Dice Juan González-Barba (Sevilla, 1966) que la Unión Europea «pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible» y ahora se ha visto forzada a «buscar una autonomía estratégica» tras un cambio de escenario internacional que, a su juicio, ha obligado a Europa a madurar de golpe. Curtido en la Carrera Diplomática desde 1991, González-Barba ha estado destinado en las embajadas de Sudáfrica, Grecia e Israel y en la Representación Permanente ante la Unión Europea, además de haber sido embajador en Sudán y Turquía y director general para África del Norte y Oriente Medio, y secretario de Estado para la Unión Europea en el Ministerio de Asuntos Exteriores, a donde regresó en enero de 2025 tras ser cesado como embajador en Croacia de manera arbitraria por el ministro José Manuel Albares. Aunque sobre este último asunto prefiere no pronunciarse, su trayectoria profesional le permite hablar como una voz autorizada sobre la encrucijada que atraviesa el continente en ‘Europa: la otra patria’ (Siglo veintiuno editores), su último libro, donde sostiene que Europa vive «la situación más complicada desde su fundación». —¿Qué es Europa: una potencia, una civilización o un recuerdo?—Europa es, en primer lugar, una civilización en la que vivimos. En segundo lugar, una realidad en la que vivimos y, en tercer lugar, es un proyecto, diría que un anhelo. Un anhelo de una Europa, por supuesto, mejor que ninguna de las fases anteriores que hemos vivido, pero también un anhelo de un mundo mejor. —¿Cuál es la mayor amenaza para Europa en este siglo: Rusia, China, Estados Unidos… o ella misma?—Creo que Rusia amenaza a Europa tanto militarmente como a través de la desinformación y la guerra híbrida, utilizando además fuerzas internas de la propia Unión Europea para fomentar sus intereses. En el caso de Estados Unidos, el principal problema es que Europa pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible y ahora se ve obligada a buscar una mayor autonomía estratégica respecto a un aliado del que dependía plenamente. Y respecto a China, considero que el gran riesgo es el desequilibrio económico y comercial derivado de su enorme potencia industrial y de unos déficits comerciales que a largo plazo son insostenibles.«Europa pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible»—Si tuviera que resumir los errores estratégicos de Europa en esta década, ¿cuáles serían?—El primero fue la gestión de la crisis del euro, que generó un fuerte rechazo social en los países más golpeados. El segundo, el Brexit, que considero un error estratégico del Reino Unido, aunque creo posible un futuro acercamiento a la Unión Europea. Y el tercero, la falta de mecanismos eficaces de la UE para frenar las derivas iliberales dentro de algunos Estados miembros, como ha ocurrido con la Hungría de Orbán.—Define España como un «proyecto nacional inacabado». ¿Por qué?—Porque el proyecto nacional español no llegó a completarse plenamente debido al surgimiento de los nacionalismos vasco y catalán, que plantean proyectos alternativos e incompatibles. Creo que desde España se han asumido los límites de ese proyecto común, pero no del todo desde el independentismo catalán, como demuestra el «lo volveremos a hacer» tras el fracaso del procés.—¿Explica eso nuestro europeísmo emocional?—Sí. Por un lado, porque intelectuales como Ortega vieron en Europa una solución, por no decir la única, a los problemas históricos e identitarios de España. Y porque, además, tanto España como Portugal vivieron durante décadas alejadas de la construcción europea por las dictaduras de Franco y Salazar, lo que generó un fuerte deseo de integrarse plenamente en el proyecto político europeo.Juan González-Barba, en un momento de la entrevista con ABC. Tania Sieira—¿Cree que la política exterior española sigue alineada con la Unión Europea?—Sí. Creo que el grueso de los eurodiputados españoles sigue formando parte del consenso europeo y que la política exterior española contribuye a construir posiciones comunes dentro de la Unión. Gobierne quien gobierne en España, no veo voluntad de ninguna fuerza política española de desmarcarse realmente de la Unión Europea, como sí ocurrió en la Hungría de Orbán. Eso lo veo inconcebible.—Sostiene que Europa siempre acaba reconstruyendo equilibrios. ¿Qué necesita ahora mismo?