La mayoría de las mujeres a partir de los 40 o 50 años comienzan a experimentar ciertos cambios físicos, pero hay uno que, en concreto, les suele generar gran desconcierto: la acumulación de grasa en la zona abdominal, incluso cuando mantienen hábitos similares a los de siempre. Lejos de ser una cuestión de disciplina o de errores individuales en su autocuidado, se trata de una transformación natural del organismo que exige un nuevo enfoque en esta etapa vital.Lo primero que hay que entender «es que el cuerpo no está fallando, está cambiando -advierte Patri Vera, wellness coach más conocida como Patri fit model-. Y, cuando lo comprenden, dejan de frustrarse y empiezan a tomar decisiones más inteligentes ».La experta explica que durante la menopausia el cuerpo atraviesa una serie de modificaciones que afectan directamente a la forma en la que gestiona la grasa. La disminución de los niveles de estrógenos provoca una redistribución del tejido adiposo, favoreciendo su acumulación en el abdomen. A esto se suma una mayor tendencia a la resistencia a la insulina , lo que dificulta la correcta gestión de los azúcares y puede aumentar el almacenamiento de grasa. «Es habitual que en esta etapa apetezcan más alimentos dulces, pero también es cuando peor se procesan . Si no hay una estructura en la alimentación, el cuerpo tiende a almacenar esa energía en forma de grasa», señala Vera.Noticia relacionada general No No ‘Doctor Aldo’, entrenador de Topuria «En edades avanzadas, practicar fuerza marca una gran diferencia» Laura PeraitaOtro factor clave que destaca es la pérdida progresiva de masa muscular, un proceso natural asociado a la edad si no se trabaja de forma específica. Señala que menos músculo implica un metabolismo más lento y una menor capacidad para gastar energía. Además, el estrés y el aumento del cortisol también influyen, favoreciendo la acumulación de grasa visceral, la más vinculada a riesgos para la salud.Errores más frecuentesAnte estos cambios, ella apunta que muchas mujeres reaccionan intensificando sus esfuerzos, aunque no siempre con la estrategia adecuada. «Dietas excesivamente restrictivas, abuso del ejercicio cardiovascular o falta de constancia son algunos de los errores más frecuentes -destaca-. El problema no es que falte esfuerzo, es que muchas veces se aplica mal. Se come menos de lo necesario, se hace demasiado cardio y se cambia constantemente de rutina. Así es muy difícil que el cuerpo responda correctamente a los nuevos cambios», advierte.Para hacer frente a estos errores, la clave está en adoptar hábitos sostenibles y adaptados a esta etapa. «El entrenamiento de fuerza se posiciona como uno de los pilares fundamentales, ya que ayuda a preservar la masa muscular, mejorar el metabolismo y optimizar la gestión de la glucosa. Es decir, el entrenamiento de fuerza no es opcional en esta etapa, es imprescindible. Es lo que realmente va a marcar la diferencia a medio y largo plazo», matiza la ‘coach’.A este hábito se suma la importancia del movimiento diario más allá del ejercicio estructurado, recuerda Vera. Por todo ello señala que actividades como caminar, evitar el sedentarismo o mantenerse activa durante el día tienen un impacto significativo en el gasto energético total. «Dormir bien y reducir la carga mental son factores clave, ya que el organismo no distingue entre estrés físico y emocional, y ambos influyen en la acumulación de grasa» Patri VeraEn cuanto a la alimentación , el enfoque debe alejarse de la restricción para centrarse en la calidad. Vera aconseja priorizar proteínas, reducir ultraprocesados y mantener niveles de energía estables. «No se trata de comer menos, sino de comer mejor. El cuerpo necesita nutrientes, no castigo», subraya.El descanso y la gestión del estrés completan el enfoque. Por ello destaca que dormir bien y reducir la carga mental son factores determinantes, ya que el organismo no distingue entre estrés físico y emocional, y ambos influyen directamente en la acumulación de grasa.Aun así, los especialistas insisten en la importancia de mantener expectativas realistas. «La pérdida de grasa localizada no es posible , y la zona abdominal suele ser una de las más resistentes. Además, los cambios requieren tiempo y constancia. No existen soluciones rápidas ni milagrosas. Pero cuando se hacen las cosas bien, no solo mejora el cuerpo, también la energía, la salud y el bienestar», advierte.