El consumo de refrescos sigue teniendo mucha chispa por mucho que cada vez existan más conocimientos sobre los efectos secundarios de las bebidas gasificadas. Y es que los expertos en salud llevan años incidiendo en la importancia de un consumo esporádico por los riesgos que pueden dejar algunos de sus componentes. El sector ha tratado de adaptarse a las necesidades, pero la controversia al respecto no ha desaparecido.Seguramente no hay mejor ejemplo que el de los refrescos de cola. Sus azúcares, cuestionados por algunas voces, llevaron a sus productores a sacar al mercado versiones con menos calorías, que no han conseguido frenar la incertidumbre sobre sus efectos porque han sustituido precisamente el azúcar, lo que hace que muchos crean que son más saludables. Sin embargo, siguen llevando edulcorantes artificiales y otros componentes que también suelen despiertan ciertas dudas. Las miradas están se han centrado últimamente en el uso del ácido fosfórico . Este componente es muy común en la industria en general, y de hecho está en muchos hogares por sus usos, por ejemplo para la fabricación de detergentes o productos odontológicos. A nivel alimentario se usa como acidulante en refrescos como los de cola o alimentos procesados y ayuda a preservarlos. Marcas como la mítica Coca-Cola, por ejemplo, lo usan para todos sus productos junto a otros aditivos como el ciclamato sódico, acesulfamo K, aspartamo o ácido cítrico, además de aromas naturales y aroma cafeína.Noticia relacionada No No Intestino permeable: ¿cómo nos afectan los deajustes? Elisa EscorihuelaMarta León , ingeniera química especializada en alimentación y salud hormonal femenina, confirma en declaraciones a ABC que el ácido fosfórico es un compuesto inorgánico que se usa como acidulante, es decir, para dar ese sabor ácido y ligeramente amargo tan típico de los refrescos de cola. Es fácil identificarlo porque en las etiquetas puede aparecer como el aditivo E-338.Ahora bien, antes de demonizarlo, esta experta señala que el fósforo en sí mismo es un mineral que nuestro cuerpo necesita y forma parte de nuestros huesos, de nuestro ADN, de las membranas celulares. «El problema no es el fósforo como nutriente, sino la forma en que lo ingerimos cuando viene en un refresco: de golpe, en cantidad y combinado con otros ingredientes que no le hacen ningún favor a nuestro metabolismo», avisa.Además, recuerda que este compuesto suele aparecer en los refrescos de cola, tanto en los azucarados como los de versión ‘zero’ o ‘light’ pero que también se encuentra en algunos procesados como embutidos y fiambres industriales (donde actúa como conservante), en ciertos productos de panadería industrial e incluso, en algunas bebidas energéticas. «El ácido fosfórico se suma a todos los demás fosfatos que ya ingerimos de forma natural a través de carnes, lácteos, legumbres… Y cuando la balanza se inclina demasiado hacia el lado del fósforo inorgánico de los procesados, es cuando empiezan los problemas», avisa. Riesgos para el equilibrio mineralAsí, León señala que su consumo no es peligroso cuando una persona se toma una lata de refresco. «Esto no intoxica, pero sí es peligroso cuando hay un consumo habitual y sostenido en el tiempo porque tiene consecuencias reales para la salud. En primer lugar por el equilibrio mineral. Nuestro cuerpo trabaja con una ratio calcio-fósforo muy afinada. Cuando tomamos ácido fosfórico en exceso, el organismo tiene que compensar esa acidez, y para hacerlo echa mano del calcio que tiene disponible», expone a ABC.«Cuando tomamos ácido fosfórico en exceso el organismo tiene que compensar esa acidez y para hacerlo echa mano del calcio que tiene disponible» Marta LeónSi esto ocurre puntualmente, el cuerpo lo gestiona sin problema, pero si sucede cada día, durante años, como las personas adictas a la Coca Cola, la salud ósea se resiente. «Desde hace muchos años sabemos que el consumo elevado de refrescos de cola está relacionado con una menor densidad mineral ósea, especialmente en mujeres. Esto me interesa mucho como especialista en salud hormonal femenina porque las mujeres en perimenopausia y menopausia ya tenemos el riesgo de osteoporosis aumentado por la caída de estrógenos. No necesitamos sumar más factores en contra».León también destaca que hay una segunda cuestión que poco se menciona, y que afecta directamente a la microbiota intestinal. «El ambiente ácido que genera no es precisamente el hábitat favorito de nuestras bacterias beneficiosas. Y cuando la microbiota se resiente, todo lo demás también se resiente: la regulación hormonal, el estado de ánimo, la respuesta metabólica, la inflamación de base…», enfatiza.Los