—El primer objetivo debe ser que Ucrania no pierda la guerra, porque eso evitaría el regreso de los irredentismos que encarna Putin. El segundo es que Europa logre una verdadera autonomía estratégica, también en defensa, aunque eso llevará por lo menos una década. Y el tercero, culminar los procesos de adhesión abiertos para no mantener indefinidamente a los países vecinos en un limbo.—¿La Unión Europea estaba preparada psicológicamente para volver a hablar de guerra y rearme? —No. La opinión pública de Europa occidental no estaba preparada porque había dejado de percibir esas amenazas. Quienes sí las veían eran los países de Europa oriental, especialmente desde Georgia en 2008 y Crimea en 2014. En Europa occidental, en cambio, la guerra había desaparecido prácticamente de nuestro pensamiento y se veía como algo lejano y superado.«Muchas de nuestras actitudes y valores en Europa no se pueden explicar sin nuestras raíces cristianas»—¿Y cree que en diez años podríamos no depender de Estados Unidos? —Espero que esa situación no llegue a producirse y que la crisis con Estados Unidos se reconduzca. Lo que sí creo es que no habrá una dependencia tan grande. Eso es un hecho. Europa aumentará el gasto en defensa y reforzará la cooperación dentro del pilar europeo de la OTAN. Confío, además, en que la OTAN sobreviva a Trump.—¿Trump ha obligado a Europa a madurar de golpe?—Si madurar significa salir de la inocencia, sí. —Alemania se está rearmando, Polonia también está multiplicando su inversión militar. ¿España sigue instalada en cierta ingenuidad en materia de seguridad o ya ha despertado? —España, con el resto de Europa, ha despertado. Es verdad que partíamos de unas Fuerzas Armadas infradotadas, porque un 1% del PIB en defensa era claramente insuficiente. Pero España ha reaccionado como el resto de los países europeos, pero esa reacción empezó antes en los países que veían más cerca la guerra. No creo que haya ningún país europeo que piense que puede quedarse en el mundo anterior a la invasión rusa de Ucrania.El diplomático Juan González-Barba. Tania Sieira—Después del «No a la guerra», las tensiones con Washington por las bases, el Sáhara… ¿seguimos siendo un socio fiable dentro de Europa?—Por supuesto. Eso no me cabe ninguna duda.—¿Qué pensaría un país del Este europeo –muy sensible con las sanciones y la presión rusa– al ver que España intenta influir para flexibilizar restricciones europeas para una dirigente chavista como Delcy Rodríguez?—Eso depende de la política que haga el Gobierno y no me corresponde responder a eso.—En el libro reivindica la raíz cristiana de Europa. ¿Cree que Europa se avergüenza de esos orígenes? —Las raíces cristianas de Europa están ahí y seguirán estando, aunque la secularización iniciada a partir del siglo XIX haya hecho que a veces olvidemos de dónde venimos. Muchas de nuestras actitudes y valores no se entienden sin esa herencia cristiana. Otra cosa es que, con el proceso de secularización, los valores de la Unión Europea hayan evolucionado en diálogo —y a veces en contraposición—, con esa influencia cristiana. Pero eso permite que, respetando los derechos fundamentales recogidos en el Convenio Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, tenga cabida en Europa cualquier ciudadano, practique la religión que practique, e incluso países europeos cuya población es mayoritariamente musulmana.—Como es el caso de Turquía.—Exacto. Turquía presenta muchos retos y su adhesión está congelada desde 2016, pero no creo válido el argumento de que un país musulmán no tenga cabida en una Europa de raíz cristiana. Son dos cosas distintas.«La opinión pública occidental no estaba preparada para volver a hablar de guerra y rearme»—Tampoco tendría sentido precisamente por esos valores cristianos.—Exactamente. Lo único que ocurre es que, para que eso suceda, tiene que haber un cumplimiento de los derechos fundamentales y un respeto del Estado de derecho. Ha habido fallos en el caso de Turquía en la aplicación de esos compromisos y por eso se congeló el proceso de adhesión. Pero eso es reversible. Los informes de situación que hace la Comisión Europea reflejan las reformas que deben aplicarse para que el proceso de adhesión se reactive o se acelere.