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Miriam Al Adib, ginecóloga: «He visto alteraciones en la regla de mujeres tras el Covid y la vacunación» noticia Si «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» noticia Si ‘Antiaging’: cómo cumplir 50 años aparentando 30 (y sin obsesionarse)Lejos de ser el final de una etapa, la menopausia puede convertirse en una oportunidad para reconectar con el propio cuerpo desde una perspectiva más consciente. « Entender estos cambios y adaptarse a ellos es el primer paso para afrontar esta fase con salud, equilibrio y bienestar», sentencia. La mayoría de las mujeres a partir de los 40 o 50 años comienzan a experimentar ciertos cambios físicos, pero hay uno que, en concreto, les suele generar gran desconcierto: la acumulación de grasa en la zona abdominal, incluso cuando mantienen hábitos similares a los de siempre. Lejos de ser una cuestión de disciplina o de errores individuales en su autocuidado, se trata de una transformación natural del organismo que exige un nuevo enfoque en esta etapa vital.Lo primero que hay que entender «es que el cuerpo no está fallando, está cambiando -advierte Patri Vera, wellness coach más conocida como Patri fit model-. Y, cuando lo comprenden, dejan de frustrarse y empiezan a tomar decisiones más inteligentes ».La experta explica que durante la menopausia el cuerpo atraviesa una serie de modificaciones que afectan directamente a la forma en la que gestiona la grasa. La disminución de los niveles de estrógenos provoca una redistribución del tejido adiposo, favoreciendo su acumulación en el abdomen. A esto se suma una mayor tendencia a la resistencia a la insulina , lo que dificulta la correcta gestión de los azúcares y puede aumentar el almacenamiento de grasa. «Es habitual que en esta etapa apetezcan más alimentos dulces, pero también es cuando peor se procesan . Si no hay una estructura en la alimentación, el cuerpo tiende a almacenar esa energía en forma de grasa», señala Vera.Noticia relacionada general No No ‘Doctor Aldo’, entrenador de Topuria «En edades avanzadas, practicar fuerza marca una gran diferencia» Laura PeraitaOtro factor clave que destaca es la pérdida progresiva de masa muscular, un proceso natural asociado a la edad si no se trabaja de forma específica. Señala que menos músculo implica un metabolismo más lento y una menor capacidad para gastar energía. Además, el estrés y el aumento del cortisol también influyen, favoreciendo la acumulación de grasa visceral, la más vinculada a riesgos para la salud.Errores más frecuentesAnte estos cambios, ella apunta que muchas mujeres reaccionan intensificando sus esfuerzos, aunque no siempre con la estrategia adecuada. «Dietas excesivamente restrictivas, abuso del ejercicio cardiovascular o falta de constancia son algunos de los errores más frecuentes -destaca-. El problema no es que falte esfuerzo, es que muchas veces se aplica mal. Se come menos de lo necesario, se hace demasiado cardio y se cambia constantemente de rutina. Así es muy difícil que el cuerpo responda correctamente a los nuevos cambios», advierte.Para hacer frente a estos errores, la clave está en adoptar hábitos sostenibles y adaptados a esta etapa. «El entrenamiento de fuerza se posiciona como uno de los pilares fundamentales, ya que ayuda a preservar la masa muscular, mejorar el metabolismo y optimizar la gestión de la glucosa. Es decir, el entrenamiento de fuerza no es opcional en esta etapa, es imprescindible. Es lo que realmente va a marcar la diferencia a medio y largo plazo», matiza la ‘coach’.A este hábito se suma la importancia del movimiento diario más allá del ejercicio estructurado, recuerda Vera. Por todo ello señala que actividades como caminar, evitar el sedentarismo o mantenerse activa durante el día tienen un impacto significativo en el gasto energético total. «Dormir bien y reducir la carga mental son factores clave, ya que el organismo no distingue entre estrés físico y emocional, y ambos influyen en la acumulación de grasa» Patri VeraEn cuanto a la alimentación , el enfoque debe alejarse de la restricción para centrarse en la calidad. Vera aconseja priorizar proteínas, reducir ultraprocesados y mantener niveles de energía estables. «No se trata de comer menos, sino de comer mejor. El cuerpo necesita nutrientes, no castigo», subraya.El descanso y la gestión del estrés completan el enfoque. Por ello destaca que dormir bien y reducir la carga mental son factores determinantes, ya que el organismo no distingue entre estrés físico y emocional, y ambos influyen directamente en la acumulación de grasa.Aun así, los especialistas insisten en la importancia de mantener expectativas realistas. «La pérdida de grasa localizada no es posible , y la zona abdominal suele ser una de las más resistentes. Además, los cambios requieren tiempo y constancia. No existen soluciones rápidas ni milagrosas. Pero cuando se hacen las cosas bien, no solo mejora el cuerpo, también la energía, la salud y el bienestar», advierte.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Miriam Al Adib, ginecóloga: «He visto alteraciones en la regla de mujeres tras el Covid y la vacunación» noticia Si «Lo que anhelamos no es vivir para siempre, sino la juventud eterna» noticia Si ‘Antiaging’: cómo cumplir 50 años aparentando 30 (y sin obsesionarse)Lejos de ser el final de una etapa, la menopausia puede convertirse en una oportunidad para reconectar con el propio cuerpo desde una perspectiva más consciente. « Entender estos cambios y adaptarse a ellos es el primer paso para afrontar esta fase con salud, equilibrio y bienestar», sentencia.
