Hay futbolistas que representan una etapa. Otros, sin embargo, terminan simbolizando una reconstrucción y, sin duda, Carlos Marín pertenece a ese segundo grupo. Su salida, expensas de hacerse oficial del Córdoba CF al Albacete, no supone únicamente la marcha de un portero o de un capitán; cierra definitivamente el último vínculo con aquel equipo que en el verano de 2021 aterrizó en Segunda Federación con la obligación de levantar a un club herido.El guardameta almeriense llegó a El Arcángel procedente del Betis Deportivo para competir en la cuarta categoría del fútbol español. Su rol estaba destinado a ser la segunda espada detrás de Felipe Ramos, pero apenas unos meses después ya se había convertido en una pieza imprescindible de un equipo que firmó una temporada histórica. Aquel Córdoba de Germán Crespo dominó la Segunda RFEF gracias a un Carlos Marín que disputó 27 partidos para encajar solo 18 goles . Además, aunque no estuvo en la final, si que participó en los 3 duelos eliminatorios para alzarse con la Copa RFEF.Marín no fue un protagonista pasajero. Permaneció cuando muchos compañeros emprendieron otros destinos y siguió defendiendo la portería durante la consolidación en Primera Federación. En aquel primer curso en la categoría de bronce del fútbol español el guardameta almeriense adquirió los galones para ser titular indiscutible sobre Pablo Picón. Pese a ello, con 37 partidos y 36 tantos encajados, el desplome en la segunda vuelta impidió tocar el cielo en Tendillas. En la campaña 2023-24 volvió a ser uno de los pilares del vestuario para conquistar un segundo ascenso, esta vez a Segunda División, para devolver al Córdoba al fútbol profesional después de cinco años de ausencia. Sus números individuales mejoraron y, en 40 partidos, solo encajó 32 goles. Además, para el recuerdo estarán sus intervenciones salvadoras en el duelo ante el Barcelona Athletic en la final en El Arcángel.Pérdida de protagonismo en Segunda DivisiónPese al salto de categoría y al profundo cambio experimentado por el equipo, Iván Ania mantuvo su confianza en el guardameta que había liderado los dos ascensos. Carlos Marín disputó 40 de las 42 jornadas, todas ellas como titular, y completó 3.600 minutos. Solo se perdió dos encuentros durante todo el campeonato por unas molestias en la espalda. Encajó 60 goles y dejó su portería a cero en nueve ocasiones , unas cifras condicionadas también por el carácter ofensivo de un Córdoba que asumió riesgos para mantener su identidad en Segunda.El club respaldó ese rendimiento con una renovación ante el interes que ya despertó entre varios equipos de categoría y amplió su vinculación una temporada más, hasta el 30 de junio de 2028. El anuncio parecía confirmar que seguiría siendo una de las figuras sobre las que construir el futuro deportivo e institucional del Córdoba.Pese a esto, el escenario cambió profundamente durante la temporada 2025-26. El Córdoba incorporó a Iker Álvarez y la competencia bajo palos dejó de ser meramente testimonial. Carlos Marín comenzó el curso con el peso acumulado de cuatro temporadas como referente, pero los resultados y el rendimiento individual pese arrancar como titular abrieron un debate que hasta entonces apenas había existido y que le hizo sentarse al guardameta andorrano en la portería. Marín disputó ocho partidos de Liga, todos como titular. En ellos encajó 15 goles y consiguió dos porterías a cero.Con su adiós desaparece el último superviviente del Córdoba de Segunda Federació n. Ya no queda ningún futbolista de aquella plantilla que inició la reconstrucción desde la cuarta categoría. Se marcha el portero que estuvo presente en los dos ascensos que cambiaron el rumbo del club, el capitán que acompañó al Córdoba desde uno de los momentos más delicados de su historia reciente hasta devolverlo al fútbol profesional. Un viaje que comenzó en el barro de la Segunda Federación y termina con el escudo blanquiverde de nuevo asentado en Segunda División. Hay