La edad dorada tuvo su première el lunes en el hotel Plaza de Nueva York con una alfombra roja especialmente vibrante. Un motivo es la imagen construida por el espectador a partir de personajes como el matrimonio Russell: George caracterizado por la elegancia restrictiva de la moda masculina y Bertha en la inauguración del Metropolitan con una capa de corte imperial y bordada de tonos verdes.
La ‘premiere’ de la cuarta temporada sirvió para que Julian Fellowes se mostrase agradecido con el hombre que sacó el proyecto del eterno desarrollo
La edad dorada tuvo su première el lunes en el hotel Plaza de Nueva York con una alfombra roja especialmente vibrante. Un motivo es la imagen construida por el espectador a partir de personajes como el matrimonio Russell: George caracterizado por la elegancia restrictiva de la moda masculina y Bertha en la inauguración del Metropolitan con una capa de corte imperial y bordada de tonos verdes.
En cambio, al desfilar los actores, Morgan Spector se presentó con un traje monocromático blanco marfil y Carrie Coon combinó un top de vinilo con una falda floreada. El contraste era asombroso. La otra razón era la actitud de un talento que, al estrenar la cuarta temporada, tiene la seguridad de formar parte de un éxito indiscutible, de los que hay pocos y que casi no fue.
“Tengo un lugar especial en mi corazón para Casey Bloys, nuestro protector, nuestro gladiador, nuestro defensor desde los primeros, primerísimos días”, agradeció el creador Julian Fellowes al codirector ejecutivo de Skydance, el resultado de la fusión entre Paramount y Warner. No era una forma de congraciarse con el poder sino un reconocimiento a su confianza cuando era jefe de contenidos de HBO.
Para llegar a conocer a los Russell o esa Agnes van Rhijn más estirada que la cuerda para tender la ropa, el prometido drama de época con el que Fellowes iba a explorar los códigos sociales del Nuevo Mundo pasó por tantas fases que su existencia parecía improbable.
La irrupción en el 2010 de Downton Abbey en el mercado americano convirtió al guionista en el responsable de un éxito apabullante: el público anhelaba elegancia, salas de techos altos y con las paredes forradas de libros, y una educación protocolaria frente a un presente de impresentables mirando vídeos sin los cascos. Dos años más tarde firmó un contrato con Universal pero su meticuloso control de Downton Abbey le impidió ponerse a escribir.
Así que, entre temporadas y películas, no empezó a desarrollar La edad dorada hasta el 2018 cuando HBO se quedó el proyecto ya que los costes eran prohibitivos para la televisión en abierto. Temporada a temporada, además, siempre sube en audiencia y se cuela en los premios Emmy.

En los ocho nuevos capítulos, que se emiten semana a semana a partir de este lunes en HBO Max, Bertha tiene que enfrentarse al coste de asentar a los nuevos ricos en la alta sociedad y cambiar las reglas. Gladys es feliz con el duque de Buckingham pero George no puede olvidar cómo su mujer le hizo arriesgar la felicidad de su hija por tacticismo de sociedad.
En la casa de enfrente, indignada por su condición de mantenida por una hermana a quien compadecía, Agnes van Rhijn está dispuesta a recuperar su posición. Y, mientras Marian se intenta rehacer del matrimonio con Larry que no fue y Peggy aguanta a su estrenada familia política, la relación más interesante no es precisamente romántica.
Oscar tiene el apellido, los contactos y los conocimientos para invertir y Enid Turner tiene el dinero, sed de libertad y ningunas ganas de depender de un hombre para encajar mejor entre la alta sociedad
Oscar le propuso a Enid Turner cortejar solo de cara a la galería: él tiene el apellido, los contactos y las invitaciones más codiciadas (pero sin fortuna propia) y ella tiene dinero, sed de libertad y unas ganas nulas de depender de otro hombre (pero un marido la ayudaría a finalizar su proceso de ascensión entre la élite). Ay, qué peligro.
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