Comenzaba su intervención Gael García Bernal como si aún le debiera un gesto a la Semana Internacional de Cine de Valladolid por haber recibido tan gratamente en la pasada edición la película ‘Magallanes’, que el mismo protagonizó y que se alzó con la Espiga de Oro. O como si hubiera estado en los prolegómenos del festival, cuando unas polémicas declaraciones del consejero de Cultura, Alberto Díaz Pico (Vox), hicieron que tanto desde el Ayuntamiento como desde la propia dirección del festival defendieran que la Seminci siempre va a ser un faro de independencia creativa. Y es que nada más coger el micrófono, el cineasta y actor que saltó a la fama con ‘Amores perros’ agradecía con entusiasmo a los programadores haberse fijado en «esa libertad» con la que abordó el proyecto, así como su invitación al festival vallisoletano. Hacía referencia a su tercer filme como director, ‘Hombre al agua’, en el que también asumió un rol como productor y coguionista, además de tener en él uno de los papeles protagonistas.La producción que pondrá este sábado el broche a la 71 edición -ya fuera de concurso- es «una fábula» en la que el mexicano recoge todas sus «inquietudes y curiosidades más profundas». La masculinidad a los 40, la soledad, una crisis de pareja e incluso «el cuerpo político de Latinoamérica» trenzan esta comedia que llega a ser un poco «extraterrestre». Como también lo es Camilo, su protagonista, un vigilante cubano que tras salvar de morir ahogado en las playas de Varadero a Abel, un rico empresario mexicano, este le ofrece llevarlo a su país para convertirlo en su mano derecha y presentarle a su hija Juana, con quien termina casándose y formando una familia, momento en el que la vida del protagonista se termina revelando como lo que es: un personaje secundario en la vida de los demás.Por la rica hacienda donde viven van apareciendo personajes como Fabiana, una famosísima actriz brasileña de telenovelas, la novia argentina de su suegro e, incluso, tiene un cameo el cantante puertorriqueño Ricky Martin. Gael García Bernal ha querido así rendir tributo a su historia de amor con toda Latinoamérica, un continente que empezó a descubrir gracias a su inolvidable papel como el Che Guevara en ‘Diarios de motocicleta’ (Walter Salles, 2004). «Me tocó crecer con todos los hijos de exiliados y quería apelar a la multiplicidad que nos compone», apuntaba.«Quería hacer una película que le hubiera gustado a Luis Buñuel» Aún sin tener claro que continuará al frente de más películas -«esta es mi tercera pero no espero dirigir muchas más»-, subrayaba el mexicano su amor por el séptimo arte y recordaba a quienes han sido algunos de sus referentes, entre los que mencionaba a Ettore Scola y Tomás Gutiérrez Alea, a los que hace un guiño en esta producción. Añadía que también tuvo muy presente hacer un trabajo «que le hubiera gustado a Luis Buñuel y a Jean-Claude Carrière». Preguntado sobre su experiencia, años atrás, con el cineasta español Pedro Almodóvar en ‘La mala educación’, recordaba que fue un proceso creativo «muy duro», pero de él aprendió que «me lo tengo que pasar bien haciendo películas». Nunca se ha planteado que pasaría si ganara un Oscar… «No estaría mal, sería divertido», bromeaba ante los presentes, aunque matizaba que no es lo que más le importe «porque si no, no sería fiel a este acercamiento que he tenido al cine». Sobre el tono que da a su última producción, defendía ya en conversación con ABC que «siempre» imaginó que iba a ser una comedia, ya que concibe el humor como «el mejor dispositivo» para poder hablar de ciertos temas, y así surgió «esta historia díscola, rococha, en la que desde el principio tuve la impronta de que fuera completamente libre»: «El humor es considerado como algo banal, medio superficial, pero abre puertas complejas». Apuntaba también que ‘Hombre al agua’ es un filme que encierra dentro de sí otras muchas películas, en un momento en que cada uno intentamos hacer la película de nuestra vida: «Sin las redes sociales parece que no existimos. Queremos que nos observen. Necesitamos que nos vean para definirnos a nosotros mismos. Es increíble, una de las trampas más fantásticas del capitalismo rampante que estamos viviendo», había denunciado minutos antes en la rueda de prensa.