riesgos más documentados de su consumo habitual son, como recuerda la experta, la pérdida progresiva de densidad ósea, el impacto negativo sobre la microbiota intestinal y la posible alteración del metabolismo del calcio y el fósforo. A esto hay que sumar que los refrescos que lo contienen raramente vienen solos: traen edulcorantes artificiales, cafeína, gas… «Una combinación que, de forma cotidiana, no hace nada bueno para nuestro equilibrio hormonal ni metabólico. Yo no diría es ‘esto es veneno y nunca lo toques’, sino, más bien, recordar que, aunque es mejor no tomarlo, una lata ocasional no es el problema. El riesgo aparece cuando se convierte en un refresco habitual, de cada día o de cada semana», explica León.Riesgo del ‘efecto cóctel’Por todo ello, la experta incide en que es importante que las mujeres sepan que su cuerpo no responde igual que el de un hombre, sobre todo a partir de los 40 , cuando los estrógenos empiezan a fluctuar y la protección que ofrecían empieza a desaparecer. Su recomendación es que si se toman refrescos de cola habitualmente, se empiece a espaciarlos. Es decir, que más bien sean la excepción, no la norma.Siendo conscientes de que conlleva riesgos, ¿por qué se utilizan? Esta ingeniera química considera que se emplean por razones muy prácticas para la industria como el hecho de dar acidez y ese sabor tan reconocible a bajo coste, actuar como conservante, estabilizar el pH del producto y ayudar a que los colores sean más uniformes. Y recuerda que no es tóxico, de hecho está aprobado por las agencias reguladoras europeas: la EFSA, por ejemplo, lo considera seguro dentro de los límites establecidos. «El problema es que vivimos en un mundo donde ocasional se ha convertido en diario y que además no los tomamos de manera aislada, sino junto a otros productos con otros aditivos. Y las regulaciones no contemplan el ‘ efecto coctel ‘; es decir, las consecuencias de consumir ese ingrediente combinado con otros veinte más, todos los días, durante años».Presencia en panadería, pastelería y alimentos infantilesDesde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerdan, por su parte, que este ácido puede aparecer en alimentos infantiles, productos lácteos, helados, harinas, cereales, productos de panadería, salsas, sopas, licores o procesados de patata, por sus usos como antioxidante. En su portal oficial inciden en que «estudios recientes han demostrado un aumento en los niveles de fosfato en las paredes de los vasos sanguíneos», lo que puede acabar comportando un riesgo cardiovascular , especialmente ante casos con insuficiencias renales de por medio.MÁS INFORMACIÓN noticia No Ayuno intermitente: cuándo puede ayudar… y cuándo no está recomendado noticia No Dormir mal nos hace comer peor y perjudica seriamente la salud noticia No Probióticos, prebióticos y simbióticos en la salud intestinalLa organización recuerda que los aditivos de fosfato están autorizados en más de 100 aplicaciones alimentarias, especialmente en panaderías y pastelerías, y apunta que aunque existan dosis autorizadas «es probable que los niveles de exposición estimados excedan la IDA para niños y adolescentes , que son grandes consumidores de alimentos que los contienen». El consumo de refrescos sigue teniendo mucha chispa por mucho que cada vez existan más conocimientos sobre los efectos secundarios de las bebidas gasificadas. Y es que los expertos en salud llevan años incidiendo en la importancia de un consumo esporádico por los riesgos que pueden dejar algunos de sus componentes. El sector ha tratado de adaptarse a las necesidades, pero la controversia al respecto no ha desaparecido.Seguramente no hay mejor ejemplo que el de los refrescos de cola. Sus azúcares, cuestionados por algunas voces, llevaron a sus productores a sacar al mercado versiones con menos calorías, que no han conseguido frenar la incertidumbre sobre sus efectos porque han sustituido precisamente el azúcar, lo que hace que muchos crean que son más saludables. Sin embargo, siguen llevando edulcorantes artificiales y otros componentes que también suelen despiertan ciertas dudas. Las miradas están se han centrado últimamente en el uso del ácido fosfórico . Este componente es muy común en la industria en general, y de hecho está en muchos hogares por sus usos, por ejemplo para la fabricación de detergentes o productos odontológicos. A nivel alimentario se usa como acidulante en refrescos como los de cola o alimentos procesados y ayuda a preservarlos. Marcas como la mítica Coca-Cola, por ejemplo, lo usan para todos sus productos junto a otros aditivos como el ciclamato sódico, acesulfamo K, aspartamo o ácido cítrico, además de