La mayoría de las mujeres a partir de los 40 o 50 años comienzan a experimentar ciertos cambios físicos, pero hay uno que, en concreto, les suele generar gran desconcierto: la acumulación de grasa en la zona abdominal, incluso cuando mantienen hábitos similares a … los de siempre. Lejos de ser una cuestión de disciplina o de errores individuales en su autocuidado, se trata de una transformación natural del organismo que exige un nuevo enfoque en esta etapa vital.
Lo primero que hay que entender «es que el cuerpo no está fallando, está cambiando -advierte Patri Vera, wellness coach más conocida como Patri fit model-. Y, cuando lo comprenden, dejan de frustrarse y empiezan a tomar decisiones más inteligentes».
La experta explica que durante la menopausia el cuerpo atraviesa una serie de modificaciones que afectan directamente a la forma en la que gestiona la grasa. La disminución de los niveles de estrógenos provoca una redistribución del tejido adiposo, favoreciendo su acumulación en el abdomen. A esto se suma una mayor tendencia a la resistencia a la insulina, lo que dificulta la correcta gestión de los azúcares y puede aumentar el almacenamiento de grasa. «Es habitual que en esta etapa apetezcan más alimentos dulces, pero también es cuando peor se procesan. Si no hay una estructura en la alimentación, el cuerpo tiende a almacenar esa energía en forma de grasa», señala Vera.
Noticia relacionada
-
‘Doctor Aldo’, entrenador de Topuria
Laura Peraita
Otro factor clave que destaca es la pérdida progresiva de masa muscular, un proceso natural asociado a la edad si no se trabaja de forma específica. Señala que menos músculo implica un metabolismo más lento y una menor capacidad para gastar energía. Además, el estrés y el aumento del cortisol también influyen, favoreciendo la acumulación de grasa visceral, la más vinculada a riesgos para la salud.
Errores más frecuentes
Ante estos cambios, ella apunta que muchas mujeres reaccionan intensificando sus esfuerzos, aunque no siempre con la estrategia adecuada. «Dietas excesivamente restrictivas, abuso del ejercicio cardiovascular o falta de constancia son algunos de los errores más frecuentes -destaca-. El problema no es que falte esfuerzo, es que muchas veces se aplica mal. Se come menos de lo necesario, se hace demasiado cardio y se cambia constantemente de rutina. Así es muy difícil que el cuerpo responda correctamente a los nuevos cambios», advierte.
Para hacer frente a estos errores, la clave está en adoptar hábitos sostenibles y adaptados a esta etapa. «El entrenamiento de fuerza se posiciona como uno de los pilares fundamentales, ya que ayuda a preservar la masa muscular, mejorar el metabolismo y optimizar la gestión de la glucosa. Es decir, el entrenamiento de fuerza no es opcional en esta etapa, es imprescindible. Es lo que realmente va a marcar la diferencia a medio y largo plazo», matiza la ‘coach’.
A este hábito se suma la importancia del movimiento diario más allá del ejercicio estructurado, recuerda Vera. Por todo ello señala que actividades como caminar, evitar el sedentarismo o mantenerse activa durante el día tienen un impacto significativo en el gasto energético total.

«Dormir bien y reducir la carga mental son factores clave, ya que el organismo no distingue entre estrés físico y emocional, y ambos influyen en la acumulación de grasa»
Patri Vera
En cuanto a la alimentación, el enfoque debe alejarse de la restricción para centrarse en la calidad. Vera aconseja priorizar proteínas, reducir ultraprocesados y mantener niveles de energía estables. «No se trata de comer menos, sino de comer mejor. El cuerpo necesita nutrientes, no castigo», subraya.
El descanso y la gestión del estrés completan el enfoque. Por ello destaca que dormir bien y reducir la carga mental son factores determinantes, ya que el organismo no distingue entre estrés físico y emocional, y ambos influyen directamente en la acumulación de grasa.
Aun así, los especialistas insisten en la importancia de mantener expectativas realistas. «La pérdida de grasa localizada no es posible, y la zona abdominal suele ser una de las más resistentes. Además, los cambios requieren tiempo y constancia. No existen soluciones rápidas ni milagrosas. Pero cuando se hacen las cosas bien, no solo mejora el cuerpo, también la energía, la salud y el bienestar», advierte.
Lejos de ser el final de una etapa, la menopausia puede convertirse en una oportunidad para reconectar con el propio cuerpo desde una perspectiva más consciente. «Entender estos cambios y adaptarse a ellos es el primer paso para afrontar esta fase con salud, equilibrio y bienestar», sentencia.
RSS de noticias de bienestar

