mayor inversión en Cataluña ha venido a sumarse a la falta de mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias —el ministro Óscar Puente había afirmado que se había llevado a cabo una reforma integral de esas vías para luego dar su particular explicación de lo que era una reforma integral y que distaba mucho de lo que todos entendemos— y que todo apunta a que ha sido la causa del gravísimo accidente de Adamuz con el terrible resultado de cuarenta y seis muertos. Claro que a lo que dice el ministro viene a sumarse lo afirmado por el presidente de Renfe de que la empresa es una víctima más de ese siniestro. Ahí quedan sus palabras y el agravio que conllevan en «el mejor momento del ferrocarril en España».

El pasado treinta de abril se reabría, sólo una de las vías, de la línea ferroviaria de Málaga hacia Antequera, Córdoba y Madrid. Durante ochenta y cinco días el tráfico ferroviario directo ha estado interrumpido. Han sido necesarios casi tres meses para reabrirlo … y sólo parcialmente, en el mejor momento de la historia del ferrocarril en España, en palabras del ministro Oscar Puente y que hoy suenan a burla. Han empleado todo ese tiempo, para arreglar parcialmente el derrumbe de un talud sobre las vías. No era el tiempo inicialmente previsto. Ha habido numerosos retrasos, lo que ha hecho que las compañías ferroviarias vendieran billetes de trenes que supuestamente iban a pasar por Córdoba y que luego desaparecían de las pantallas —en ocasiones sin avisar a los usuarios— porque la puesta en funcionamiento de los trenes no era posible y la apertura se retrasaba una y otra vez. Los perjuicios han sido más que notables.
La pregunta es ¿por qué, con los medios de que se dispone en la actualidad, se ha tardado tanto tiempo? ¿Es posible que sea la consecuencia de lo que Rodríguez Zapatero y María Jesús Montero han afirmado en Jaén de que en Cataluña se invierte mucho más que en Andalucía porque Cataluña es el motor económico de España? Ante esta afirmación es lógico preguntarse ¿cuánto se habría tardado en dar solución a este problema si hubiera tenido lugar en Cataluña?
Esa mayor inversión en Cataluña ha venido a sumarse a la falta de mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias —el ministro Óscar Puente había afirmado que se había llevado a cabo una reforma integral de esas vías para luego dar su particular explicación de lo que era una reforma integral y que distaba mucho de lo que todos entendemos— y que todo apunta a que ha sido la causa del gravísimo accidente de Adamuz con el terrible resultado de cuarenta y seis muertos. Claro que a lo que dice el ministro viene a sumarse lo afirmado por el presidente de Renfe de que la empresa es una víctima más de ese siniestro. Ahí quedan sus palabras y el agravio que conllevan en «el mejor momento del ferrocarril en España».
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