«Soy más de los espectadores que les gusta perderse, alucinar con una película. El problema es que este tipo de público no está yendo al cine»Cuestionado ya en la entrevista sobre el papel que ha jugado en su vida el cine, destacaba que cuando era joven le brindó «una apertura, una vocación que no sabía» que tenía. «Nunca me imaginé hacer esto», también porque cuando empezó percibía que «era algo muy complicado». Y es que mucho ha cambiado la industria cinematográfica de su país desde que hace ya 26 años protagonizara ‘Amores perros’. Entonces solo se hacían «unas seis producciones al año» cuando décadas antes, en los años 30, 40 y 50 del anterior siglo, se habían producido «cientos y cientos de películas que veía todo el mundo hispanohablante». Hace dos décadas eso cambió con una nueva ola de cineastas como Alejandro González Iñárritu o Guillermo del Toro y el cine mexicano dio un vuelco «alucinante» que, a juicio del cineasta, se manifiesta en «un ejercicio de libertad y cero censura».Falta de públicoSin embargo, a su parecer este tipo de cine ahora se enfrenta a otro problema: la falta de público que tienen cierto tipo de producciones «que no necesariamente tratan de algo que puedas contar en una oración». Es por ello que se torna complicado financiar algunos trabajos: ‘«Esta película me costó nueve años levantarla y eso que lo hicimos con muy poquito dinero». Para el realizador e intérprete, la dificultad parte de que «ahora queremos entender qué es lo que vamos a ver antes de verlo», mientras que cuando él era joven lo que buscaban era dejarse sorprender. Hoy, a su juicio, hay dos tipos de público: «los que quieren saber qué película van a ver casi como si fuera una exigencia y a los que les gusta perderse en el bosque, alucinarse. Yo soy más de este público, pero el problema es que este tipo de espectador no está yendo lo suficientemente al cine». Comenzaba su intervención Gael García Bernal como si aún le debiera un gesto a la Semana Internacional de Cine de Valladolid por haber recibido tan gratamente en la pasada edición la película ‘Magallanes’, que el mismo protagonizó y que se alzó con la Espiga de Oro. O como si hubiera estado en los prolegómenos del festival, cuando unas polémicas declaraciones del consejero de Cultura, Alberto Díaz Pico (Vox), hicieron que tanto desde el Ayuntamiento como desde la propia dirección del festival defendieran que la Seminci siempre va a ser un faro de independencia creativa. Y es que nada más coger el micrófono, el cineasta y actor que saltó a la fama con ‘Amores perros’ agradecía con entusiasmo a los programadores haberse fijado en «esa libertad» con la que abordó el proyecto, así como su invitación al festival vallisoletano. Hacía referencia a su tercer filme como director, ‘Hombre al agua’, en el que también asumió un rol como productor y coguionista, además de tener en él uno de los papeles protagonistas.La producción que pondrá este sábado el broche a la 71 edición -ya fuera de concurso- es «una fábula» en la que el mexicano recoge todas sus «inquietudes y curiosidades más profundas». La masculinidad a los 40, la soledad, una crisis de pareja e incluso «el cuerpo político de Latinoamérica» trenzan esta comedia que llega a ser un poco «extraterrestre». Como también lo es Camilo, su protagonista, un vigilante cubano que tras salvar de morir ahogado en las playas de Varadero a Abel, un rico empresario mexicano, este le ofrece llevarlo a su país para convertirlo en su mano derecha y presentarle a su hija Juana, con quien termina casándose y formando una familia, momento en el que la vida del protagonista se termina revelando como lo que es: un personaje secundario en la vida de los demás.Por la rica hacienda donde viven van apareciendo personajes como Fabiana, una famosísima actriz brasileña de telenovelas, la novia argentina de su suegro e, incluso, tiene un cameo el cantante puertorriqueño Ricky Martin. Gael García Bernal ha querido así rendir tributo a su historia de amor con toda Latinoamérica, un continente que empezó a descubrir gracias a su inolvidable papel como el Che Guevara en ‘Diarios de motocicleta’ (Walter Salles, 2004). «Me tocó crecer con todos los hijos de exiliados y quería apelar a la multiplicidad que nos compone», apuntaba.«Quería hacer una película que le hubiera gustado a Luis Buñuel» Aún sin tener claro que continuará al frente de más películas -«esta es mi tercera pero no espero dirigir muchas más»-, subrayaba el mexicano su amor por el séptimo arte y recordaba a quienes han sido algunos de sus referentes, entre los que mencionaba a Ettore Scola y Tomás Gutiérrez Alea, a los que hace un guiño en esta producción. Añadía que también tuvo muy presente hacer un trabajo «que le hubiera gustado a Luis Buñuel y a Jean-Claude Carrière». Preguntado sobre su experiencia, años atrás, con el cineasta español Pedro Almodóvar en ‘La mala educación’, recordaba que fue un proceso creativo «muy duro», pero de él aprendió que «me lo tengo que pasar bien haciendo películas». Nunca se ha planteado que pasaría si ganara un Oscar… «No estaría mal, sería divertido», bromeaba ante los presentes, aunque matizaba