aromas naturales y aroma cafeína.Noticia relacionada No No Intestino permeable: ¿cómo nos afectan los deajustes? Elisa EscorihuelaMarta León , ingeniera química especializada en alimentación y salud hormonal femenina, confirma en declaraciones a ABC que el ácido fosfórico es un compuesto inorgánico que se usa como acidulante, es decir, para dar ese sabor ácido y ligeramente amargo tan típico de los refrescos de cola. Es fácil identificarlo porque en las etiquetas puede aparecer como el aditivo E-338.Ahora bien, antes de demonizarlo, esta experta señala que el fósforo en sí mismo es un mineral que nuestro cuerpo necesita y forma parte de nuestros huesos, de nuestro ADN, de las membranas celulares. «El problema no es el fósforo como nutriente, sino la forma en que lo ingerimos cuando viene en un refresco: de golpe, en cantidad y combinado con otros ingredientes que no le hacen ningún favor a nuestro metabolismo», avisa.Además, recuerda que este compuesto suele aparecer en los refrescos de cola, tanto en los azucarados como los de versión ‘zero’ o ‘light’ pero que también se encuentra en algunos procesados como embutidos y fiambres industriales (donde actúa como conservante), en ciertos productos de panadería industrial e incluso, en algunas bebidas energéticas. «El ácido fosfórico se suma a todos los demás fosfatos que ya ingerimos de forma natural a través de carnes, lácteos, legumbres… Y cuando la balanza se inclina demasiado hacia el lado del fósforo inorgánico de los procesados, es cuando empiezan los problemas», avisa. Riesgos para el equilibrio mineralAsí, León señala que su consumo no es peligroso cuando una persona se toma una lata de refresco. «Esto no intoxica, pero sí es peligroso cuando hay un consumo habitual y sostenido en el tiempo porque tiene consecuencias reales para la salud. En primer lugar por el equilibrio mineral. Nuestro cuerpo trabaja con una ratio calcio-fósforo muy afinada. Cuando tomamos ácido fosfórico en exceso, el organismo tiene que compensar esa acidez, y para hacerlo echa mano del calcio que tiene disponible», expone a ABC.«Cuando tomamos ácido fosfórico en exceso el organismo tiene que compensar esa acidez y para hacerlo echa mano del calcio que tiene disponible» Marta LeónSi esto ocurre puntualmente, el cuerpo lo gestiona sin problema, pero si sucede cada día, durante años, como las personas adictas a la Coca Cola, la salud ósea se resiente. «Desde hace muchos años sabemos que el consumo elevado de refrescos de cola está relacionado con una menor densidad mineral ósea, especialmente en mujeres. Esto me interesa mucho como especialista en salud hormonal femenina porque las mujeres en perimenopausia y menopausia ya tenemos el riesgo de osteoporosis aumentado por la caída de estrógenos. No necesitamos sumar más factores en contra».León también destaca que hay una segunda cuestión que poco se menciona, y que afecta directamente a la microbiota intestinal. «El ambiente ácido que genera no es precisamente el hábitat favorito de nuestras bacterias beneficiosas. Y cuando la microbiota se resiente, todo lo demás también se resiente: la regulación hormonal, el estado de ánimo, la respuesta metabólica, la inflamación de base…», enfatiza.Los riesgos más documentados de su consumo habitual son, como recuerda la experta, la pérdida progresiva de densidad ósea, el impacto negativo sobre la microbiota intestinal y la posible alteración del metabolismo del calcio y el fósforo. A esto hay que sumar que los refrescos que lo contienen raramente vienen solos: traen edulcorantes artificiales, cafeína, gas… «Una combinación que, de forma cotidiana, no hace nada bueno para nuestro equilibrio hormonal ni metabólico. Yo no diría es ‘esto es veneno y nunca lo toques’, sino, más bien, recordar que, aunque es mejor no tomarlo, una lata ocasional no es el problema. El riesgo aparece cuando se convierte en un refresco habitual, de cada día o de cada semana», explica León.Riesgo del ‘efecto cóctel’Por todo ello, la experta incide en que es importante que las mujeres sepan que su cuerpo no responde igual que el de un hombre, sobre todo a partir de los 40 , cuando los estrógenos empiezan a fluctuar y la protección que ofrecían empieza a desaparecer. Su recomendación es que si se toman refrescos de cola habitualmente, se empiece a espaciarlos. Es decir, que más bien sean la excepción, no la norma.Siendo conscientes de que conlleva riesgos, ¿por qué se utilizan? Esta ingeniera química considera que se emplean por razones muy prácticas para la industria como el hecho de dar acidez y ese sabor tan reconocible a bajo coste, actuar como conservante, estabilizar el pH del producto y ayudar a que