—¿Cómo ve Europa dentro de veinte años? —Mucho más fuerte que ahora. Soy profundamente optimista respecto al futuro de Europa. Sé que esta es la situación más complicada desde su fundación, pero el hecho de que tenga enemigos poderosos fuera, incluso antiguos aliados que la ridiculicen, la hagan de menos, o quisieran su desmantelamiento, significa que el proyecto de la Unión Europea está dando sus frutos. La Unión Europea ha conseguido crear algo nuevo que va más allá de lo que son los 27 por separado. Se están dando los pasos necesarios para afrontar estos retos, veo a Europa mucho más fuerte y como una realidad de la que sentirse orgulloso dentro de veinte años.—Las nuevas generaciones están más desconectadas de Europa. ¿Qué les diría a los jóvenes?—Les diría que viajen todo lo que puedan por Europa, ya sea con becas Erasmus, Interrail o viajes de estudios, y que aprendan a sentirse en casa en cualquier parte del continente. También les recomendaría viajar fuera de Europa para comprender mejor, desde la comparación, lo que aquí muchas veces damos por hecho. Y, sobre todo, les animaría a estudiar Historia, porque la historia europea ha sido profundamente traumática y el proyecto europeo nace precisamente de ese pasado de guerras y violencia. Creo que solo cuando se conoce esa historia es más fácil desarrollar un sentimiento europeo que complemente el patriotismo hacia el propio país. Dice Juan González-Barba (Sevilla, 1966) que la Unión Europea «pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible» y ahora se ha visto forzada a «buscar una autonomía estratégica» tras un cambio de escenario internacional que, a su juicio, ha obligado a Europa a madurar de golpe. Curtido en la Carrera Diplomática desde 1991, González-Barba ha estado destinado en las embajadas de Sudáfrica, Grecia e Israel y en la Representación Permanente ante la Unión Europea, además de haber sido embajador en Sudán y Turquía y director general para África del Norte y Oriente Medio, y secretario de Estado para la Unión Europea en el Ministerio de Asuntos Exteriores, a donde regresó en enero de 2025 tras ser cesado como embajador en Croacia de manera arbitraria por el ministro José Manuel Albares. Aunque sobre este último asunto prefiere no pronunciarse, su trayectoria profesional le permite hablar como una voz autorizada sobre la encrucijada que atraviesa el continente en ‘Europa: la otra patria’ (Siglo veintiuno editores), su último libro, donde sostiene que Europa vive «la situación más complicada desde su fundación». —¿Qué es Europa: una potencia, una civilización o un recuerdo?—Europa es, en primer lugar, una civilización en la que vivimos. En segundo lugar, una realidad en la que vivimos y, en tercer lugar, es un proyecto, diría que un anhelo. Un anhelo de una Europa, por supuesto, mejor que ninguna de las fases anteriores que hemos vivido, pero también un anhelo de un mundo mejor. —¿Cuál es la mayor amenaza para Europa en este siglo: Rusia, China, Estados Unidos… o ella misma?—Creo que Rusia amenaza a Europa tanto militarmente como a través de la desinformación y la guerra híbrida, utilizando además fuerzas internas de la propia Unión Europea para fomentar sus intereses. En el caso de Estados Unidos, el principal problema es que Europa pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible y ahora se ve obligada a buscar una mayor autonomía estratégica respecto a un aliado del que dependía plenamente. Y respecto a China, considero que el gran riesgo es el desequilibrio económico y comercial derivado de su enorme potencia industrial y de unos déficits comerciales que a largo plazo son insostenibles.«Europa pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible»—Si tuviera que resumir los errores estratégicos de Europa en esta década, ¿cuáles serían?—El primero fue la gestión de la crisis del euro, que generó un fuerte rechazo social en los países más golpeados. El segundo, el Brexit, que considero un error estratégico del Reino Unido, aunque creo posible un futuro acercamiento a la Unión Europea. Y el tercero, la falta de mecanismos eficaces de la UE para frenar las derivas iliberales dentro de algunos Estados miembros, como ha ocurrido con la Hungría de Orbán.—Define España como un «proyecto nacional inacabado». ¿Por qué?