Pocos controles en el aeropuerto de Fiumicino (Roma) y centrados en algunos vuelos que llegan desde España, no en todos. Es el balance del cuarto día de cierre de fronteras marítimas y aéreas dispuesto por el gobierno de Giorgia Meloni a última hora del viernes. En la práctica, para los turistas, la suspensión de Schengen se concreta sobre todo en una fila más lenta para salir del avión. «Este fin de semana comenzaron los controles y fueron más habituales, ahora se ha normalizado la situación», comenta a ABC una portavoz del aeropuerto de Roma. «Además, este martes no es un día de mucho tráfico de turistas», subraya desde este aeropuerto que gestiona un flujo diario de 170.000 pasajeros y en el que aterrizan cada día entre 55 y 60 vuelos desde España. Proceden sobre todo de Madrid y Barcelona, pero también de Málaga, Valencia, Bilbao, Ibiza, Palma de Mallorca y Tenerife. En general, Italia está controlando a los pasajeros que llegan desde España en dos fases. Primero, cuando el avión aterriza y los pasajeros se ponen en pie para salir, el personal de a bordo les sugiere llevar los documentos personales a mano por si se los solicita la policía de fronteras. Tras la puerta de desembarque, esperan varios agentes de la policía de fronteras que solicitan la documentación aleatoriamente a algunos pasajeros. En caso de que sean ciudadanos españoles o de la UE, se les permite el paso como es habitual. Si proceden de países de fuera de la UE y no tienen el pasaporte en regla o visado, son trasladados a otra zona para recabar más datos.También la policía italiana puede solicitar la documentación en la zona de recogida de equipajes, antes de abandonar el terminal de pasajeros. Entre los pasajeros que había este martes por la tarde en Fiumicino, la situación no ha creado dificultades.«No nos han pedido nada y nos ha sorprendido», dice este martes Juanda, de Puerto Rico, recién llegada de un vuelo procedente de Madrid. «Pensábamos que íbamos a encontrar el control atravesando esa puerta, y no hemos encontrado a nadie», explica. Su amiga, Patricia, reconoce que «había pensado que se ha resuelto la cuestión de Ceuta, porque no nos han solicitado nada». «El viaje ha ido muy bien», se despide en busca de un taxi.Carmen y Marta, españolas, dicen que «ni nos han mirado». «En el embarque en Madrid nos han pedido el pasaporte o el DNI, como es normal, pero aquí no nos han pedido nada», dice Carmen. «Tampoco a los que no eran españoles», asegura.La situación es diferente para el vuelo que ha llegado procedente de Barcelona. Antoni, que ha viajado a Roma con su mujer y dos hijos, dice que «a la salida de la puerta de embarque había policías y pedían la documentación a algunos pasajeros, pero no a muchos». «No ha habido sorpresas con los que yo he visto», explica.Entre bromas, otra pasajera prefería quejarse de un «retraso de tres horas». Uno de los portavoces del Ministerio del Interior italiano explica a ABC que están intentando que la medida no tenga impacto en el turismo. Dentro del aeropuerto romano no se ven carteles dirigidos a pasajeros procedentes de España. El aeropuerto mantiene el aviso en sus redes sociales. «Se informa a los pasajeros de que, en aplicación de las disposiciones dictadas por las autoridades competentes, se han reintroducido temporalmente controles ‘aleatorios’ en las fronteras interiores del Espacio Schengen para los pasajeros que llegan a Italia en vuelos procedentes de España. Se recomienda viajar con un documento de identidad válido para salir del país», recita el comunicado.