los colores sean más uniformes. Y recuerda que no es tóxico, de hecho está aprobado por las agencias reguladoras europeas: la EFSA, por ejemplo, lo considera seguro dentro de los límites establecidos. «El problema es que vivimos en un mundo donde ocasional se ha convertido en diario y que además no los tomamos de manera aislada, sino junto a otros productos con otros aditivos. Y las regulaciones no contemplan el ‘ efecto coctel ‘; es decir, las consecuencias de consumir ese ingrediente combinado con otros veinte más, todos los días, durante años».Presencia en panadería, pastelería y alimentos infantilesDesde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerdan, por su parte, que este ácido puede aparecer en alimentos infantiles, productos lácteos, helados, harinas, cereales, productos de panadería, salsas, sopas, licores o procesados de patata, por sus usos como antioxidante. En su portal oficial inciden en que «estudios recientes han demostrado un aumento en los niveles de fosfato en las paredes de los vasos sanguíneos», lo que puede acabar comportando un riesgo cardiovascular , especialmente ante casos con insuficiencias renales de por medio.MÁS INFORMACIÓN noticia No Ayuno intermitente: cuándo puede ayudar… y cuándo no está recomendado noticia No Dormir mal nos hace comer peor y perjudica seriamente la salud noticia No Probióticos, prebióticos y simbióticos en la salud intestinalLa organización recuerda que los aditivos de fosfato están autorizados en más de 100 aplicaciones alimentarias, especialmente en panaderías y pastelerías, y apunta que aunque existan dosis autorizadas «es probable que los niveles de exposición estimados excedan la IDA para niños y adolescentes , que son grandes consumidores de alimentos que los contienen».
El consumo de refrescos sigue teniendo mucha chispa por mucho que cada vez existan más conocimientos sobre los efectos secundarios de las bebidas gasificadas. Y es que los expertos en salud llevan años incidiendo en la importancia de un consumo esporádico por los … riesgos que pueden dejar algunos de sus componentes. El sector ha tratado de adaptarse a las necesidades, pero la controversia al respecto no ha desaparecido.
Seguramente no hay mejor ejemplo que el de los refrescos de cola. Sus azúcares, cuestionados por algunas voces, llevaron a sus productores a sacar al mercado versiones con menos calorías, que no han conseguido frenar la incertidumbre sobre sus efectos porque han sustituido precisamente el azúcar, lo que hace que muchos crean que son más saludables. Sin embargo, siguen llevando edulcorantes artificiales y otros componentes que también suelen despiertan ciertas dudas.
Las miradas están se han centrado últimamente en el uso del ácido fosfórico. Este componente es muy común en la industria en general, y de hecho está en muchos hogares por sus usos, por ejemplo para la fabricación de detergentes o productos odontológicos. A nivel alimentario se usa como acidulante en refrescos como los de cola o alimentos procesados y ayuda a preservarlos. Marcas como la mítica Coca-Cola, por ejemplo, lo usan para todos sus productos junto a otros aditivos como el ciclamato sódico, acesulfamo K, aspartamo o ácido cítrico, además de aromas naturales y aroma cafeína.
Marta León, ingeniera química especializada en alimentación y salud hormonal femenina, confirma en declaraciones a ABC que el ácido fosfórico es un compuesto inorgánico que se usa como acidulante, es decir, para dar ese sabor ácido y ligeramente amargo tan típico de los refrescos de cola. Es fácil identificarlo porque en las etiquetas puede aparecer como el aditivo E-338.
Ahora bien, antes de demonizarlo, esta experta señala que el fósforo en sí mismo es un mineral que nuestro cuerpo necesita y forma parte de nuestros huesos, de nuestro ADN, de las membranas celulares. «El problema no es el fósforo como nutriente, sino la forma en que lo ingerimos cuando viene en un refresco: de golpe, en cantidad y combinado con otros ingredientes que no le hacen ningún favor a nuestro metabolismo», avisa.
Además, recuerda que este compuesto suele aparecer en los refrescos de cola, tanto en los azucarados como los de versión ‘zero’ o ‘light’ pero que también se encuentra en algunos procesados como embutidos y fiambres industriales (donde actúa como conservante), en ciertos productos de panadería industrial e incluso, en algunas bebidas energéticas. «El ácido fosfórico se suma a todos los demás fosfatos que ya ingerimos de forma natural a través de carnes, lácteos, legumbres… Y cuando la balanza se inclina demasiado hacia el lado del fósforo inorgánico de los procesados, es cuando empiezan los problemas», avisa.
