Fue sábado, como este año, el de tu 90 cumpleaños, aquel día de 1936 en que naciste a un mundo atónito por la reyerta familiar de odios en España. Quizá tu padre marchó al frente de Teruel o, si pudo quedarse, rebañó aquí y allá para procuraros el sustento. El polvo del camino al destierro o el de la leche que había. Naciste a la vida en un tiempo de muerte. Tu llegada fue la única alegría que crepitó en aquel universo de sirenas, de sacas, de disparos en la tapia.Tal vez recuerdes a los maquis escondidos cerca del Porma, las interjecciones de la Falange en tu juventud, el hamponato de los exaltados, la rutina del Movimiento, refugio de quienes solo querían el pan de la supervivencia. Los tiempos de aquel hambre seca de cosechas inermes, del éxodo de las almas de los pueblos a los barrios nuevos de las ciudades o a los barrios oscuros de la ría vizcaína. Y cómo la gente, en tu décimo cumpleaños, solo quería normalidad, y en tu vigésimo, el vértigo de un país al borde de la quiebra que pudo ser estabilizado. Y tus 30 años «ye-yes», una señorita de Valladolid como emblema, y tus 40 años con un señor de Ávila llamado Adolfo que quiso sacar la bilis de dentro hacia afuera. Y tus 50 años en el Mercado Común, más allá de Pancorbo, donde también antaño había topos. Y tus 60 años, a punto de jubilarte, cuando llegó Aznar, el de Valladolid, que vino a sustituir a Felipe, el del PSOE. Y tus 70 años, bien cuidado por esta sanidad pública que es el mejor aporte del progreso de España, el país a punto de ser apiolado por sus excesos cuando cumpliste los 80, en plena crisis económica brutal.Cuando naciste, hace 90 años, España se desangraba y puede que no dieran un duro por ti. Pero has llegado. La mejor forma de recordar esta efemérides de la Guerra Civil es felicitarte porque has llegado y pedirte que te quedes con nosotros hasta que cumpla 100 años aquel sábado de julio de 1936 en que la única esperanza fue que nacieras tú. Feliz cumpleaños. Fue sábado, como este año, el de tu 90 cumpleaños, aquel día de 1936 en que naciste a un mundo atónito por la reyerta familiar de odios en España. Quizá tu padre marchó al frente de Teruel o, si pudo quedarse, rebañó aquí y allá para procuraros el sustento. El polvo del camino al destierro o el de la leche que había. Naciste a la vida en un tiempo de muerte. Tu llegada fue la única alegría que crepitó en aquel universo de sirenas, de sacas, de disparos en la tapia.Tal vez recuerdes a los maquis escondidos cerca del Porma, las interjecciones de la Falange en tu juventud, el hamponato de los exaltados, la rutina del Movimiento, refugio de quienes solo querían el pan de la supervivencia. Los tiempos de aquel hambre seca de cosechas inermes, del éxodo de las almas de los pueblos a los barrios nuevos de las ciudades o a los barrios oscuros de la ría vizcaína. Y cómo la gente, en tu décimo cumpleaños, solo quería normalidad, y en tu vigésimo, el vértigo de un país al borde de la quiebra que pudo ser estabilizado. Y tus 30 años «ye-yes», una señorita de Valladolid como emblema, y tus 40 años con un señor de Ávila llamado Adolfo que quiso sacar la bilis de dentro hacia afuera. Y tus 50 años en el Mercado Común, más allá de Pancorbo, donde también antaño había topos. Y tus 60 años, a punto de jubilarte, cuando llegó Aznar, el de Valladolid, que vino a sustituir a Felipe, el del PSOE. Y tus 70 años, bien cuidado por esta sanidad pública que es el mejor aporte del progreso de España, el país a punto de ser apiolado por sus excesos cuando cumpliste los 80, en plena crisis económica brutal.Cuando naciste, hace 90 años, España se desangraba y puede que no dieran un duro por ti. Pero has llegado. La mejor forma de recordar esta efemérides de la Guerra Civil es felicitarte porque has llegado y pedirte que te quedes con nosotros hasta que cumpla 100 años aquel sábado de julio de 1936 en que la única esperanza fue que nacieras tú. Feliz cumpleaños.
Fue sábado, como este año, el de tu 90 cumpleaños, aquel día de 1936 en que naciste a un mundo atónito por la reyerta familiar de odios en España. Quizá tu padre marchó al frente de Teruel o, si pudo quedarse, rebañó aquí y allá … para procuraros el sustento. El polvo del camino al destierro o el de la leche que había. Naciste a la vida en un tiempo de muerte. Tu llegada fue la única alegría que crepitó en aquel universo de sirenas, de sacas, de disparos en la tapia.
Tal vez recuerdes a los maquis escondidos cerca del Porma, las interjecciones de la Falange en tu juventud, el hamponato de los exaltados, la rutina del Movimiento, refugio de quienes solo querían el pan de la supervivencia. Los tiempos de aquel hambre seca de cosechas inermes, del éxodo de las almas de los pueblos a los barrios nuevos de las ciudades o a los barrios oscuros de la ría vizcaína. Y cómo la gente, en tu décimo cumpleaños, solo quería normalidad, y en tu vigésimo, el vértigo de un país al borde de la quiebra que pudo ser estabilizado. Y tus 30 años «ye-yes», una señorita de Valladolid como emblema, y tus 40 años con un señor de Ávila llamado Adolfo que quiso sacar la bilis de dentro hacia afuera. Y tus 50 años en el Mercado Común, más allá de Pancorbo, donde también antaño había topos. Y tus 60 años, a punto de jubilarte, cuando llegó Aznar, el de Valladolid, que vino a sustituir a Felipe, el del PSOE. Y tus 70 años, bien cuidado por esta sanidad pública que es el mejor aporte del progreso de España, el país a punto de ser apiolado por sus excesos cuando cumpliste los 80, en plena crisis económica brutal.
Noticia relacionada
Cuando naciste, hace 90 años, España se desangraba y puede que no dieran un duro por ti. Pero has llegado. La mejor forma de recordar esta efemérides de la Guerra Civil es felicitarte porque has llegado y pedirte que te quedes con nosotros hasta que cumpla 100 años aquel sábado de julio de 1936 en que la única esperanza fue que nacieras tú. Feliz cumpleaños.
RSS de noticias de espana

