El periodista se pone al frente de Timadores, el nuevo true crime de Atresplayer, que reconstruye 10 engaños reales, desde el hombre que arruinó la vida a decenas de mujeres hasta falsos enfermos y estafas millonarias: «Todos podemos ser víctimas» Leer El periodista se pone al frente de Timadores, el nuevo true crime de Atresplayer, que reconstruye 10 engaños reales, desde el hombre que arruinó la vida a decenas de mujeres hasta falsos enfermos y estafas millonarias: «Todos podemos ser víctimas» Leer
Un hombre que fingió padecer miles de tumores y consiguió recaudar cientos de miles de euros. Un falso médico al que acudían pacientes convencidos de estar en manos de un profesional. Un supuesto negocio de criptomonedas en el que miles de personas depositaron sus ahorros. Y un hombre que, escondido detrás de una pantalla y de una identidad que no era la suya, enamoró a decenas de mujeres para después destrozarles la vida. Todos tienen algo en común: consiguieron que sus víctimas creyeran en ellos. Y no fueron las únicas. Algunos lograron engañar incluso a quienes se supone que están entrenados para descubrir las mentiras: los periodistas.
«Los periodistas dimos cobertura y dimos credibilidad a historias, a timadores que en un momento dado quisimos creer, fundamentalmente porque se revestían en muchos casos de enfermedad, de caridad, pedían ayudas… Y, obviamente, al ser humano le conmueven ese tipo de situaciones y al final casi, casi te olvidas de que eres periodista». La confesión es del periodista y presentador José Yélamo, que después de más de dos décadas dedicadas al periodismo de actualidad, la información política y los debates televisivos se ha sumergido en un universo en el que la realidad resulta, en demasiadas ocasiones, bastante más perturbadora que la ficción.
El periodista se pone al frente de Timadores, el nuevo true crime de Atresplayer, que se estrena este domingo y que, a lo largo de 10 episodios, reconstruye algunas de las estafas más sorprendentes y mediáticas de la historia reciente de España. 10 historias reales, 10 formas de engañar y una pregunta que sobrevuela cada capítulo: ¿cómo es posible que alguien consiga que otra persona le entregue su dinero, su confianza o incluso su vida sin sospechar lo que realmente se esconde detrás?
«Fundamentalmente, he descubierto que todos podemos ser engañados. Aunque nos creamos demasiado listos o pensemos que ese tipo de engaños solo están hechos para incautos, realmente todos, en algún momento, podemos confiar en alguien que se aproveche de esa confianza», nos explica Yélamo.
«Algunos están absolutamente desprovistos de empatía, desprenden maldad y son incapaces de ponerse en la piel de las víctimas, hasta el punto de destrozarles la vida»
Y esa es, precisamente, una de las grandes trampas de los protagonistas de Timadores: no existe un único perfil de estafador ni una única manera de caer en sus redes. Los hay que parecen salidos de una novela de pícaros y los hay que provocan auténtico terror. «Algunos están absolutamente desprovistos de empatía, desprenden maldad y son incapaces de ponerse en la piel de las víctimas, hasta el punto de destrozarles la vida. Pero también hay otros que responden más a la figura del pícaro, alguien que busca enriquecerse aprovechándose de un descuido», explica.
Sin embargo, por encima de sus diferencias, Yélamo ha encontrado un rasgo que los une: «La falta de empatía. Son gente que quiere conseguir su objetivo por encima de todo».
De todas las historias que ha conocido, hay una que todavía le impresiona especialmente. Es, además, la elegida para abrir la serie: El cerrajero del amor. Su protagonista es Rodrigo, un hombre que, bajo la identidad de Roy, contactaba con mujeres a través de Internet y se ganaba su confianza hasta convertirse, aparentemente, en el hombre perfecto.
Aurora y Gloria son dos de esas mujeres. Separadas por 150 kilómetros, ninguna podía imaginar que estaban enamorándose del mismo hombre. Mucho menos que detrás de aquella simpatía y aquel encanto se escondía alguien capaz de convertir sus vidas en una pesadilla.
«Es la historia de un hombre que destrozó la vida a decenas de mujeres durante años y años sin pagar por ello, aprovechándose del enamoramiento de sus víctimas», relata Yélamo. Lo más estremecedor, asegura, no es únicamente el engaño, sino el desamparo posterior: «Generó un clima en torno a sus acciones que hacía que sus víctimas se sintieran desamparadas incluso ante la Justicia».
Pero Timadores no se limita a reconstruir cómo actuaban los estafadores. También cuenta qué ocurrió cuando sus víctimas descubrieron la verdad. Y, sobre todo, qué tuvieron que hacer para intentar que quienes les habían arruinado la vida respondieran por ello.
«Es una historia angustiante por la impotencia de las víctimas cuando descubren que están siendo engañadas y consumidas, pero también es una historia de heroicidad de esas mujeres, que se organizan para hacer frente al hombre que les está destrozando la vida», señala el periodista.
De hecho, si algo ha sorprendido a Yélamo durante la preparación de la serie ha sido precisamente el valor de quienes se han atrevido a contar su experiencia delante de una cámara. Porque a la ruina económica, al daño emocional o a la sensación de haber sido utilizados se suma muchas veces un sentimiento que juega a favor del delincuente: la vergüenza.