Riesgos para el equilibrio mineral
Así, León señala que su consumo no es peligroso cuando una persona se toma una lata de refresco. «Esto no intoxica, pero sí es peligroso cuando hay un consumo habitual y sostenido en el tiempo porque tiene consecuencias reales para la salud. En primer lugar por el equilibrio mineral. Nuestro cuerpo trabaja con una ratio calcio-fósforo muy afinada. Cuando tomamos ácido fosfórico en exceso, el organismo tiene que compensar esa acidez, y para hacerlo echa mano del calcio que tiene disponible», expone a ABC.
«Cuando tomamos ácido fosfórico en exceso el organismo tiene que compensar esa acidez y para hacerlo echa mano del calcio que tiene disponible»
Marta León
Si esto ocurre puntualmente, el cuerpo lo gestiona sin problema, pero si sucede cada día, durante años, como las personas adictas a la Coca Cola, la salud ósea se resiente. «Desde hace muchos años sabemos que el consumo elevado de refrescos de cola está relacionado con una menor densidad mineral ósea, especialmente en mujeres. Esto me interesa mucho como especialista en salud hormonal femenina porque las mujeres en perimenopausia y menopausia ya tenemos el riesgo de osteoporosis aumentado por la caída de estrógenos. No necesitamos sumar más factores en contra».
León también destaca que hay una segunda cuestión que poco se menciona, y que afecta directamente a la microbiota intestinal. «El ambiente ácido que genera no es precisamente el hábitat favorito de nuestras bacterias beneficiosas. Y cuando la microbiota se resiente, todo lo demás también se resiente: la regulación hormonal, el estado de ánimo, la respuesta metabólica, la inflamación de base…», enfatiza.
Los riesgos más documentados de su consumo habitual son, como recuerda la experta, la pérdida progresiva de densidad ósea, el impacto negativo sobre la microbiota intestinal y la posible alteración del metabolismo del calcio y el fósforo. A esto hay que sumar que los refrescos que lo contienen raramente vienen solos: traen edulcorantes artificiales, cafeína, gas… «Una combinación que, de forma cotidiana, no hace nada bueno para nuestro equilibrio hormonal ni metabólico. Yo no diría es ‘esto es veneno y nunca lo toques’, sino, más bien, recordar que, aunque es mejor no tomarlo, una lata ocasional no es el problema. El riesgo aparece cuando se convierte en un refresco habitual, de cada día o de cada semana», explica León.
Riesgo del ‘efecto cóctel’
Por todo ello, la experta incide en que es importante que las mujeres sepan que su cuerpo no responde igual que el de un hombre, sobre todo a partir de los 40, cuando los estrógenos empiezan a fluctuar y la protección que ofrecían empieza a desaparecer. Su recomendación es que si se toman refrescos de cola habitualmente, se empiece a espaciarlos. Es decir, que más bien sean la excepción, no la norma.
Siendo conscientes de que conlleva riesgos, ¿por qué se utilizan? Esta ingeniera química considera que se emplean por razones muy prácticas para la industria como el hecho de dar acidez y ese sabor tan reconocible a bajo coste, actuar como conservante, estabilizar el pH del producto y ayudar a que los colores sean más uniformes. Y recuerda que no es tóxico, de hecho está aprobado por las agencias reguladoras europeas: la EFSA, por ejemplo, lo considera seguro dentro de los límites establecidos. «El problema es que vivimos en un mundo donde ocasional se ha convertido en diario y que además no los tomamos de manera aislada, sino junto a otros productos con otros aditivos. Y las regulaciones no contemplan el ‘efecto coctel‘; es decir, las consecuencias de consumir ese ingrediente combinado con otros veinte más, todos los días, durante años».
Presencia en panadería, pastelería y alimentos infantiles
Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerdan, por su parte, que este ácido puede aparecer en alimentos infantiles, productos lácteos, helados, harinas, cereales, productos de panadería, salsas, sopas, licores o procesados de patata, por sus usos como antioxidante. En su portal oficial inciden en que «estudios recientes han demostrado un aumento en los niveles de fosfato en las paredes de los vasos sanguíneos», lo que puede acabar comportando un riesgo cardiovascular, especialmente ante casos con insuficiencias renales de por medio.
La organización recuerda que los aditivos de fosfato están autorizados en más de 100 aplicaciones alimentarias, especialmente en panaderías y pastelerías, y apunta que aunque existan dosis autorizadas «es probable que los niveles de exposición estimados excedan la IDA para niños y adolescentes, que son grandes consumidores de alimentos que los contienen».
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