—Porque el proyecto nacional español no llegó a completarse plenamente debido al surgimiento de los nacionalismos vasco y catalán, que plantean proyectos alternativos e incompatibles. Creo que desde España se han asumido los límites de ese proyecto común, pero no del todo desde el independentismo catalán, como demuestra el «lo volveremos a hacer» tras el fracaso del procés.—¿Explica eso nuestro europeísmo emocional?—Sí. Por un lado, porque intelectuales como Ortega vieron en Europa una solución, por no decir la única, a los problemas históricos e identitarios de España. Y porque, además, tanto España como Portugal vivieron durante décadas alejadas de la construcción europea por las dictaduras de Franco y Salazar, lo que generó un fuerte deseo de integrarse plenamente en el proyecto político europeo.Juan González-Barba, en un momento de la entrevista con ABC. Tania Sieira—¿Cree que la política exterior española sigue alineada con la Unión Europea?—Sí. Creo que el grueso de los eurodiputados españoles sigue formando parte del consenso europeo y que la política exterior española contribuye a construir posiciones comunes dentro de la Unión. Gobierne quien gobierne en España, no veo voluntad de ninguna fuerza política española de desmarcarse realmente de la Unión Europea, como sí ocurrió en la Hungría de Orbán. Eso lo veo inconcebible.—Sostiene que Europa siempre acaba reconstruyendo equilibrios. ¿Qué necesita ahora mismo?—El primer objetivo debe ser que Ucrania no pierda la guerra, porque eso evitaría el regreso de los irredentismos que encarna Putin. El segundo es que Europa logre una verdadera autonomía estratégica, también en defensa, aunque eso llevará por lo menos una década. Y el tercero, culminar los procesos de adhesión abiertos para no mantener indefinidamente a los países vecinos en un limbo.—¿La Unión Europea estaba preparada psicológicamente para volver a hablar de guerra y rearme? —No. La opinión pública de Europa occidental no estaba preparada porque había dejado de percibir esas amenazas. Quienes sí las veían eran los países de Europa oriental, especialmente desde Georgia en 2008 y Crimea en 2014. En Europa occidental, en cambio, la guerra había desaparecido prácticamente de nuestro pensamiento y se veía como algo lejano y superado.«Muchas de nuestras actitudes y valores en Europa no se pueden explicar sin nuestras raíces cristianas»—¿Y cree que en diez años podríamos no depender de Estados Unidos? —Espero que esa situación no llegue a producirse y que la crisis con Estados Unidos se reconduzca. Lo que sí creo es que no habrá una dependencia tan grande. Eso es un hecho. Europa aumentará el gasto en defensa y reforzará la cooperación dentro del pilar europeo de la OTAN. Confío, además, en que la OTAN sobreviva a Trump.—¿Trump ha obligado a Europa a madurar de golpe?—Si madurar significa salir de la inocencia, sí. —Alemania se está rearmando, Polonia también está multiplicando su inversión militar. ¿España sigue instalada en cierta ingenuidad en materia de seguridad o ya ha despertado? —España, con el resto de Europa, ha despertado. Es verdad que partíamos de unas Fuerzas Armadas infradotadas, porque un 1% del PIB en defensa era claramente insuficiente. Pero España ha reaccionado como el resto de los países europeos, pero esa reacción empezó antes en los países que veían más cerca la guerra. No creo que haya ningún país europeo que piense que puede quedarse en el mundo anterior a la invasión rusa de Ucrania.El diplomático Juan González-Barba. Tania Sieira—Después del «No a la guerra», las tensiones con Washington por las bases, el Sáhara… ¿seguimos siendo un socio fiable dentro de Europa?—Por supuesto. Eso no me cabe ninguna duda.—¿Qué pensaría un país del Este europeo –muy sensible con las sanciones y la presión rusa– al ver que España intenta influir para flexibilizar restricciones europeas para una dirigente chavista como Delcy Rodríguez?—Eso depende de la política que haga el Gobierno y no me corresponde responder a eso.