que no es lo que más le importe «porque si no, no sería fiel a este acercamiento que he tenido al cine». Sobre el tono que da a su última producción, defendía ya en conversación con ABC que «siempre» imaginó que iba a ser una comedia, ya que concibe el humor como «el mejor dispositivo» para poder hablar de ciertos temas, y así surgió «esta historia díscola, rococha, en la que desde el principio tuve la impronta de que fuera completamente libre»: «El humor es considerado como algo banal, medio superficial, pero abre puertas complejas». Apuntaba también que ‘Hombre al agua’ es un filme que encierra dentro de sí otras muchas películas, en un momento en que cada uno intentamos hacer la película de nuestra vida: «Sin las redes sociales parece que no existimos. Queremos que nos observen. Necesitamos que nos vean para definirnos a nosotros mismos. Es increíble, una de las trampas más fantásticas del capitalismo rampante que estamos viviendo», había denunciado minutos antes en la rueda de prensa.«Soy más de los espectadores que les gusta perderse, alucinar con una película. El problema es que este tipo de público no está yendo al cine»Cuestionado ya en la entrevista sobre el papel que ha jugado en su vida el cine, destacaba que cuando era joven le brindó «una apertura, una vocación que no sabía» que tenía. «Nunca me imaginé hacer esto», también porque cuando empezó percibía que «era algo muy complicado». Y es que mucho ha cambiado la industria cinematográfica de su país desde que hace ya 26 años protagonizara ‘Amores perros’. Entonces solo se hacían «unas seis producciones al año» cuando décadas antes, en los años 30, 40 y 50 del anterior siglo, se habían producido «cientos y cientos de películas que veía todo el mundo hispanohablante». Hace dos décadas eso cambió con una nueva ola de cineastas como Alejandro González Iñárritu o Guillermo del Toro y el cine mexicano dio un vuelco «alucinante» que, a juicio del cineasta, se manifiesta en «un ejercicio de libertad y cero censura».Falta de públicoSin embargo, a su parecer este tipo de cine ahora se enfrenta a otro problema: la falta de público que tienen cierto tipo de producciones «que no necesariamente tratan de algo que puedas contar en una oración». Es por ello que se torna complicado financiar algunos trabajos: ‘«Esta película me costó nueve años levantarla y eso que lo hicimos con muy poquito dinero». Para el realizador e intérprete, la dificultad parte de que «ahora queremos entender qué es lo que vamos a ver antes de verlo», mientras que cuando él era joven lo que buscaban era dejarse sorprender. Hoy, a su juicio, hay dos tipos de público: «los que quieren saber qué película van a ver casi como si fuera una exigencia y a los que les gusta perderse en el bosque, alucinarse. Yo soy más de este público, pero el problema es que este tipo de espectador no está yendo lo suficientemente al cine».
Comenzaba su intervención Gael García Bernal como si aún le debiera un gesto a la Semana Internacional de Cine de Valladolid por haber recibido tan gratamente en la pasada edición la película ‘Magallanes’, que el mismo protagonizó y que se alzó con la Espiga de … Oro. O como si hubiera estado en los prolegómenos del festival, cuando unas polémicas declaraciones del consejero de Cultura, Alberto Díaz Pico (Vox) hicieron que tanto desde el Ayuntamiento como desde la propia dirección del festival defendieran que la Seminci siempre va a ser un faro de independencia creativa. Y es que nada más coger el micrófono, el cineasta y actor que saltó a la fama con ‘Amores perros’ agradecía con entusiasmo a los programadores haberse fijado en «esa libertad» con la que abordó el proyecto, así como su invitación al festival vallisoletano. Hacía referencia a su tercer filme como director, ‘Hombre al agua’, en el que también asumió un rol como productor y coguionista, además de tener en él uno de los papeles protagonistas.
La producción que pondrá este sábado el broche a la 71 edición -ya fuera de concurso- es «una fábula» en la que el mexicano recoge todas sus «inquietudes y curiosidades más profundas». La masculinidad a los 40, la soledad, una crisis de pareja e incluso «el cuerpo político de Latinoamérica» trenzan esta comedia que llega a ser un poco «extraterrestre». Como también lo es Camilo, su protagonista, un vigilante cubano que tras salvar de morir ahogado en las playas de Varadero a Abel, un rico empresario mexicano, este le ofrece llevarlo a su país para convertirlo en su mano derecha y presentarle a su hija Juana, con quien termina casándose y formando una familia, momento en el que la vida del protagonista se termina revelando como lo que es: un personaje secundario en la vida de los demás.