«No es fácil ponerse delante de una cámara a reconocer que te han engañado, que no te diste cuenta del engaño»
«No es fácil ponerse delante de una cámara a reconocer que te han engañado, que no te diste cuenta del engaño. Hay que ser muy valiente y, sobre todo, tener ganas de ayudar a que a otras personas no les pase lo mismo», reflexiona.
En algunos casos, además, las propias víctimas tuvieron que asumir una tarea que no debería haberles correspondido. «Vamos a descubrir víctimas que hacen un esfuerzo brutal porque, algunas veces, no encontraron inicialmente el apoyo de la Justicia y fueron ellas las que acabaron cercando a su estafador. Es apasionante ver cómo muchos capítulos relatan casi una historia de heroicidad».
Hay otra cuestión que atraviesa el relato y que conecta directamente con la actualidad: ¿nos hemos acostumbrado tanto a la mentira que cada vez nos cuesta más distinguirla de la verdad?
«Estamos en un momento en el que la verdad está en cuestión», reconoce Yélamo. Y añade una reflexión que bien podría servir como advertencia para cualquiera de los espectadores: «Una mentira revestida adecuadamente de lo que quieres oír puede ser muy efectiva y hacerse pasar por verdad».
Quizá por eso resulta especialmente interesante la autocrítica que hace sobre su propia profesión. Porque los estafadores de Timadores no solo consiguieron embaucar a particulares. Algunos llegaron a construir relatos tan convincentes que encontraron en los medios de comunicación el altavoz perfecto para multiplicar sus engaños.
«Los periodistas debemos hacer autocrítica, claro», admite. Aunque enseguida introduce un matiz: «Yo defiendo mi profesión, y no es corporativismo. Creo que los periodistas son más necesarios que nunca«.
La reflexión resulta especialmente significativa viniendo de alguien acostumbrado a interrogar a políticos, contrastar versiones y enfrentarse diariamente a discursos que no siempre resisten una segunda pregunta. Yélamo, que también conduce laSexta Xplica, reconoce que el proyecto le ha permitido descubrir otra forma de contar la realidad.
Producida por Atresmedia en colaboración con Goroka, responsable de Crims, la serie apuesta por una narrativa que va desvelando los hechos progresivamente, a través de testimonios de víctimas, investigadores, policías y abogados, recreaciones y material de investigación.
«Para mí ha sido el descubrimiento de una nueva manera de contar las cosas», asegura. «Llevo más de 20 años en la profesión y estoy acostumbrado a aplicar un criterio audiovisual basado en el periodismo. Aquí se construye un true crime en el que vas descubriendo y quitando capa a capa hasta llegar a la verdad».
La metáfora es también la imagen que vertebra el programa: un papel pintado que se rasga para descubrir otro debajo, y otro, y otro más. Cada capa es una mentira. Cada una esconde una nueva pieza del engaño.
Pero hay algo que Yélamo insiste en subrayar: las estafas que recoge la serie no pertenecen únicamente al pasado. Algunas de las prácticas que se muestran siguen produciéndose.
«Hay que tener cuidado si alguien te dice: ‘Mire esta plataforma, usted mete mil euros y dentro de tres días tendrá tres mil’. O si una persona te pide dinero para una fundación de la que no sabemos muy bien de dónde sale. Estas cosas, lamentablemente, están pasando ahí fuera», advierte.
El periodista considera que los delitos de estafa siguen recibiendo menos atención de la que merecen. Entre otras razones, porque resultan difíciles de detectar y todavía más complicados de reconstruir. «Cuando alguien asesina a otra persona hay un lugar de los hechos y una víctima fallecida. Pero una estafa puede prolongarse durante meses o años, no se produce en un mismo espacio físico y muchas veces pasa inadvertida».
«Los periodistas tenemos que ser desconfiados. Cuando alguien viene contándome algo, de entrada lo miro un poco de reojo»
En ese sentido, confía en que Timadores sirva también como advertencia y como una forma de reparación para quienes decidieron romper su silencio. «Creo que para muchas víctimas puede ser una terapia, una sensación de desahogo y de advertencia».
¿Le ha vuelto más desconfiado conocer de cerca a tantos maestros del engaño? Yélamo sonríe ante la pregunta y reivindica una cualidad que considera imprescindible en su oficio: «Los periodistas tenemos que ser desconfiados. Cuando alguien viene contándome algo, de entrada lo miro un poco de reojo».
Y queda una última cuestión. Después de enfrentarse a tantos profesionales de la mentira, ¿a quién resulta más difícil desenmascarar: a un gran estafador o a un político que domina el arte de esquivar la verdad?
«Un gran estafador», responde sin dudar. «Porque yo, como periodista, confío en que, si tengo delante a un político que me la está pegando, si no consigo detectarlo, al menos pueda sospechar que me la está pegando».
Después de 10 historias de engaños, de vidas arruinadas y de verdades escondidas bajo otras mentiras, Yélamo se queda con una certeza bastante incómoda: nadie está completamente a salvo de un buen timador. Ni siquiera quien cree que sabe reconocerlo.
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