—En el libro reivindica la raíz cristiana de Europa. ¿Cree que Europa se avergüenza de esos orígenes? —Las raíces cristianas de Europa están ahí y seguirán estando, aunque la secularización iniciada a partir del siglo XIX haya hecho que a veces olvidemos de dónde venimos. Muchas de nuestras actitudes y valores no se entienden sin esa herencia cristiana. Otra cosa es que, con el proceso de secularización, los valores de la Unión Europea hayan evolucionado en diálogo —y a veces en contraposición—, con esa influencia cristiana. Pero eso permite que, respetando los derechos fundamentales recogidos en el Convenio Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, tenga cabida en Europa cualquier ciudadano, practique la religión que practique, e incluso países europeos cuya población es mayoritariamente musulmana.—Como es el caso de Turquía.—Exacto. Turquía presenta muchos retos y su adhesión está congelada desde 2016, pero no creo válido el argumento de que un país musulmán no tenga cabida en una Europa de raíz cristiana. Son dos cosas distintas.«La opinión pública occidental no estaba preparada para volver a hablar de guerra y rearme»—Tampoco tendría sentido precisamente por esos valores cristianos.—Exactamente. Lo único que ocurre es que, para que eso suceda, tiene que haber un cumplimiento de los derechos fundamentales y un respeto del Estado de derecho. Ha habido fallos en el caso de Turquía en la aplicación de esos compromisos y por eso se congeló el proceso de adhesión. Pero eso es reversible. Los informes de situación que hace la Comisión Europea reflejan las reformas que deben aplicarse para que el proceso de adhesión se reactive o se acelere.—¿Cómo ve Europa dentro de veinte años? —Mucho más fuerte que ahora. Soy profundamente optimista respecto al futuro de Europa. Sé que esta es la situación más complicada desde su fundación, pero el hecho de que tenga enemigos poderosos fuera, incluso antiguos aliados que la ridiculicen, la hagan de menos, o quisieran su desmantelamiento, significa que el proyecto de la Unión Europea está dando sus frutos. La Unión Europea ha conseguido crear algo nuevo que va más allá de lo que son los 27 por separado. Se están dando los pasos necesarios para afrontar estos retos, veo a Europa mucho más fuerte y como una realidad de la que sentirse orgulloso dentro de veinte años.—Las nuevas generaciones están más desconectadas de Europa. ¿Qué les diría a los jóvenes?—Les diría que viajen todo lo que puedan por Europa, ya sea con becas Erasmus, Interrail o viajes de estudios, y que aprendan a sentirse en casa en cualquier parte del continente. También les recomendaría viajar fuera de Europa para comprender mejor, desde la comparación, lo que aquí muchas veces damos por hecho. Y, sobre todo, les animaría a estudiar Historia, porque la historia europea ha sido profundamente traumática y el proyecto europeo nace precisamente de ese pasado de guerras y violencia. Creo que solo cuando se conoce esa historia es más fácil desarrollar un sentimiento europeo que complemente el patriotismo hacia el propio país.
Dice Juan González-Barba (Sevilla, 1966) que la Unión Europea «pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible» y ahora se ha visto forzada a «buscar una autonomía estratégica» tras un cambio de escenario internacional que, a su juicio, ha obligado a Europa a … madurar de golpe.
Curtido en la Carrera Diplomática desde 1991, González-Barba ha estado destinado en las embajadas de Sudáfrica, Grecia e Israel y en la Representación Permanente ante la Unión Europea, además de haber sido embajador en Sudán y Turquía y director general para África del Norte y Oriente Medio, y secretario de Estado para la Unión Europea en el Ministerio de Asuntos Exteriores, a donde regresó en enero de 2025 tras ser cesado como embajador en Croacia de manera arbitraria por el ministro José Manuel Albares. Aunque sobre este último asunto prefiere no pronunciarse, su trayectoria profesional le permite hablar como una voz autorizada sobre la encrucijada que atraviesa el continente en ‘Europa: la otra patria’ (Siglo veintiuno editores), su último libro, donde sostiene que Europa vive «la situación más complicada desde su fundación».
—¿Qué es Europa: una potencia, una civilización o un recuerdo?
—Europa es, en primer lugar, una civilización en la que vivimos. En segundo lugar, una realidad en la que vivimos y, en tercer lugar, es un proyecto, diría que un anhelo. Un anhelo de una Europa, por supuesto, mejor que ninguna de las fases anteriores que hemos vivido, pero también un anhelo de un mundo mejor.