futbolistas que representan una etapa. Otros, sin embargo, terminan simbolizando una reconstrucción y, sin duda, Carlos Marín pertenece a ese segundo grupo. Su salida, expensas de hacerse oficial del Córdoba CF al Albacete, no supone únicamente la marcha de un portero o de un capitán; cierra definitivamente el último vínculo con aquel equipo que en el verano de 2021 aterrizó en Segunda Federación con la obligación de levantar a un club herido.El guardameta almeriense llegó a El Arcángel procedente del Betis Deportivo para competir en la cuarta categoría del fútbol español. Su rol estaba destinado a ser la segunda espada detrás de Felipe Ramos, pero apenas unos meses después ya se había convertido en una pieza imprescindible de un equipo que firmó una temporada histórica. Aquel Córdoba de Germán Crespo dominó la Segunda RFEF gracias a un Carlos Marín que disputó 27 partidos para encajar solo 18 goles . Además, aunque no estuvo en la final, si que participó en los 3 duelos eliminatorios para alzarse con la Copa RFEF.Marín no fue un protagonista pasajero. Permaneció cuando muchos compañeros emprendieron otros destinos y siguió defendiendo la portería durante la consolidación en Primera Federación. En aquel primer curso en la categoría de bronce del fútbol español el guardameta almeriense adquirió los galones para ser titular indiscutible sobre Pablo Picón. Pese a ello, con 37 partidos y 36 tantos encajados, el desplome en la segunda vuelta impidió tocar el cielo en Tendillas. En la campaña 2023-24 volvió a ser uno de los pilares del vestuario para conquistar un segundo ascenso, esta vez a Segunda División, para devolver al Córdoba al fútbol profesional después de cinco años de ausencia. Sus números individuales mejoraron y, en 40 partidos, solo encajó 32 goles. Además, para el recuerdo estarán sus intervenciones salvadoras en el duelo ante el Barcelona Athletic en la final en El Arcángel.Pérdida de protagonismo en Segunda DivisiónPese al salto de categoría y al profundo cambio experimentado por el equipo, Iván Ania mantuvo su confianza en el guardameta que había liderado los dos ascensos. Carlos Marín disputó 40 de las 42 jornadas, todas ellas como titular, y completó 3.600 minutos. Solo se perdió dos encuentros durante todo el campeonato por unas molestias en la espalda. Encajó 60 goles y dejó su portería a cero en nueve ocasiones , unas cifras condicionadas también por el carácter ofensivo de un Córdoba que asumió riesgos para mantener su identidad en Segunda.El club respaldó ese rendimiento con una renovación ante el interes que ya despertó entre varios equipos de categoría y amplió su vinculación una temporada más, hasta el 30 de junio de 2028. El anuncio parecía confirmar que seguiría siendo una de las figuras sobre las que construir el futuro deportivo e institucional del Córdoba.Pese a esto, el escenario cambió profundamente durante la temporada 2025-26. El Córdoba incorporó a Iker Álvarez y la competencia bajo palos dejó de ser meramente testimonial. Carlos Marín comenzó el curso con el peso acumulado de cuatro temporadas como referente, pero los resultados y el rendimiento individual pese arrancar como titular abrieron un debate que hasta entonces apenas había existido y que le hizo sentarse al guardameta andorrano en la portería. Marín disputó ocho partidos de Liga, todos como titular. En ellos encajó 15 goles y consiguió dos porterías a cero.Con su adiós desaparece el último superviviente del Córdoba de Segunda Federació n. Ya no queda ningún futbolista de aquella plantilla que inició la reconstrucción desde la cuarta categoría. Se marcha el portero que estuvo presente en los dos ascensos que cambiaron el rumbo del club, el capitán que acompañó al Córdoba desde uno de los momentos más delicados de su historia reciente hasta devolverlo al fútbol profesional. Un viaje que comenzó en el barro de la Segunda Federación y termina con el escudo blanquiverde de nuevo asentado en Segunda División.
