El mundo, otra vez en vilo: el miércoles concluye el alto el fuego de dos semanas acordado por Irán y Estados Unidos, y Teherán reconsidera si retomar el diálogo con Washington en un intento por prolongar la tregua.
Según un alto funcionario iraní, Teherán estaría ”revisando positivamente” su asistencia tras los movimientos de Islamabad para poner fin al bloqueo estadounidense
El mundo, otra vez en vilo: el miércoles concluye el alto el fuego de dos semanas acordado por Irán y Estados Unidos, y por ahora la posibilidad de prolongar la tregua parece remota.
Los dos países tenían que iniciar mañana una nueva ronda de negociaciones en Islamabad tras el fiasco de la reunión celebrada el pasado 11 de abril, pero el régimen de los ayatolás se resiste a retomar el diálogo. Entre Teherán y Washington se ha abierto un abismo de desconfianza.
El portavoz del ministerio de Exteriores iraní, Ismail Baghaei, dijo este lunes que su Gobierno no planea acudir a la cita en la capital pakistaní, ya que Estados Unidos no está demostrando “un compromiso serio con el proceso diplomático”. La prueba de ello, según Baghaei, son acciones como la reciente incautación de un carguero iraní, el bloqueo naval sobre los puertos del país persa y las demoras en la implementación de la tregua en Líbano, las cuales constituyen “claras violaciones” de los términos del alto el fuego.
Con estas palabras, Baghaei devuelve la pelota al tejado de una Casa Blanca que, con su estrategia del palo y la zanahoria, no deja de enviar señales contradictorias: el domingo, el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó que enviaría una delegación a Islamabad encabezada por su vicepresidente, J.D. Vance, pero al mismo tiempo amenazó con hacer “volar por los aires” Irán si no se sentaba a negociar. Y, para dar peso a sus palabras, el republicano anunció la captura del buque iraní Touska, el cual intentaba burlar el cerco marítimo aplicado por Washington en aguas del golfo de Omán, cerca del estrecho de Ormuz. Según detalló Trump, la armada estadounidense avisó al barco para que detuviera su marcha, pero este se negó, y por eso fue atacado. La agresión fue condenada de inmediato por Guardia Revolucionaria, que anunció “represalias”.
En este contexto, resulta difícil visualizar un posible acuerdo que permita prorrogar el alto el fuego sellado por Irán y Estados Unidos el pasado 8 de abril. Ninguno de los dos países se muestra dispuesto a hacer concesiones. Teherán ha mantenido el cierre selectivo de Ormuz durante toda la tregua, pese a que el pacto con Washington tenía que implicar la apertura total del estrecho –una apertura que este lunes reclamaba el presidente chino, Xi Jinping, en aras del “interés común de los países de la región y de la comunidad internacional”–. Por su parte, Trump ha subido la apuesta con su bloqueo naval sobre los puertos iraníes, el cual ha dicho que piensa mantener hasta que Irán no claudique. Asimismo, la cuestión nuclear sigue siendo fuente de fricción: Trump quiere que Irán entregue su uranio enriquecido, pero Teherán no contempla esta opción, como recalcó este lunes el portavoz Baghai.
De esta manera, ante un camino diplomático plagado de obstáculos, va cobrando fuerza la posibilidad de una escalada militar. De hecho, la Casa Blanca ya se está preparando para este escenario: durante estos días de tregua, el Pentágono ha seguido acumulando efectivos en Oriente Medio, con la movilización de 10.000 soldados que se tienen que sumar a los 50.000 ya presentes en la región. Según la prensa estadounidense, Trump baraja varios planes de alto riesgo que incluyen el despliegue de tropas sobre el terreno: desde la incautación del material nuclear iraní a la ocupación de la isla de Jarg, pasando por la toma de los enclaves que permiten controlar Ormuz.
Pese a todo esto, tampoco se debería descartar la posibilidad de que se produzca un movimiento inesperado de última hora que permita salvar la tregua. El propio acuerdo de alto el fuego actual supuso toda una sorpresa: Washington y Teherán lo anunciaron poco después de que Trump amenazara con eliminar a una “civilización entera”, y cuando Israel se encontraba en plena ofensiva sobre Líbano.
Ahora, Trump sigue lanzando amenazas contra Irán –el domingo hablaba de destruir sus plantas energéticas y puentes–, pero ha obligado a Beniamin Netanyahu a detener su campaña militar, un gesto pensado para acercar a Teherán a la mesa de negociación. El problema es que el régimen iraní tiene sobrados motivos para recelar de los cantos de sirena de Washington: basta con recordar cómo empezó esta guerra, en plenas conversaciones sobre su programa nuclear.
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