—¿Cuál es la mayor amenaza para Europa en este siglo: Rusia, China, Estados Unidos… o ella misma?
—Creo que Rusia amenaza a Europa tanto militarmente como a través de la desinformación y la guerra híbrida, utilizando además fuerzas internas de la propia Unión Europea para fomentar sus intereses. En el caso de Estados Unidos, el principal problema es que Europa pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible y ahora se ve obligada a buscar una mayor autonomía estratégica respecto a un aliado del que dependía plenamente. Y respecto a China, considero que el gran riesgo es el desequilibrio económico y comercial derivado de su enorme potencia industrial y de unos déficits comerciales que a largo plazo son insostenibles.
«Europa pensaba que la alianza con Estados Unidos era irrompible»
—Si tuviera que resumir los errores estratégicos de Europa en esta década, ¿cuáles serían?
—El primero fue la gestión de la crisis del euro, que generó un fuerte rechazo social en los países más golpeados. El segundo, el Brexit, que considero un error estratégico del Reino Unido, aunque creo posible un futuro acercamiento a la Unión Europea. Y el tercero, la falta de mecanismos eficaces de la UE para frenar las derivas iliberales dentro de algunos Estados miembros, como ha ocurrido con la Hungría de Orbán.
—Define España como un «proyecto nacional inacabado». ¿Por qué?
—Porque el proyecto nacional español no llegó a completarse plenamente debido al surgimiento de los nacionalismos vasco y catalán, que plantean proyectos alternativos e incompatibles. Creo que desde España se han asumido los límites de ese proyecto común, pero no del todo desde el independentismo catalán, como demuestra el «lo volveremos a hacer» tras el fracaso del procés.
—¿Explica eso nuestro europeísmo emocional?
—Sí. Por un lado, porque intelectuales como Ortega vieron en Europa una solución, por no decir la única, a los problemas históricos e identitarios de España. Y porque, además, tanto España como Portugal vivieron durante décadas alejadas de la construcción europea por las dictaduras de Franco y Salazar, lo que generó un fuerte deseo de integrarse plenamente en el proyecto político europeo.

(Tania Sieira)
—¿Cree que la política exterior española sigue alineada con la Unión Europea?
—Sí. Creo que el grueso de los eurodiputados españoles sigue formando parte del consenso europeo y que la política exterior española contribuye a construir posiciones comunes dentro de la Unión. Gobierne quien gobierne en España, no veo voluntad de ninguna fuerza política española de desmarcarse realmente de la Unión Europea, como sí ocurrió en la Hungría de Orbán. Eso lo veo inconcebible.
—Sostiene que Europa siempre acaba reconstruyendo equilibrios. ¿Qué necesita ahora mismo?
—El primer objetivo debe ser que Ucrania no pierda la guerra, porque eso evitaría el regreso de los irredentismos que encarna Putin. El segundo es que Europa logre una verdadera autonomía estratégica, también en defensa, aunque eso llevará por lo menos una década. Y el tercero, culminar los procesos de adhesión abiertos para no mantener indefinidamente a los países vecinos en un limbo.
—¿La Unión Europea estaba preparada psicológicamente para volver a hablar de guerra y rearme?
—No. La opinión pública de Europa occidental no estaba preparada porque había dejado de percibir esas amenazas. Quienes sí las veían eran los países de Europa oriental, especialmente desde Georgia en 2008 y Crimea en 2014. En Europa occidental, en cambio, la guerra había desaparecido prácticamente de nuestro pensamiento y se veía como algo lejano y superado.
«Muchas de nuestras actitudes y valores en Europa no se pueden explicar sin nuestras raíces cristianas»
—¿Y cree que en diez años podríamos no depender de Estados Unidos?
—Espero que esa situación no llegue a producirse y que la crisis con Estados Unidos se reconduzca. Lo que sí creo es que no habrá una dependencia tan grande. Eso es un hecho. Europa aumentará el gasto en defensa y reforzará la cooperación dentro del pilar europeo de la OTAN. Confío, además, en que la OTAN sobreviva a Trump.
—¿Trump ha obligado a Europa a madurar de golpe?
—Si madurar significa salir de la inocencia, sí.