Hay futbolistas que representan una etapa. Otros, sin embargo, terminan simbolizando una reconstrucción y, sin duda, Carlos Marín pertenece a ese segundo grupo. Su salida, expensas de hacerse oficial del Córdoba CF al Albacete, no supone únicamente la marcha de un portero … o de un capitán; cierra definitivamente el último vínculo con aquel equipo que en el verano de 2021 aterrizó en Segunda Federación con la obligación de levantar a un club herido.
El guardameta almeriense llegó a El Arcángel procedente del Betis Deportivo para competir en la cuarta categoría del fútbol español. Su rol estaba destinado a ser la segunda espada detrás de Felipe Ramos, pero apenas unos meses después ya se había convertido en una pieza imprescindible de un equipo que firmó una temporada histórica.
Aquel Córdoba de Germán Crespo dominó la Segunda RFEF gracias a un Carlos Marín que disputó 27 partidos para encajar solo 18 goles. Además, aunque no estuvo en la final, si que participó en los 3 duelos eliminatorios para alzarse con la Copa RFEF.
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Marín no fue un protagonista pasajero. Permaneció cuando muchos compañeros emprendieron otros destinos y siguió defendiendo la portería durante la consolidación en Primera Federación. En aquel primer curso en la categoría de bronce del fútbol español el guardameta almeriense adquirió los galones para ser titular indiscutible sobre Pablo Picón. Pese a ello, con 37 partidos y 36 tantos encajados, el desplome en la segunda vuelta impidió tocar el cielo en Tendillas.
En la campaña 2023-24 volvió a ser uno de los pilares del vestuario para conquistar un segundo ascenso, esta vez a Segunda División, para devolver al Córdoba al fútbol profesional después de cinco años de ausencia. Sus números individuales mejoraron y, en 40 partidos, solo encajó 32 goles. Además, para el recuerdo estarán sus intervenciones salvadoras en el duelo ante el Barcelona Athletic en la final en El Arcángel.
Pérdida de protagonismo en Segunda División
Pese al salto de categoría y al profundo cambio experimentado por el equipo, Iván Ania mantuvo su confianza en el guardameta que había liderado los dos ascensos. Carlos Marín disputó 40 de las 42 jornadas, todas ellas como titular, y completó 3.600 minutos. Solo se perdió dos encuentros durante todo el campeonato por unas molestias en la espalda. Encajó 60 goles y dejó su portería a cero en nueve ocasiones, unas cifras condicionadas también por el carácter ofensivo de un Córdoba que asumió riesgos para mantener su identidad en Segunda.
El club respaldó ese rendimiento con una renovación ante el interes que ya despertó entre varios equipos de categoría y amplió su vinculación una temporada más, hasta el 30 de junio de 2028. El anuncio parecía confirmar que seguiría siendo una de las figuras sobre las que construir el futuro deportivo e institucional del Córdoba.
Pese a esto, el escenario cambió profundamente durante la temporada 2025-26. El Córdoba incorporó a Iker Álvarez y la competencia bajo palos dejó de ser meramente testimonial.
Carlos Marín comenzó el curso con el peso acumulado de cuatro temporadas como referente, pero los resultados y el rendimiento individual pese arrancar como titular abrieron un debate que hasta entonces apenas había existido y que le hizo sentarse al guardameta andorrano en la portería. Marín disputó ocho partidos de Liga, todos como titular. En ellos encajó 15 goles y consiguió dos porterías a cero.
Con su adiós desaparece el último superviviente del Córdoba de Segunda Federación. Ya no queda ningún futbolista de aquella plantilla que inició la reconstrucción desde la cuarta categoría. Se marcha el portero que estuvo presente en los dos ascensos que cambiaron el rumbo del club, el capitán que acompañó al Córdoba desde uno de los momentos más delicados de su historia reciente hasta devolverlo al fútbol profesional. Un viaje que comenzó en el barro de la Segunda Federación y termina con el escudo blanquiverde de nuevo asentado en Segunda División.
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