«Evitar riesgos para la seguridad nacional»También el ministro italiano del Interior, Matteo Piantedosi, ha intentado enfriar la medida durante una entrevista con el diario ‘La Verità’. «Se trata de una disposición de carácter práctico, prevista en los propios tratados, que no tiene ningún impacto sobre los ciudadanos europeos ni sobre los de países no pertenecientes a la UE que ya posean un permiso de residencia válido en el territorio de la Unión». «No habrá ningún control adicional ni ninguna carga burocrática para sus desplazamientos», asegura. Dice que «servirá únicamente para evitar riesgos para la seguridad nacional». No parece que ese riesgo sea muy alto, pues al menos en Roma, la intensidad de los controles ha sido muy oscilante desde que la medida entró en vigor. Ha aumentado progresivamente a lo largo del fin de semana, y el lunes eran controlados casi todos los pasajeros procedentes de España. Este martes, se ha reducido considerablemente. La ruptura ha reforzado el perfil político de Giorgia Meloni en Italia y dentro de la UE, como necesitaba en vista de las elecciones generales de 2027. En la misma entrevista, Piantedosi por una parte ha mostrado su «solidaridad con España» por la «compleja» situación que está afrontando y por otra, ha recordado que «una actitud más permisiva en materia de control migratorio acaba alimentando la ilusión, en quienes no tienen derecho a ello, de poder quedarse en Europa». «Toda persona que desembarca de forma irregular entra, de hecho, en el espacio europeo, por lo que la cuestión concierne a todos los Estados miembros», ha reclamado.Mientras el pulso político entre Roma y Madrid continúa, en Fiumicino la rutina apenas se altera. Los controles son de perfil bajo y, salvo sorpresas, se mantendrán así hasta el 31 de agosto. Pocos controles en el aeropuerto de Fiumicino (Roma) y centrados en algunos vuelos que llegan desde España, no en todos. Es el balance del cuarto día de cierre de fronteras marítimas y aéreas dispuesto por el gobierno de Giorgia Meloni a última hora del viernes. En la práctica, para los turistas, la suspensión de Schengen se concreta sobre todo en una fila más lenta para salir del avión. «Este fin de semana comenzaron los controles y fueron más habituales, ahora se ha normalizado la situación», comenta a ABC una portavoz del aeropuerto de Roma. «Además, este martes no es un día de mucho tráfico de turistas», subraya desde este aeropuerto que gestiona un flujo diario de 170.000 pasajeros y en el que aterrizan cada día entre 55 y 60 vuelos desde España. Proceden sobre todo de Madrid y Barcelona, pero también de Málaga, Valencia, Bilbao, Ibiza, Palma de Mallorca y Tenerife. En general, Italia está controlando a los pasajeros que llegan desde España en dos fases. Primero, cuando el avión aterriza y los pasajeros se ponen en pie para salir, el personal de a bordo les sugiere llevar los documentos personales a mano por si se los solicita la policía de fronteras. Tras la puerta de desembarque, esperan varios agentes de la policía de fronteras que solicitan la documentación aleatoriamente a algunos pasajeros. En caso de que sean ciudadanos españoles o de la UE, se les permite el paso como es habitual. Si proceden de países de fuera de la UE y no tienen el pasaporte en regla o visado, son trasladados a otra zona para recabar más datos.También la policía italiana puede solicitar la documentación en la zona de recogida de equipajes, antes de abandonar el terminal de pasajeros. Entre los pasajeros que había este martes por la tarde en Fiumicino, la situación no ha creado dificultades.«No nos han pedido nada y nos ha sorprendido», dice este martes Juanda, de Puerto Rico, recién llegada de un vuelo procedente de Madrid. «Pensábamos que íbamos a encontrar el control atravesando esa puerta, y no hemos encontrado a nadie», explica. Su amiga, Patricia, reconoce que «había pensado que se ha resuelto la cuestión de Ceuta, porque no nos han solicitado nada». «El viaje ha ido muy bien», se despide en busca de un taxi.Carmen y Marta, españolas, dicen que «ni nos han mirado». «En el embarque en Madrid nos han pedido el pasaporte o el DNI, como es normal, pero aquí no nos han pedido nada», dice Carmen. «Tampoco a los que no eran españoles», asegura.La situación es diferente para el vuelo que ha llegado procedente de Barcelona. Antoni, que ha viajado a Roma con su mujer y dos hijos, dice que «a la salida de la puerta de embarque había policías y pedían la documentación a algunos pasajeros, pero no a muchos». «No ha habido sorpresas con los que yo he visto», explica.Entre bromas, otra pasajera