—Alemania se está rearmando, Polonia también está multiplicando su inversión militar. ¿España sigue instalada en cierta ingenuidad en materia de seguridad o ya ha despertado?
—España, con el resto de Europa, ha despertado. Es verdad que partíamos de unas Fuerzas Armadas infradotadas, porque un 1% del PIB en defensa era claramente insuficiente. Pero España ha reaccionado como el resto de los países europeos, pero esa reacción empezó antes en los países que veían más cerca la guerra. No creo que haya ningún país europeo que piense que puede quedarse en el mundo anterior a la invasión rusa de Ucrania.

(Tania Sieira)
—Después del «No a la guerra», las tensiones con Washington por las bases, el Sáhara… ¿seguimos siendo un socio fiable dentro de Europa?
—Por supuesto. Eso no me cabe ninguna duda.
—¿Qué pensaría un país del Este europeo –muy sensible con las sanciones y la presión rusa– al ver que España intenta influir para flexibilizar restricciones europeas para una dirigente chavista como Delcy Rodríguez?
—Eso depende de la política que haga el Gobierno y no me corresponde responder a eso.
—En el libro reivindica la raíz cristiana de Europa. ¿Cree que Europa se avergüenza de esos orígenes?
—Las raíces cristianas de Europa están ahí y seguirán estando, aunque la secularización iniciada a partir del siglo XIX haya hecho que a veces olvidemos de dónde venimos. Muchas de nuestras actitudes y valores no se entienden sin esa herencia cristiana. Otra cosa es que, con el proceso de secularización, los valores de la Unión Europea hayan evolucionado en diálogo —y a veces en contraposición—, con esa influencia cristiana. Pero eso permite que, respetando los derechos fundamentales recogidos en el Convenio Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, tenga cabida en Europa cualquier ciudadano, practique la religión que practique, e incluso países europeos cuya población es mayoritariamente musulmana.
—Como es el caso de Turquía.
—Exacto. Turquía presenta muchos retos y su adhesión está congelada desde 2016, pero no creo válido el argumento de que un país musulmán no tenga cabida en una Europa de raíz cristiana. Son dos cosas distintas.
«La opinión pública occidental no estaba preparada para volver a hablar de guerra y rearme»
—Tampoco tendría sentido precisamente por esos valores cristianos.
—Exactamente. Lo único que ocurre es que, para que eso suceda, tiene que haber un cumplimiento de los derechos fundamentales y un respeto del Estado de derecho. Ha habido fallos en el caso de Turquía en la aplicación de esos compromisos y por eso se congeló el proceso de adhesión. Pero eso es reversible. Los informes de situación que hace la Comisión Europea reflejan las reformas que deben aplicarse para que el proceso de adhesión se reactive o se acelere.
—¿Cómo ve Europa dentro de veinte años?
—Mucho más fuerte que ahora. Soy profundamente optimista respecto al futuro de Europa. Sé que esta es la situación más complicada desde su fundación, pero el hecho de que tenga enemigos poderosos fuera, incluso antiguos aliados que la ridiculicen, la hagan de menos, o quisieran su desmantelamiento, significa que el proyecto de la Unión Europea está dando sus frutos. La Unión Europea ha conseguido crear algo nuevo que va más allá de lo que son los 27 por separado. Se están dando los pasos necesarios para afrontar estos retos, veo a Europa mucho más fuerte y como una realidad de la que sentirse orgulloso dentro de veinte años.
—Las nuevas generaciones están más desconectadas de Europa. ¿Qué les diría a los jóvenes?
—Les diría que viajen todo lo que puedan por Europa, ya sea con becas Erasmus, Interrail o viajes de estudios, y que aprendan a sentirse en casa en cualquier parte del continente. También les recomendaría viajar fuera de Europa para comprender mejor, desde la comparación, lo que aquí muchas veces damos por hecho. Y, sobre todo, les animaría a estudiar Historia, porque la historia europea ha sido profundamente traumática y el proyecto europeo nace precisamente de ese pasado de guerras y violencia. Creo que solo cuando se conoce esa historia es más fácil desarrollar un sentimiento europeo que complemente el patriotismo hacia el propio país.
RSS de noticias de espana