Por la rica hacienda donde viven van apareciendo personajes como Fabiana, una famosísima actriz brasileña de telenovelas, la novia argentina de su suegro e, incluso, tiene un cameo el cantante puertorriqueño Ricky Martin. Gael García Bernal ha querido así rendir tributo a su historia de amor con toda Latinoamérica, un continente que empezó a descubrir gracias a su inolvidable papel como el Che Guevara en ‘Diarios de motocicleta’ (Walter Salles, 2004). «Me tocó crecer con todos los hijos de exiliados y quería apelar a la multiplicidad que nos compone», apuntaba.
«Quería hacer una película que le hubiera gustado a Luis Buñuel»
Aún sin tener claro que continuará al frente de más películas -«esta es mi tercera pero no espero dirigir muchas más»-, subrayaba el mexicano su amor por el séptimo arte y recordaba a quienes han sido algunos de sus referentes, entre los que mencionaba a Ettore Scola y Tomás Gutiérrez Alea, a los que hace un guiño en esta producción. Añadía que también tuvo muy presente hacer un trabajo «que le hubiera gustado a Luis Buñuel y a Jean-Claude Carrière». Preguntado sobre su experiencia, años atrás, con el cineasta español Pedro Almodóvar en ‘La mala educación’, recordaba que fue un proceso creativo «muy duro», pero de él aprendió que «me lo tengo que pasar bien haciendo películas». Nunca se ha planteado que pasaría si ganara un Oscar… «No estaría mal, sería divertido», bromeaba ante los presentes, aunque matizaba que no es lo que más le importe «porque si no, no sería fiel a este acercamiento que he tenido al cine».
Sobre el tono que da a su última producción, defendía ya en conversación con ABC que «siempre» imaginó que iba a ser una comedia, ya que concibe el humor como «el mejor dispositivo» para poder hablar de ciertos temas, y así surgió «esta historia díscola, rococha, en la que desde el principio tuve la impronta de que fuera completamente libre»: «El humor es considerado como algo banal, medio superficial, pero abre puertas complejas».
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Apuntaba también que ‘Hombre al agua’ es un filme que encierra dentro de sí otras muchas películas, en un momento en que cada uno intentamos hacer la película de nuestra vida: «Sin las redes sociales parece que no existimos. Queremos que nos observen. Necesitamos que nos vean para definirnos a nosotros mismos. Es increíble, una de las trampas más fantásticas del capitalismo rampante que estamos viviendo», había denunciado minutos antes en la rueda de prensa.
«Soy más de los espectadores que les gusta perderse, alucinar con una película. El problema es que este tipo de público no está yendo al cine»
Cuestionado ya en la entrevista sobre el papel que ha jugado en su vida el cine, destacaba que cuando era joven le brindó «una apertura, una vocación que no sabía» que tenía. «Nunca me imaginé hacer esto», también porque cuando empezó percibía que «era algo muy complicado». Y es que mucho ha cambiado la industria cinematográfica de su país desde que hace ya 26 años protagonizara ‘Amores perros’. Entonces solo se hacían «unas seis producciones al año» cuando décadas antes, en los años 30, 40 y 50 del anterior siglo, se habían producido «cientos y cientos de películas que veía todo el mundo hispanohablante». Hace dos décadas eso cambió con una nueva ola de cineastas como Alejandro González Iñárritu o Guillermo del Toro y el cine mexicano dio un vuelco «alucinante» que, a juicio del cineasta, se manifiesta en «un ejercicio de libertad y cero censura».
Falta de público
Sin embargo, a su parecer este tipo de proyectos ahora se enfrenta a otro problema: la falta de público que tienen ciertas producciones «que no necesariamente tratan de algo que puedas contar en una oración». Es por ello que se torna complicado financiar algunos trabajos: «Esta película me costó nueve años levantarla y eso que lo hicimos con muy poquito dinero».
Para el realizador e intérprete, la dificultad parte de que «ahora queremos entender qué es lo que vamos a ver antes de verlo», mientras que cuando él era joven lo que buscaban era dejarse sorprender. Hoy, a su juicio, hay dos tipos de público: «los que quieren saber qué película van a ver casi como si fuera una exigencia y a los que les gusta perderse en el bosque, alucinarse. Yo soy más de este público, pero el problema es que este tipo de espectador no está yendo lo suficientemente al cine».
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