prefería quejarse de un «retraso de tres horas». Uno de los portavoces del Ministerio del Interior italiano explica a ABC que están intentando que la medida no tenga impacto en el turismo. Dentro del aeropuerto romano no se ven carteles dirigidos a pasajeros procedentes de España. El aeropuerto mantiene el aviso en sus redes sociales. «Se informa a los pasajeros de que, en aplicación de las disposiciones dictadas por las autoridades competentes, se han reintroducido temporalmente controles ‘aleatorios’ en las fronteras interiores del Espacio Schengen para los pasajeros que llegan a Italia en vuelos procedentes de España. Se recomienda viajar con un documento de identidad válido para salir del país», recita el comunicado.«Evitar riesgos para la seguridad nacional»También el ministro italiano del Interior, Matteo Piantedosi, ha intentado enfriar la medida durante una entrevista con el diario ‘La Verità’. «Se trata de una disposición de carácter práctico, prevista en los propios tratados, que no tiene ningún impacto sobre los ciudadanos europeos ni sobre los de países no pertenecientes a la UE que ya posean un permiso de residencia válido en el territorio de la Unión». «No habrá ningún control adicional ni ninguna carga burocrática para sus desplazamientos», asegura. Dice que «servirá únicamente para evitar riesgos para la seguridad nacional». No parece que ese riesgo sea muy alto, pues al menos en Roma, la intensidad de los controles ha sido muy oscilante desde que la medida entró en vigor. Ha aumentado progresivamente a lo largo del fin de semana, y el lunes eran controlados casi todos los pasajeros procedentes de España. Este martes, se ha reducido considerablemente. La ruptura ha reforzado el perfil político de Giorgia Meloni en Italia y dentro de la UE, como necesitaba en vista de las elecciones generales de 2027. En la misma entrevista, Piantedosi por una parte ha mostrado su «solidaridad con España» por la «compleja» situación que está afrontando y por otra, ha recordado que «una actitud más permisiva en materia de control migratorio acaba alimentando la ilusión, en quienes no tienen derecho a ello, de poder quedarse en Europa». «Toda persona que desembarca de forma irregular entra, de hecho, en el espacio europeo, por lo que la cuestión concierne a todos los Estados miembros», ha reclamado.Mientras el pulso político entre Roma y Madrid continúa, en Fiumicino la rutina apenas se altera. Los controles son de perfil bajo y, salvo sorpresas, se mantendrán así hasta el 31 de agosto.
Pocos controles en el aeropuerto de Fiumicino (Roma) y centrados en algunos vuelos que llegan desde España, no en todos. Es el balance del cuarto día de cierre de fronteras marítimas y aéreas dispuesto por el gobierno de Giorgia Meloni a última hora del viernes. … En la práctica, para los turistas, la suspensión de Schengen se concreta sobre todo en una fila más lenta para salir del avión.
«Este fin de semana comenzaron los controles y fueron más habituales, ahora se ha normalizado la situación», comenta a ABC una portavoz del aeropuerto de Roma. «Además, este martes no es un día de mucho tráfico de turistas», subraya desde este aeropuerto que gestiona un flujo diario de 170.000 pasajeros y en el que aterrizan cada día entre 55 y 60 vuelos desde España. Proceden sobre todo de Madrid y Barcelona, pero también de Málaga, Valencia, Bilbao, Ibiza, Palma de Mallorca y Tenerife.
En general, Italia está controlando a los pasajeros que llegan desde España en dos fases. Primero, cuando el avión aterriza y los pasajeros se ponen en pie para salir, el personal de a bordo les sugiere llevar los documentos personales a mano por si se los solicita la policía de fronteras. Tras la puerta de desembarque, esperan varios agentes de la policía de fronteras que solicitan la documentación aleatoriamente a algunos pasajeros. En caso de que sean ciudadanos españoles o de la UE, se les permite el paso como es habitual. Si proceden de países de fuera de la UE y no tienen el pasaporte en regla o visado, son trasladados a otra zona para recabar más datos.
También la policía italiana puede solicitar la documentación en la zona de recogida de equipajes, antes de abandonar el terminal de pasajeros. Entre los pasajeros que había este martes por la tarde en Fiumicino, la situación no ha creado dificultades.
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«No nos han pedido nada y nos ha sorprendido», dice este martes Juanda, de Puerto Rico, recién llegada de un vuelo procedente de Madrid. «Pensábamos que íbamos a encontrar el control atravesando esa puerta, y no hemos encontrado a nadie», explica. Su amiga, Patricia, reconoce que «había pensado que se ha resuelto la cuestión de Ceuta, porque no nos han solicitado nada». «El viaje ha ido muy bien», se despide en busca de un taxi.
Carmen y Marta, españolas, dicen que «ni nos han mirado». «En el embarque en Madrid nos han pedido el pasaporte o el DNI, como es normal, pero aquí no nos han pedido nada», dice Carmen. «Tampoco a los que no eran españoles», asegura.
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La situación es diferente para el vuelo que ha llegado procedente de Barcelona. Antoni, que ha viajado a Roma con su mujer y dos hijos, dice que «a la salida de la puerta de embarque había policías y pedían la documentación a algunos pasajeros, pero no a muchos». «No ha habido sorpresas con los que yo he visto», explica.
Entre bromas, otra pasajera prefería quejarse de un «retraso de tres horas». Uno de los portavoces del Ministerio del Interior italiano explica a ABC que están intentando que la medida no tenga impacto en el turismo.
Dentro del aeropuerto romano no se ven carteles dirigidos a pasajeros procedentes de España. El aeropuerto mantiene el aviso en sus redes sociales. «Se informa a los pasajeros de que, en aplicación de las disposiciones dictadas por las autoridades competentes, se han reintroducido temporalmente controles ‘aleatorios’ en las fronteras interiores del Espacio Schengen para los pasajeros que llegan a Italia en vuelos procedentes de España. Se recomienda viajar con un documento de identidad válido para salir del país», recita el comunicado.
«Evitar riesgos para la seguridad nacional»
También el ministro italiano del Interior, Matteo Piantedosi, ha intentado enfriar la medida durante una entrevista con el diario ‘La Verità’. «Se trata de una disposición de carácter práctico, prevista en los propios tratados, que no tiene ningún impacto sobre los ciudadanos europeos ni sobre los de países no pertenecientes a la UE que ya posean un permiso de residencia válido en el territorio de la Unión». «No habrá ningún control adicional ni ninguna carga burocrática para sus desplazamientos», asegura. Dice que «servirá únicamente para evitar riesgos para la seguridad nacional».
No parece que ese riesgo sea muy alto, pues al menos en Roma, la intensidad de los controles ha sido muy oscilante desde que la medida entró en vigor. Ha aumentado progresivamente a lo largo del fin de semana, y el lunes eran controlados casi todos los pasajeros procedentes de España. Este martes, se ha reducido considerablemente.
La ruptura ha reforzado el perfil político de Giorgia Meloni en Italia y dentro de la UE, como necesitaba en vista de las elecciones generales de 2027. En la misma entrevista, Piantedosi por una parte ha mostrado su «solidaridad con España» por la «compleja» situación que está afrontando y por otra, ha recordado que «una actitud más permisiva en materia de control migratorio acaba alimentando la ilusión, en quienes no tienen derecho a ello, de poder quedarse en Europa». «Toda persona que desembarca de forma irregular entra, de hecho, en el espacio europeo, por lo que la cuestión concierne a todos los Estados miembros», ha reclamado.
Mientras el pulso político entre Roma y Madrid continúa, en Fiumicino la rutina apenas se altera. Los controles son de perfil bajo y, salvo sorpresas, se mantendrán así hasta el 31 de agosto.
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